Decálogo de buen uso del lenguaje de género en el deporte

abril 4, 2017 en Doce Miradas

Desde hace algunos meses ando enzarzada en un proyecto profesional relacionado con el mundo del deporte, y a medida que vamos profundizado en el desarrollo del mismo, me he topado de bruces con una realidad que intuía, pero de la que no tenía consciencia sobre su magnitud: la masculinización del lenguaje en el deporte.

Y es que la utilización que habitualmente se hace de este lenguaje está llena de estereotipos desde el punto de vista de género, resta méritos en los triunfos e invisibiliza en muchas ocasiones a las mujeres como consecuencia de los términos utilizados, remarcando la desigualdad en este ámbito.

No es la primera vez que denuncio la desigualdad entre mujeres y hombres en el deporte. Me estrené en este blog con el post  “Marca-das por la desigualdad en el deporte donde hice hincapié en el tratamiento desigual -y en ocasiones denigrante para la mujer- de la información de los medios de comunicación deportivos. Pero esta vez, aunque el tema de este post esté muy relacionado con la forma que tienen los medios de (in)visibilizar a las mujeres, intentaré darle un toque más constructivo, compartiendo conocimiento y aportando mi granito de arena.

Vamos a ello ;D

El modelo deportivo que tenemos en la actualidad, con muchos siglos de historia, fue construido por los hombres y para los hombres. Esta cuestión determina aún hoy el lenguaje utilizado en este ámbito, y en ocasiones, parece que hay interés por parte de ciertos sectores en perpetuarlo. La cultura deportiva femenina es más bien cosa del presente, y sobre todo, estoy convencida, del futuro.

Por otra parte, el lenguaje es un tema de vital importancia a la hora de producir cambios en la sociedad, ya que es el vehículo para el cambio en relación con los estereotipos de género asociados al deporte. Cambiar el lenguaje es cambiar la comunicación de la realidad y, ello puede modificar la percepción que tienen las personas, pudiendo llegar a lograr que la sociedad en general asuma estos cambios. No es casualidad que el lenguaje deportivo sea una de las dimensiones más importantes dentro de las políticas de Igualdad en el deporte, y un fuerte estandarte para lograr la igualdad efectiva entre mujeres y hombres en este ámbito.

A todas y todos nos suenan algunos estereotipos desde el punto de vista de género, con expresiones del tipo “corres como una nena”, “salta como un hombre” o “es muy fuerte para ser mujer”, o la utilización de términos en género masculino cuando también se incluyen mujeres, como “la asociación de entrenadores de baloncesto”, “los árbitros” o “los dirigentes del club”. Esto contribuye a potenciar el “efecto ocultador” de la presencia de las mujeres en el deporte.

Por ello, y con ánimo de aportar mi granito de arena en buscar la equidad con el hombre en la denominación de la mujer como sujeto deportivo, mencionaré mediante un decálogo algunas orientaciones para un uso no sexista en el lenguaje deportivo, tanto en el oral como en el escrito. Estos 10 consejos están basados en mi propia experiencia y sobre todo en las recomendaciones de la UNESCO y otros organismos europeos y de ámbito nacional. 

Estas son algunas de las cosas que deberíamos tener en cuenta a la hora de hablar o de escribir sobre deporte, con el fin de lograr que las mujeres no sean consideradas protagonistas de segunda categoría (de eso ya se encargan las diferencias salariales, la profesionalización, y por supuesto, la invisibilización de los medios de comunicación.)

Os invito a ponerlas en práctica si tenéis oportunidad. También os invito a leer la completísima publicación del Instituto de la mujer “Hablamos de deporte, que me ha servido de inspiración para este post, y por supuesto, leer a mi compañera Noemí Pastor, lingüista y con artículos más que interesantes sobre el lenguaje de género en este blog.

Por último, si queréis añadir alguna recomendación más, estaré muy agradecida de que lo hagáis en los comentarios.

Un compañero no se aparta

marzo 28, 2017 en Doce Miradas

Esta semana me ha llegado por WhatsApp el video poema “Compañeras”, de Marwan. Os invito a verlo y a escucharlo con atención porque es muy bonito y muy emocionante. Está escrito para eso, para rozarte adentro. Si eres hombre, para acompañarte en el reconocimiento a las mujeres de todos los tiempos; si eres mujer, para sentirte comprendida, valorada, reforzada, reconocida y para que pienses: hay hombres para los que no pasa desapercibido todo lo que cargamos.

Mientras van sucediéndose los versos, una chica baila en un camino y un montón de mujeres de edades distintas y en ambientes variados se suceden con el poema de fondo. Hay algo en todo este montaje que me incomoda y me cuesta detectarlo. Así que vuelvo a verlo, con las emociones ya experimentadas y los sentidos predispuestos a una mayor objetividad. Comienza así:

“Lo mejor que puede hacer un hombre cuando ve a una mujer besar a su hijo, romperle la cara al invierno, partirse la espalda por el resto, es apartarse”.

No entiendo muy bien este “apartarse”. ¿Es por respeto, veneración? ¿Para no interferir en algo que no le corresponde? ¿Para no molestar? Entiendo que el autor intenta expresar algo así como: “observa qué grandes son las mujeres cuando hacen lo que hacen”. Pero lo que literalmente dice provoca en mí la imagen de hombres que admiran a las mujeres desde la barrera, aparte.

Sigue:

Decía Escandar que mirara por donde mirara solo veía mujeres luchando o mujeres cargando, mujeres abriendo, mujeres curando; madres que se crujen el alma para arrancar las piedras que le surgen a tu camino… Las verás siempre dispuestas –lobas que amamantan- cuidan a sus cachorros, cuidan todo. Madres de brazos abiertos, de pecho abierto, de alma abierta. Son perfectas por el simple hecho de existir, de haber nacido, de devolver ese regalo dándonos otra vida” (…) “Deberías aplaudirlas, con sus hijos (…) limpiando el mundo, a cargo de la casa, a cargo de la vida (…) trayéndote luz, borrando de tu frente los fantasmas…”.

Me reconozco y reconozco a muchas entre esas mujeres que “cuidan todo”. Y me cuesta entender por qué si nuestro aporte y soporte es tan evidente para  esos compañeros que hablan tan bien de nosotras, no los tenemos cuidando de todo junto a nosotras. En este segundo visionado del poema me revuelvo un poco, porque creo que no quiero esos aplausos de reconocimiento porque limpio el mundo, me encargo de la vida, traigo luz y borro los fantasmas de las frentes… ¿Hacemos todo esto las mujeres porque, como dice Marwan, somos perfectas? Me siento caer en una trampa: la de reconfortarme en el reconocimiento y sentir que con eso se alivia el peso descompensado de mi carga.

