La Red Álava, la red de mujeres invisibles

julio 17, 2018 en Miradas invitadas

Ane Azkue Zamalloa. Bilbao, 1985. Comunicación Audiovisual (UPV, Leioa). Trabajé en programas de televisión, en cadenas locales después… hasta que la productora Baleuko me dio la oportunidad de participar en mi primer documental. Guerra civil, espionaje, solidaridad, presos… y como hilo conductor 4 mujeres. Acepté, y gracias a ello he tenido la oportunidad de cocinar a fuego lento y con mucho mimo, una historia de mujeres, de heroínas que yo, ignorante de mí, desconocía.

 

¿Por qué cuando se habla de Guerra Civil, nunca se habla de mujeres? La mujer siempre es la gran olvidada de aquella guerra civil que encarceló y fusiló a centenares de mujeres. Las expulsó de sus pueblos, les robó sus casas y hasta sus hijos e hijas, les prohibió trabajar, las ridiculizó antes sus vecinos rapándoles el pelo y haciéndoles beber aceite de ricino… y así podríamos seguir enumerando barbaries hasta aburrirnos.

Pero aún así, cuando se habla de Guerra Civil siempre aparecen ELLOS, los gudaris, los encarcelados, los fusilados. Si buscamos motivos, en un intento de dar alguna explicación lógica a esta situación, alguien nos diría que se debe a la división machista y sexual que del trabajo se hacía en aquella época. Esto es, la esfera pública era terreno de hombres y la privada de mujeres. Las mujeres en casa, los hombres en el bar. Las mujeres hablaban de cómo criar a sus hijos. Los hombres de política, economía y cultura.

Y sin embargo, fueron…

Pues esta explicación que puede ser válida en algunos casos, no lo es para hablar de las protagonistas del trabajo que nos ocupa.

Itziar Mujica, soltera y sombrerera de profesión; Teresa Verdes, trabajadora en la imprenta familiar y mujer amante de la lectura; Bittori Etxeberria, propulsora de la Ikastola y biblioteca de Elizondo entre otras muchas cosas, y Delia Lauroba, mujer valiente e inteligente a partes iguales, no eran amas de casa. Su trabajo no se limitaba al cuidado de sus hijos, que por cierto no tuvieron, si no que eran mujeres con peso y presencia en el ámbito social, pero así todo, su labor fue silenciada y nunca reconocida.

Sin querer menospreciar la labor de nadie, no es mi intención, me gustaría que se hiciese este pequeño esfuerzo. ¿Cuántos nombres de gudaris y dirigentes políticos de la época conocemos? ¿Y cuántos de esos nombres son de mujeres? Empezando desde el mismo Agirre, Ajuriagerra, Landaburu… todos son hombres. ¿A qué se debe esto? En mi modesta opinión, a una educación, religión y cultura machistas que han hecho que las mujeres no valoremos nuestros esfuerzos ni nuestros logros. No lo hacemos ahora, imaginemos hace 80 años. “Es lo que había que hacer. Nosotras no tenemos nada que contar, solo hicimos lo que nos tocó” ¿Cuántas veces hemos oído repetir estas palabras en boca de mujeres luchadoras, que lo dieron todo por una causa, por unas ideas que ellas entendían como justas? En el caso de Bittori, Itziar, Delia y Tere, ni sus propias familias conocían lo que habían hecho. Cuanto menos, resulta sorprendente. Los hombres nunca dicen: “¡era lo que teníamos que hacer, nada más!” Ellos no. Ellos saben poner en valor su lucha y darle una dimensión de grandiosidad que las mujeres todavía, no hemos aprendido a hacer.

Bittori Etxeberria lideró una red que fue capaz de sacar y meter información de las cárceles franquistas y hacer llegar esta información hasta el Gobierno Vasco en el exilio. Bittori, Delia, Itziar y Tere, lideraron una red que movía valiosísima información desde Santoña hasta Baiona, desde Burgos hasta París. Burlando controles policiales, militares y carcelarios. Por cierto, que esta red se bautizó como la Red Álava, en referencia y homenaje a su coordinador general, Luís Álava. ¿Es raro que el coordinador sea hombre y que la red lleve su nombre? Muy raro. O no tanto.

Pero volviendo a la labor de “las cuatro vascas”, creo que el hecho de ser mujeres, jóvenes y de buena presencia, aunque suene contradictorio, de alguna manera les benefició. Los carceleros, guardias, militares, jueces… no sospecharon de unas pobres mujeres, no vieron peligro en ellas, y esto les ayudo a seguir con su labor. Muchos de los testimonios recogidos en el documental apuntan a que si se libraron del fusilamiento fue por ser mujeres. A la “injusticia” franquista le resultaba demasiado fusilar a mujeres católicas. Bueno… si esa fue la causa, podemos decir ¡qué no hay mal que por bien no venga!

El reconocimiento y la visibilización han llegado, tarde, pero han llegado. Decía Txema Montero en el documental que, “la historia de estas cuatro mujeres le había fascinado y que si esto hubiese ocurrido en Francia estarían en el “Panteón de la resistencia”. Si es así, me alegro de saber que en otros países las cosas se han hecho mejor.

 

Mujer, una noche cualquiera

julio 10, 2018 en Miradas invitadas

Juanjo Domínguez (@juanjodom). Nací en Barcelona y vivo en Orkoien, Navarra. Estudié Ciencias Políticas y Sociología y me gusta la Estadística Matemática. Con esas herramientas analizo la realidad, las evidencias y los datos; intento saber cómo se combinarán para dar lugar a nuevas realidades. Hago estimaciones y predicciones y, en muchas ocasiones, acierto. A veces hablo en medios de comunicación y, muchas veces, tengo ganas de no hacerlo. Soy corredor de fondo, de esos que no esquivan los charcos.

 

El reloj marcaba las once de la noche y los tres hombres y cuatro mujeres que nos habíamos desplazado hasta Tafalla entramos a tomar un café en un bar de la plaza principal del pueblo. Dentro del local olía a puro, a pacharán y a colonia cara de mujer. La música de la cafetería, ni alta ni baja. Las conversaciones resultaban audibles. Esperábamos por las consumiciones cuando un tipo baboso, algo ebrio, de unos 50 años, se arrimó a HLN (de la cuadrilla) sin ningún tipo de contemplación e intentó manosear su culo. Así, por la vía criminal. Por la cara. Porque él lo valía. Por sus huevos de macho. Porque en febrero de 1991 fuimos a disfrutar de los carnavales y HLN le plantó un manotazo defensivo en la pechera al sobaculos que lo hizo rodar tres metros por el suelo como una aceituna. Nadie del bar se inmutó. Solo se escuchó alguna risa burlona y la clientela nos miró con cara de desaprobación. Pagamos la cuenta y nos largamos. La noche prometía. Queríamos celebrar varios cumpleaños: 21 años.

El pueblo entero disfrazado, colorido de noche y bullicioso. Alegre. Una miscelánea humana se divertía, copa va y palpada en el culo viene – ¡qué obsesión con el culo de mis amigas! –. Y entre los bailes a ritmo de Rick Astley, Kortatu y los Pet Shop Boys, focos flamígeros y chispazos ululantes, rojos, azules y verdes. Reíamos. Ahora bien, a menor tamaño del antro, o mayor aglomeración en la calle, más se multiplicaba el número de restregamientos y, como no, el típico “frota que frota” a mis colegas féminas.

Imposible conocer el origen de tanta mano bellaca y anónima. Mis amigas, aunque protestonas por los tocamientos, nos contaban con cierta resignación que “vosotros no sabéis cuánto tenemos que aguantar”.

Aquella noche, fría y extraña, la palma sobona se la llevó HLN: 175 cm, 67 kilos, más unos zapatos unisex negros de invierno la alzaban hasta sumar 178 cm. No sé si guapa o fea, tal vez extravagante, HLN lucía un vestido morado ceñido por encima de las rodillas y una cazadora negra de cuero ajustada muy de la época. La verdad, llamaba la atención. Supongo que por su altura para ser mujer.

El caso es que, a eso de las tres de la mañana, mientras charlábamos apretujados en una esquina traicionera de un pub, una mano asquerosa se coló por debajo del vestido de HLN hasta la entrepierna. Ni el volumen infernal de “A quién le importa lo que yo haga”, la canción de Alaska que sonaba en ese preciso instante, evitó que la hostia que le dí al maromo pasase desapercibida. Así que, allí me vi yo, disfrazado de mujer, delante de aquel hosco indeseable, y sus compinches, sin saber muy bien qué iba a suceder.

