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Veinte años de un Alarde de la alegría y empoderamiento

19/06/2018 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Rosario Arribas Diez. Nací en Mecerreyes, un pueblecito de Burgos. Llevo 46 años viviendo en Irún. Estoy ligada al feminismo desde principios de los 80. Pertenecía al grupo de mujeres que planteamos la reivindicación de participar en el Alarde. Desde entonces estoy en la Junta que organiza el Alarde igualitario que se celebra cada 30 de junio. Estos 22 años de conflicto han sido muy importantes y toda una experiencia en lo político, personal y vital.

 

Este año se cumplen 20 años del primer Alarde con mujeres en Irun.

Nos han preguntado muchas veces cómo fuimos tan atrevidas de meternos en este fabuloso lío, viendo lo que teníamos enfrente, y siempre respondo igual. No teníamos ni idea, pensábamos que no iba a ser fácil, pero ni idea de lo que se nos venía encima.

En un primer momento no fuimos valientes. Valientes tuvimos que ser después, cuando tuvimos que hacer frente a las consecuencias. En un primer momento fuimos ingenuas, atrevidas, un tanto inconscientes y jóvenes, 22 años mas jóvenes que ahora. Pensábamos que teníamos la razón y también la ley de nuestro lado y desconsideramos las fuerzas que teníamos en contra.

Como 22 años de conflicto, con sus procesos judiciales, rupturas sociales, familiares y personales, es algo muy prolijo y largo de contar, me voy a referir a algunas claves que en mi opinión han sido determinantes.

En este momento en Irun se celebran dos alardes: uno igualitario que organizamos un grupo de particulares con la financiación de Emakunde y la Diputación Foral, y otro, que parte del Alarde que se venía celebrando desde hace más de 100 años, que era municipal y multitudinario, y que consiguieron privatizar para así eludir la sentencia del TSJPV que obligaba a integrar a las mujeres, y donde las mujeres seguimos sin poder participar.

A menudo me he preguntado cómo es posible que una demanda que afecta a la igualdad entre hombres y mujeres resulte tan controvertida y lleve a un enquistamiento semejante y a una fractura social difícil de imaginar en pleno siglo XXI.

No me puedo extender con los antecedentes, porque sería muy largo, así que me voy centrar en un par de factores que en mi opinión han sido claves.

La posición de la institución municipal y la estigmatización de que fuimos objeto el colectivo que encabezamos la reivindicación.

En Irun el gobierno municipal del Partido Socialista PSE, con la aquiescencia de PNV y PP, ha sido incapaz de tener una postura de compromiso y proactiva a favor del derecho de las mujeres a participar en el Alarde. Más bien han mostrado de manera clara e inequívoca su apoyo al Alarde discriminatorio, esto incluso con una sentencia judicial en firme a favor de la reclamación de las mujeres. El cálculo electoral, o sea, el miedo a que una postura favorable a las mujeres se tradujese en una pérdida de votos les ha llevado a aliarse con el sector más tradicionalista y machista de nuestra ciudad, y a día de hoy, estas fuerzas políticas, con el alcalde a la cabeza, el día 30 de junio reciben desde el balcón del ayuntamiento al Alarde que no permite la participación de las mujeres y se ausentan cuando llega el Alarde igualitario.

Es evidente que cuando los poderes públicos y las instituciones se ponen a la cabeza y lideran estos procesos de cambios sociales, se acortan los tiempos y se evitan a menudo quiebras y fracturas sociales como la que hemos vivido en nuestra ciudad.

Como se ha demostrado en la gestión de situaciones semejantes, no caben equidistancias ni neutralidad en casos como éste y mucho menos de responsables políticos. El mensaje a la sociedad ha de ser claro y diáfano: o se está con la igualdad y las personas que la defienden o se está con quienes piensan que hay espacios donde a la mujer se la puede seguir discriminando.

El otro factor es la estigmatización de la que fuimos objeto  las integrantes del grupo promotor.

No es entendible que una reivindicación como la igualdad y la no discriminación no haya estado apoyada por sectores más numerosos de nuestra ciudad, ni siquiera los llamados progresistas, si no es por el proceso de estigmatización al que se nos sometió al grupo que planteó la reivindicación.

Desde el minuto cero, el sector más reaccionario y misógino pone en marcha una campaña de acoso que se concreta en cosas como pasquines que pedían el boicot a nuestros comercios, hacer público por medio de hojas la condición homosexual de personas concretas, llamadas telefónicas amenazantes, señalamiento en los colegios de nuestras hijas e hijos y un largo etcétera. De este modo, ante el clima que se genera y el precio que hay que pagar por apoyar la reivindicación, cualquier intento de ampliar nuestra influencia y recabar apoyos entre la ciudadanía está abocado al fracaso.

Fue un proceso rápido, y más rápido en cuanto que la institución municipal nos dio la espalda. De hecho, personas que habían mostrado su apoyo inmediatamente dieron un paso atrás y se retiraron. Hacía falta mucho valor para dar la cara en una situación semejante.

Como bien sabemos, una vez que se ha estigmatizado a un grupo, es muy difícil conseguir que sectores importantes de la sociedad se acerquen a él y hagan suya la reivindicación, por muy justa que ésta sea.

El ganar sociedad en estas condiciones ha sido un proceso lento y largo, pero no tenemos la menor duda de que la nuestra es una causa ganada y, aunque nos ha costado muchísimo trabajo, todo esto está siendo una revolución para esta ciudad.

Cada año miles de personas discuten sobre la igualdad, tienen que interrogarse sobre dónde y con quién quieren estar el 30 de junio, cientos de chicas jóvenes que salen por primera vez tienen que peleárselo en casa, en la cuadrilla, en el trabajo, y cada persona que ese año da un paso al frente es una persona que ha tomado conciencia de la importancia de la igualdad entre hombres y mujeres.

Yo he salido desde el primer año, he sufrido las consecuencias, porque tengo un negocio, pero cada 30 de junio, cuando veo las filas y filas de jóvenes, sobre todo mujeres, cuando las veo emocionarse, llorar de alegría, disfrutar y poner tanto empeño en hacerlo bien para ganarse el respeto del público, también yo lloro de alegría, doy por bien empleado todo lo que he hecho y también pienso que algunos de nuestros gobernantes no se merecen estas ciudadanas.