Lo que es perfecto para la perpetuación de la desigualdad es ese kit perverso de mensajes inhibidores de la promoción y el desarrollo que respiramos las niñas nada más nacer, cuando lloramos por primera vez. A partir de ahí nuestro viaje es la conciliación del cuidado de todo(s) y nuestra supervivencia, la búsqueda desesperada del equilibrio entre nuestro deber ser, las obligaciones reales y generadas, y la culpa en la recámara.

Me pregunto si valen este poema y otros (escritos con similar compromiso y las mejores intenciones) como reparación por tanto abuso. Me pregunto si reconocerle a una mujer lo estupenda que es, felicitarla el 8 de marzo y el primer domingo de mayo si es madre, no se nos queda un poco corto si no hay compañeros antes, durante y después dándole sentido a ese reconocimiento.

El trabajo más difícil del mundo

Hago un paréntesis para rescatar otro video que vi hace un par de años cuando se acercaba el día de la madre:

Presenta varias entrevistas para una oferta de trabajo imposible que son, finalmente, una excusa para otra loa a nuestra entrega y dedicación a la familia, y a nuestra desaparición sin reproches detrás de las sonrisas de los nuestros: “si ellos están bien, yo estoy bien”. Me pasa siempre con estos vídeos: que primero me cautivan y después me ponen triste.

Ilustración de Merche Escribano

¿Por qué se echan a reír todos y todas las candidatas cuando descubren que al perfil requerido para el puesto solamente se ajustan las madres? Les estaba pareciendo tan abusivo, tan terrible, tan ilegal, tan inhumano que les estuvieran proponiendo aceptar gratuitamente esa tarea demencial…  Y, sin embargo, ¿está todo bien si es para una madre? ¿A nadie le dan ganas de llorar? ¿Nadie siente una tremenda rabia por cada una de esas sonrisas cómplices con la losa que se nos pone a las mujeres sobre el pecho cuando somos madres?

Pues se ve que no. Se ve que si le escribes una carta a tu madre, ella se va a quedar tan contenta y ya está. Y así es en la mayoría de los casos. Porque nos han educado para que nos merezca la pena ser madres e, incluso, para que no veamos la pena casi por ninguna parte. Viñeta de Mafalda

No escapan al poeta Marwan las múltiples situaciones de injusticia que soportamos las mujeres de todo el mundo: la violencia machista, los techos de cristal, el trabajo no remunerado, la brecha salarial, “querer y callar”, la dictadura de los cosméticos, las mujeres como objetos para el goce, los matrimonios acordados… Dice “mujeres a las que obligamos a ser madres, amantes, florero, costilla, cenicientas, cocineras, putas (…) felpudo…”.

Y añade: “no tenemos el valor de reanudar el mundo con ellas al mando, con nosotros al mando, con todos al mando”. La verdad es que este poema es muy hermoso: la denuncia de la desigualdad está por todas partes y pongo en valor este texto por ello. Pero echo en falta una llamada a la desobediencia de los hombres ante las normas, las costumbres y las creencias manifiestamente abusivas y opresoras que viven sus compañeras. También, y sobre todo, acuso la ausencia de un posicionamiento de querer estar junto a nosotras en una reivindicación que no es nuestra, sino de toda la sociedad; de cualquier sociedad que se quiera llamar justa: “mujeres frenadas, mundo patriarcal, mundo enfermo”.

“Compañeras” es, precisamente, el nombre del video poema y esto es lo que dice Marwan en los últimos versos:

“Yo solo quiero que descansen, que las dejemos descansar; que este siglo, poco a poco, les devuelva lo perdido, sus horarios. Que dejen de limpiar nuestro camino, de resolver nuestro crucigrama, que ya tienen bastante con los suyos”.

Compañero Marwan: ¿no cabrían aquí unos versos para una llamada general que haga factible tu deseo? ¿Una llamada a “reanudar el mundo con ellas al mando, con nosotros al mando, con todos al mando”?

Nuestro descanso y las respuestas de los crucigramas no caerán del cielo, por mucho que haya hombres que se aparten para admirar cómo le rompemos la cara al invierno y nos partimos la cara por el resto.

Dices tú, compañero poeta: “Madres, mujeres, hermanas, pareja, compañeras, eternas, compañeras, milagro, compañeras, sin dueño, compañeras y siempre compañeras”. Digo yo: mejor un compañero que acompañe y no se aparte.

 

Mujer de verso en pecho

marzo 21, 2017 en Doce Miradas

“Cuando me dolía el brazo de tanto acariciar,
la mano de tanto bendecir,
el culo de tanta patada decidí: (¿Qué decidí?)
¡Ah! No dejarme pegar y sobre todo no pegarme a mí.”
Gloria Fuertes, Obras incompletas, p. 297

 

Este año celebramos el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes.  Referente de la literatura infantil y también de la poesía adulta: Gloria, como decía ella…”una perdida entre tanto mangante” pisa firme hoy, con merecido lugar propio, en el mar del arte y las palabras. Esa mar en la que las caras visibles están copadas y ocupadas por los hombres.  Camilo José Cela se refería a ella como “la angélica y alta voz poética a la que los hombres y las circunstancias putearon inmisericordemente”.

La poeta de las niñas, de los niños. Pero sobre todo “la mujer de verso en pecho”, nos regaló ingeniosos (casi plásticos) versos comprometidos con el feminismo, la paz… con la Vida al fin y al cabo; mostrando con destreza, ironía y frescura los rincones profundos de la alegría, el dolor, la muerte y la soledad.

Son muchos y muy buenos los artículos y libros que recogen los poemas y la vida de Gloria fuertes (destaco especialmente “El libro de Gloria Fuertes, antología de poemas y vida” de la Editorial Blackie Books). A ellos me sumo, con este pequeño homenaje lleno de admiración y agradecimiento, en mi caso a modo de… bio-graphic.

 

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.”

8 frases para el 8 de marzo

marzo 7, 2017 en Doce Miradas

Siempre quedará la duda razonable: ¿cuánto de verdadera conciencia hay tras las celebraciones del 8 de marzo y cuánto de “reivindicación políticamente correcta”?
Compartimos esta duda, ya que hasta que estas declaraciones metidas en calendario no se vean soportadas por acciones concretas, por medidas correctoras y activas en el día a día, siempre quedará esa sombra de incertidumbre.
Desde esa posición que nos lleva a estar permanentemente en situación de alerta (¡qué cansado resulta!) nos alegra ver que cada vez más agentes de todo tipo y condición consideran incómodo optar por quedarse al margen de la denuncia de las desigualdades. No siempre ha sido así, y seguro que cualquiera que esté leyendo esto puede recordar 8 de marzo menos relumbrantes que estos últimos. Días en los que unas pocas mujeres se manifestaban casi solas por las calles. Bienvenidos sean los codazos en las fotografías oficiales y en las pancartas; es señal de algo, queremos pensar.
La igualdad es camino de largo aliento; necesita muchos pasos, y muchas piernas dispuestas a recorrerlos. Hemos recopilado algunas citas que de una u otra forma nos han ayudado a lo largo de la historia a no desfallecer.
No están todas las que son, pero son todas las que están.