Hoy, pasados tantos años, me imagino que mi cuadrilla y yo nos libramos de una buena tunda debido a que, ciertamente, el agresor y sus acompañantes pensaban que yo era una mujer de verdad a la que habían maquillado con gracia y acierto. Mi envoltura customizada daba el pego. Incluso, a pesar de haberme quitado la peluca, que había ido al contenedor de la basura con el fin de evitar problemas a mí y a mis amigos, dado que al menos una docena de guarros me habían metido mano desde que llegamos a Tafalla; eso, sin contar el sinnúmero de “delicadezas verbales” que escuché durante la algarabía nocturna. Para flipar.

Hasta aquel lance de 1991 desconocía cuánto soportaban las mujeres una noche cualquiera, un día de fiesta o una jornada normal. Lo que para mí se trató de una correría de carnaval, en la que me atavié de mujer como me pude haber disfrazado de marciano, acabó de una manera desagradable sin pasar a mayores. Hoy, a pesar de que el acoso sexual en todas sus variantes sigue siendo una lacra, quiero pensar que un poco hemos evolucionado como humanos.
HLN (Hasta Las Narices)

Mujeres más visibles en India gracias a #24HourProject

junio 26, 2018 en Miradas invitadas

Idoya Nanín

Mi nombre es @IdoyaNanin. Nací emprendida en una familia de emprendedores en mayo de 1971. Mis gafas llevan el filtro morado para desprogramar los roles de género en mi entorno; esa es mi aportación constante a una vida más igualitaria. Trabajo como consultora de marketing digital. Paseo por todas las redes sociales, pero vivo en Instagram, donde diseño contenidos y campañas digitales. Mi primer teléfono tenía cable, la cámara llevaba carrete para veinticuatro fotos y procesaba los textos en papel blanco con boli bic.

 

 

Todas conocemos la realidad social en la India. A nadie sorprende la situación de desigualdad que vive la mujer en cualquier ámbito que esté marcado por la pobreza. En la séptima edición del 24 Hour Project nos hemos centrado en documentar historias de mujeres de todo el mundo para dar visibilidad al problema y trabajar por sus derechos en colaboración con Shakti Vahini, organización sin ánimo de lucro de la India.

Hoy la imagen pesa más que la palabra. Para empezar, Renzo Grande y Smita Sharma impartieron un taller de tres días en Palkot, con el fin de impulsar la presencia y el reconocimiento de la mujer en la sociedad india. Hicieron entrega de cámaras y conocimientos para poder hacer fotos y documentar historias. El resultado está disponible en #24hr18_Palkot.

Por otra parte, 4280 fotógrafos principiantes, fotodocumentalistas y creadores visuales desde 850 ciudades de 104 países nos unimos altruistamente (algunos durante 24 horas ininterrumpidamente) para documentar la condición humana. Los embajadores de todo el mundo hemos difundido a los cuatro vientos la importancia de este evento. Estos son los países más destacados, por orden de participación:  Irán, Indonesia, USA, México, India, Filipinas, Italia, Perú, Reino Unido y Australia.

Un grupo de Bilbao, con su embajador David Guerrero (@instajaqs), documentó durante las 24 horas del día siete de abril las historias de las mujeres en diferentes zonas a través de 235 fotografías. #24hr18_Bilbao es una interesante galería de fotos con mensajes sinceros e imágenes inesperadas.

La cifra de fotografías etiquetadas mundialmente en Instagram es impresionante: son  25.723 imágenes que narran historias de mujeres de todo el mundo y forman parte de exhibiciones, conferencias, talleres y fotolibros para seguir colaborando con diversas ONG.

Mi colaboración con el proyecto comenzó como embajadora, pero por una lesión no pude estar haciendo fotos en la calle. Solamente pude hacer una. Por ello colaboré en las labores de curación de la cuenta de instagram. A turnos y por parejas visualizamos y seleccionamos las imágenes según se recibían en tiempo real. Conforme avanzaban las franjas horarias y se incorporaban países, también cambiaban los paisajes, las historias y las desigualdades a las que se enfrenta la mujer. Algunas de las imágenes me hicieron llorar. En otros momentos sentí satisfacción por colaborar con mi tiempo y energía a que las cosas cambien.

Cuando me paro a analizar los grupos de personas que hacen las fotos para seguir y admirar su trabajo, encuentro pocas mujeres. Esperaba estos datos en algunas zonas del mundo, pero no en el País Vasco. Empiezo a preguntar en mi entorno a profesionales del mundo de la imagen y la comunicación y llego a una triste conclusión: las mujeres debemos ser más visibles también aquí.  Me refiero a visibilidad como autoras y creadoras de contenido. Debemos romper el dichoso techo de cristal y estampar nuestra firma en los trabajos, para dejar de ser simplemente el objeto de la fotografía.

 

¿Quieres recorrer el mundo desde Instagram y conocer historias de mujeres?  Puedes hacerlo en el hashtag #24hr18, con más de 25.000 fotografías. La web del proyecto ofrece información general sobre todas las ediciones. Sigue y apoya a esta iniciativa en Instagram, Facebook, Twitter o Tumblr.

¡Juntas vamos a dar voz y reconocimiento a mujeres de todo el mundo!

 

Veinte años de un Alarde de la alegría y empoderamiento

junio 19, 2018 en Miradas invitadas

Rosario Arribas Diez. Nací en Mecerreyes, un pueblecito de Burgos. Llevo 46 años viviendo en Irún. Estoy ligada al feminismo desde principios de los 80. Pertenecía al grupo de mujeres que planteamos la reivindicación de participar en el Alarde. Desde entonces estoy en la Junta que organiza el Alarde igualitario que se celebra cada 30 de junio. Estos 22 años de conflicto han sido muy importantes y toda una experiencia en lo político, personal y vital.

 

Este año se cumplen 20 años del primer Alarde con mujeres en Irun.

Nos han preguntado muchas veces cómo fuimos tan atrevidas de meternos en este fabuloso lío, viendo lo que teníamos enfrente, y siempre respondo igual. No teníamos ni idea, pensábamos que no iba a ser fácil, pero ni idea de lo que se nos venía encima.

En un primer momento no fuimos valientes. Valientes tuvimos que ser después, cuando tuvimos que hacer frente a las consecuencias. En un primer momento fuimos ingenuas, atrevidas, un tanto inconscientes y jóvenes, 22 años mas jóvenes que ahora. Pensábamos que teníamos la razón y también la ley de nuestro lado y desconsideramos las fuerzas que teníamos en contra.

Como 22 años de conflicto, con sus procesos judiciales, rupturas sociales, familiares y personales, es algo muy prolijo y largo de contar, me voy a referir a algunas claves que en mi opinión han sido determinantes.

En este momento en Irun se celebran dos alardes: uno igualitario que organizamos un grupo de particulares con la financiación de Emakunde y la Diputación Foral, y otro, que parte del Alarde que se venía celebrando desde hace más de 100 años, que era municipal y multitudinario, y que consiguieron privatizar para así eludir la sentencia del TSJPV que obligaba a integrar a las mujeres, y donde las mujeres seguimos sin poder participar.

A menudo me he preguntado cómo es posible que una demanda que afecta a la igualdad entre hombres y mujeres resulte tan controvertida y lleve a un enquistamiento semejante y a una fractura social difícil de imaginar en pleno siglo XXI.

No me puedo extender con los antecedentes, porque sería muy largo, así que me voy centrar en un par de factores que en mi opinión han sido claves.

La posición de la institución municipal y la estigmatización de que fuimos objeto el colectivo que encabezamos la reivindicación.

En Irun el gobierno municipal del Partido Socialista PSE, con la aquiescencia de PNV y PP, ha sido incapaz de tener una postura de compromiso y proactiva a favor del derecho de las mujeres a participar en el Alarde. Más bien han mostrado de manera clara e inequívoca su apoyo al Alarde discriminatorio, esto incluso con una sentencia judicial en firme a favor de la reclamación de las mujeres. El cálculo electoral, o sea, el miedo a que una postura favorable a las mujeres se tradujese en una pérdida de votos les ha llevado a aliarse con el sector más tradicionalista y machista de nuestra ciudad, y a día de hoy, estas fuerzas políticas, con el alcalde a la cabeza, el día 30 de junio reciben desde el balcón del ayuntamiento al Alarde que no permite la participación de las mujeres y se ausentan cuando llega el Alarde igualitario.

