Gestos de mujeres contra la historia única

junio 12, 2018 en Doce Miradas

Toni-Morrison“Si hay un libro que quieras leer, pero no se ha escrito todavía, debes ser la persona que lo escriba”. Toni Morrison, escritora.

Hace unos meses un silencio llamó mi atención, fue el silencio provocado y medido de Emma González, joven estadounidense superviviente del tiroteo de Parkland, EE.UU, en el que 17 personas fueron asesinadas y 15 resultaron heridas. Al inicio de su discurso, Emma González calló, provocando un enorme silencio de 6 minutos y 20 segundos, el tiempo que duró el tiroteo. No fue un hecho improvisado ni casual, fue un acto medido, directo y contundente que impactó de lleno en la sensibilidad y la conciencia de miles de personas en todo el mundo. Así es el activismo cuando suelta los resortes: directo y contundente. Fue un acto pensado como homenaje,  y como reivindicación, que nos interpelaba en relación al debate sobre el acceso a las armas en EE.UU.

Emma González no ha sido la única mujer joven que, en los últimos tiempos, nos revuelve del asiento, nos conecta con su mensaje y nos llama la atención para denunciar situaciones injustas y vulneraciones de derechos.

Otro caso con gran repercusión en redes fue el de Naomi Wadler, activista estudiantil de tan solo 11 años, que en el corazón del Capitolio puso nombre y rostro a las mujeres afroamericanas, víctimas también de la violencia de las armas: Estoy aquí hoy para reconocer y representar a las chicas afroamericanas cuyas historias no salen en la portada de los diarios nacionales, dijo.

Las palabras de la joven Naomi me hicieron recordar el libro ‘El peligro de la historia única’ de la gran escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, donde nos cuenta cómo la historia se ha utilizado para poseer, calumniar, ocultar y negar realidades. Quién se ha encargado, y se encarga, de ofrecer la historia única, ha sido el poder: patriarcal, económico, religioso, cultural, pero el poder. La ocultación de realidades y la generación de estereotipos son las dos grandes victorias de la historia única, o lo que ahora se llama “el relato único”.

Las dos jóvenes americanas de las que hablaba al principio, Emma y Naomi, cansadas de escuchar una historia contada por otros en la que no se veían reflejadas, alzaron la voz (y en esta ocasión su silencio), para captar nuestra atención e invitarnos a ver la realidad desde otra perspectiva, la suya, la de dos chicas que se expresan para desmontar el relato dominante.

Movimientos como #MeToo, #TimesUp o el más reciente y cercano #SiConMujeres, impulsado para forzar la participación de mujeres expertas de ciencias sociales en congresos y jornadas, han llamado nuestra atención para ofrecernos una realidad vivida por las mujeres, pero ocultada por quienes construían la historia única: la realidad de las violaciones, los abusos y la invisibilidad de las mujeres en tantos espacios.

Pero no es cierto que todo se haya desencadenado ahora como una gran explosión surgida de la nada. Muchas mujeres antes han protagonizado gestos que han supuesto cambios trascendentales. Para mi, uno de los más representativos fue el protagonizado por Rosa Parks, que abanderó con un solo gesto la lucha contra la segregación racial en EE.UU cuando se negó a ceder su asiento en un autobús público de Alabama. En aquellos años, lo población negra sufría la humillación de no poder compartir con los blancos los mismos lugares públicos. Las leyes Jim Crow, heredadas de la esclavitud del siglo XIX, fueron diseñadas para que los y las afroamericanas se sintieran inferiores y así mantenerles marginadas de la sociedad. Hasta que Rosa Parks dijo NO. “Aquel día estaba fatigada y cansada. Harta de ceder”, diría después en sus memorias.

Así han respondido tantas y tantas mujeres a lo largo de la historia que, cansadas de ceder, eliminaron barreras y rompieron estereotipos. La revolución de las mujeres lleva tiempo fraguándose, no me llegan los dedos de las manos de las Doce Miradas para enumerar a todas las mujeres que con pequeños-grandes gestos, cada una en su ámbito, desmontaron el relato, se convirtieron en pioneras y nos dejaron la huella por la que seguir caminando.

Un exquisito quinto aniversario

junio 5, 2018 en Doce Miradas

El 29 de mayo celebramos nuestro quinto aniversario en Icaza Colaborando, un espacio acogedor ubicado en Bilbao que resultó perfecto para llevar a cabo la dinámica del ‘cadáver exquisito’. Para este reto de creación colectiva conseguimos liar a más de 5o personas: caras conocidas y amigas… ¡Qué emoción!

Sobre las 17:30h. ya teníamos casi todo listo. La gente iba llegando, tomaba un vino, picaba algo y charlaba momentos antes de empezar el ejercicio de pensamiento colectivo que habíamos diseñado.

Hubo incluso quien quiso unirse en el último momento.

Entre las muchas emociones de la jornada, destacamos el reencuentro con tres exmiradas, que siempre formarán parte de la docena honorífica. Macarena Domaica, Mentxu Ramilo y Miren Martín. ¡Qué subidón tenerlas cerca de nuevo!
Por supuesto, tuvieron su lugar en nuestra presentación del acto…

Ante las miradas expectantes de nuestra exquisita audiencia, comenzamos a explicar en qué consistía la dinámica del cadáver exquisito y cómo podían comenzar a dar rienda suelta a su creatividad. “Importante -recalcó Christina Werckmeister- no pensar”. Y es que el automatismo era clave para lograr un resultado interesante y genuino.