1 – “El lenguaje, la palabra, es una forma más de poder, una de las muchas que nos ha estado prohibida” – Victòria Sau

2 – “La gente se siente mucho más a gusto con el feminismo estilo “Cincuenta sombras de Grey”. Posiblemente piensan que que la vida sería mejor si las sufragistas no hubieran reclamado el voto femenino y se hubieran limitado a disfrutar encadenándose al mobiliario urbano.” – Frankie Boyle, escritor y humorista

 

3- “Me convertí en feminista porque la alternativa era convertirme en masoquista.” – Sally Kempton, escritora

4 – “Ginger Rogers hizo exactamente todo lo que hizo Fred Astaire, pero marcha atrás y con tacones.” – Faith Whittlesey, política norteamericana

5 – El feminismo es un movimiento político socialista y antifamiliar que anima a las mujeres a abandonar a sus maridos, matar a sus hijos, practicar la brujería, acabar con el capitalismo y hacerse lesbianas. – Pat Roberson, telepredicador norteamericano

6 – “El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas” –  Angela Davis

7-  “No dudemos jamás de que un pequeño grupo de personas conscientes y comprometidas puede cambiar el mundo.”Margaret Mead

8- “La igualdad de género es más que un objetivo en sí mismo. Es una condición previa para afrontar el reto de reducir la pobreza, promover el desarrollo sostenible y la construcción de buen gobierno” – Kofi Annan

El patriarcado es como el calentamiento global, o por qué vamos a la huelga este 8M.

febrero 28, 2017 en Doce Miradas

El patriarcado es como el calentamiento global, no hace falta creértelo para que te siga jodiendo.

 

Ya estáis pensando que voy a acusar a “los hombres” de cargarse el planeta. Ese sería un típico acto reflejo cuando la mayoría de personas oyen la palabra “patriarcado”. (Para un análisis razonado, fino y acertado, y con la legitimidad de la voz masculina, ver “No nos gusta que nos cuestionen“)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿La mayoría? ¿Mujeres también? Pues sí. Como del calentamiento global, nadie se libra.

 

 

Sí, nos afecta a todas y a todos, solo que no de la misma manera. Igual que el calentamiento global afecta más a unas personas que a otras.

Fuente Traducción: Según la investigación, se estima que el cambio climático reducirá los ingresos medios en el 40% de los países más pobres en un 75% en el año 2100, mientras que el 20% de países más ricos pueden experimentar ligeras ganancias.

 

Para poder colocar jerárquicamente a unas personas en posiciones de poder y otras no, el patriarcado se ocupa con mucho ahínco en dividirnos en dos. Y nos dice constantemente quién es quién, cómo ser hombre y cómo ser mujer, cómo distinguir entre hombres y mujeres mucho más allá de los genitales, y finalmente para qué sirve cada uno (y para qué no). Y una vez naturalizada la inevitabilidad de todo esto, nos podemos tranquilizar que todo está bien como está, y cambiarlo sería muy malo.

Hay personas a las que la palabra “patriarcado” les parece un “palabro”. Les suena o bien a “cultismo” académico no apto para el gran público, o bien a eufemismo sobre-expuesto del tipo enervante como “emprender” o “innovación”.

Tal vez estas reacciones sean en sí mismas sutiles formas de rechazo al concepto. Al fin y al cabo se nos llena la boca con un sinfín de categorías de análisis para explicar nuestros “problemas sociales” y los desequilibrios de poder (raza o etnia, nacionalidad, clase, religión etc). Pero si utilizas el género para analizar ciertos temas “espinosos” (terrorismo, guerra, pobreza, violencia, militarismo, abusos sexuales etc), en cuestión de pocos segundos alguien inevitablemente dirá que no seas tan suspicaz y dramática, ¿no somos todos iguales o qué? Curiosamente en temas como quién limpia mejor, quién cuida mejor a las criaturas, quién conduce mejor, quién es más emocional, o quién sabe dónde están esos malditos calcetines negros que parecen haber desaparecido (!), las categorías de género son perfectamente válidas y parecen poder explicarlo todo.

Hace poco escuché a Amelia Barquín. Doctora en Filología Románica y profesora de Educación Intercultural y Educación y Género en HUHEZI (Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Mondragón). Ella contaba cómo su alumnado dieciocho-añero llegaba sabiendo muy bien qué es el capitalismo, el marxismo, sí, incluso el calentamiento global. Pero nadie sabe qué es el patriarcado. Consecuentemente, lo explica a principio de cada curso:

Patriarcado: el sistema sociopolítico en el que el género masculino tiene supremacía y mayor contacto con el poder (en política, economía, religión…)

Vale la pena escuchar su conferencia completa, pero aquí os comparto su explicación del término.

Barquín continua describiendo cómo se transmite, pervive y se adapta este sistema sociopolítico no solo a través de nuestras leyes y normas formales sino infinitamente codificado en nuestras diversas culturas planetarias.

Aquí no voy a meterme de lleno en la definición, orígenes, funcionamiento o consecuencias del patriarcado. Hay muuuucha literatura disponbile. Si habéis leído hasta aquí ya os habréis fijado que esto es más bien una cadena de “memes”, mecanismos que hoy en día nos entretienen con su humor instantáneo y tontorrón, pero que a veces son capaces de provocar pensamientos (!)

 

 

 

 

Pero sí es útil de momento especificar que aquí, en “el norte global” no hemos superado el patriarcado. Más bien, éste va mutando constantemente cual Terminator, adoptando nuevas formas y regenerándose para parecer lo que no es.

La filósofa ecofeminista Alicia Puleodistingue entre dos tipos de patriarcado: patriarcados de coerción, los que estipulan por medio de leyes o normas consuetudinarias sancionadoras con la violencia aquello que está permitido y prohibido a las mujeres, y los patriarcados de consentimiento, donde se da la igualdad formal ante la ley: los occidentales contemporáneos que incitan los roles sexuales a través de imágenes atractivas y poderosos mitos vehiculizados en gran parte por los medios de comunicación”.

 

 

 

 

 

El patriarcado es como el calentamiento global, que nos rodea en la atmósfera invisible del ozono, y se perpetua a través de los deseos consumistas de la especie humana.

 

 

 

 

Y como no se ve, y ciertamente a muchos beneficia, nos dirán que no existe, que eso es parte de la peligrosa “ideología de género”. ¿Qué te parece más ideología?