En la actualidad hacemos un Alarde magnifico, compuesto por unas 1.300 mujeres y hombres que desfilan y algunos miles en las aceras que nos aplauden y apoyan. El nuestro es un Alarde de alegría, de empoderamiento, de valientes, de resistentes. Ya han pasado los años en los que éramos unos pocos cientos protegidas por un cordón policial para evitar que nos agredieran, éramos el blanco de los insultos más groseros y machistas y cientos de personas nos daban la espalda. Ha sido duro, ha sido largo también, yo he oído insultos de todo tipo mientras desfilaba, pero también he visto a mujeres y algunas muy mayores gritándonos ¡valientes! y llorando de la emoción a nuestro paso.

Por último, este 21 de junio vamos a celebrar una gala de reconocimiento a tantas personas que hemos sabido resistir para sacar esto adelante, con la asistencia de las instituciones que nos han apoyado, como Emakunde, el Ararteko y la Diputación Foral.

Para más información:

Página web: www.alardepublico.org

Instagram: @irungoalardepublikoa

Facebook: Irungo Alarde Publikoa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gestos de mujeres contra la historia única

12/06/2018 en Doce Miradas por Eva Silván

Toni-Morrison“Si hay un libro que quieras leer, pero no se ha escrito todavía, debes ser la persona que lo escriba”. Toni Morrison, escritora.

Hace unos meses un silencio llamó mi atención, fue el silencio provocado y medido de Emma González, joven estadounidense superviviente del tiroteo de Parkland, EE.UU, en el que 17 personas fueron asesinadas y 15 resultaron heridas. Al inicio de su discurso, Emma González calló, provocando un enorme silencio de 6 minutos y 20 segundos, el tiempo que duró el tiroteo. No fue un hecho improvisado ni casual, fue un acto medido, directo y contundente que impactó de lleno en la sensibilidad y la conciencia de miles de personas en todo el mundo. Así es el activismo cuando suelta los resortes: directo y contundente. Fue un acto pensado como homenaje,  y como reivindicación, que nos interpelaba en relación al debate sobre el acceso a las armas en EE.UU.

Emma González no ha sido la única mujer joven que, en los últimos tiempos, nos revuelve del asiento, nos conecta con su mensaje y nos llama la atención para denunciar situaciones injustas y vulneraciones de derechos.

Otro caso con gran repercusión en redes fue el de Naomi Wadler, activista estudiantil de tan solo 11 años, que en el corazón del Capitolio puso nombre y rostro a las mujeres afroamericanas, víctimas también de la violencia de las armas: Estoy aquí hoy para reconocer y representar a las chicas afroamericanas cuyas historias no salen en la portada de los diarios nacionales, dijo.

Las palabras de la joven Naomi me hicieron recordar el libro ‘El peligro de la historia única’ de la gran escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, donde nos cuenta cómo la historia se ha utilizado para poseer, calumniar, ocultar y negar realidades. Quién se ha encargado, y se encarga, de ofrecer la historia única, ha sido el poder: patriarcal, económico, religioso, cultural, pero el poder. La ocultación de realidades y la generación de estereotipos son las dos grandes victorias de la historia única, o lo que ahora se llama “el relato único”.

Las dos jóvenes americanas de las que hablaba al principio, Emma y Naomi, cansadas de escuchar una historia contada por otros en la que no se veían reflejadas, alzaron la voz (y en esta ocasión su silencio), para captar nuestra atención e invitarnos a ver la realidad desde otra perspectiva, la suya, la de dos chicas que se expresan para desmontar el relato dominante.

Movimientos como #MeToo, #TimesUp o el más reciente y cercano #SiConMujeres, impulsado para forzar la participación de mujeres expertas de ciencias sociales en congresos y jornadas, han llamado nuestra atención para ofrecernos una realidad vivida por las mujeres, pero ocultada por quienes construían la historia única: la realidad de las violaciones, los abusos y la invisibilidad de las mujeres en tantos espacios.

Pero no es cierto que todo se haya desencadenado ahora como una gran explosión surgida de la nada. Muchas mujeres antes han protagonizado gestos que han supuesto cambios trascendentales. Para mi, uno de los más representativos fue el protagonizado por Rosa Parks, que abanderó con un solo gesto la lucha contra la segregación racial en EE.UU cuando se negó a ceder su asiento en un autobús público de Alabama. En aquellos años, lo población negra sufría la humillación de no poder compartir con los blancos los mismos lugares públicos. Las leyes Jim Crow, heredadas de la esclavitud del siglo XIX, fueron diseñadas para que los y las afroamericanas se sintieran inferiores y así mantenerles marginadas de la sociedad. Hasta que Rosa Parks dijo NO. “Aquel día estaba fatigada y cansada. Harta de ceder”, diría después en sus memorias.

Así han respondido tantas y tantas mujeres a lo largo de la historia que, cansadas de ceder, eliminaron barreras y rompieron estereotipos. La revolución de las mujeres lleva tiempo fraguándose, no me llegan los dedos de las manos de las Doce Miradas para enumerar a todas las mujeres que con pequeños-grandes gestos, cada una en su ámbito, desmontaron el relato, se convirtieron en pioneras y nos dejaron la huella por la que seguir caminando.

Un exquisito quinto aniversario

05/06/2018 en Doce Miradas por Doce Miradas

El 29 de mayo celebramos nuestro quinto aniversario en Icaza Colaborando, un espacio acogedor ubicado en Bilbao que resultó perfecto para llevar a cabo la dinámica del ‘cadáver exquisito’. Para este reto de creación colectiva conseguimos liar a más de 5o personas: caras conocidas y amigas… ¡Qué emoción!

Sobre las 17:30h. ya teníamos casi todo listo. La gente iba llegando, tomaba un vino, picaba algo y charlaba momentos antes de empezar el ejercicio de pensamiento colectivo que habíamos diseñado.

Hubo incluso quien quiso unirse en el último momento.

Entre las muchas emociones de la jornada, destacamos el reencuentro con tres exmiradas, que siempre formarán parte de la docena honorífica. Macarena Domaica, Mentxu Ramilo y Miren Martín. ¡Qué subidón tenerlas cerca de nuevo!
Por supuesto, tuvieron su lugar en nuestra presentación del acto…

Ante las miradas expectantes de nuestra exquisita audiencia, comenzamos a explicar en qué consistía la dinámica del cadáver exquisito y cómo podían comenzar a dar rienda suelta a su creatividad. “Importante -recalcó Christina Werckmeister- no pensar”. Y es que el automatismo era clave para lograr un resultado interesante y genuino.