Las miradas cómplices se pusieron manos a la obra. Distribuidas en siete mesas comenzaron a jugar con sus collages y textos. Revistas, tijeras y la imaginación desbocada. Nadie sabía cuál podía ser el resultado porque cuando algo se basa en el inconsciente…

Mientras, en las mesas bullía la creatividad; las Doce Miradas rondábamos atentas y, con unas cámaras polaroids que sacamos del baúl de los recuerdos, fotografiábamos el avance del trabajo. Las instantáneas (nunca mejor dicho) iban siendo pegadas en un mural. Se trataba de reservar un lugar especial a las verdaderas protagonistas de la jornada.

Fotografía realizada por Virginia Gómez.

Fotografía realizada por Virginia Gómez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras una hora de dinámica, recogimos los trabajos de cada mesa…

y el resultado fue inmejorable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guardamos este trabajo como oro en paño; sabemos que la diversidad es clave para seguir avanzando y ¡os queremos cerca! Ahora, tenemos mucho que hacer.

Eskerrik asko!

¿Celebras con nosotras el quinto aniversario de Doce Miradas?

mayo 22, 2018 en Doce Miradas

Como os contamos hace poco, cumplimos cinco años con este proyecto que se llama Doce Miradas, tiene formato de blog y el compromiso de trabajar por la igualdad con el feminismo como herramienta y reivindicación. Todos los aniversarios son para nosotras una celebración porque significa que el proyecto sigue vivo, pero sin duda este año sentimos algo diferente. El momento tan especial que vive el feminismo, la efervescencia en las calles, esta especie de despertar que parece haberse producido en la sociedad con fenómenos como el #MeToo, el #YoSiTeCreo o las movilizaciones masivas del #8M nos han ilusionado y emocionado. Después de tantos años en que parecía que nada se movía, vivimos con esperanza este cambio de comportamiento.

Toda esta ilusión tiene sin embargo una cara B y es que no podemos olvidar que en el origen de todas estas rebeliones están los abusos y violaciones a mujeres, la brecha salarial, la infrarrepresentación de las mujeres en la esfera pública, en los espacios de poder, la crianza y cuidados de familiares con enfermedades, discapacidades o en la ancianidad que recae sobre las espaldas de las mujeres… En definitiva, injusticia, desigualdad, machismo. Y sobrevolando, la gran pregunta:  ¿Y ahora qué? Porque queremos que haya cambios. Hay que avanzar. No puede quedarse todo en unos eslóganes, unos hashtags y unas manifestaciones exitosas.

En medio de este clima llega nuestro quinto aniversario y queremos celebrarlo con todas las personas que seguís Doce Miradas. Saber qué opinas, debatir y reflexionar contigo. Para ello, durante el evento del 29 de mayo, llevaremos a cabo un ejercicio de pensamiento colectivo mediante la técnica creativa del cadáver exquisito. ¿Te suena? Lo practicaban los surrealistas para crear arte de forma colectiva. Tiene que ver con el inconsciente y el absurdo. Confiamos en que el resultado de esta inteligencia colectiva nos ayude a enfocar el futuro de Doce Miradas. Os necesitamos. Prometemos que será divertido, creativo y útil. O no. El absurdo es lo que tiene.

¿Te has apuntado ya? Si no has reservado tu plaza aún, hazlo ahora porque el aforo es limitado. El evento será el martes, 29 de mayo, a las 17.30h en el espacio Icaza situado en Mazarredo 47, Bilbao. Estamos deseando verte. ¡Apúntate aquí!

El orden de los factores sí altera el producto

mayo 15, 2018 en Doce Miradas

En Matemáticas, la propiedad conmutativa es una propiedad fundamental que tienen algunas operaciones, según la cual el resultado de operar dos elementos no depende del orden en que se toman. Esto es, el orden de los sumandos no altera la suma o, como nos enseñaron a repetir cansinamente en el colegio, el orden de los factores no altera el producto. O eso creíamos.

La ley 40/1999, de 5 de noviembre, posibilitó la elección del orden de transmisión de los apellidos. Si bien hasta la reforma de la ley del Registro Civil, de 2011, de no especificar lo contrario, la fuerza de la costumbre hacía que se impusiera el apellido paterno, apellido que también prevalecía en caso de desacuerdo. Desde 2011, sin embargo, padre y madre deben acordar antes y de forma obligatoria en qué orden dispondrán los apellidos de su descendencia.

Mi hija nació en 2012, un año después de esta reforma. Con esta inocencia conmutativa flotando sobre nuestras cabezas, mi marido y yo le pusimos primero mi apellido. Cada vez que surgía la cuestión durante el embarazo, quedaba claro que a ambos nos ilusionaba que la niña llevara nuestro apellido en primer lugar y no acabábamos de tomar la decisión definitiva. Días después del nacimiento, él vino del Registro Civil diciendo que finalmente le había puesto primero mi apellido. “Qué menos”, dijo. Nueve meses de embarazo y un parto habían desequilibrado aquella ilusión equivalente. Aquel fue un gesto precioso, un momento íntimo de nuestra recién estrenada familia. Fue un regalo de maternidad y yo me sentí agradecida por su reconocimiento.