 

 

 

Así que negarán su existencia como aquellos que niegan el cambio climático. Pero, preguntémonos: ¿Qué pasa si trabajamos por una sociedad justa e igualitaria, aunque lo del patriarcado sea mentira?

Traducción: “¿Qué pasa si (el cambio climático) es mentira y hemos creado un mundo mejor para nada?”

 

 

 

 

A veces no lo entiendo (pero lo entiendo). Cuando niegan las evidencias científicas, ¿Qué quieren? Seguir teniendo “derecho” a polucionar el aire, envenenar el agua, deshacernos de especies tras especie (incluida la humana)? Y cuando niegan el patriarcado? A qué quieren seguir teniendo “derecho”?

Y allí es cuando empieza la tergiversación absoluta, y resulta que los hombres lo tienen mucho peor que las mujeres. ¡Cielos!

 

 

 

 

 

 

Por favor , cálmate y piensa

Traducción: Los problemas que estás atribuyendo al feminismo son el resultado del patriarcado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Entonces, qué queremos las personas feministas? ¿Un matriarcado? La respuesta es no.

Pero comprendan también que, como el calentamiento global, el patriarcado también lo es, y por eso vamos a la huelga este día 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres:

El poder de la vulnerabilidad

febrero 14, 2017 en Doce Miradas

Abandonadas, desilusionadas e indefensas. Así se sienten muchas mujeres que tenemos a nuestro alrededor. Son mujeres que viven en nuestros barrios, que cruzamos por la calle, mujeres que asisten a nuestras charlas, que leen nuestro blog, mujeres que nos necesitan. Mujeres que no se atreven a hablar en público, que no se atreven a preguntar, que no tienen puerta a la que llamar. Yo he conocido a una de ellas y desde aquí quiero prestarle mi voz.

Todo empezó en las XVI Jornadas de Igualdad del Ayuntamiento de Portugalete que se celebraron el pasado mes de noviembre. Bajo el título “Diversas y poderosas”, me atreví a contar lo que yo llamo mis Lecciones Aprendidas: un largo camino hacia la dirección. Como siempre en estas ocasiones, hay que combatir una buena colección de dudas: ¿les interesará lo que les cuento? ¿Acertaré con la charla? ¿Con el tono? En fin, todas esas preguntas que las mujeres nos hacemos demasiado a menudo. Yo había diseñado un recorrido por las etapas profesionales de mi vida y de cada una de ellas extraía unas lecciones que me han servido para seguir avanzando y que me gusta compartir.

Pasados unos días, recibí un extenso email de una de las asistentes en el que me relataba las impresiones que le había causado mi charla, las preguntas y reflexiones que no se atrevió a hacer en voz alta. Y así conocí a Ariadna, una mujer que lucha a diario por recuperar la ilusión.

Ariadna me escribió para darme las gracias “por haber compartido mi experiencia y mi recorrido con todas las asistentes”. Además, me transmitió “todo su respeto y admiración” por lo que ella denominaba “mi éxito profesional y personal”, dicho lo cual, me comunicó que iba a ir “al grano”.

Ir al grano significaba que me iba a decir lo que realmente pensaba y necesitaba decirme.

El poder de la vulnerabilidad

Y fue entonces cuando me confesó que, “aunque mis palabras, mi relato, podría ser fuente de inspiración y motivación” –me voy a ahorrar todos los halagos porque no vienen a cuento– también mis palabras podían ser “un arma de doble filo”. “Sobre todo, afirmaba, si llegaban a mujeres que, como en su caso, no tienen éxito profesional y, lo que es peor, se ven con escasas o nulas oportunidades, desilusionadas y temerosas de no alcanzar un objetivo en la vida”.

Hubiese sido más inspirador para Ariadna, según me contaba, conocer los obstáculos personales con los que me encontré a lo largo de mi carrera, mis miedos reales, mis fracasos, (ella los llama mis no éxitos), saber quiénes no me apoyaron, cómo organizaba mi vida familiar, quién cuidaba a mis hijas mientras yo trabajaba, si tenía o no problemas económicos; en definitiva, me decía, todos esos asuntos imperantes para la mayoría de mujeres que luchan cada día. Parecía que necesitaba más cómo aprender a vencer los obstáculos que escuchar los avances, conocer los problemas reales de cada día, más que tomar nota de mis lecciones aprendidas.

También me confesó que se había quedado, tras escucharme, “apabullada, boquiabierta, deslumbrada con mi periplo vital, a la vez que triste, apagada, pequeñita, al comprobar que la mayoría estamos, afirmaba, a otro nivel”. Esto realmente me preocupó.

Y me recordó la teoría del poder de la vulnerabilidad que me había contado mi hija Verónica, según una investigación llevada a cabo por Brené Brown, y el alcance del término conexión. Significa que, cuando tú te abres, cuando te abres con todo el corazón, cuando te muestras como eres y no como tienes que ser, te conectas. La habilidad de sentirnos conectados es lo que da felicidad a nuestras vidas. Por eso es muy importante sentir que somos dignos de esa conexión. Y quizá, lo que realmente había ocurrido, es que Ariadna no conectó conmigo o no conectó con esa parte de mi relato que le hizo sentirse así. Porque, según explica Brown, “para que exista esa conexión, debemos dejarnos ver, que nos vean de verdad”.

Por eso, cuando después nos hemos conocido personalmente y hemos tenido la oportunidad de conversar, cuando le he hablado de mis miedos, de mis dificultades, cuando me ha visto más de cerca y me he dejado ver, creo que se ha producido esa conexión. En el fondo, y no tan en el fondo, ¡somos tan parecidas!

La jaula

Ariadna también me habló de lo que ella denomina “una realidad invisible de muchas mujeres, de todas las edades y lugares del mundo, pero sobre todo, no de las que tienen un techo de cristal (afortunadas mujeres, debe de pensar), sino de las tienen una jaula por sus cuatro costados”.

 

Me cuenta Ariadna que siente que “en esa jaula les niegan el acceso al conocimiento y al desarrollo personal”. Es una jaula “a la que únicamente les tiran deshechos de desinformación y manipulación, con los que ellas deben construir, con mucha dificultad, una realidad que les permita sobrevivir”.

Por eso ella, y muchas mujeres como ella, se sienten indefensas, desilusionadas y abandonadas.

Indefensas, porque carecen de herramientas para enfrentarse a los obstáculos, a los retos, para gestionar las emociones, las decisiones, los conflictos, la adversidad, los complejos físicos y psicológicos, las relaciones.

Desilusionadas, porque no hallan, a corto ni medio plazo, metas ni objetivos por los que luchar. Siente que la ilusión no nace por sí sola, que necesita del conocimiento, del saber de la esperanza, de la solidaridad recíproca.