Es evidente que cuando los poderes públicos y las instituciones se ponen a la cabeza y lideran estos procesos de cambios sociales, se acortan los tiempos y se evitan a menudo quiebras y fracturas sociales como la que hemos vivido en nuestra ciudad.

Como se ha demostrado en la gestión de situaciones semejantes, no caben equidistancias ni neutralidad en casos como éste y mucho menos de responsables políticos. El mensaje a la sociedad ha de ser claro y diáfano: o se está con la igualdad y las personas que la defienden o se está con quienes piensan que hay espacios donde a la mujer se la puede seguir discriminando.

El otro factor es la estigmatización de la que fuimos objeto  las integrantes del grupo promotor.

No es entendible que una reivindicación como la igualdad y la no discriminación no haya estado apoyada por sectores más numerosos de nuestra ciudad, ni siquiera los llamados progresistas, si no es por el proceso de estigmatización al que se nos sometió al grupo que planteó la reivindicación.

Desde el minuto cero, el sector más reaccionario y misógino pone en marcha una campaña de acoso que se concreta en cosas como pasquines que pedían el boicot a nuestros comercios, hacer público por medio de hojas la condición homosexual de personas concretas, llamadas telefónicas amenazantes, señalamiento en los colegios de nuestras hijas e hijos y un largo etcétera. De este modo, ante el clima que se genera y el precio que hay que pagar por apoyar la reivindicación, cualquier intento de ampliar nuestra influencia y recabar apoyos entre la ciudadanía está abocado al fracaso.

Fue un proceso rápido, y más rápido en cuanto que la institución municipal nos dio la espalda. De hecho, personas que habían mostrado su apoyo inmediatamente dieron un paso atrás y se retiraron. Hacía falta mucho valor para dar la cara en una situación semejante.

Como bien sabemos, una vez que se ha estigmatizado a un grupo, es muy difícil conseguir que sectores importantes de la sociedad se acerquen a él y hagan suya la reivindicación, por muy justa que ésta sea.

El ganar sociedad en estas condiciones ha sido un proceso lento y largo, pero no tenemos la menor duda de que la nuestra es una causa ganada y, aunque nos ha costado muchísimo trabajo, todo esto está siendo una revolución para esta ciudad.

Cada año miles de personas discuten sobre la igualdad, tienen que interrogarse sobre dónde y con quién quieren estar el 30 de junio, cientos de chicas jóvenes que salen por primera vez tienen que peleárselo en casa, en la cuadrilla, en el trabajo, y cada persona que ese año da un paso al frente es una persona que ha tomado conciencia de la importancia de la igualdad entre hombres y mujeres.

Yo he salido desde el primer año, he sufrido las consecuencias, porque tengo un negocio, pero cada 30 de junio, cuando veo las filas y filas de jóvenes, sobre todo mujeres, cuando las veo emocionarse, llorar de alegría, disfrutar y poner tanto empeño en hacerlo bien para ganarse el respeto del público, también yo lloro de alegría, doy por bien empleado todo lo que he hecho y también pienso que algunos de nuestros gobernantes no se merecen estas ciudadanas.

En la actualidad hacemos un Alarde magnifico, compuesto por unas 1.300 mujeres y hombres que desfilan y algunos miles en las aceras que nos aplauden y apoyan. El nuestro es un Alarde de alegría, de empoderamiento, de valientes, de resistentes. Ya han pasado los años en los que éramos unos pocos cientos protegidas por un cordón policial para evitar que nos agredieran, éramos el blanco de los insultos más groseros y machistas y cientos de personas nos daban la espalda. Ha sido duro, ha sido largo también, yo he oído insultos de todo tipo mientras desfilaba, pero también he visto a mujeres y algunas muy mayores gritándonos ¡valientes! y llorando de la emoción a nuestro paso.

Por último, este 21 de junio vamos a celebrar una gala de reconocimiento a tantas personas que hemos sabido resistir para sacar esto adelante, con la asistencia de las instituciones que nos han apoyado, como Emakunde, el Ararteko y la Diputación Foral.

Para más información:

Página web: www.alardepublico.org

Instagram: @irungoalardepublikoa

Facebook: Irungo Alarde Publikoa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Feminización

mayo 8, 2018 en Miradas invitadas

Herminia Luque es escritora y profesora de Historia. Ha publicado las novelas Amar tanta belleza (Premio Málaga de Novela 2015), Bitácora de Poseidón (2010), El códice purpúreo (2011) y Al sur de la nada (2013). Asimismo su ensayo Siempre guapa. El imperativo estético en la sociedad contemporánea fue premiado por la Diputación de Almería en 2014. Su texto O Gorgo o Cinisca. Teoría feminista y deporte ha sido incluido en el libro Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista (Málaga, Fundación Málaga, 2017).

En 2017 participó en el evento TEDxPlazaDeLaMercedWomen con una charla titulada Feminismo con h. Forma parte del Seminario de Estudios Interdisciplinarios de la Mujer de la Universidad de Málaga.

En una entrevista radiofónica[1], la escritora Cristina Consuegra (a propósito de la publicación del libro colectivo Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista del que precisamente es ella la coordinadora), hizo una apelación  a la necesidad del conocimiento, de la lectura y el saber como elementos imprescindibles en la causa del feminismo.

En efecto, necesitamos pensar el feminismo. No en vano el feminismo es, en palabras de la filósofa Amelia Valcárcel[2], una teoría; una agenda también (es decir, cosas que hay que transformar o cuestiones novedosas a las que hay que enfrentarse), pero cronológicamente primero es una teoría, o sea, un acto de pensamiento.

Y pensar es poner nombre a las cosas. Necesitamos, por tanto, las palabras. Porque las palabras iluminan realidades, conceptualizan (es decir, resumen, abstraen, sacan el jugo de las cosas); son proyectos (acciones para el futuro, caminos por los que transitar); son, de igual modo, esperanza y brújula para transitar construyendo esos mismos caminos. Las palabras son el medio perfecto para comunicarnos, para unir abstracciones y realidades.

En la causa histórica de las mujeres o feminismo han ido apareciendo una serie de palabras cruciales para su propio desarrollo, empezando por la propia palabra feminismo. Pero también otras que nos remiten a un momento histórico o a realidades o aspiraciones concretas como sufragismo, patriarcado o género, que de simple categoría gramatical, pasa a denominar la construcción cultural de la feminidad (o qué entiende una sociedad por ser mujer).

También se han creado expresiones enormemente significativas relacionando palabras comunes, no asociadas en principio a las mujeres o al feminismo. Por ejemplo, “techo” y “cristal”, “vientres” y “alquiler”, que en los sintagmas “techo de cristal” y “vientres de alquiler” son descriptores de realidades e implícitamente llevan consigo poderosos elementos de crítica.

La profesora de Sociología del Género Rosa Cobo ha afirmado de un modo contundente que el arma del feminismo es la palabra. La violencia  siempre estuvo fuera del feminismo, al tiempo que “la persuasión intelectual y la presión política pacífica fueron sus herramientas fundamentales”.[3]

Desde estas líneas, yo propongo, no una palabra nueva, sino llenar con un contenido semántico distinto una ya existente. Se trata de la palabra “feminización”. Ordinariamente se habla de “feminización de la pobreza” o “feminización” de determinadas profesiones (como las sanitarias o la educación), aludiendo con ello al incremento o la existencia en porcentajes elevados de mujeres en los conceptos aludidos. Yo sugiero dejar de lado este significado estrecho y limitante para convertir la palabra Feminización (con mayúscula) en una categoría histórica. Así Feminización sería un movimiento cultural (como Ilustración, Reforma, Renaixença) que  tendría su origen en determinados países de Europa Occidental, entre ellos España, en la segunda década del siglo XXI. Esta fecha supondría, no solo un inicio, sino un punto de inflexión, un punto de no retorno en el proceso iniciado. Podríamos definir Feminización:

-En sentido amplio, como un proceso imparable de participación por parte de las mujeres en la sociedad en idéntico porcentaje al que le corresponde numéricamente en cuanto población, en todos y cada uno de los aspectos de la vida pública, la producción económica y los bienes culturales (educación, trabajo, política, poder económico, influencia cultural, creación artística, científica y literaria, medios de comunicación), con todas sus potencialidades, sin las restricciones, minusvaloraciones, descalificaciones o exclusiones a las que tradicionalmente se las había sometido.