Las miradas cómplices se pusieron manos a la obra. Distribuidas en siete mesas comenzaron a jugar con sus collages y textos. Revistas, tijeras y la imaginación desbocada. Nadie sabía cuál podía ser el resultado porque cuando algo se basa en el inconsciente…

Mientras, en las mesas bullía la creatividad; las Doce Miradas rondábamos atentas y, con unas cámaras polaroids que sacamos del baúl de los recuerdos, fotografiábamos el avance del trabajo. Las instantáneas (nunca mejor dicho) iban siendo pegadas en un mural. Se trataba de reservar un lugar especial a las verdaderas protagonistas de la jornada.

Fotografía realizada por Virginia Gómez.

Fotografía realizada por Virginia Gómez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras una hora de dinámica, recogimos los trabajos de cada mesa…

y el resultado fue inmejorable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guardamos este trabajo como oro en paño; sabemos que la diversidad es clave para seguir avanzando y ¡os queremos cerca! Ahora, tenemos mucho que hacer.

Eskerrik asko!

¿Celebras con nosotras el quinto aniversario de Doce Miradas?

22/05/2018 en Doce Miradas por Doce Miradas

Como os contamos hace poco, cumplimos cinco años con este proyecto que se llama Doce Miradas, tiene formato de blog y el compromiso de trabajar por la igualdad con el feminismo como herramienta y reivindicación. Todos los aniversarios son para nosotras una celebración porque significa que el proyecto sigue vivo, pero sin duda este año sentimos algo diferente. El momento tan especial que vive el feminismo, la efervescencia en las calles, esta especie de despertar que parece haberse producido en la sociedad con fenómenos como el #MeToo, el #YoSiTeCreo o las movilizaciones masivas del #8M nos han ilusionado y emocionado. Después de tantos años en que parecía que nada se movía, vivimos con esperanza este cambio de comportamiento.

Toda esta ilusión tiene sin embargo una cara B y es que no podemos olvidar que en el origen de todas estas rebeliones están los abusos y violaciones a mujeres, la brecha salarial, la infrarrepresentación de las mujeres en la esfera pública, en los espacios de poder, la crianza y cuidados de familiares con enfermedades, discapacidades o en la ancianidad que recae sobre las espaldas de las mujeres… En definitiva, injusticia, desigualdad, machismo. Y sobrevolando, la gran pregunta:  ¿Y ahora qué? Porque queremos que haya cambios. Hay que avanzar. No puede quedarse todo en unos eslóganes, unos hashtags y unas manifestaciones exitosas.

En medio de este clima llega nuestro quinto aniversario y queremos celebrarlo con todas las personas que seguís Doce Miradas. Saber qué opinas, debatir y reflexionar contigo. Para ello, durante el evento del 29 de mayo, llevaremos a cabo un ejercicio de pensamiento colectivo mediante la técnica creativa del cadáver exquisito. ¿Te suena? Lo practicaban los surrealistas para crear arte de forma colectiva. Tiene que ver con el inconsciente y el absurdo. Confiamos en que el resultado de esta inteligencia colectiva nos ayude a enfocar el futuro de Doce Miradas. Os necesitamos. Prometemos que será divertido, creativo y útil. O no. El absurdo es lo que tiene.

¿Te has apuntado ya? Si no has reservado tu plaza aún, hazlo ahora porque el aforo es limitado. El evento será el martes, 29 de mayo, a las 17.30h en el espacio Icaza situado en Mazarredo 47, Bilbao. Estamos deseando verte. ¡Apúntate aquí!

El orden de los factores sí altera el producto

15/05/2018 en Doce Miradas por Eunate Encinas

En Matemáticas, la propiedad conmutativa es una propiedad fundamental que tienen algunas operaciones, según la cual el resultado de operar dos elementos no depende del orden en que se toman. Esto es, el orden de los sumandos no altera la suma o, como nos enseñaron a repetir cansinamente en el colegio, el orden de los factores no altera el producto. O eso creíamos.

La ley 40/1999, de 5 de noviembre, posibilitó la elección del orden de transmisión de los apellidos. Si bien hasta la reforma de la ley del Registro Civil, de 2011, de no especificar lo contrario, la fuerza de la costumbre hacía que se impusiera el apellido paterno, apellido que también prevalecía en caso de desacuerdo. Desde 2011, sin embargo, padre y madre deben acordar antes y de forma obligatoria en qué orden dispondrán los apellidos de su descendencia.

Mi hija nació en 2012, un año después de esta reforma. Con esta inocencia conmutativa flotando sobre nuestras cabezas, mi marido y yo le pusimos primero mi apellido. Cada vez que surgía la cuestión durante el embarazo, quedaba claro que a ambos nos ilusionaba que la niña llevara nuestro apellido en primer lugar y no acabábamos de tomar la decisión definitiva. Días después del nacimiento, él vino del Registro Civil diciendo que finalmente le había puesto primero mi apellido. “Qué menos”, dijo. Nueve meses de embarazo y un parto habían desequilibrado aquella ilusión equivalente. Aquel fue un gesto precioso, un momento íntimo de nuestra recién estrenada familia. Fue un regalo de maternidad y yo me sentí agradecida por su reconocimiento.

Fue solo con el paso del tiempo cuando empecé a recibir opiniones y contraste no buscado en relación con la cuestión de los apellidos. Me encontré respondiendo a la misma pregunta una y otra vez. “¿Por qué?”, me preguntaban. “¿Por qué le has puesto tu apellido primero?”. En este tiempo, de hecho, los más osados me han llegado a preguntar también si soy madre soltera o si estoy divorciada.

El nombre que nos dan al nacer y los apellidos que recibimos forman parte de nuestra vida, y contribuyen a la creación de nuestra identidad y nuestra propia historia. Nos vinculan con nuestros progenitores y líneas genealógicas y son, en definitiva, parte de nuestro patrimonio personal. Es por eso que identidad y persona sitúan esta cuestión en un terreno muy privado. Quizá, por ello, en su momento me sorprendía tanto aquella pregunta abierta e incansable: ¿Por qué?”. Y quizá por ello yo no devolvía la pregunta: “¿Y tú por qué no le has puesto primero el apellido materno?”. Mi respuesta era, en su lugar, algo sencillo: “¿Y por qué no?”