Abandonadas, porque ni la sociedad, formada por personas individuales, algo que quiere remarcar, ni las instituciones, ni el prójimo, conocen ni actúan sobre esta realidad. Es posible que se hable de ello, pero no es suficiente: hay que hacer, hay que actuar.

La palabra ‘esperanza’ me hizo recordar unas palabras del médico psiquiatra Enrique Pichon-Rivière, quien propone operar sobre la incertidumbre y la desesperanza mediante la gestión de proyectos colectivos.

 

“En tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos desde los cuales planificar la esperanza junto a otros”.                         Enrique Pichon-Rivière

 

Porque es cierto que lo colectivo sostiene, crea red, acompaña en lo bueno y abre sus brazos especialmente para lo malo. El grupo recoge y acoge, da aliento, empuja y ayuda a doblar los barrotes de la jaula.

Y volviendo a Brené Brown, conviene recordar que uno de los motivos que nos mantiene desconectados es nuestro miedo a no ser dignos de conexión. Y ese miedo lo tenemos todas, Ariadna. Lo que incrementa ese sentimiento de vulnerabilidad insoportable es lo que tantas veces pensamos: “No soy suficientemente buena”.

A esto Brown dice que debemos tener el coraje de saber que somos imperfectas; aceptar por completo nuestra vulnerabilidad para dejarnos ver y saber que en ese núcleo de vergüenza y miedo a partes iguales es donde nace la dicha, la creatividad, la pertenencia, el amor.

Pero también se avanza con la acción, Ariadna, como bien has comprobado. Se avanza haciendo, saliendo al exterior, buscando los espacios para crecer y volar. Despliega tus alas, Ariadna para imaginar sin límites. Y recuerda que ya has encontrado una puerta a la que llamar.

La fuerza de la costumbre

enero 31, 2017 en Doce Miradas

Hace unos días comencé a pensar en la temática y la forma de enfocar el artículo de esta semana en Doce Miradas. Como punto de partida, hice una primera aproximación a los datos de libre acceso sobre el desarrollo en el mundo, que ofrece la web del Banco Mundial, para extraer información de la evolución de los países en cuanto a la implementación de políticas orientadas a promover el acceso de mujeres y hombres, por igual, a la educación, la salud, la economía y la protección de acuerdo con la ley.

Navegando por esta web encontré un vídeo que me llamó la atención y ahí me quedé. Así conocí a Sonita Alizadeh, una joven afgana que usó la música para escapar de una boda arreglada por sus padres cuando tenía 16 años. El sentido de esta boda no era otro que el de conseguir 7.000 dólares para comprar una novia a su hermano, según le explicó su propia madre. Por medio de este matrimonio, con un hombre desconocido, conseguirían 9.000 dólares. No era la primera vez que se concertaba un matrimonio para Sonita. El primero, que finalmente no se celebró, ocurrió cuando tenía 10 años.

La realidad sobre el matrimonio infantil es sobrecogedora. Afecta a niños y niñas, aunque estas últimas son las que se llevan la peor parte teniendo en cuenta que la desigualdad de género y la pobreza tienen mucho que ver con esta práctica. A saber, las niñas del 20% de los hogares más pobres tienen más del triple de probabilidades de contraer matrimonio antes de los 18 años que las niñas de los hogares más ricos. En los países en desarrollo, las niñas de las zonas rurales tienen el doble de probabilidades de estar casadas al cumplir los 18 años que las niñas de las zonas urbanas. Entre los países que permiten el matrimonio infantil, los casos más frecuentes de matrimonios forzados se dan en Asia Meridional y en África Occidental y Central, donde el 46 y el 41% de las niñas, respectivamente, se han visto forzadas a someterse a una persona desconocida y, en la mayor parte de las ocasiones, a abandonar la escuela y soportar malos tratos.

Un informe publicado a finales de 2016 por Save The Children, “Hasta la última niña. Libres para vivir, libres para aprender, libres de peligro”, revela, entre otras cosas, que esta situación se agrava en los contextos de conflicto, ya que las familias consienten los matrimonios por seguridad o como una forma de hacer frente a la situación. Así sucede con las niñas sirias en Líbano: una de cada cuatro adolescentes refugiadas contrae matrimonio forzadamente.

Se calcula que, a finales de esta década, 142 millones de niñas se verán obligadas a casarse. Sonita no se ha olvidado de estas jóvenes, habla de ellas en su música y es consciente de los pasos que hay que dar para luchar contra el matrimonio infantil forzoso. Los factores que influyen en que esto ocurra son complejos y difíciles de resolver. Además de la pobreza y la desigualdad de género, hay otras variables determinantes y diferentes en cada país. De todas las medidas correctoras que propone esta joven afgana en el vídeo, hay una de base que se puede escuchar: “Debemos empezar por las familias, porque en muchos lugares las familias tienen ideas y pensamientos antiguos. Los padres creen que deben casar a sus hijas jóvenes porque es una tradición. Las familias necesitan conocer nuevas maneras, nuevas ideas y ver otras posibilidades para sus hijas. Necesitamos, también, dar apoyo a las niñas para que vean que existen otras opciones y puedan creer en sí mismas”.

La fuerza de la costumbre, las normas sociales y culturales fuertemente arraigadas, o la falta de apoyo, condenan a millones de niñas a vivir en una sombra de la que difícilmente lograrán escapar solas. Es necesario dar luz. Es necesario dar a conocer otros modelos válidos para el futuro de las niñas y sus familias. No solo para afrontar esta dura realidad que en ocasiones parece tan alejada, sino también para tomar conciencia de otras realidades en las que la fuerza de la costumbre parece haber hecho mella. Así, María Puente nos recordaba en su gran artículo ‘El año en que once diplomáticos europeos fueron explotados sexualmente’, que en el Estado español el proxenetismo, aún con ciertas ambigüedades, está permitido y despenalizado. También Miren Martín en ‘Sor Citroen o la dignidad mal entendida’, rememoraba el momento en el que la monja protagonista, haciéndose eco del sentir mayoritario de la época, le reprocha a una mujer que había sido maltratada por su marido: “es que tú siempre fuiste una casquivana y una atrevida. No mires a otros hombres y pórtate mejor con tu marido”.

Ahí queda eso. Podemos pensar que son cosas del pasado, que esto ya ha cambiado en nuestra sociedad y que estamos en otra época bien distinta. No hay más que echar un ojo al último post de Noemí Pastor, ‘Miren T.’, en el que nos ofrecía datos de rabiosa actualidad en cuanto a violencia de género (y digo rabiosa en el estricto sentido de la palabra) para darse cuenta de que algo no va bien: “en Europa la violencia contra las mujeres es la principal causa de muerte o invalidez de las mujeres de entre 16 y 44 años, por delante del cáncer y los accidentes de tráfico, más allá de su condición cultural y socioeconómica”.