Dicha participación vendría acompañada de una creciente conciencia de la dimensión del fenómeno, sus implicaciones y sus raíces (qué ha significado, qué significa la exclusión de las mujeres, la desigualdad en el acceso a los bienes, sean de la índole que sean, en razón del sexo). Lo que se traduce en una movilización social cuyos ejemplos más significativos serían las acciones reivindicativas o el activismo en la red. En este sentido, la huelga feminista (organizada por la Comisión 8 de marzo y apoyada por más de trescientas organizaciones) y las manifestaciones que hubo en España el 8 de marzo de 2018 son paradigmáticas.

-En sentido restrictivo, Feminización serían las aportaciones teóricas, literarias, artísticas, científicas, políticas y legislativas de las mujeres en esta centuria, del mismo modo que la Ilustración (el movimiento que hace del pensamiento y de la actitud crítica su razón de ser), es la suma de las producciones intelectuales de filósofos, escritores, científicos, creadores en suma, que buscan trascender, con su obra, un orden social injusto y un horizonte intelectual y político demediado, renuente a la libertad de acción y de pensamiento.

La Feminización tendría una dimensión ética innegable, que nacería de una vocación universal humanista, es decir, que pone en el centro de sus preocupaciones al ser humano, partiendo de la concepción de este como poseedor de derechos individuales imprescriptibles e intransferibles, sin que quepan componendas en este sentido, es decir, distorsiones por mor de tradiciones culturales lesivas para las mujeres.

Aspectos similares estarían presentes tanto en Ilustración y Feminización, como la apelación al conocimiento racional y la dimensión utópica, si bien los medios tecnológicos y los desarrollos sociales difieren notablemente. Pues si la Ilustración surge en un contexto de Antiguo Régimen (sociedad estamental, poder regio absoluto, omnipresencia de la religión cristiana), el contexto histórico de la Feminización es una Edad Global en la que los retos tienen asimismo una dimensión global y se habría entrado ya (a decir de las ciencias de la Naturaleza) en el Antropoceno, o era determinada por la acción transformadora y destructiva en idéntico grado del ser humano. De igual modo, las potencialidades de la Humanidad, amplificadas por los desarrollos tecnológicos (muy especialmente en los campos del almacenamiento, el tratamiento y la difusión de la información), abrirían caminos inéditos y esperanzadores.

Esta es mi propuesta: Feminización como una nueva Ilustración con protagonismo femenino;  como movimiento cultural y social transformador con las mujeres como protagonistas. Feminización como una Neoilustración. La Ilustración que no tuvieron las mujeres, la que está por hacer: la que estamos haciendo.

 

[1] La entrevista fue realizada por Laura Barrachina para  Radio 3 en el programa Efecto Döppler y se emitió el 7 de marzo de 2018. Aparte de Cristina Consuegra, fueron entrevistadas Concepción Cascajosa, Isabel Guerrero y María Luisa Balaguer, magistrada del Tribunal Constitucional de España, todas ellas autoras  de artículos insertos en el libro Coordenadas. Pensar la sociedad en clave feminista (Málaga,  Fundación Málaga, 2018).

[2] Afirmaciones que recojo de la conferencia pronunciada por Amelia Valcárcel en la sede del Rectorado de la Universidad de Málaga el 29 de marzo de 2017.

[3] Cf.  El artículo de Rosa Cobo, Individualidad y crisis de la identidad femenina.  Revista ex æquo, n.º 22, 2010, pp. 129-145. http://www.scielo.mec.pt/pdf/aeq/n22/n22a11.pdf; consultado el 21 de marzo de 2018 a las 6:50 horas.  Imprescindible el libro de esta autora  La prostitución en el corazón del capitalismo (Libros de la Catarata, 2017).

 

Nos tendrán en común. Desbordes desde los feminismos

abril 17, 2018 en Miradas invitadas

axel morenoAxel Moreno. Educador social y terapeuta Gestalt. He desarrollado mi labor profesional como director de las áreas de Participación Ciudadana y Empoderamiento Social e Igualdad y LGTBI del Ayto. de Pamplona/Iruñea; técnico en Servicios Sociales del Ayto. de Madrid, Servicios de Juventud del Ayto. de Parla, Área de Igualdad del Ayto. de Burlada y distintas entidades sociales. Docente en FP, UNED y formación no reglada. Consultor e investigador en procesos de Participación, Educación y Cultura. Activista en diferentes colectivos e iniciativas sociales.

“Nos quieren en soledad, nos tendrán en común” fue uno de los lemas que surgió con fuerza durante el 15M para quedar tatuado en nuestra en consciencia colectiva. Una llamada a salir de la anonimia en el reto de politizar lo cotidiano. A hacer de la diferencia una riqueza y una fortaleza para compartir los problemas, para hacerlos comunes. A sentirnos y pensarnos juntas, para actuar en colectivo.

El 15M desbordó las estructuras y los imaginarios colectivos, canalizando el descontento general ante las consecuencias de una crisis política, social e institucional, fruto de una globalización económica con una progresiva mercantilización de la vida y un notable deterioro de los sistemas de protección social. Supuso un proceso afección sensible a problemas que percibimos comunes, sacudiendo la pasividad y la resignación individual, para despertar la empatía y la solidaridad colectiva, expandiendo la indignación de forma activa y entusiasta.

Tras el desmontaje de las acampadas, la energía de las plazas se desplegaría hacia distintos territorios de la vida, generando una difusa cartografía de iniciativas capilares, muchas de ellas casi imperceptibles: asambleas de barrio, mareas y acciones en defensa de lo público, el despliegue y articulación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), centros sociales, huertos urbanos, grupos de consumo, redes de economía solidaria, cooperativas, grupos de crianza, etcétera.

Cuatro años más tarde, las movilizaciones sociales que acabaron llenando las plazas de las grandes ciudades españolas, dieron el salto a las instituciones con las candidaturas Municipalistas y el cambio en los gobiernos locales. Las campañas para las candidaturas y confluencias del cambio supusieron nuevos desbordes creativos descentralizados puestos al servicio del acceso a los Ayuntamientos. Tras las elecciones de mayo de 2015, ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, A Coruña, Pamplona o Cádiz, abrieron un nuevo periodo a la búsqueda y experimentación de políticas públicas que superasen la supuesta crisis coyuntural. Pero nuestros municipios y barrios sufren directamente el impacto de un conjunto de transformaciones de carácter estructural que van más allá de una situación temporal. Nos encontramos atravesando un cambio de época que nos obliga a repensar el marco conceptual y las estrategias de las políticas locales y urbanas para poder hacer frente a las nuevas formas de desigualdad, pobreza y exclusión.

La coyuntura facilita que se desarrollen políticas locales centradas en reforzar las estrategias neoliberales de las políticas de austeridad, recrudeciendo las dinámicas de desigualdad social y territorial. Sus consecuencias más visibles continúan siendo la elevada tasa de paro, el deterioro del empleo, el incremento de las desigualdades de renta, el aumento del coste de la vida y la vivienda, la acentuación de los niveles de pobreza y de infravivienda, acompañado del deterioro de las políticas sociales y los servicios públicos.

No hay soluciones simples a problemas complejos y actuar sobre la complejidad de nuestros territorios implica desarrollar una nueva institucionalidad, una nueva concepción de lo público que no quede limitado a la esfera institucional. Implica reconocer los múltiples actores que formamos parte de esta realidad, nuestra interdependencia y la necesidad de potenciar el desarrollo de nuevas formas de entender y asumir las relaciones entre nosotras. Estableciendo espacios y procesos de participación, cooperación y articulación para la transformación y mejora de las condiciones del territorio en todas sus dimensiones.

Es necesario repensar las políticas urbanas más allá de las instituciones, desde un marco de mayor transparencia y participación en la toma de decisiones y desarrollo de la ciudad. Integrando multiplicidad estrategias y mecanismos de democracia urbana basadas en territorializar la gobernanza, coproducir las políticas públicas, abrir la gestión a la ciudadanía, apoyar la innovación social e impulsar la acción comunitaria.

Proceso Participativo Plazara!

“Nos tendrán en común”

Si el desafío pasa por desplegar una política expandida que transcienda los espacios institucionales, los ciclos electorales y la concentración representativa de poder, la clave está en el desarrollo de los procesos de empoderamiento social, participación ciudadana y acción comunitaria. No existe una única definición aceptada del significado de “comunidad” o de “acción comunitaria”, y sí muchas visiones contrapuestas. Aunque gran parte de las aproximaciones conceptuales tienen en común la idea de la acción comunitaria como la suma de procesos o acciones colectivas de transformación social con objetivos comunes, con una triple intencionalidad y estrategia:

-La mejora de las condiciones de vida locales.