A medida que la noticia se extendió más allá de mi circulo personal, tuve ocasión de toparme con gente que no solo preguntaba con abierto descaro, sino que añadía a la suma un lenguaje no verbal en el que se podía entrever un halo que me cuesta definir con precisión. Una mezcla de reproche, desconfianza, o incomodidad, quizá. Estas madres modernas de hoy…

En otro orden de cosas, pero no alejado del objeto de este post, cuando la niña nació decidimos no ponerle pendientes. Decisión que también generó preguntas. Sin ahondar en la cuestión de la construcción cultural ni de los estereotipos, a mi modo de ver, la estética, el credo o la ideología de mis hijos, son y serán cosa suya. Por muy hijos míos que sean. Soy madre con mis errores y aciertos. Acompaño, doy ejemplo, aun sin querer, y tengo una gigantesca responsabilidad, pero los pendientes…, los pendientes son y serán cosa suya.

De la misma manera que una aprende a ser madre con la experiencia, aprende a ser feminista con vivencias cotidianas como éstas. De forma que lo que en su día fue un momento privado en una a habitación de hospital, ha ido ganando progresivamente en importancia, conciencia y activismo, hasta convertirse en un gesto de valor público.

Hoy día, me siento afortunada de que la decisión que tomamos en su momento, del nivel de cohesión con mi pareja que la hizo posible, del ejemplo que con ello damos a nuestra hija e hijo. Porque mientras construimos esa sociedad igualitaria, ellos crecen en una familia igualitaria. O eso intentamos.

Las mujeres debemos hacer uso de nuestros derechos y recorrer convencidas este camino. Cierto que son muchos los frentes abiertos, pero, por fortuna, algunos de ellos están en nuestra mano. Como dice Noemí Pastor sobre las resistencias al lenguaje feminista “si quiero trabajar por la igualdad, tendré que hacerlo también en mi terreno, también en mi casa”.

De modo que, el orden de los factores, a veces sí altera el producto. Y mucho. Porque alterar el orden de ciertas cosas, altera algunas miradas. Y solo con nuevas miradas, podremos llegar a nuevos lugares.

Feminización

08/05/2018 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Herminia Luque es escritora y profesora de Historia. Ha publicado las novelas Amar tanta belleza (Premio Málaga de Novela 2015), Bitácora de Poseidón (2010), El códice purpúreo (2011) y Al sur de la nada (2013). Asimismo su ensayo Siempre guapa. El imperativo estético en la sociedad contemporánea fue premiado por la Diputación de Almería en 2014. Su texto O Gorgo o Cinisca. Teoría feminista y deporte ha sido incluido en el libro Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista (Málaga, Fundación Málaga, 2017).

En 2017 participó en el evento TEDxPlazaDeLaMercedWomen con una charla titulada Feminismo con h. Forma parte del Seminario de Estudios Interdisciplinarios de la Mujer de la Universidad de Málaga.

En una entrevista radiofónica[1], la escritora Cristina Consuegra (a propósito de la publicación del libro colectivo Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista del que precisamente es ella la coordinadora), hizo una apelación  a la necesidad del conocimiento, de la lectura y el saber como elementos imprescindibles en la causa del feminismo.

En efecto, necesitamos pensar el feminismo. No en vano el feminismo es, en palabras de la filósofa Amelia Valcárcel[2], una teoría; una agenda también (es decir, cosas que hay que transformar o cuestiones novedosas a las que hay que enfrentarse), pero cronológicamente primero es una teoría, o sea, un acto de pensamiento.

Y pensar es poner nombre a las cosas. Necesitamos, por tanto, las palabras. Porque las palabras iluminan realidades, conceptualizan (es decir, resumen, abstraen, sacan el jugo de las cosas); son proyectos (acciones para el futuro, caminos por los que transitar); son, de igual modo, esperanza y brújula para transitar construyendo esos mismos caminos. Las palabras son el medio perfecto para comunicarnos, para unir abstracciones y realidades.

En la causa histórica de las mujeres o feminismo han ido apareciendo una serie de palabras cruciales para su propio desarrollo, empezando por la propia palabra feminismo. Pero también otras que nos remiten a un momento histórico o a realidades o aspiraciones concretas como sufragismo, patriarcado o género, que de simple categoría gramatical, pasa a denominar la construcción cultural de la feminidad (o qué entiende una sociedad por ser mujer).

También se han creado expresiones enormemente significativas relacionando palabras comunes, no asociadas en principio a las mujeres o al feminismo. Por ejemplo, “techo” y “cristal”, “vientres” y “alquiler”, que en los sintagmas “techo de cristal” y “vientres de alquiler” son descriptores de realidades e implícitamente llevan consigo poderosos elementos de crítica.

La profesora de Sociología del Género Rosa Cobo ha afirmado de un modo contundente que el arma del feminismo es la palabra. La violencia  siempre estuvo fuera del feminismo, al tiempo que “la persuasión intelectual y la presión política pacífica fueron sus herramientas fundamentales”.[3]

Desde estas líneas, yo propongo, no una palabra nueva, sino llenar con un contenido semántico distinto una ya existente. Se trata de la palabra “feminización”. Ordinariamente se habla de “feminización de la pobreza” o “feminización” de determinadas profesiones (como las sanitarias o la educación), aludiendo con ello al incremento o la existencia en porcentajes elevados de mujeres en los conceptos aludidos. Yo sugiero dejar de lado este significado estrecho y limitante para convertir la palabra Feminización (con mayúscula) en una categoría histórica. Así Feminización sería un movimiento cultural (como Ilustración, Reforma, Renaixença) que  tendría su origen en determinados países de Europa Occidental, entre ellos España, en la segunda década del siglo XXI. Esta fecha supondría, no solo un inicio, sino un punto de inflexión, un punto de no retorno en el proceso iniciado. Podríamos definir Feminización:

-En sentido amplio, como un proceso imparable de participación por parte de las mujeres en la sociedad en idéntico porcentaje al que le corresponde numéricamente en cuanto población, en todos y cada uno de los aspectos de la vida pública, la producción económica y los bienes culturales (educación, trabajo, política, poder económico, influencia cultural, creación artística, científica y literaria, medios de comunicación), con todas sus potencialidades, sin las restricciones, minusvaloraciones, descalificaciones o exclusiones a las que tradicionalmente se las había sometido.

Dicha participación vendría acompañada de una creciente conciencia de la dimensión del fenómeno, sus implicaciones y sus raíces (qué ha significado, qué significa la exclusión de las mujeres, la desigualdad en el acceso a los bienes, sean de la índole que sean, en razón del sexo). Lo que se traduce en una movilización social cuyos ejemplos más significativos serían las acciones reivindicativas o el activismo en la red. En este sentido, la huelga feminista (organizada por la Comisión 8 de marzo y apoyada por más de trescientas organizaciones) y las manifestaciones que hubo en España el 8 de marzo de 2018 son paradigmáticas.