Sonita encontró en la música, y concretamente en el rap, “una herramienta poderosa para el cambio social”, una manera de luchar por sí misma y dar voz a todas las niñas que están condenadas a un mismo futuro. El siguiente paso es que estas jóvenes puedan hablar por sí mismas. Y al resto, como apuntaba Ana Erostarbe, nos corresponde convertirnos en “armas de sensibilización masiva. A ver si así acabamos con la fuerza de tanta costumbre.

 

Marie T.

enero 24, 2017 en Doce Miradas

El lunes 16 de enero de 2017 Francisco Javier Nieto, de 50 años de edad, confesó a la Policía Nacional que dos días antes, el sábado 14, había estrangulado a su pareja, Blanca Esther Marqués, de 48, en el domicilio que ambos compartían en Burlada (Navarra). Blanca Esther y Francisco Javier vivían juntos desde hacía unos meses. Llevaban saliendo año y medio. A los dos les gustaba mucho viajar. Todo su entorno veía en ellos una pareja bien avenida. Nadie detectó ningún signo de maltrato.

Blanca Esther tenía una diplomatura universitaria y un empleo estable en la administración pública; era independiente económicamente y, según sus allegados, una luchadora de fuerte carácter, comprometida con la igualdad y delegada sindical de Comisiones Obreras.

El sábado 14 de enero, tras una discusión en su domicilio, Francisco Javier, contra quien no constaba ninguna denuncia por maltrato ni ninguna orden de alejamiento, estranguló a Blanca Esther y abandonó el cuerpo en el domicilio durante horas. Al día siguiente regresó para recogerlo y arrojarlo al río Ulzama, de donde fue rescatado cuatro días después.

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Marie Trintignant nació en París en 1962. Era hija de una directora de cine y de un actor. En 2013, con 41 años, trabajaba en una serie de televisión y había actuado en treinta películas. Era culta, bella, trabajadora, independiente y reconocida defensora de los derechos de las mujeres. Tenía éxito en su trabajo.

A Marie la mató su marido, el cantante del grupo de rock francés Noir Desir, Bertrand Cantat. El 27 de julio de 2003 la golpeó hasta dejarla en coma en un hotel de Vilnius, Lituania. Un turista italiano escuchó los golpes, pero no llamó a nadie, no hizo nada. Su hijo mayor encontró a Marie con el rostro lleno de hematomas. Demasiado tarde: no salió del coma y falleció el 1 de agosto en un hospital de París.

“Fue un accidente después de una pelea, una locura, pero no un crimen”, declaró Cantat. Su abogado alegó: “Fue un conflicto humano, un accidente, una tragedia”. Marie y Bertrand habían discutido los dos, pero él no tenía ni un rasguño.

No sólo Marie era un emblema de la mujer moderna. También su marido era un emblema de cantante exitoso y un rebelde políticamente correcto que se adhería a las causas justas del mundo, combatía al Frente Nacional de Le Pen y se solidarizaba con los movimientos antirracistas, pacifistas y antiglobalización.

En marzo de 2004 la justicia lituana condenó a Cantat a ocho años de cárcel. Seis meses después, fue trasladado a una prisión francesa, que abandonó definitivamente en 2007, cuando le fue concedida la libertad condicional.

Desde entonces, Bertrand Cantat ha publicado ocho discos más con diferentes grupos y ha colaborado en la composición de los temas musicales del espectáculo teatral “El ciclo de las mujeres: tres historias de Sófocles”. El Teatro Nacional de Montreal le prohibió subir a su escenario en una pieza que hablaba de mujeres y evocaba la violencia contra ellas. Sí subió, en cambio, a otros escenarios en Francia.

Fotografía de Asun Martínez Ezketa, @esaotra

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En Europa la violencia contra las mujeres es la principal causa de muerte o invalidez de las mujeres de entre 16 y 44 años, por delante del cáncer y los accidentes de tráfico, más allá de su condición cultural y socioeconómica. Según un informe del Consejo de Europa, en Finlandia, el país de mayor equidad de género del mundo, el 22 por ciento de los varones es violento con su compañera y el cincuenta por ciento de los separados maltrata a su ex.

En contra de la creencia generalizada, la violencia contra las mujeres no atañe solo a las débiles, las pobres, las especialmente vulnerables o las sumisas. Ni siquiera las mujeres que tenemos conciencia de nuestros derechos estamos vacunadas ni exentas de riesgo. No hay súper mujeres. El caso de Marie revela que incluso en las sociedades más adelantadas, donde las mujeres ocupan un lugar muy importante en la vida social y en los círculos más cultos, los golpes masculinos pueden acabar con su vida.

 

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Marie Trintignant está enterrada en el hermosísimo cementerio Père-Lachaise de París. Descansa a pocos metros de Edith Piaf, Oscar Wilde, Sarah Bernhard, Paul Eluard, Maria Callas, Jim Morrison, Colette, Yilmaz Guney, Isadora Duncan, Miguel Ángel Asturias… En buena compañía. Yo me acerqué hasta allí en un día de lluvia y permanecí un buen rato frente a su tumba, sobrecogida, admirada, turbada.

El bingo feminista

enero 17, 2017 en Doce Miradas

Ponerte las gafas moradas es sufrir, en cierta medida, el día de la marmota. Ése en el que no dejas de escuchar una y otra vez ciertas frases y afirmaciones. Como soy de las que trata de tomárselo con humor para no acabar agotada (aunque os confieso que no siempre lo consigo), he decidido ponerme manos a la obra con algún divertimento para llevar a reuniones de trabajo, encuentros familiares, congresos repletos de corbatas o incluso grupos de WhatsApp.

En un primer momento me tiraba más aquello de “por cada vez que escuchemos esto, ¡chupito!”, pero mirando por nuestra salud (e hígado), finalmente me he decantado por un bingo feminista. Luego, que cada persona decida el premio por cantar línea o el cartón completo 😉 .

bingo feminista Doce Miradas

1. Ni hombres, ni mujeres. Ni machistas, ni feministas… solo seres humanos. Si me dieran un segundo de vida por cada vez que he leído y escuchado esto, ya sería inmortal. El feminismo busca la igualdad, nunca la superioridad. No ser “ni machista ni feminista” implica no posicionarse. Pero no posicionarse, siento decirte, es una paradoja, porque supone posicionarse: no hacer nada en una sociedad machista es ser cómplice del machismo.