-Fortaleciendo la comunidad y las redes de trabajo colectivo, empoderando a las personas y agentes del territorio (tejido social, tejido institucional y tejido económico).

-Mediante un estilo de intervención que busca incorporar a todas las personas y grupos posibles, haciendo que sean protagonistas de los cambios sociales que se promueven, sustentándose en su practica en procesos de democracia participativa, fortaleciendo los procesos de inclusión y cohesión social.

En marzo de este año se celebraron las “Jornadas Internacionales de Acción Comunitaria. Respuestas colectivas a los retos sociales”, organizadas por el Servicio de Acción Comunitaria del Ayto. de Barcelona y la Escuela del IGOP. Cinco meses antes, el Área de Participación y Empoderamiento Social del Ayto. de Pamplona/Iruñea había organizado unas jornadas en la misma línea, “Crear Comunidades Colaborativas. La construcción de políticas públicas de acción comunitaria”. En ambas jornadas quedó patente el interés y la preocupación general ante las dificultades y retos de la acción comunitaria en un momento de cambio de paradigma donde necesitamos construir nuevos referentes.

Sin embargo, para ser capaces de pensar y construir ese cambio, necesitamos dotarnos de otro imaginario que reorganice nuestra mirada, que nos oriente hacia unas posibilidades y sentido diferente. Las referencias de cambio urbano en la acción comunitaria son las imágenes del movimiento vecinal y el movimiento obrero en su defensa de los derechos ciudadanos y laborales. Imágenes ligadas a la militancia metropolitana, la organización, el liderazgo vecinal o sindical, la asamblea, la manifestación, la huelga y la acción desde el conflicto en barrios y fábricas. Ese modelo y fuerza organizativa de finales de la dictadura, marcaría una época ligada al arranque de la democracia, la construcción de servicios y equipamientos públicos y el nuevo ordenamiento municipal.

Las imágenes y relato del movimiento vecinal y sindical, introyectadas por los movimientos sociales, dificultan el tránsito hacia nuevos imaginarios para el cambio urbano. Las viejas imágenes de la lucha y conquista vecinal entorpecen la experimentación de nuevas movilizaciones e iniciativas ciudadanas, que desde el filtro y parámetros del viejo imaginario, quedan desvalorizadas e inútiles. Las imágenes de la vanguardia de la lucha vecinal, reproducen un modelo masculino y restrictivo que invisibiliza la retaguardia de los cuidados y la solidaridad que hizo posible sostener esas luchas por las mujeres. Un imaginario no pensado, ni construido desde un nosotras como personas diversas, ni dirigido a las otras, a las que quedan más allá de los márgenes de la participación.

La participación y la articulación colectiva no es neutral, está atravesada por la fuerza y legitimidad dominante del patriarcado. Aunque no nos guste, la acción comunitaria reproduce sistema de dominación sexo-género, donde las mujeres no pueden acceder ni desarrollarse en los espacios de participación en las mismas condiciones que los hombres.

“Si nosotras paramos, el mundo se para”.

La huelga del pasado 8 de marzo ha supuesto un nuevo desborde donde el movimiento feminista se convirtió en una marea imparable de la que surgió una huelga sin precedentes. En escasos meses consiguió agrupar a todo tipo de colectivos, desbordar a los sindicatos mayoritarios y organizaciones políticas, abrirse paso en la agenda mediática, hacerse presente en las conversaciones de nuestras calles, trabajos y casas, movilizar a una mayoría de mujeres desde una diversidad indudable (generacional, ideológica, cultural, de clase, etc.) y condicionar el discurso político.

La huelga feminista también consiguió desbordar el antiguo imaginario del movimiento vecinal y sindical. El 8 de marzo no vimos imágenes de neumáticos ardiendo en la entrada de fábricas y polígonos, ni calles vacías con comercios con las persianas bajadas como en otro tiempo. “Si nosotras paramos, el mundo se para”, era el lema de la jornada de huelga. Pero el país no se paralizó, al contrario, se movilizó y agitó con una potencia excepcional. Cientos de miles de mujeres inundaron las calles de nuestras ciudades y pueblos durante todo el día para concentrarse nuevamente en las manifestaciones de cierre de la primera huelga general feminista realizada en España. Los sindicatos cifraron el número de participantes en los paros totales o parciales en casi 6 millones. El movimiento feminista conseguía una movilización unitaria, transversal, descentralizada y autónoma lograda en pocas ocasiones.

El feminismo se convierte en un referente cada vez más poderoso. Supone la construcción de un imaginario de cambio integral, una revolución social que cuestiona el statu quo general al denunciar las desigualdades que atraviesan todos los ámbitos de la vida: el afecto, las relaciones sociales, familiares y de pareja, el trabajo, los cuidados, la crianza, el lenguaje, la violencia, las instituciones, el urbanismo, la economía…

La construcción de una nueva política urbana desde el empoderamiento social y la acción comunitaria, implica necesariamente la incorporación de la mirada feminista para poder deconstruir los viejos modelos militantes y generar nuevas formas de organización y acción colectiva, identificando las diferentes formas de poder para superar los sistemas de dominación y redefinir radicalmente las relaciones entre mujeres y hombres.

El pasado 8 de marzo volvimos a soñar con “otro mundo que es posible”, un mundo que estamos construyendo millones de mujeres y hombres con cada pequeño desborde cotidiano que hacemos desde los feminismos.

 

Mujeres en eventos… y van…

marzo 20, 2018 en Miradas invitadas

Cristina Juesas. Consultora de comunicación y preparadora de oradores. Ayuda a sus clientes a comunicar mejor. Ha trabajado en proyectos de transformación digital en el Gobierno Vasco y la Universidad del País Vasco. Organiza TEDxVitoriaGasteiz, es Directora de la División España Oeste en la organización Toastmasters International, salsea todo lo que puede en internet y en la vida, así, en general.

Post basado en hechos reales. Te podría haber pasado a ti. Nos pasa a cualquiera a diario.

Un contacto al que tengo en alta estima comparte información de un evento sobre redes sociales que se celebrará en las próximas semanas en Barcelona y en el que hay ocho ponentes (más dos sponsors invitados, o sea, diez ponentes en total), de los que tan solo dos son mujeres. Hace años que tengo la costumbre de señalar de forma pública cuando un evento no es igualitario. Lo hago por mil motivos, pero la razón que subyace es que la organización sea consciente de que algo ha fallado.

La primera respuesta que me dieron fue “pero las dos mujeres que están valen mucho”. Hombre, pues gracias por la explicación (¿En ocasiones veo mansplainings?), pero no me refiero a las que ya están, sino a las que evidentemente brillan por su ausencia.

Cuando le digo que ya, que claro, me dice que tiene más socias que socios y que trabaja por la igualdad, pero que no se obsesiona, que esa etapa la dejó atrás y que quizá se equivoca. Le replico que efectivamente, que se equivoca, pero que no estoy diciendo que sea su culpa y que le deseo que le vaya fenomenal en el evento… otro más con aplastante representación masculina versus femenina en un entorno en el que abundan las mujeres. Y que eso no puede ser bueno. A lo que me responde que sabe que va equivocado por la vida y que no le importa. Por mí se habría zanjado ahí la conversación. Mi misión de señalar lo evidente para que sea visible para todos estaba cumplida.

Ya había hecho saber mi opinión. Ya está.
Sin embargo, ¡lo que pasó después te sorprenderá! (O no…).

Efectivamente, tenía que pasar otro varón (el del pantallazo) a explicarme, para que yo lo entienda, que soy corta, que lo verdaderamente importante no es el sexo, sino el conocimiento. Y que nos hacemos un flaco favor si se programa un evento pensando en el sexo. Me pasé toda una mañana pensando a ver qué hacía. Si escribía algo… Si me cortaba las venas…

Creo que huelga decir que cada cual su evento hace lo que le da la gana y punto. Mi amigo, aunque no me gustaron del todo sus respuestas, es coherente. Hace lo que quiere, es consciente de que puede que se equivocase y, como ya tiene una edad, se la trae al pairo. Bien… Pero es obligación de todos y todas, sobre todo de todos los que son conscientes de la increíble brecha de género en visibilidad profesional, hacer algo por solucionarlo.