-En sentido restrictivo, Feminización serían las aportaciones teóricas, literarias, artísticas, científicas, políticas y legislativas de las mujeres en esta centuria, del mismo modo que la Ilustración (el movimiento que hace del pensamiento y de la actitud crítica su razón de ser), es la suma de las producciones intelectuales de filósofos, escritores, científicos, creadores en suma, que buscan trascender, con su obra, un orden social injusto y un horizonte intelectual y político demediado, renuente a la libertad de acción y de pensamiento.

La Feminización tendría una dimensión ética innegable, que nacería de una vocación universal humanista, es decir, que pone en el centro de sus preocupaciones al ser humano, partiendo de la concepción de este como poseedor de derechos individuales imprescriptibles e intransferibles, sin que quepan componendas en este sentido, es decir, distorsiones por mor de tradiciones culturales lesivas para las mujeres.

Aspectos similares estarían presentes tanto en Ilustración y Feminización, como la apelación al conocimiento racional y la dimensión utópica, si bien los medios tecnológicos y los desarrollos sociales difieren notablemente. Pues si la Ilustración surge en un contexto de Antiguo Régimen (sociedad estamental, poder regio absoluto, omnipresencia de la religión cristiana), el contexto histórico de la Feminización es una Edad Global en la que los retos tienen asimismo una dimensión global y se habría entrado ya (a decir de las ciencias de la Naturaleza) en el Antropoceno, o era determinada por la acción transformadora y destructiva en idéntico grado del ser humano. De igual modo, las potencialidades de la Humanidad, amplificadas por los desarrollos tecnológicos (muy especialmente en los campos del almacenamiento, el tratamiento y la difusión de la información), abrirían caminos inéditos y esperanzadores.

Esta es mi propuesta: Feminización como una nueva Ilustración con protagonismo femenino;  como movimiento cultural y social transformador con las mujeres como protagonistas. Feminización como una Neoilustración. La Ilustración que no tuvieron las mujeres, la que está por hacer: la que estamos haciendo.

 

[1] La entrevista fue realizada por Laura Barrachina para  Radio 3 en el programa Efecto Döppler y se emitió el 7 de marzo de 2018. Aparte de Cristina Consuegra, fueron entrevistadas Concepción Cascajosa, Isabel Guerrero y María Luisa Balaguer, magistrada del Tribunal Constitucional de España, todas ellas autoras  de artículos insertos en el libro Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista (Málaga,  Fundación Málaga, 2018).

[2] Afirmaciones que recojo de la conferencia pronunciada por Amelia Valcárcel en la sede del Rectorado de la Universidad de Málaga el 29 de marzo de 2017.

[3] Cf.  El artículo de Rosa Cobo, Individualidad y crisis de la identidad femenina.  Revista ex æquo, n.º 22, 2010, pp. 129-145. http://www.scielo.mec.pt/pdf/aeq/n22/n22a11.pdf; consultado el 21 de marzo de 2018 a las 6:50 horas.  Imprescindible el libro de esta autora  La prostitución en el corazón del capitalismo (Libros de la Catarata, 2017).

 

5 años golpeando techos de cristal / 5 urte jo eta jo kristalezko sapaien kontra

03/05/2018 en Doce Miradas por Doce Miradas

Tenemos los pulmones llenos de aire fresco, el latido de nuestro blog es intenso y queremos celebrarlo contigo. ¿Paradoja? Que estamos preparando un aniversario en el que ¡habrá cadáveres! No podemos contar más. Tan solo necesitamos miradas amigas como la tuya para ayudarnos a enfocar el futuro. ¿Te atreves? En ese caso, reserva fecha (29 de mayo a las 17:30) y apúntate aquí (AFORO LIMITADO).

Carta abierta a la joven que fue violada por La Manada, tuvo la valentía de denunciarlo, y fue juzgada por ello

27/04/2018 en Doce Miradas por Doce Miradas

Manifestaciones en contra de la sentencia. Jueves, 26 de abril.

Manifestaciones del jueves, 26 de abril, en contra de la sentencia.

Querida superviviente:

Durante la concentración del jueves, 26 de abril, en protesta por la sentencia de La Manada, en Doce Miradas nos preguntábamos por ti. Qué sentirías al conocer la sentencia. Qué sentirías al ver las reacciones de protesta en las principales ciudades del país. ¿Estaremos ayudándola con las manifestaciones en las calles?, nos decíamos. Ojalá te reconforte ver que hay una marea indignada con la sentencia. Ojalá te ayude saber que creemos que se te ha tratado injustamente. Ojalá te sientas menos sola. Decimos ‘ojalá’ porque también nos preocupa que si necesitas pasar página y seguir con tu vida quizás las protestas en la calle y el debate en los medios de comunicación no ayuden a ese fin. ¿O sí?

Es posible que no seas capaz de responderte. O que ayer pensases una cosa y hoy otra. También para eso eres libre y puedes cambiar de opinión tantas veces como lo necesites. Puedes romperte a llorar, o levantarte de la cama con ganas de que el sol de la primavera, tan distinto al de aquel julio, te ayude a recomponer la piel y el alma. O no. Lo que tú necesites estará bien. Porque aunque algunas personas no lo entiendan, tu libertad está por encima de todo. De todo. Nadie debe juzgarte, ni decidir cómo debes sentirte.

Nadie puede negarnos ya nuestra libertad. Ese tiempo se ha acabado. Porque somos muchas las que cualquier noche hemos sentido en nuestras espaldas pasos firmes siguiendo nuestros talones y hemos tenido que mirar de reojo para protegernos; porque muchas hemos escuchado el comentario soez acerca de nuestro cuerpo, ¡nuestro! cuerpo; muchas hemos visto la mirada que nos quiere desnudar y que provoca miedo, pero sobretodo, asco, mucho asco. En muchos momentos nos hemos sentido solas, hemos echado de menos el brazo de una amiga al que agarrarnos y sobre el que andar más deprisa; la voz de una amiga que en ese momento soez cerrase la boca de quien nos agredía. Pero hace tiempo que ya no estamos solas, ahora sabemos y gritamos bien alto que ese tiempo es pasado, y que estamos aquí para cambiarlo. Por ti y por todas.

Aunque la auto-denominada justicia aún no lo sepa. Nos falta hacerlo constar en las nuevas leyes, pero nunca más volveremos a aceptar el destino de las mujeres, ése que a lo largo de la Historia nos ha dejado en la sombra, a merced de las apetencias salvajes de los hombres que dictaban las normas que nos sometían. Nunca más aceptaremos su definición de violencia, porque eso sí es un abuso. Nunca más pediremos permiso para ser libres, para ser felices, para exigir los derechos que nos corresponden.