2. ¿Para cuándo un Día del Hombre?. Pues mira, para cuando los hombres cobren menos que las mujeres, para cuando sean invisibilizados, para cuando sufran violencia por el mero hecho de ser hombres. Entonces será necesario su día y yo lo conmemoraré porque como feminista que soy, busco la igualdad y no la discriminación (y con esto respondo también al número 1 😉 ).

3. Eso del lenguaje no sexista es peccata minuta. Primero habrá que cambiar otras cosas, ¿no? ¿Pero qué manía es esa de no poder hacer varias cosas a la vez? Lo que no se nombra, no existe. Aquí os dejo con el post de mi compañera Noemí donde tendréis un mejor argumentario.

4. Pero si ya hemos conseguido la igualdad… ¿Qué más quieres? Claro… no hay más que leer un periódico o ver las noticias en algún telediario. O aún mejor, darse una vuelta por alguna publicación sobre techos de cristal, donde se cumple a las mil maravillas la Ley de Lewis que dice aquello de que “los comentarios que te encuentras en un artículo feminista justifican en sí mismo el feminismo“. Como diría mi compañera Pilar, queremos la mitad de todo.

5. También hay violencia de género contra los hombres. Esto lo hemos tenido que leer hasta en la cuenta de Twitter de la Guardia Civil:

tuit

Como bien dice Barbijaputa: “La violencia sobre hombres a manos de mujeres no es un problema de género, ya que esta sociedad es patriarcal y es sólo el hombre quien puede aprovechar una posición de privilegio sobre la mujer de múltiples maneras”.

6. ¿Y las denuncias falsas? Ahí le has dado. Según la Fiscalía especializada en Violencia sobre la Mujer, entre las 913.118 denuncias que se presentaron en España en siete años, solo constan 164 casos falsos. Quedémonos por tanto con ese 0,0079%.

7. Mujer, no tienes sentido del humor… No te lo tomes a la tremenda. No, si yo soy simpática. El problema es que me voy encontrando con gente como tú y se me agota la simpatía. Hay cosas que ya no me hacen gracia porque estamos hablando los derechos de la mitad de la sociedad.

8. Estoy en contra de las cuotas. Que entren las mejores personas y punto. Decir esto es como sacar la foto finish quedándote con el resultado final y no mirar la carrera para ver qué ha pasado antes (si algunas de las personas, en este caso las mujeres, han tenido que saltar más vallas o no han podido entrenarse como el resto de sus compañeros). Os recomiendo este post de Miren para entender mejor las cuotas.

9. Si no hay más mujeres en tecnología (puede poner aquí otro área) es porque no les interesa ese ámbito. Te digo lo mismo que con las cuotas. Si nos quedamos con el resultado final y no observamos las fases anteriores para descubrir por qué ya no les interesa ese ámbito, estaremos haciendo un análisis simplista a más no poder. Por poner un ejemplo: ¿somos lo que jugamos?

10. Es que le das demasiadas vueltas a las cosas. Es lo que tiene la tontería esa de luchar por nuestros derechos.

te pones preciosa

11. ¿Estás en uno de esos días?

facepalm

12. No seas tan mandona. Claro, porque si fuera un hombre tendría dotes de mando y liderazgo. Pero como soy mujer, soy mandona.

13. ¿Qué llevabas puesto esa noche? O dicho de otra manera: “te lo estabas buscando”. Pues nada, esta viñeta es la respuesta ideal a cosas que la gente va buscando:

Clement

14. Es que la RAE dice… Según la RAE, coronela es la mujer del coronel, la histeria es más frecuente en la mujer que en el hombre (contra todo criterio médico) y una bruja es una mujer malvada o de aspecto repulsivo frente al brujo, que es el que hechiza.

15. Las mujeres somos unas lobas con nosotras mismas. Os hablaré de una cosa preciosa: la sororidad. Noemí nos explicaba aquí que la palabra “fraternidad” viene del latín “frater”, que significa ‘hermano’, pero ‘hermano varón’; es decir, “frater” no incluye a las hermanas. ‘Hermana’ en latín es ‘soror’. De ahí viene nuestra ‘sororidad’, que Macarena nos define como la convicción de que para ser fuertes es necesario tejer redes con otras mujeres.

16. Discriminación positiva nunca es igualdad. Como decía María, quien rechaza este sistema artificial a favor de la mujer, lo hace porque considera que el sistema ‘natural’ brinda igualdad de oportunidades a mujeres y hombres. Quien rechaza el sistema corrector cree, por lo visto, que todos los cargos de responsabilidad se están otorgando de forma justa, de acuerdo a criterios objetivos, a la persona más capacitada posible en cada caso, que casualmente suele ser hombre.

17. Hemos buscado mujeres como ponentes para este congreso, pero no había o tenían las agendas completas. No habéis buscado más que en vuestros círculos endogámicos. Probad a salir de ahí y preguntar o a buscar en Google. Hay mujeres expertas, solo hay que identificar que es un problema no tener voces femeninas en un congreso, debate o lugar de proyección.

18. Ya no se puede ni piropear a una mujer guapa por la calle.

19. ¿Yo machista? ¡Pero si soy progre! Nada se parece más a un machista de derechas que un machista de izquierdas.

20. ¿Cómo no voy a ser feminista si tengo dos hermanas y una hija? Yo tengo un montón de bolígrafos en casa. Eso no me convierte en escritora.

21. El feminismo me parece bien, pero el radical no. “El feminismo es la noción radical de que las mujeres sean personas” (Paula Treichler).

22. Las cosas han cambiado mucho. Ahora los hombres ayudan en casa. ¿Ayudan? ¿En serio? Reitero… ¿no ves nada en el verbo ayudar?

23. Eres una feminazi. Esta casilla cuenta como cantar línea.

Feminazi

Para la elaboración de este bingo feminista he recibido la inestimable ayuda de mis otras miradas. Y no conformándome solo con eso, me he metido droga de la buena: me he repasado las respuestas de este foro. Si queréis cabrearos, podéis daros también una vuelta.

Y tú, ¿ya has cantado bingo? Anímate y deja en los comentarios otras frases que escuchas sin cesar y así hacemos más cartones.

La mitad de todo

diciembre 13, 2016 en Doce Miradas

Tomo el nombre prestado para este artículo de un documental  muy recomendable, con el que comparto muchas cosas. Si os animáis a verlo, encontraréis un retrato coral de la Bolivia de hoy en día, a través de la mirada de 12 mujeres. (Deliciosa coincidencia: a veces la vida es eso, una sucesión de azares que tejen redes de sororidad). He dado con este trabajo mientras buscaba una idea con la que expresar la preocupación que me ronda hace tiempo. A ver si lo consigo.

¿Pero qué más queréis?