Así que como creo que hay que hacer labor educativa, nada, volvamos a Barrio Sésamo. Soy Coco y os voy a explicar cómo garantizar igualdad y calidad en un evento porque, ¡sorpresa! ¡No están reñidas!

Yo organizo eventos. Llevo diez años organizando eventos de todo tipo, pequeños, grandes, medianos… En entornos variados: ámbito científico, tecnológico, abiertos a público general, cerrados… Si algo he aprendido en todos estos años es que la igualdad en un evento se busca. Si no, no existe. Como en la sociedad. Como en la política. Como en el 99% de ámbitos de nuestras vidas.

Cuando queremos que un evento sea igualitario y no queremos recurrir a paneles de “Women in Tech” o “Women in Science” o “Women in inserteaquísusector” tenemos una doble complicación.

Por un lado, está el sesgo cognitivo que nos hace pensar en que los varones son mejores profesionales. Este sesgo es cultural y se da desde nuestros primeros años de cole, cuando se exhorta a los chicos a dar sus respuestas y se nos pide a las chicas que levantemos la mano para hablar (y ser buenas señoritas, añado). Un estudio del año 2004 en Harvard demostró que este patrón se mantiene en los años de la universidad y que los varones duplican en intervenciones a sus compañeras. Bien, pues una vez que sabemos que esto pasa, es fácil ponerse en modo: solo voy a pensar en mujeres.

Os aseguro que los resultados están garantizados. No merma en absoluto la calidad profesional, al contrario. Cuanto más practicas esta técnica, mejor te sale y más mujeres te vendrán a la mente.

Le puedes preguntar a asociaciones profesionales de mujeres, a mujeres y a hombres, para que únicamente te referencien a mujeres. Es la única manera de equiparar la balanza. Comprobado que funciona. Y también comprobado que mejora la calidad de los eventos.

No más excusas. “Es que llamé a tres, pero ninguna aceptó”. Pues llama a siete, verás cómo consigues lo que buscas… el tema está en eso precisamente, en buscarlo.

“Jueza”, por favor

febrero 20, 2018 en Miradas invitadas

Miren Gutierrez @gutierrezmiren.
Soy directora del Programa de postgrado “Análisis, investigación y comunicación de datos” y profesora de Comunicación de la universidad de Deusto. Soy doctorada en Comunicación e investigo sobre cómo se usan los big data para la transformación social. He sido periodista durante dos décadas, antes de pasarme al activismo, la docencia y la investigación. Como directora editorial de la agencia de noticias Internacional Inter Press Service fundé el Gender Wire en 2005, dedicada a cubrir noticias de todo mundo con una perspectiva de género. Desde entonces, he tratado de insertar esta perspectiva allá donde he trabajado, incluidos en Greenpeace, Index on Censorship y Overseas Development Institute, explorando las zonas de intersección entre asuntos relacionados con derechos humanos, medioambiente, clima y género.

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¿Quién dijo que se trata de decir “problema”/”problemo”? Poner el asunto del femenino de los cargos profesionales en estos términos es reducir al ridículo un tema importante.

Conforme los casos de corrupción se multiplican y ramifican, cada vez oigo más “la juez”, “la magistrado” y “la abogado” para referirse a mujeres profesionales que ocupan dichos cargos. Hago una búsqueda de “la juez” en Google y encuentro 785.000 resultados en noticias, además de centenares de titulares con esas palabras en El País, ABC, Telecinco, El Mundo, RTVE, Europa Press, 20minutos, y decenas de medios regionales y locales.

Quizás parezca superficial fijarse en esas cosas cuando se está matando a mujeres por el hecho de serlo, pero es un asunto que tiene importancia. El lenguaje sexista es una manifestación de la discriminación, y la discriminación está en el trasfondo de la violencia contra las mujeres. Que se sepa de una vez: el masculino no es en castellano incluyente.

Me he acordado de un artículo que publiqué en 2009, en el que exploraba el machismo en el lenguaje, y comparaba las prácticas periodísticas en italiano (tan machista que una jefa solo puede ser “il capo”), castellano e inglés.

Me pareció entonces especialmente esclarecedor hablar con José Luis Aliaga Jiménez, profesor de Lingüística de la Universidad de Zaragoza, que decía que “la resistencia conservadora a la formación de nombres femeninos” refleja una forma de discriminación, porque el “supuesto carácter genérico del masculino en la referencia a grupos mixtos de mujeres y varones no es, en absoluto, una propiedad lingüística sino una interpretación pragmática aleatoria que suele redundar en la ocultación discursiva de las mujeres y de sus logros”.

La lengua, decía Aliaga Jiménez, es algo vivo, que cambia y que debería evolucionar con la sociedad. ¿Resulta que aceptamos sin problemas “posverdad”, “fair play”, “halal”, “chusmear” y “postureo” pero “jueza” o “portavoza” no?

Pues no hay nada más natural.

“(En castellano) en la mayoría de sustantivos referidos a personas –añadía Aliaga Jiménez— existe una correlación entre el género gramatical y el significado referencial sexo. Se trata de una correlación culturalmente significativa… Todo sustantivo referido a personas contará con variación de género, más tarde o más temprano. Es en este contexto donde hay que ubicar la aparición de palabras como ‘miembra’’o‘’testiga’ (todavía no aceptadas por el DRAE), en las que se ha interpretado la terminación ‘’a’’ como propia de un sustantivo femenino, de acuerdo con la regla más común en español”.

Argumentar que como “voz” ya es femenino decir “portavoza” es redundante es ignorar cómo evoluciona la lengua castellana, en donde abundan todo tipo de etimologías populares, transmutaciones verbales y saltos lingüísticos. El castellano ha dado palabras como por ejemplo el femenino “miniatura”, que no tiene nada que ver con el prefijo “mini” sino con la pintura de minio con que se ilustraban los libros miniados. “Postura” es femenino y “postureo” (aceptado por el DRAE) masculino ¿y qué? ¿Se hunde el mundo por decir “portavoza”?

Pero no es que no podamos decir “portavoza” sin que se despierte lo más rancio de nuestra sociedad; es que todavía ni siquiera se han extendido “jueza”, “abogada” y “magistrada”, cuando no había que crear estas palabras porque ya existían desde hace tiempo. En 1995, se dictó una Orden Ministerial en la que se fijaba la denominación de títulos a la condición femenina o masculina de quienes los obtengan.

Han pasado varios años desde que publiqué el artículo mencionado y muchos más desde 1995. ¿Por qué vamos para atrás? Ya es hora de terminar con esta forma de machismo sin detenernos en debates improductivos ¿no? Esto al menos es fácil de arreglar.

La postverdad publicitaria

febrero 6, 2018 en Miradas invitadas

Pablo Vidal. Doctor en CC de Educación y licenciado en CC de Información por la UPV/EHU, durante los últimos 25 años he ejercido como publicitario en empresas y agencias de Valencia, Barcelona y Bilbao, actividad que he conjugado con siete años de docencia en la UPV.

Mi preocupación por las desigualdades de género me orientó en 2001 hacia la investigación, en 2013 obtuve la Beca Emakunde de investigación en materia de igualdad que posteriormente desarrollé como Tesis Doctoral.
Soy vocal de la Comisión Begira para un uso no sexista de la publicidad (Emakunde), labor que compagino con la asesoría en comunicación y género a empresas e instituciones

 

A raíz de la investigación que he realizado y defendí el pasado septiembre como tesis doctoral, “La percepción del sexismo en la publicidad: un estudio con alumnado adolescente de la Comunidad Autónoma del País Vasco”, he podido constatar como el 65% de la muestra (528 estudiantes, 49,6% mujeres) no percibe el sexismo en la publicidad y se muestra en mayor o menor grado insensible respecto al trato discriminatorio y degradante que en publicidad se realiza sobre las mujeres. Nuestras jóvenes generaciones pertenecen a sociedades altamente tecnificadas en las que desde su infancia se socializan principalmente por los contenidos audiovisuales que consumen y comparten. Quienes producen los discursos que fundamentan estas narraciones (Publicidad, videojuegos, videoclips, etc.) reinterpretan nuestra realidad desde postulados ideológicos que se alejan de los valores deseables que en la familia y la escuela se les intenta enseñar.

Los grandes cambios impulsados por las mujeres han transformado en pocas décadas nuestra realidad social, sin embargo, se observa que el discurso publicitario no avanza al mismo paso de estos cambios sociales pues no refleja los avances que se han producido en las relaciones de igualdad de mujeres y hombres. Por una parte, determinados arquetipos, estereotipos, roles, estilos de vida sexistas, ya no son compartidos por gran parte de la sociedad, y, por otra, aparecen nuevos valores, actitudes y creencias que entran en contradicción con la publicidad de muchas empresas e instituciones.