Algo ha cambiado ya, aunque todavía tengamos que llorar mucho, gritar mucho, trabajar mucho, exigir mucho. Vemos las calles llenas, y pensamos: estamos donde hay que estar. 

Pero en Doce Miradas también pensamos en ti, sobre todo en ti,  y lo último que querríamos es que te sintieras abrumada por esta ola gigante de solidaridad. Para aligerar el peso de tus hombros nos gustaría que supieras que las protestas y el debate vehemente son por ti o fueron por ti en un inicio pero ahora son también por todas nosotras. Lo que estamos defendiendo es la justicia para las mujeres. Estamos luchando por la libertad y la dignidad de todas. Y no creas que lo estamos haciendo solo las mujeres, porque ni te imaginas la cantidad de hombres que caminaban en la manifestación a nuestro lado gritando “Yo sí te creo” o “esta justicia es una mierda”. Ten en cuenta que esta sentencia nos deja a todas indefensas y vulnerables. Y nos negamos. Por ti y por todas.

Y ahora, tú descansa. Nosotras nos ocupamos. 

Con cariño y mucho respeto,
Doce Miradas

Mis abuelas y la ley

24/04/2018 en Doce Miradas por Christina Werckmeister

Pertenezco a la tercera generación de mi familia materna con el honroso cometido de organizar la gran reunión que celebramos cada 20 años más o menos y que cariñosamente llamamos “Telesforada”. La festividad toma su nombre del tatarabuelo Telesforo, fundador del despacho de abogados que este año cumple 150 años y seis generaciones de juristas del mismo apellido paterno.

Sobre esta familia (bueno, sobre los hombres de esta familia) es posible saber bastante, pues como buenos letrados, todo quedaba registrado, anotado y guardado. Gran cantidad de viejos y frágiles archivadores, misteriosamente numerados (faltan algunos ejemplares claves del puzzle) perviven en un desván, repletos de escritos, documentos, contratos, testamentos, cartas, dibujos …

De las mujeres del árbol genealógico también sabemos, pero no por sus heroicas defensas de fuertes, ni por haber fundado despachos de abogados, o escrito valiosos documentos históricos, ni por publicar volúmenes de Derecho Civil Navarro o redactar estatutos. Al examinar los documentos encontrados, tenemos que “leer entre líneas”, conjeturar la veracidad de las anécdotas cariñosas e imaginarnos a partir de antiguas fotos descoloridas sus vidas  “acompañando” y, desde luego, posibilitando las hazañas de sus maridos, padres e hijos.

Habiendo nacido en familia de leyes (sin haberlas estudiado yo misma y, por tanto, arriesgándome a cometer alguna inexactitud), me pregunto de qué manera afectaban éstas a mis antepasadas directamente (además de indirectamente, al ser todas ellas hijas, hermanas, esposas o madres de abogados y notarios).

En sus matrimonios estaban sometidas a la autoridad marital, “en el Derecho histórico y comparado, un principio incuestionado de organización que atribuye al marido el poder sobre la persona y bienes de la mujer[1]. Por ello, María Jesús, su nuera Dolores, la nuera de ésta, Laura, y su hija Eukene (de haber permanecido en España), debían obedecer a sus maridos a cambio de protección (el ritual de la boda medieval imitaba la ceremonia del homenaje feudal entre señor y vasallo[2]).

http://www.rtve.es/alacarta/videos/version-espanola/version-espanola-reportaje-sobre-derechos-mujer-antes-1975/990157/

Esta autoridad contemplaba en diversos Códigos Penales el uxoricidio honoris causa, por el cual la infidelidad de ellas podía ser castigada por marido o padre impunemente, incluso con la muerte (el de 1870 recogía en su texto la fórmula de la «venganza de la sangre»)[3]. Desde 1944 hasta 1963, año en el que se suprimió este “privilegio” del marido, el uxoricidio era castigado únicamente con el destierro (en caso de lesiones que no fueran graves, quedaría exento de pena).

Solamente mi madre, Eukene, se libró de vivir bajo esta espada de Damocles codificada.

Además del marido y del padre, también el estado castigaba el adulterio. Este delito únicamente se contemplaba en el caso de las mujeres, pues bastaba con una sola infidelidad.  Sin embargo, en el caso del marido era necesario probar el amancebamiento, o la reiteración y notoriedad del acto. Así, ellos solo debían cuidarse de no repetir mucho con la misma. Durante el franquismo las penas eran de 6 meses y un día hasta 6 años de encarcelamiento. El adulterio y el amancebamiento no fueron “despenalizados” hasta 1978.[4]

En base a la consideración de las mujeres como seres incapaces o menores de edad, todas precisaban de licencia marital o autorización del padre para enajenar sus bienes y en general, para celebrar actos o contratos por los que adquiriesen obligaciones, o desarrollasen actividades comerciales o mercantiles.

En 1977, fue noticia que la Dirección General de Notariado dictara una resolución otorgando “la plena facultad de la mujer respecto a sus propios bienes, aun cuando sea casada y en régimen de gananciales” (!), generando el siguiente titular tan obvio en El País: “La mujer casada podrá comprar bienes inmuebles[5].  De nuevo, solamente mi madre se libró (a medio matrimonio) aunque no del todo: el artículo nos informa de contradicciones que persistían vía varios artículos que garantizaban que el marido fuese el administrador único de esta sociedad, y salvo para la venta, podía disponer sin consulta ni permiso de los bienes gananciales. La mujer, en cambio, solo dispone libremente de los bienes gananciales para la cesta de la compra. “Es decir, los bienes de inmediato consumo familiar, en los que la mujer dispone dado su papel tradicional y avalado por la ley, de dedicación al hogar y cuidado de éste.”

Ni María Jesús, ni Dolores, ni Laura (su marido murió en 1970) tuvieron autonomía jurídica alguna. Hasta 1981, todas nuestras madres y abuelas debían pedir permiso a padre o marido para poder trabajar, cobrar su salario, vivir fuera de la casa paterna, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, sacar su pasaporte, el carné de conducir… Técnicamente, mi madre perdió su nacionalidad al casarse con mi padre alemán, si no hubiese sido por una excepcionalidad del Fuero Navarro que le permitió  conservarla y yo misma pude acceder a la nacionalidad española que, naturalmente, me correspondía por derecho.