Fue solo con el paso del tiempo cuando empecé a recibir opiniones y contraste no buscado en relación con la cuestión de los apellidos. Me encontré respondiendo a la misma pregunta una y otra vez. “¿Por qué?”, me preguntaban. “¿Por qué le has puesto tu apellido primero?”. En este tiempo, de hecho, los más osados me han llegado a preguntar también si soy madre soltera o si estoy divorciada.

El nombre que nos dan al nacer y los apellidos que recibimos forman parte de nuestra vida, y contribuyen a la creación de nuestra identidad y nuestra propia historia. Nos vinculan con nuestros progenitores y líneas genealógicas y son, en definitiva, parte de nuestro patrimonio personal. Es por eso que identidad y persona sitúan esta cuestión en un terreno muy privado. Quizá, por ello, en su momento me sorprendía tanto aquella pregunta abierta e incansable: ¿Por qué?”. Y quizá por ello yo no devolvía la pregunta: “¿Y tú por qué no le has puesto primero el apellido materno?”. Mi respuesta era, en su lugar, algo sencillo: “¿Y por qué no?”

A medida que la noticia se extendió más allá de mi circulo personal, tuve ocasión de toparme con gente que no solo preguntaba con abierto descaro, sino que añadía a la suma un lenguaje no verbal en el que se podía entrever un halo que me cuesta definir con precisión. Una mezcla de reproche, desconfianza, o incomodidad, quizá. Estas madres modernas de hoy…

En otro orden de cosas, pero no alejado del objeto de este post, cuando la niña nació decidimos no ponerle pendientes. Decisión que también generó preguntas. Sin ahondar en la cuestión de la construcción cultural ni de los estereotipos, a mi modo de ver, la estética, el credo o la ideología de mis hijos, son y serán cosa suya. Por muy hijos míos que sean. Soy madre con mis errores y aciertos. Acompaño, doy ejemplo, aun sin querer, y tengo una gigantesca responsabilidad, pero los pendientes…, los pendientes son y serán cosa suya.

De la misma manera que una aprende a ser madre con la experiencia, aprende a ser feminista con vivencias cotidianas como éstas. De forma que lo que en su día fue un momento privado en una a habitación de hospital, ha ido ganando progresivamente en importancia, conciencia y activismo, hasta convertirse en un gesto de valor público.

Hoy día, me siento afortunada de que la decisión que tomamos en su momento, del nivel de cohesión con mi pareja que la hizo posible, del ejemplo que con ello damos a nuestra hija e hijo. Porque mientras construimos esa sociedad igualitaria, ellos crecen en una familia igualitaria. O eso intentamos.

Las mujeres debemos hacer uso de nuestros derechos y recorrer convencidas este camino. Cierto que son muchos los frentes abiertos, pero, por fortuna, algunos de ellos están en nuestra mano. Como dice Noemí Pastor sobre las resistencias al lenguaje feminista “si quiero trabajar por la igualdad, tendré que hacerlo también en mi terreno, también en mi casa”.

De modo que, el orden de los factores, a veces sí altera el producto. Y mucho. Porque alterar el orden de ciertas cosas, altera algunas miradas. Y solo con nuevas miradas, podremos llegar a nuevos lugares.

5 años golpeando techos de cristal / 5 urte jo eta jo kristalezko sapaien kontra

mayo 3, 2018 en Doce Miradas

Tenemos los pulmones llenos de aire fresco, el latido de nuestro blog es intenso y queremos celebrarlo contigo. ¿Paradoja? Que estamos preparando un aniversario en el que ¡habrá cadáveres! No podemos contar más. Tan solo necesitamos miradas amigas como la tuya para ayudarnos a enfocar el futuro. ¿Te atreves? En ese caso, reserva fecha (29 de mayo a las 17:30) y apúntate aquí (AFORO LIMITADO).

Carta abierta a la joven que fue violada por La Manada, tuvo la valentía de denunciarlo, y fue juzgada por ello

abril 27, 2018 en Doce Miradas

Manifestaciones en contra de la sentencia. Jueves, 26 de abril.

Manifestaciones del jueves, 26 de abril, en contra de la sentencia.

Querida superviviente:

Durante la concentración del jueves, 26 de abril, en protesta por la sentencia de La Manada, en Doce Miradas nos preguntábamos por ti. Qué sentirías al conocer la sentencia. Qué sentirías al ver las reacciones de protesta en las principales ciudades del país. ¿Estaremos ayudándola con las manifestaciones en las calles?, nos decíamos. Ojalá te reconforte ver que hay una marea indignada con la sentencia. Ojalá te ayude saber que creemos que se te ha tratado injustamente. Ojalá te sientas menos sola. Decimos ‘ojalá’ porque también nos preocupa que si necesitas pasar página y seguir con tu vida quizás las protestas en la calle y el debate en los medios de comunicación no ayuden a ese fin. ¿O sí?