 

 

En este contexto, resulta chocante la resistencia de algunos sectores, en especial, el juguetero, el de la automoción, la moda, o el de los productos de belleza, pues el cambio ideológico social producido y el activismo de algunos grupos ponen en evidencia aquellas campañas publicitarias que no tuvieron en cuenta la perspectiva de género en su estrategia. En unos casos, la falta de empatía hacia los valores y actitudes de la sociedad igualitaria y, en otros, el no reconocimiento de la nueva realidad social desvela, en bastantes empresas nacionales, la existencia de una resistencia activa, o si no, de una cierta inercia sexista en su publicidad que no se desea corregir.

Enfrentarse a la realidad estadística de los datos muestra cuán injusta es la posición de muchas grandes marcas que utilizan su poder económico para, por medio de mensajes sexistas, socializar a la juventud en contra de su propia realidad social. En el Estado español sólo un 16% de mujeres mayores de edad ejerce como ama de casa, el 67% tiene más de 54 años y el 3% menos de 35 años (Lobera y García, 2014) Pese a esta realidad, muchos anuncios presentan a jóvenes mujeres como amas de casa, ocultando sus verdaderos roles en la sociedad actual y enviando mensajes contrarios a la conciliación y a la corresponsabilidad en el hogar.

También, ocultando o no representando nuestra realidad de mercado laboral o de igualdad en el que las mujeres empleadas por el Estado ocupan el 46,4% de los puestos frente al 53,6% que ocupan los hombres (OIT, 2017), o en el que uno de cada 4 directivos de empresa es mujer, es decir que el 26% de estas (por encima de la media europea) desempeña un cargo de directiva en una empresa (Grant Thorton, 2016). Qué difícil es verlo en publicidad, por no decir imposible.

En otras ocasiones, estos anunciantes y sus agencias ocultan la vida misma, así pese a que las mujeres que conducen (permiso de conducción tipo B) son mayoría en nuestro país y representan el 53,6% frente al 46,4 % de hombres (DGT, 2015), en la publicidad se evita tozudamente una realidad imposible de ocultar, pues está en el día a día de las personas y a la vista de cualquiera. En los últimos cinco años apenas en tres o cuatro anuncios publicitarios aparece una mujer como conductora; es decir como una mujer autónoma e independiente que se transporta ella misma sin la necesidad de que un hombre la lleve.

Muchas realidades que no se muestran o que son extrañamente e incorrectamente representadas en la publicidad generan un discurso erróneo, tendencioso, que pese al paso de los años no intenciona modificarse. Una publicidad que muestra a las chicas alejadas de la tecnología, de Internet, del deporte, de la formación universitaria, de las categorías profesionales altas, etc. Y todo ello pese a que sean mayoría en segmentos como la judicatura, la abogacía, la medicina, la educación, o, aunque brillen en el deporte internacional.

Son muchas las empresas anunciantes que, en general, desatienden o ignoran los cambios sociales producidos y proyectan una imagen irreal de las mujeres que influencia notablemente en la infancia y adolescencia. Bajo el argumento de simplificar su comunicación para hacerla accesible a las audiencias, utilizan estereotipos y roles sexistas superados que transforman la realidad mostrando otra más “atractiva, seductora y persuasiva” en la que las mujeres son desconsideradas, minusvaloradas e incluso maltratadas.

Una realidad en las que las pocas mujeres que se representan trabajando realizan ocupaciones básicas o mediocres (dependienta, peluquera, secretaria…), aparecen bajo la tutela profesional y familiar masculina y muestran su dependencia económica respecto al hombre; al cual deben conquistar mediante el uso de su atractivo sexual y de su belleza, únicos instrumentos de ascenso social y profesional que la publicidad les reconoce y les permite. En general, nuestra publicidad las mantiene como amas da casa, bellas acompañantes, consumistas banales, siempre obsesionadas por su aspecto físico y por gustar.

La repetición constante y continua de estos mensajes publicitarios ocasiona una imagen muy distorsionada de lo que son las mujeres en muchas jóvenes adolescentes, pero también en muchos jóvenes que buscarán en ellas la idealización que la publicidad genera sobre las mujeres. Es decir, una chica hipersexualizada con un aspecto físico imposible de alcanzar, que vive pendiente de “su hombre”, que escoge colocarse por debajo de él, sometiéndose a su criterio, dejándole hablar, decidir, etc. y que además le hace la compra, le cocina, le limpia la casa y le alegra la vida con sus atenciones.

Vivimos en una época de normalización de géneros, no de diferenciación, y sin embargo, no sólo muchas empresas anunciantes sino también el propio sector publicitario mantienen determinadas inercias de creación y organización que dificultan la producción de mensajes e imágenes no sexistas e integradores.

Según los datos facilitados en el estudio que sobre el sector publicitario realizó Grant Thornton Report en 2015 referente al Estado español (Valdivia, 2016), el 52% de las licenciaturas universitarias las obtienen mujeres, sin embargo el 91% de los altos cargos del sector los ocupan hombres, al igual que el 75 % de las direcciones funcionales o el 81% de los departamentos creativos. Sorprende que el 31% de las empresas publicitarias nacionales no tenga ninguna mujer en puestos directivos.

Son datos que invitan a la reflexión y que apuntan a una hegemonía masculina en la publicidad y en la dirección de marketing-publicidad de las empresas que se anuncian. Indica que la construcción de los discursos no solo se realiza desde postulados patriarcales sino que estos discursos los producen mayoritariamente hombres.

Desde algunos sectores y sus agencias se desarrolla con su comunicación un verdadero bullying mediático sobre las adolescentes, una presión que se inicia en la infancia y que ya no cesará a lo largo de la vida de estas. En el Estudio sobre publicidad sexista en la campaña de juguetes 2013-2014 en el que participé y que realizamos en BEGIRA (2014) se ofrecen algunos datos que ayudan a comprender la envergadura de esta presión a la que deben enfrentarse desde su más tierna infancia las niñas. Por ejemplo, el 47% de los juguetes anunciados por niñas son de color rosa y el 63% son muñecas, el 55% de los anuncios para niñas se basan en el arquetipo de belleza personal y el 51% en el arquetipo de ama de casa, además el 52% de las profesiones representadas en juguetes para niñas son ama de casa, peluquera y modelo.

Aun mas sorprendente es que el 66% de los juguetes anunciados por niños son electrónicos mientras que el 69% de los anunciados por niñas son manuales o mecánicos.

Esta discriminación sexista abarca múltiples perspectivas multiplicando su efecto negativo al incidir en muchos ámbitos de la vida de las niñas; es despreciable por injusto y arcaico que en el s. XXI los anuncios de juguetes desde los que se dirige o se influencia la elección del juego en las niñas, como norma, presenten a los niños como los destinatarios de los juguetes que incorporan la tecnociencia. Su reiteración en años de anuncios y su aplicación a variedad de juguetes “masculinos” ha terminado por asociar la tecnociencia a los niños, hasta el punto que, en la actualidad, la electrónica aparezca en la mayoría de los casos, sólo en los juguetes dirigidos a ellos. Las consecuencias se pueden observar perfectamente en la etapa de educación primaria al comprobar cómo la seguridad y familiaridad que los niños muestran en edades muy tempranas hacia la informática y sus aplicaciones, es inversamente proporcional a la de las niñas. En una etapa educativa posterior, el interés hacia las materias tecnocientíficas es mayoritario entre los niños, algo que no se produce entre las niñas; lamentablemente, en ese momento ya se están gestando las vocaciones que dirigirán una posterior elección hacia carreras y profesiones de ciencia y tecnología.

Posponer, año tras año, iniciativas que obliguen al sector del juguete a no interferir con su discurso sexista en la educación de las niñas prolonga una situación denunciada desde muchos ámbitos que perjudica el aprendizaje en igualdad de niñas y niños. Según datos de matriculación en el curso 2016-17 de la Universidad del País Vasco (Dirección para la Igualdad de la UPV/EHU, 2017), menos del 30% de las alumnas de esta universidad estudian ingenierías, en informática no llegan al 14% del total de alumnado y en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte son solo el 22%.