María Jesús Mendiluce murió sin haber sido nunca ciudadana de pleno derecho, ni pudo votar en ninguna elección. Dolores y Laura solamente pudieron votar durante un corto periodo entre 1933 y 1936, aunque no sé si lo hicieron. Laura y Eukene no pudieron volver a votar hasta 1977.

Aun viviendo al lado de estos ilustres hombres de leyes, para María Jesús, Dolores y Laura era inconcebible aspirar a trayectorias profesionales comparables. Concepción Arenal estudió Derecho entre 1841 y 1846, como oyente y disfrazada de hombre. Solo en 1966 pudieron acceder las mujeres a los cargos de magistrada, juez o fiscal, pues «la mujer pondría en peligro ciertos atributos a los que no debe renunciar, como son la ternura, la delicadeza y la sensibilidad», de ejercer tales profesiones.[6]

A partir del s. XX, ser universitaria tal vez no exigía el mismo nivel de transgresión que Concepción Arenal, pero no era la norma social, ni lo que se esperaba de la mayoría de mujeres (hasta 1910 no se permitía a las mujeres matricularse en ninguna especialidad salvo con permiso real o del Consejo de Ministros).

De éstas cuatro mujeres, solo Eukene pudo acceder a la carrera universitaria, y con gran esfuerzo y tenacidad llegó a ser catedrática. Hoy puedo decir que mi querencia hacia el pensamiento crítico-constructivo lo he heredado a partes iguales de madre y padre, y espero transmitírselo a mis tres hijos varones.

Finalmente llegamos a mi generación, donde he contado 8 juristas: 4 abogadas y 4 abogados.

Pero esta historia no se ha acabado. Son las leyes no escritas las más difíciles de cambiar. Están cambiando sí, pero nuestras hijas e hijos se merecen nada menos que compartir la misma autonomía, libertad y justicia sin esperas.

 

Mi prima abogada al lado de los 5 títulos de licenciatura de Derecho de mis abuelos

 

 

 

 

 

 

 

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Autoridad_marital

[2] G. Duby, El Caballero, la mujer y el cura, Madrid Taurus,1982 pp.181-182, en Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana): La mujer en la literatura española, modos de representación desda la Edad Media hasta el siglo XVI, Emilie L. Bergmann, Iris M. Zavala 1993.

[3] http://www.abc.es/20100915/internacional/adulteras-espana-201009151646.html

[4] https://elpais.com/diario/1978/01/19/espana/254012406_850215.html

[5] https://elpais.com/diario/1977/02/18/ultima/225068401_850215.html

[6] http://www.abogacia.es/2017/01/26/la-mujer-en-la-abogacia-evolucion-de-la-desigualdad-profesional/

Nos tendrán en común. Desbordes desde los feminismos

17/04/2018 en Miradas invitadas por Doce Miradas

axel morenoAxel Moreno. Educador social y terapeuta Gestalt. He desarrollado mi labor profesional como director de las áreas de Participación Ciudadana y Empoderamiento Social e Igualdad y LGTBI del Ayto. de Pamplona/Iruñea; técnico en Servicios Sociales del Ayto. de Madrid, Servicios de Juventud del Ayto. de Parla, Área de Igualdad del Ayto. de Burlada y distintas entidades sociales. Docente en FP, UNED y formación no reglada. Consultor e investigador en procesos de Participación, Educación y Cultura. Activista en diferentes colectivos e iniciativas sociales.

“Nos quieren en soledad, nos tendrán en común” fue uno de los lemas que surgió con fuerza durante el 15M para quedar tatuado en nuestra en consciencia colectiva. Una llamada a salir de la anonimia en el reto de politizar lo cotidiano. A hacer de la diferencia una riqueza y una fortaleza para compartir los problemas, para hacerlos comunes. A sentirnos y pensarnos juntas, para actuar en colectivo.

El 15M desbordó las estructuras y los imaginarios colectivos, canalizando el descontento general ante las consecuencias de una crisis política, social e institucional, fruto de una globalización económica con una progresiva mercantilización de la vida y un notable deterioro de los sistemas de protección social. Supuso un proceso afección sensible a problemas que percibimos comunes, sacudiendo la pasividad y la resignación individual, para despertar la empatía y la solidaridad colectiva, expandiendo la indignación de forma activa y entusiasta.

Tras el desmontaje de las acampadas, la energía de las plazas se desplegaría hacia distintos territorios de la vida, generando una difusa cartografía de iniciativas capilares, muchas de ellas casi imperceptibles: asambleas de barrio, mareas y acciones en defensa de lo público, el despliegue y articulación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), centros sociales, huertos urbanos, grupos de consumo, redes de economía solidaria, cooperativas, grupos de crianza, etcétera.

Cuatro años más tarde, las movilizaciones sociales que acabaron llenando las plazas de las grandes ciudades españolas, dieron el salto a las instituciones con las candidaturas Municipalistas y el cambio en los gobiernos locales. Las campañas para las candidaturas y confluencias del cambio supusieron nuevos desbordes creativos descentralizados puestos al servicio del acceso a los Ayuntamientos. Tras las elecciones de mayo de 2015, ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, A Coruña, Pamplona o Cádiz, abrieron un nuevo periodo a la búsqueda y experimentación de políticas públicas que superasen la supuesta crisis coyuntural. Pero nuestros municipios y barrios sufren directamente el impacto de un conjunto de transformaciones de carácter estructural que van más allá de una situación temporal. Nos encontramos atravesando un cambio de época que nos obliga a repensar el marco conceptual y las estrategias de las políticas locales y urbanas para poder hacer frente a las nuevas formas de desigualdad, pobreza y exclusión.

La coyuntura facilita que se desarrollen políticas locales centradas en reforzar las estrategias neoliberales de las políticas de austeridad, recrudeciendo las dinámicas de desigualdad social y territorial. Sus consecuencias más visibles continúan siendo la elevada tasa de paro, el deterioro del empleo, el incremento de las desigualdades de renta, el aumento del coste de la vida y la vivienda, la acentuación de los niveles de pobreza y de infravivienda, acompañado del deterioro de las políticas sociales y los servicios públicos.

No hay soluciones simples a problemas complejos y actuar sobre la complejidad de nuestros territorios implica desarrollar una nueva institucionalidad, una nueva concepción de lo público que no quede limitado a la esfera institucional. Implica reconocer los múltiples actores que formamos parte de esta realidad, nuestra interdependencia y la necesidad de potenciar el desarrollo de nuevas formas de entender y asumir las relaciones entre nosotras. Estableciendo espacios y procesos de participación, cooperación y articulación para la transformación y mejora de las condiciones del territorio en todas sus dimensiones.