Es posible que no seas capaz de responderte. O que ayer pensases una cosa y hoy otra. También para eso eres libre y puedes cambiar de opinión tantas veces como lo necesites. Puedes romperte a llorar, o levantarte de la cama con ganas de que el sol de la primavera, tan distinto al de aquel julio, te ayude a recomponer la piel y el alma. O no. Lo que tú necesites estará bien. Porque aunque algunas personas no lo entiendan, tu libertad está por encima de todo. De todo. Nadie debe juzgarte, ni decidir cómo debes sentirte.

Nadie puede negarnos ya nuestra libertad. Ese tiempo se ha acabado. Porque somos muchas las que cualquier noche hemos sentido en nuestras espaldas pasos firmes siguiendo nuestros talones y hemos tenido que mirar de reojo para protegernos; porque muchas hemos escuchado el comentario soez acerca de nuestro cuerpo, ¡nuestro! cuerpo; muchas hemos visto la mirada que nos quiere desnudar y que provoca miedo, pero sobretodo, asco, mucho asco. En muchos momentos nos hemos sentido solas, hemos echado de menos el brazo de una amiga al que agarrarnos y sobre el que andar más deprisa; la voz de una amiga que en ese momento soez cerrase la boca de quien nos agredía. Pero hace tiempo que ya no estamos solas, ahora sabemos y gritamos bien alto que ese tiempo es pasado, y que estamos aquí para cambiarlo. Por ti y por todas.

Aunque la auto-denominada justicia aún no lo sepa. Nos falta hacerlo constar en las nuevas leyes, pero nunca más volveremos a aceptar el destino de las mujeres, ése que a lo largo de la Historia nos ha dejado en la sombra, a merced de las apetencias salvajes de los hombres que dictaban las normas que nos sometían. Nunca más aceptaremos su definición de violencia, porque eso sí es un abuso. Nunca más pediremos permiso para ser libres, para ser felices, para exigir los derechos que nos corresponden.

Algo ha cambiado ya, aunque todavía tengamos que llorar mucho, gritar mucho, trabajar mucho, exigir mucho. Vemos las calles llenas, y pensamos: estamos donde hay que estar. 

Pero en Doce Miradas también pensamos en ti, sobre todo en ti,  y lo último que querríamos es que te sintieras abrumada por esta ola gigante de solidaridad. Para aligerar el peso de tus hombros nos gustaría que supieras que las protestas y el debate vehemente son por ti o fueron por ti en un inicio pero ahora son también por todas nosotras. Lo que estamos defendiendo es la justicia para las mujeres. Estamos luchando por la libertad y la dignidad de todas. Y no creas que lo estamos haciendo solo las mujeres, porque ni te imaginas la cantidad de hombres que caminaban en la manifestación a nuestro lado gritando “Yo sí te creo” o “esta justicia es una mierda”. Ten en cuenta que esta sentencia nos deja a todas indefensas y vulnerables. Y nos negamos. Por ti y por todas.

Y ahora, tú descansa. Nosotras nos ocupamos. 

Con cariño y mucho respeto,
Doce Miradas

Mis abuelas y la ley

abril 24, 2018 en Doce Miradas

Pertenezco a la tercera generación de mi familia materna con el honroso cometido de organizar la gran reunión que celebramos cada 20 años más o menos y que cariñosamente llamamos “Telesforada”. La festividad toma su nombre del tatarabuelo Telesforo, fundador del despacho de abogados que este año cumple 150 años y seis generaciones de juristas del mismo apellido paterno.

Sobre esta familia (bueno, sobre los hombres de esta familia) es posible saber bastante, pues como buenos letrados, todo quedaba registrado, anotado y guardado. Gran cantidad de viejos y frágiles archivadores, misteriosamente numerados (faltan algunos ejemplares claves del puzzle) perviven en un desván, repletos de escritos, documentos, contratos, testamentos, cartas, dibujos …

De las mujeres del árbol genealógico también sabemos, pero no por sus heroicas defensas de fuertes, ni por haber fundado despachos de abogados, o escrito valiosos documentos históricos, ni por publicar volúmenes de Derecho Civil Navarro o redactar estatutos. Al examinar los documentos encontrados, tenemos que “leer entre líneas”, conjeturar la veracidad de las anécdotas cariñosas e imaginarnos a partir de antiguas fotos descoloridas sus vidas  “acompañando” y, desde luego, posibilitando las hazañas de sus maridos, padres e hijos.

Habiendo nacido en familia de leyes (sin haberlas estudiado yo misma y, por tanto, arriesgándome a cometer alguna inexactitud), me pregunto de qué manera afectaban éstas a mis antepasadas directamente (además de indirectamente, al ser todas ellas hijas, hermanas, esposas o madres de abogados y notarios).