Si os habéis puesto las gafas moradas y habéis desarrollado la “bendita manía de contar”, como decía Gabriel García Márquez, os habrán preguntado en más de una ocasión a qué viene esta moda (sic) nuestra del escrutinio diario sobre la presencia de la mujer en espacios públicos. Ya sabéis de qué chispa nació hace tres años nuestra pequeña hoguera (ésta es nuestra historia, por si te has despistado), por lo que mi respuesta suele llevar a contarles la experiencia de este blog.

¿Es necesario que las mujeres tengan una participación tasada en la vida pública para garantizar el avance del feminismo? Cada vez que se denuncia la usencia de mujeres, emerge una voz especialista en igualdad de la profundidad de las gargantas de cada persona a la que, previamente, le has reprochado falta de sensibilidad, haciendo bueno el antiguo dicho: “no hay mejor defensa que un buen ataque”.
Por no irnos muy lejos, supongo que recordaréis el jardín en el que se metió hace unas semanas el líder de Podemos, Pablo Iglesias, cuando intentó explicar esto mismo, con mayor o menor acierto, dicho sea de paso, aplicado a la acción política formal.
La cuestión tiene miga: ¿psamuel-jhonson2or qué es importante que haya mujeres en las esferas públicas, cuando ser mujer no equivale a ser feminista?
Lo explica bien la
Organización de la Naciones Unidas cuando asegura que la participación equilibrada de hombres y mujeres en todos los espacios públicos es condición básica para una democracia que se considere sana. Es una cuestión de diversidad, y la diversidad es una de las bases, junto con el respeto de los derechos humanos, sobre las que sea asienta una convivencia saludable. Tirando de este hilo no es difícil llegar a la reivindicación de la paridad como derecho, y por extensión, a la reclamación cada vez más compartida por una presencia equilibrada de hombres y mujeres en todos los foros públicos o privados, en los que se requiere o agradece diversidad de opiniones, miradas y propuestas.

 

No es cuestión numérica

Es uno de mis argumentos favoritos. Ya sabéis, cuando nos recuerdan que forzar la maquinaria para conseguir una presencia más o menos igualitaria es un ejercicio estéril, porque la “cosa” no va de contar sillas, sino de transformar la realidad.

¿Cuántas veces lo habéis escuchaczwgnmqwqaammw9do? Yo he perdido esa cuenta. Si realmente no es una cuestión numérica, me pregunto: ¿por qué existe esta resistencia visceral a equilibrar la presencia de hombres y mujeres en los espacios públicos? Si no se trata de números, ¿de qué se trata? La lista de excusas va creciendo, y todas ellas tropiezan con la evidencia contraria: a quien dice que no hay mujeres expertas en tal o cual ámbito, se le responde con el listado de expertas correspondiente; a quien alega que las mujeres “no quieren” participar, se le afea esta extraña costumbre que tienen algunos de saber qué piensan todas las mujeres del mundo…

¿Contar con más mujeres en la esfera pública equivale a feminizarla? No, pero no siendo suficiente, es condición necesaria. Un paso inicial fundamental para
empezar a remediar la infrarrepresentación generalizada de las mujeres en las actividades en los espacios en los que la valoración social (reconocimiento público) es la moneda
de cambio. Cuantas más mujeres haya en los medios de comunicación, en las conferencias, en los debates públicos, en las estructuras políticas, etc., más cerca estaremos de entrar en el verdadero meollo de la transformación social, más evidente será la necesidad de abrir el debate y deconstrucción de roles, de hablar de valoración de la diversidad, de cuestionarnos el reparto de poderes, empoderamiento, etc.
¿Todo esto puede conseguirse solo a través de la mayor presencia de las mujeres en los espacios públicos? Claramente no, pero me gustaría hacer la pregunta a la inversa, por si ayuda a desatar el nudo: Si la presencia no transforma, ¿lo hace la ausencia de mujeres? Diría que no. Radicalmente no.

La denuncia por estas ausencias clamorosas es incómoda. Para quien recibe la crítica, no cabe duda, y también para quien la realiza. Sobra decir que de forma mayoritaria son, o somos, las mujeres quienes lo hacemos, y nos sitúa en una posición que en muchas ocasiones se interpreta como ataque directo, contra una organización o institución, contra unas personas concretas, etc. Los primeros se sienten interpelados y criticados, y las segundas nos sentimos acusadoras en una causa abierta sin aparente resolución a la vista. Y es frustrante.
Las pocas alegrías que te da, sin embargo, compensan. Hay algunos casos domésticos en los que esta interpelación ha sido el acicate para cuestionar, fondo y forma, de ciertas acciones. Y algunos movimientos de gran alcance han nacido de este impulso, y van extendiéndose a todos los ámbitos.
¿Qué queréis?: la mitad de todo

No es una cuestión de equilibrio estético, aunque esto no sería, en cualquier caso, un tema menor. Una imagen vale más que mil palabras, dicen… La participación equilibrada es condición básica, tal vez no suficiente, pero esencial para avanzar en el reconocimiento de la mitad de la población del mundo.
Y es importante que esta cuestión esté en la cabeza y en las agendas de todas las personas que tienen cierta responsabilidad, tanto como organizaciones privadas y cuanto más si son públicas.
La mitad de la población quiere compartir la mitad de todo. De todo. Es decir, queremos equilibrar el reparto de espacios y responsabilidades, para cuestionarlas desde dentro y no como meras invitadas a una fiesta masculina que se permite, en el mejor de los casos, ciertas concesiones.
¿Qué queremos? La mitad de todo, también de los derechos y de las obligaciones.

  • La mitad de los espacios en los que se socializan niños y niñas, porque si la representatividad no está equilibrada, los modelos de referencia, los roles que castran y limitan a ellos y ellas, se perpetúan: profesores de educación física y cuidadoras de comedor; éste es el día a día en los colegios.
  • La mitad de los entornos en los que se forman las opiniones: medios de comunicación, espacios consultivos formales e informales, grupos de contraste para la elaboración de propuestas de vida pública, etc.
  • La mitad de las sillas de los consejos de administración, porque las empresas son comunidades de personas, de hombres y mujeres, y la participación equilibrada genera beneficio para el conjunto.
  • La mitad de las sillas en los parlamentos, porque a través de las decisiones públicas se construyen nuevas realidades y también ahí queremos tener la mitad de la voz que nos corresponde.

Dejo abierta esta lista. Estoy segura de que a cada una de las personas que estáis leyendo esto se os ocurrirán momentos en los que “a simple ojo” la representación de mujeres era muy inferior a la de hombres.

Hay quien lo ha documentado de forma muy gráfica. La campaña #MoreWomen de Elle realizó este vídeo, eliminando a todos los hombres de algunas escenas de gran repercusión pública. El resultado es impactante. Aunque parece que no impacta aún lo suficiente.