También en la adolescencia, las patologías provocadas desde la publicidad afectan en una etapa fundamental del crecimiento generando a menudo, como consecuencias más leves, baja autoestima, frustración y depresión. La obsesión por el aspecto físico, inculcado por la publicidad y algunos medios como eje del éxito social, dificulta a las jóvenes desarrollar su propia identidad y personalidad. A muchas de ellas las aboca a iniciar dietas perjudiciales que en muchas ocasiones evolucionan en patologías más severas. Los datos de patologías derivadas de esta nefasta influencia, sobre todo, la anorexia-bulimia y la dismorfia corporal hablan por sí solos. Pese a ellos, son pocas e insuficientes las iniciativas que las instituciones están tomando para mitigar la influencia de esta publicidad proveniente del sector dietético/alimentario que focaliza sólo sobre las mujeres la presión de venta de sus productos. Pero, aún más preocupante es que en otros sectores como el farmacéutico también sean ellas quienes protagonicen más del 70% de los anuncios de medicamentos, como si los hombres no sufrieran las mismas o incluso más enfermedades que ellas. Sin embargo, la publicidad las muestra como más enfermizas que los hombres y, lo que es peor, las responsabiliza del cuidado de ellos al focalizar sobre ellas la compra, el uso y la prueba de efectividad del fármaco

Como se ha puesto de manifiesto a través de datos estadísticos, nuestro contexto ha cambiado tan rápidamente que en la actualidad la publicidad se ha quedado descontextualizada. Ni siquiera en sus anuncios se refleja la realidad de los modelos familiares actuales, todavía se piensa en el sector publicitario que las familias son como las que en su infancia conocieron. Nada más lejos de la realidad, en pocas décadas ha evolucionado tanto que ahora el modelo familiar tradicional es minoritario en el Estado español. Solo un 34,9% de hogares está formado por un modelo de familia tradicional (pareja heterosexual con dos o más hijas/os) frente al 43,7% que lo integran nuevos modelos familiares. Pero no sólo no refleja la diversidad del modelo familiar, sino que evita o ignora otros grandes cambios sociales como el hecho de que la población migrante represente el 10,3% de la población total del Estado, pues resulta muy difícil que la publicidad la represente de no ser que sea para estereotiparla sexualmente o porque el anuncio se dirija en exclusividad a esta comunidad.

En el Estado español, iniciar un proceso de sensibilización y formación en los departamentos de marketing y publicidad de las empresas anunciantes y en las agencias de publicidad, se perfila como una de las vías para impulsar un cambio rápido en el sector. Tras varias décadas de autorregulación sectorial, se ha visto que este mecanismo no presiona lo suficiente para promover los avances necesarios, la causa principal radica en que Autocontrol está integrado por las mismas empresas que realizan y gestionan la publicidad que aquí se analiza y cuestiona, y no por instituciones y organizaciones que impulsen la igualdad. Además, se hace muy necesaria la renovación del sector por medio de una inclusión real y efectiva de las mujeres en los niveles de dirección de los que, hasta la fecha, se las ha excluido (dirección estratégica, dirección creativa, dirección de arte, etc.).

Por último, es preciso incrementar el control institucional sobre los sectores más sexistas y menos colaborativos y sobre las empresas reincidentes que diseñan estrategias de comunicación y campañas publicitarias claramente sexistas. Una situación que por su propio inmovilismo y reiteración ya debe ser considerada constitutiva de delito de odio hacia las mujeres, y, por tanto, ajeno a la libertad de expresión del anunciante, pues si en vez de sexismo se hablara de racismo, las instituciones y, probablemente, la fiscalía, hubieran actuado rápidamente para imponer la ley y reponer los derechos agraviados.

 

Se buscan hombres de verdad

enero 23, 2018 en Miradas invitadas

Nuria Coronado (@NuriaCSopena). Soy periodista, editora, asesora en comunicación y autora de Hombres por la Igualdad (Ed. LoQueNoExiste). Cursé los Másteres de Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Escuela Aliter). Fui becaria Erasmus y Leonardo en Roma. He desarrollado mi carrera desde hace 25 años a caballo entre el periodismo (colaboro con El Español, 20 minutos, Diario 16, Público y AgoraNews, entre otros medios), la comunicación (soy responsable de Comunicación y RR.PP. de Juan Merodio), y la organización y  presentación de eventos. Tengo dos hijos, creo a pies juntillas en el feminismo y en el activismo como única forma de defender nuestros derechos.

Cada día siento más la certeza absoluta de que el feminismo es una revolución imparable con todas la de ganar. Serán muchos los pasos que tengamos que seguir dando pero el fin del patriarcado descarnado y absolutista que hoy nos reina y pisotea está más cerca que nunca. Y lo está porque hemos decidido dar volumen al silencio y hemos roto el miedo a hablar y a denunciar.

Las mujeres hemos dicho ¡basta ya! y lo hemos hecho en manada, con toda la fuerza que nos da la naturaleza que nos pare y nos une. Las mujeres ya no bajamos la cabeza. Las mujeres denunciamos. Las mujeres sentimos más que nunca, tal y como decía Simone de Beauvoir, que nada puede sujetarnos o encarcelarnos porque “la libertad es nuestra única y propia sustancia”.

Ese alzar la voz no es ni fácil ni gratuito, tiene consecuencias muy dolorosas. Pero aun así merece la pena. “A las mujeres nos matan más porque ahora nos atrevemos a denunciar. Porque hemos decidido dejar de callar”, tal y como siempre recuerda una gran mujer que como Marina Marroquí un día dijo basta a quien la humillaba y maltrataba. Y así, acelerando cada vez más el paso, es como nos hemos convertido en ese movimiento de sororidad, que tan bien define la fiscal Inés Herreros, y que ella llama  Mujeres Tormenta “es esa alianza entre hermanas que dentro de este contexto patriarcal en el que vivimos, evidencia que no es cuestión de fuerza vencer la tormenta, sino que somos nosotras la misma tormenta. Una tormenta de paz”, recalca. 

A esa tormenta necesitamos sumar otra más. La que parte del otro sexo. Requerimos para ya mismo de la complicidad de los hombres sensibles que procesan como nosotras la igualdad. Hombres que, como bien describe Miguel Lorente en el prólogo de mi libro Hombres por la Igualdad, dejen de mirar para otro lado y también dejen de callar. “La sociedad está cambiando y la inexpugnable cultura del machismo ya muestra importantes fisuras y trozos de muralla caídos, pero ese cambio en verdad es una transformación asimétrica de la realidad, puesto que está siendo protagonizado y liderado por las mujeres. Los hombres, en su gran mayoría, están ausentes, muchos de ellos en una posición de aparente neutralidad, algo que forma parte de las trampas de la cultura, y otros, demasiados, incluso son seducidos por los nuevos planteamientos del machismo y su posmachismo, para de esa forma perpetuarse en los privilegios”, dice.

Unas impunidades que entre unas y otros tenemos que derrocar con algo tan simple y efectivo como es el señalamiento público. Porque es urgente, tal y como arenga  Octavio Salazar no solo visibilizar las víctimas de las múltiples violencias machistas, sino también a los sujetos que las provocan y las alimentan. “Para señalarlos con el dedo, para deslegitimarlos, para en su caso aplicarles las consecuencias sancionadoras de las leyes, pero sobre todo para que socialmente sean catalogados como malos ciudadanos, como sujetos que deberían ser expulsados del pacto. Y ahí los hombres tenemos mucho que hacer y qué decir con respecto a los comportamientos y actitudes de nuestros iguales. Por eso deberíamos incluso superar el discurso a veces en exceso victimista que se adopta en estos temas, que puede dar la sensación incluso de un cierto paternalismo sobre las mujeres, y poner el énfasis en las responsabilidades masculinas”, subraya.

Necesitamos de esos hombres tormenta a los que ni les importe ni les de miedo someterse a la autocrítica de su masculinidad y la de sus iguales tan bien aprendida durante siglos. Hombres, que como nosotras, superen los silencios. Hombres que dejen de ser cómplices de una estructura brutal y despótica. Hombres aliados en lugar de encubridores. “Activos militantes que no se limiten a la tarea de mirarse en el espejo si no a la de deconstruirse”, que tan bien describe Salazar.

Con ellos a nuestro lado se escribirá la historia de verdad porque será la historia que nos represente a tod@s. Mientras que eso no llegue, las mujeres seguiremos batallando, lloviendo feminismo, para que el resto del mundo se empape de él. Y por más paraguas que algunos saquen, no les va a valer de nada. Palabrita de mujer.