En sus matrimonios estaban sometidas a la autoridad marital, “en el Derecho histórico y comparado, un principio incuestionado de organización que atribuye al marido el poder sobre la persona y bienes de la mujer[1]. Por ello, María Jesús, su nuera Dolores, la nuera de ésta, Laura, y su hija Eukene (de haber permanecido en España), debían obedecer a sus maridos a cambio de protección (el ritual de la boda medieval imitaba la ceremonia del homenaje feudal entre señor y vasallo[2]).

http://www.rtve.es/alacarta/videos/version-espanola/version-espanola-reportaje-sobre-derechos-mujer-antes-1975/990157/

Esta autoridad contemplaba en diversos Códigos Penales el uxoricidio honoris causa, por el cual la infidelidad de ellas podía ser castigada por marido o padre impunemente, incluso con la muerte (el de 1870 recogía en su texto la fórmula de la «venganza de la sangre»)[3]. Desde 1944 hasta 1963, año en el que se suprimió este “privilegio” del marido, el uxoricidio era castigado únicamente con el destierro (en caso de lesiones que no fueran graves, quedaría exento de pena).

Solamente mi madre, Eukene, se libró de vivir bajo esta espada de Damocles codificada.

Además del marido y del padre, también el estado castigaba el adulterio. Este delito únicamente se contemplaba en el caso de las mujeres, pues bastaba con una sola infidelidad.  Sin embargo, en el caso del marido era necesario probar el amancebamiento, o la reiteración y notoriedad del acto. Así, ellos solo debían cuidarse de no repetir mucho con la misma. Durante el franquismo las penas eran de 6 meses y un día hasta 6 años de encarcelamiento. El adulterio y el amancebamiento no fueron “despenalizados” hasta 1978.[4]

En base a la consideración de las mujeres como seres incapaces o menores de edad, todas precisaban de licencia marital o autorización del padre para enajenar sus bienes y en general, para celebrar actos o contratos por los que adquiriesen obligaciones, o desarrollasen actividades comerciales o mercantiles.

En 1977, fue noticia que la Dirección General de Notariado dictara una resolución otorgando “la plena facultad de la mujer respecto a sus propios bienes, aun cuando sea casada y en régimen de gananciales” (!), generando el siguiente titular tan obvio en El País: “La mujer casada podrá comprar bienes inmuebles[5].  De nuevo, solamente mi madre se libró (a medio matrimonio) aunque no del todo: el artículo nos informa de contradicciones que persistían vía varios artículos que garantizaban que el marido fuese el administrador único de esta sociedad, y salvo para la venta, podía disponer sin consulta ni permiso de los bienes gananciales. La mujer, en cambio, solo dispone libremente de los bienes gananciales para la cesta de la compra. “Es decir, los bienes de inmediato consumo familiar, en los que la mujer dispone dado su papel tradicional y avalado por la ley, de dedicación al hogar y cuidado de éste.”

Ni María Jesús, ni Dolores, ni Laura (su marido murió en 1970) tuvieron autonomía jurídica alguna. Hasta 1981, todas nuestras madres y abuelas debían pedir permiso a padre o marido para poder trabajar, cobrar su salario, vivir fuera de la casa paterna, ejercer el comercio, abrir cuentas corrientes en bancos, sacar su pasaporte, el carné de conducir… Técnicamente, mi madre perdió su nacionalidad al casarse con mi padre alemán, si no hubiese sido por una excepcionalidad del Fuero Navarro que le permitió  conservarla y yo misma pude acceder a la nacionalidad española que, naturalmente, me correspondía por derecho.

María Jesús Mendiluce murió sin haber sido nunca ciudadana de pleno derecho, ni pudo votar en ninguna elección. Dolores y Laura solamente pudieron votar durante un corto periodo entre 1933 y 1936, aunque no sé si lo hicieron. Laura y Eukene no pudieron volver a votar hasta 1977.

Aun viviendo al lado de estos ilustres hombres de leyes, para María Jesús, Dolores y Laura era inconcebible aspirar a trayectorias profesionales comparables. Concepción Arenal estudió Derecho entre 1841 y 1846, como oyente y disfrazada de hombre. Solo en 1966 pudieron acceder las mujeres a los cargos de magistrada, juez o fiscal, pues «la mujer pondría en peligro ciertos atributos a los que no debe renunciar, como son la ternura, la delicadeza y la sensibilidad», de ejercer tales profesiones.[6]

A partir del s. XX, ser universitaria tal vez no exigía el mismo nivel de transgresión que Concepción Arenal, pero no era la norma social, ni lo que se esperaba de la mayoría de mujeres (hasta 1910 no se permitía a las mujeres matricularse en ninguna especialidad salvo con permiso real o del Consejo de Ministros).

De éstas cuatro mujeres, solo Eukene pudo acceder a la carrera universitaria, y con gran esfuerzo y tenacidad llegó a ser catedrática. Hoy puedo decir que mi querencia hacia el pensamiento crítico-constructivo lo he heredado a partes iguales de madre y padre, y espero transmitírselo a mis tres hijos varones.

Finalmente llegamos a mi generación, donde he contado 8 juristas: 4 abogadas y 4 abogados.

Pero esta historia no se ha acabado. Son las leyes no escritas las más difíciles de cambiar. Están cambiando sí, pero nuestras hijas e hijos se merecen nada menos que compartir la misma autonomía, libertad y justicia sin esperas.

 

Mi prima abogada al lado de los 5 títulos de licenciatura de Derecho de mis abuelos

 

 

 

 

 

 

 

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Autoridad_marital

[2] G. Duby, El Caballero, la mujer y el cura, Madrid Taurus,1982 pp.181-182, en Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana): La mujer en la literatura española, modos de representación desda la Edad Media hasta el siglo XVI, Emilie L. Bergmann, Iris M. Zavala 1993.