Es necesario repensar las políticas urbanas más allá de las instituciones, desde un marco de mayor transparencia y participación en la toma de decisiones y desarrollo de la ciudad. Integrando multiplicidad estrategias y mecanismos de democracia urbana basadas en territorializar la gobernanza, coproducir las políticas públicas, abrir la gestión a la ciudadanía, apoyar la innovación social e impulsar la acción comunitaria.

Proceso Participativo Plazara!

“Nos tendrán en común”

Si el desafío pasa por desplegar una política expandida que transcienda los espacios institucionales, los ciclos electorales y la concentración representativa de poder, la clave está en el desarrollo de los procesos de empoderamiento social, participación ciudadana y acción comunitaria. No existe una única definición aceptada del significado de “comunidad” o de “acción comunitaria”, y sí muchas visiones contrapuestas. Aunque gran parte de las aproximaciones conceptuales tienen en común la idea de la acción comunitaria como la suma de procesos o acciones colectivas de transformación social con objetivos comunes, con una triple intencionalidad y estrategia:

-La mejora de las condiciones de vida locales.

-Fortaleciendo la comunidad y las redes de trabajo colectivo, empoderando a las personas y agentes del territorio (tejido social, tejido institucional y tejido económico).

-Mediante un estilo de intervención que busca incorporar a todas las personas y grupos posibles, haciendo que sean protagonistas de los cambios sociales que se promueven, sustentándose en su practica en procesos de democracia participativa, fortaleciendo los procesos de inclusión y cohesión social.

En marzo de este año se celebraron las “Jornadas Internacionales de Acción Comunitaria. Respuestas colectivas a los retos sociales”, organizadas por el Servicio de Acción Comunitaria del Ayto. de Barcelona y la Escuela del IGOP. Cinco meses antes, el Área de Participación y Empoderamiento Social del Ayto. de Pamplona/Iruñea había organizado unas jornadas en la misma línea, “Crear Comunidades Colaborativas. La construcción de políticas públicas de acción comunitaria”. En ambas jornadas quedó patente el interés y la preocupación general ante las dificultades y retos de la acción comunitaria en un momento de cambio de paradigma donde necesitamos construir nuevos referentes.

Sin embargo, para ser capaces de pensar y construir ese cambio, necesitamos dotarnos de otro imaginario que reorganice nuestra mirada, que nos oriente hacia unas posibilidades y sentido diferente. Las referencias de cambio urbano en la acción comunitaria son las imágenes del movimiento vecinal y el movimiento obrero en su defensa de los derechos ciudadanos y laborales. Imágenes ligadas a la militancia metropolitana, la organización, el liderazgo vecinal o sindical, la asamblea, la manifestación, la huelga y la acción desde el conflicto en barrios y fábricas. Ese modelo y fuerza organizativa de finales de la dictadura, marcaría una época ligada al arranque de la democracia, la construcción de servicios y equipamientos públicos y el nuevo ordenamiento municipal.

Las imágenes y relato del movimiento vecinal y sindical, introyectadas por los movimientos sociales, dificultan el tránsito hacia nuevos imaginarios para el cambio urbano. Las viejas imágenes de la lucha y conquista vecinal entorpecen la experimentación de nuevas movilizaciones e iniciativas ciudadanas, que desde el filtro y parámetros del viejo imaginario, quedan desvalorizadas e inútiles. Las imágenes de la vanguardia de la lucha vecinal, reproducen un modelo masculino y restrictivo que invisibiliza la retaguardia de los cuidados y la solidaridad que hizo posible sostener esas luchas por las mujeres. Un imaginario no pensado, ni construido desde un nosotras como personas diversas, ni dirigido a las otras, a las que quedan más allá de los márgenes de la participación.

La participación y la articulación colectiva no es neutral, está atravesada por la fuerza y legitimidad dominante del patriarcado. Aunque no nos guste, la acción comunitaria reproduce sistema de dominación sexo-género, donde las mujeres no pueden acceder ni desarrollarse en los espacios de participación en las mismas condiciones que los hombres.

“Si nosotras paramos, el mundo se para”.

La huelga del pasado 8 de marzo ha supuesto un nuevo desborde donde el movimiento feminista se convirtió en una marea imparable de la que surgió una huelga sin precedentes. En escasos meses consiguió agrupar a todo tipo de colectivos, desbordar a los sindicatos mayoritarios y organizaciones políticas, abrirse paso en la agenda mediática, hacerse presente en las conversaciones de nuestras calles, trabajos y casas, movilizar a una mayoría de mujeres desde una diversidad indudable (generacional, ideológica, cultural, de clase, etc.) y condicionar el discurso político.

La huelga feminista también consiguió desbordar el antiguo imaginario del movimiento vecinal y sindical. El 8 de marzo no vimos imágenes de neumáticos ardiendo en la entrada de fábricas y polígonos, ni calles vacías con comercios con las persianas bajadas como en otro tiempo. “Si nosotras paramos, el mundo se para”, era el lema de la jornada de huelga. Pero el país no se paralizó, al contrario, se movilizó y agitó con una potencia excepcional. Cientos de miles de mujeres inundaron las calles de nuestras ciudades y pueblos durante todo el día para concentrarse nuevamente en las manifestaciones de cierre de la primera huelga general feminista realizada en España. Los sindicatos cifraron el número de participantes en los paros totales o parciales en casi 6 millones. El movimiento feminista conseguía una movilización unitaria, transversal, descentralizada y autónoma lograda en pocas ocasiones.

El feminismo se convierte en un referente cada vez más poderoso. Supone la construcción de un imaginario de cambio integral, una revolución social que cuestiona el statu quo general al denunciar las desigualdades que atraviesan todos los ámbitos de la vida: el afecto, las relaciones sociales, familiares y de pareja, el trabajo, los cuidados, la crianza, el lenguaje, la violencia, las instituciones, el urbanismo, la economía…

La construcción de una nueva política urbana desde el empoderamiento social y la acción comunitaria, implica necesariamente la incorporación de la mirada feminista para poder deconstruir los viejos modelos militantes y generar nuevas formas de organización y acción colectiva, identificando las diferentes formas de poder para superar los sistemas de dominación y redefinir radicalmente las relaciones entre mujeres y hombres.

El pasado 8 de marzo volvimos a soñar con “otro mundo que es posible”, un mundo que estamos construyendo millones de mujeres y hombres con cada pequeño desborde cotidiano que hacemos desde los feminismos.