[3] http://www.abc.es/20100915/internacional/adulteras-espana-201009151646.html

[4] https://elpais.com/diario/1978/01/19/espana/254012406_850215.html

[5] https://elpais.com/diario/1977/02/18/ultima/225068401_850215.html

[6] http://www.abogacia.es/2017/01/26/la-mujer-en-la-abogacia-evolucion-de-la-desigualdad-profesional/

Bonitos pantalones

abril 10, 2018 en Doce Miradas

Esto que os voy a contar sucedió, me sucedió, el día 25 de julio, festividad de Santiago, de 2016, a la una de la tarde, en un barrio residencial de Bilbao.

El día de Santiago suele ser  festivo en Bilbao y, como sucede en casi todos los festivos de julio, si sale soleado y espléndido, y así lo fue en 2016, Bilbao, con la excepción de unas cuantas zonas siempre bulliciosas y turísticas, se queda vacío, porque todo el mundo se va a la playa. Bueno, casi todo el mundo.

A la una de la tarde caminaba yo hacia mi casa, después de haber visitado a mi madre en la suya, por un desierto barrio de las afueras, por una amplia avenida inundada de sol. Cien metros más allá, hacia mí, por la misma acera, se acercaba un caballero de unos sesenta años, raza blanca y aspecto absolutamente correcto, vulgar y corriente. Nadie más a la vista.

Tuve un mal presentimiento. Se me vino a la cabeza esa escena de Con la muerte en los talones en la que el maléfico Hitchcock somete a Cary Grant a unos minutos de terror, no de noche, no en una callejuela estrecha y oscura, sino a pleno sol, en una despejadísima llanura. Supe que pasaría algo. Seguro que nada grave, pero algo.

Incluso protegida por mis gafas de sol, no lo miré directamente en ningún momento. Tampoco, por supuesto, cuando por fin nos cruzamos en la acera. Seguí con la vista al frente. Cuando llegó a mi altura, aquel señor dijo, en voz bien alta, nada de susurro: “Bonitos pantalones”.

No había salido yo de mi perplejidad cuando, dos pasos más adelante, ya a mis espaldas, volvió a gritar casi: “Sí, para pijama”.

Insisto en que el caballero no podía tener un aspecto más correcto ni más anodino: pantalón oscuro, camisa blanca impecable, barba entrecana bien recortada… No lo reconocería aunque lo tuviera frente a frente; y esto me perturba un poco. No era un marginal ni un outsider, sino un señor normalísimo, que tendrá su empleo, su coche, su cuadrilla de amigos con la que saldrá a potear; que tendrá esposa, hijos, hijas, nietas y nietos que no sabrán, que no podrán siquiera imaginar que su marido, su papá, su aita, su abuelito querido, su aitite, se dedica a increpar a desconocidas, aprovechando la impunidad de una calle desierta.

Sé que no se trató de un incidente grave, pero tampoco insignificante ni baladí. A mí me dejó muy mal cuerpo, una sensación de fragilidad, de vulnerabilidad, de poder ser atacada, como si aquel señor me hubiera dicho: “No te hago nada malo porque no quiero, pero podría. Me limito a molestarte. Agradécemelo”.

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Sofía Carvajal, comunicadora social y periodista colombiana, en su libro El piropo callejero: acción política y ciudadana, afirma que lo que comúnmente llamamos piropo callejero es una expresión de acoso, una valoración no consentida, a menudo agresiva y de carácter sexual, sobre nuestro cuerpo o nuestro aspecto físico en general, ejercida desde el anonimato, con una casi nula posibilidad de interacción. Coincide Carvajal con Judith Schreier al afirmar que el piropo callejero no debe entenderse como una forma de cortesía, ya que pretende fortalecer la imagen de quien lo dice, no de quien lo recibe.

El piropo pone de manifiesto una situación de privilegio del hombre sobre la mujer: un hombre puede decir lo que quiera sobre ella, con total impunidad y anonimato, en un momento, además, y esto se cumple siempre, en el que ella carece de compañía masculina, con posibilidades mínimas de ser interpelado. Porque para muchas mujeres contestar a una imprecación así es una audacia peligrosa.

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Yo no recibí un piropo, ni un halago, lo sé. Hace aproximadamente dos años, cuando me sucedió, yo ya no era una niña, ni una muchachita; ni siquiera era ya joven. Era ya lo que soy: una mujer madura. Y los pantalones eran (y son) de lo más marujis, simples y ordinarios: largos, blancos con rayas rosas; un poco pijameros, sí.

Con esto quiero decir que yo era bastante invisible. Por mi edad y mi aspecto, yo pensaba que ya me había vuelto invisible en las calles, que ya no iba a escuchar más impertinencias disfrazadas de piropo, después de haber aguantado unas cuantas en mis años mozos. Pero no. Lo que pensaba no era del todo cierto: me he vuelto invisible en cuanto objeto de deseo. Pero no como objeto de insulto, de imprecación, de dominación. Debo seguir escuchando, para que no se me olvide nunca jamás, que la calle no es mi territorio.

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El episodio, como digo, me dejó mal cuerpo y muchas preguntas. Para algunas tengo respuesta. Para otras no. Pero quiero, en todo caso, compartirlas con vosotras y vosotros.

Ahí van. ¿Habría hecho aquel señor lo que hizo si no hubiera estado la calle completamente desierta? ¿Qué empuja a un (en principio) respetable y maduro caballero a molestar a una semejante, a querer hacerla sentir mal por su aspecto? ¿Qué placer obtiene con ello? ¿Qué especie de impulso animal lo lleva a marcar el territorio del macho?

Y, en cuanto a mí, ¿qué señales vi, que no sé descifrar conscientemente, pero que me dijeron que algo iba a pasar? ¿Qué vivencia acumulada puedo tener para saber cuándo estoy (aunque sea solo un poquito) en peligro?

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Para terminar, os contaré que a veces me han entrado ganas de deshacerme de los pantalones, porque ahora los miro y me parecen de verdad un maldito pijama.

Pero no. Me los quedo, aunque en ocasiones me despierten este recuerdo desagradable y me provoquen un repeluzno. Me los quedo, me los pongo y me quito los demonios de encima escribiendo este articulito y compartiéndolo. Gracias.

8 de marzo de 2018, qué maravillosa sorpresa

marzo 13, 2018 en Doce Miradas

Este 8M no lo olvidaremos nunca. Los días previos ya se oía una música distinta a la de ediciones anteriores. Y tú, ¿qué vas a hacer el 8 de marzo?, empezábamos a preguntarnos unas mujeres a otras. Se intuía algo, pero tal vez fueran las ganas que teníamos. Cómo saberlo. Cómo imaginarlo siquiera.

En la concentración de las 12.00h, en la plaza Elíptica de Bilbao, ya nos quedó claro a las que allí estábamos que este no iba a ser un Día Internacional de las Mujeres más. La plaza estaba llena a rebosar de mujeres muy jóvenes que acababan de cruzar con paso decidido las puertas de colegios, ikastolas, institutos,  universidades… Se dice que la mayoría tomamos plena conciencia del machismo al entrar en el mercado laboral, pero se ve que estas jóvenes perspicaces ya se huelen algo desde la edad escolar. Lo mejor es que había mujeres de todas las edades. Mujeres hartas de encontrarse techos de hormigón o de cristal en el mejor de los casos. Mujeres cansadas de lidiar solas con la crianza, con la intendencia doméstica. De preparar meriendas, proveer mochilas, llevar a los niños al médico, asistir a las reuniones escolares, cuidar a ese familiar enfermo o a esos padres que han dejado de ser autónomos. Hartas de la violencia machista, que anula, aterroriza y mata. También había mujeres mayores, septuagenarias, octogenarias y más, veteranas de otras batallas, que no pensarían verse a esas alturas teniendo que reivindicar la igualdad. Esas mujeres lloraban de emoción, tras muchas manifestaciones en las que hubo muy pocas manos sujetando las viejas pancartas. Y también algunos hombres que, en un prudente segundo plano, participaron del gran día.

Porque en el siglo XXI la igualdad tendría que estar más que conseguida. Pero no lo está. Eso es lo que muchas feministas venimos diciendo desde hace tiempo. Por eso fue tan emocionante ver el jueves a tantas mujeres pidiendo la igualdad real. Fue como un despertar. Sentirnos unidas da mucha fuerza. Saber que no somos una minoría clamando solas en el desierto. Qué alegría constatar además que hay relevo. Ver a tantísimas jóvenes concienciadas que recogerán el testigo. Este 8M la palabra sororidad desplegó todo su significado en las calles y plazas.

8M: el whatsapp de Doce Miradas

De izda a dcha: Pilar junto a sus hijas, Lorena y una compañera de trabajo en la Universidad de Deusto, María junto a sus compañeras de oficina de Deusto.

De izda a dcha: Pilar junto a sus hijas, Lorena y una compañera de trabajo en la Universidad de Deusto, María junto a sus compañeras de oficina de Deusto.

Y el día todavía fue a mejor. En las manifestaciones convocadas para la última hora de la tarde, las ciudades volvieron a desbordarse de mujeres que queremos un mundo más justo. Fue una jornada memorable que las Doce Miradas vivimos en una montaña rusa de emociones. El grupo de whatsapp sonaba cada poco. Noemí Pastor comenzaba el día diciendo que estaba expectante, pegada a Twitter. Miryam Artola nos anunciaba que sus criaturas de Muxote Potolo Bat también hacían huelga. “No hay dibumensaje de MuxotePotoloBat. First time en 7 años. Toma ya!”. Lorena Fernández compartía sus nervios con todas, “esos nervios que te entraban de pequeña cuando en el cole te llevaban de excursión”“Qué subidón, qué intenso”, se emocionaba Noemí Pastor. Lorena enviaba su foto de la concentración en la Universidad de Deusto, con la pancarta “Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo”. María Puente enviaba fotos del ambiente en la plaza Elíptica de Bilbao. “No sé cuánta gente dirán que había, pero ha sido emocionante”. Ana Erostarbe confesaba que le habían caído “unas lágrimas viendo el telediario” y reenviaba una foto del desnudo frente al Buen Pastor.

De izda a dcha: Ana con su hijo, imagen de la manifestación de las 20.00h en Bilbao, Naiara con su hermana, las hijas de Pilar junto a sus amigas.

De izda a dcha: Ana con su hijo, imagen de la manifestación de las 20.00h en Bilbao, Naiara con su hermana, las hijas de Pilar junto a sus amigas.

Horas después, foto con su hijo, “New generation”, decía. Pilar Kaltzada, esperaba la llegada de sus hijas en el centro de Bilbao y nos informaba: “No sé cuántas, pero son ‘cienes y cienes’. Mujeres sentadas en Jardines de Albia, lazos lilas y ropa negra por todas partes. Es muy emocionante ver esta marea”.  Lorena preguntaba: “¿Habéis visto esto? Qué día tan emocionante”, decía al compartirnos una noticia de Cuatro en la que se escuchaba el cántico de miles de mujeres en Bilbao. Pilar: “¡Mucho! Hoy están pasando cosas, por fin!”. Lorena: “Joder, que Bilbao sale hasta en el New York Times”, y nos enviaba la noticia. Pilar enviaba foto de sus hijas junto a las amigas con pancartas ‘sutiles’. ¡¡¡Qué grandes!!! Christina Weickmeister aplaudía a las nuevas generaciones. Por la noche, Arantxa Sainz de Murieta: “Ozu, Bilbao es un borbotón”. Y fotos y más fotos de la marea de mujeres. Miryam Artola se nos emocionaba desde Canarias, en donde estaba por trabajo: “La manifa movilización más multitudinaria… la de Bilbao, pues!!!”. Arantxa publicaba una noticia de La Vanguardia que afirmaba que ‘Seis millones de trabajadores secundan la huelga feminista según los sindicatos”. ¿En serio? ¿Trabajadores? ¿Ni siquiera el 8M podían decir ‘trabajadoras’? “No he visto en mi vida nada igual”, añadía impactada por la marea. Naiara Pérez de Villarreal posteaba foto con su hermana en la manifestación de Bilbao “Qué emoción chicas. Ha sido un día precioso. Me da pena que acabe…”. Lorena: “Estoy que no podré dormir”.

Fotografías de las manifestaciones del día y de la noche, así como un dibujo de Miryam Artola, con la emoción del momento.

Fotografías de las manifestaciones del día y de la noche, así como un dibujo de Miryam Artola, con la emoción del momento.

El día después: queremos consecuencias

Muy grande este Día Internacional de las Mujeres. Marcará un antes y un después. Tiene que hacerlo. Esto da más fuerza para reclamar medidas de igualdad. Da poder. Se empezó a notar incluso antes. Los partidos políticos que mostraron su renuencia o rechazo a la huelga feminista en los días previos empezaron a recular justo antes del 8M, cuando se intuía que venía algo grande. El 8M y el 9M se manifestaban públicamente como feministas convencidos. Nadie se quiere quedar sin subirse a este carro. Y es que en esas calles había muchos votos y eso no se le escapa a la clase política. Allí no había cuatro piradas, como suelen llamarnos a las feministas, ni ‘doce miradas’. Fueron millones. Al margen de las motivaciones de estos partidos políticos conversos, bienvenidos sean al carro si eso se traduce en avances para la igualdad. Porque ahora estamos esperando. Queremos ver consecuencias al 8M. Ante la desigualdad salarial ya no es posible decir “No nos metamos en eso ahora”. Presidente Rajoy, hay que meterse en eso. Ahora. Es un clamor. Lehendakari Urkullu, las manifestaciones en Euskadi en general y en Bilbao en particular fueron de las más multitudinarias. También hay una pelota gigante en su tejado. ¿La siente? ¿Ha tomado nota?

A vosotras, enhorabuena y un regalo de Miryam Artola

A todas las mujeres que salisteis a la calle o que seguisteis los acontecimientos con emoción y esperanza aunque no pudierais ir, enhorabuena. Juntas, hemos conseguido algo grande. No todos los días se hace historia. Ahora sabemos que unidas podemos conseguirlo. Felicidades. Disfrutemos de esta dulce victoria, sin aflojar la presión. Para todas vosotras, este regalo homenaje de nuestra ‘mirada’ artista Miryam Artola.

Somos

Somos las que nos trajeron hasta aquí. La lucha, el sacrificio, la convicción.
Somos todas a las que nos mataron.
Somos rojas, blancas, negras, tostadas, amarillas… algunas somos un poco verdes. Y todas, todas, somos lilas.
Somos hermanas, hijas, sobrinas, viudas, esposas. Y somos las amigas, las primas, las tías, las amantes. Somos las “ex”. Somos las abuelas. Somos las amonas.
Somos nuestras contradicciones y nuestras incoherencias.
Somos nuestras verdades y cada una de nuestras certezas.
Somos las que marchamos. Las que paramos. Las que caminamos. Las que cantamos. Las que no nos rendimos.
Somos diferentes.
Somos diversas.
Somos las que nos sentimos reconocidas. Las que nos queremos. Las que nos respetamos. Las que nos luchamos.
Somos.

Somos feministas.

El 8 de marzo las mujeres paramos – Martxoaren 8an emakumeok planto

marzo 6, 2018 en Doce Miradas

Sin post debido a la huelga global de mujeres