La Pared Vacía

noviembre 5, 2019 en Miradas invitadas

Marta Marne (@Atram_sinprisa). León (1979). Estudié Historia del Arte, Biblioteconomía y Documentación. En 2011 nació Leer sin prisa, un blog sobre literatura generalista que fue tiñéndose de negro. A lo largo de estos años he colaborado con la revista Fiat Lux y con Culturamas. He sido la jefa de prensa del festival de Las Casas Ahorcadas de Cuenca durante tres años y su CM durante uno. Actualmente trabajo para El Periódico de Cataluña como crítica literaria y en septiembre de 2019 he creado una nueva página web especializada en creadoras de ficción y no ficción negro-criminal llamada La Pared Vacía.

 

El 26 de marzo de 2016 la organización de la Semana Negra de Gijón anunció en una rueda de prensa los escritores nominados a sus premios. Cada año suelo publicar dicha lista en mi blog Leer sin prisa y aquel año, tras compartirla en redes sociales, tuvo que ser el escritor Toni Hill quien me hiciese ver que entre las dieciocho personas que optaban a alguno de los premios no había ni una sola mujer. En aquel momento estaba emocionada porque en la lista aparecían varias novelas que había apoyado con mis reseñas y que esperaba ver nominadas. Pero eso no es excusa: estaba tan acostumbrada a este tipo de conductas dentro del mundo de la literatura de género negro que no me di ni cuenta.

En ese mismo momento me volví hacia mis estanterías. ¿Cuántas obras escritas por mujeres había leído yo durante el año anterior? La lista era muy corta, tan corta como escasas eran dichas obras sobre mis baldas. Mi manera de escoger lecturas por aquel entonces venía determinada sobre todo por las novedades editoriales y los autores que iba descubriendo en las distintas semanas y festivales negros que inundan nuestro país, a los que asisten mayoritariamente hombres.

Ese día supuso un punto de inflexión para mí como lectora. Empecé a fijarme mucho más en las escritoras cuando veía una en mi librería de cabecera y no dejaba de buscarlas en los boletines que publicaban las editoriales. En las entrevistas en la radio, en podcasts, en reseñas de blogs, sí, había siempre dos o tres muy mediáticas, pero el resto apenas eran citadas.

A lo largo de estos tres años he invertido muchas horas en conocer a autoras contemporáneas y rastrear a autoras clásicas. Y clásicas las hay, incluso traducidas. Me he hecho con una pequeña biblioteca con nombres como Vera Caspary, Margaret Millar, Leslie Ford, Anne Hocking, Hellen Reilly, Frances Crane, Margaret Scherf, Charlotte Armstrong, Dail Ambler o Sara Paretsky, entre otras.

A lo largo de estos años he vivido momentos en los que he sufrido discriminación más o menos directa en este mundillo. Y eso que me considero una privilegiada porque sé que son varios los que respetan y valoran mi criterio. Pero el detonante ha venido al escuchar las anécdotas de situaciones que varias autoras de nuestro país han tenido que sufrir cuando han asistido a festivales negro-criminales. Todo este cúmulo de circunstancias me ha llevado a la conclusión de que a muchas de ellas no se las ve, no se las lee porque no consiguen la visibilidad que alcanzan sus compañeros. Así que decidí crear una especie de habitación propia para ellas, un pequeño espacio virtual que tan solo busca que no tengan que competir por un rinconcito. Y lo he llamado La Pared Vacía. La gran mayoría de las webs de género negro, los festivales y sobre todo los premios se olvidan de ellas una y otra vez. Y en muchas ocasiones es tan solo debido a que el número de novelas escritas por hombres y el de escritas por mujeres de quienes seleccionan y nominan no se acercan ni de lejos a un 50-50.

¿Se publica a más escritores que escritoras de género? Sí, yo diría que sí. ¿Se lee en función de ese porcentaje? No, estoy convencida de que no. Por supuesto, hay espacios en los que sí podemos encontrar un reparto más igualitario y varios autores ya se acuerdan de ellas cuando les piden recomendaciones de libros. Pero en veintidós años tan solo una mujer ha ganado el Dashiell Hammett, uno de los premios más valorados dentro del género en este país. Algunos festivales siguen invitando tan solo a un porcentaje mínimo de autoras a sus mesas, algo que repercute no solo en que las conozcan los asistentes, sino en su presencia en la prensa. Y si se las invita, es para colocarlas en mesas de forma aislada para hablar de cómo ellas abordan la novela negra. Como si lo que escriben ellas fuera un subgénero, “obras escritas por mujeres y para mujeres” o algo así. Y no son pocos los que siguen pensando que lo que escriben las mujeres no cabe dentro del género, tan solo porque no se adapta a unos cánones que se establecieron (al parecer de manera inamovible) por hombres hace cerca de cien años.

Somos lo que miramos

octubre 22, 2019 en Miradas invitadas

Braulio Gómez Fortes: Soy Doctor en Ciencias Políticas y Sociología.

A veces me hago preguntas sobre problemas políticos y sociales y consigo financiación para encontrar respuestas. Lo que suelo encontrar son más preguntas. Aprendo encontrándome con diferentes. Orgulloso de formar parte del Rabba Rabba Girl.


Mirar bien ayuda a cambiar lo que está mal. Unas veces mirar bien está relacionado con posar la mirada en el sitio adecuado. Otras, con utilizar las gafas con la graduación precisa para que no se te escape la letra más pequeña de la realidad. Si miras porque te interesa cambiar lo que está mal, estarás contemplando ese traslado colectivo que están protagonizando las mujeres y que resumía tan bien Pilar Kaltzada en un lúcido ensayo en formato mini publicado en este espacio temático de las miradas. Es un movimiento masivo hacia espacios de la esfera pública y privada donde los recursos y la libertad de decidir eran hasta hace diez minutos cosa de hombres. Y las candidatas habituales a quedarse fuera de este incipiente y justo éxodo hacia una vida mejor vuelven a ser las que no tienen recursos económicos. Otra vez con la maldita clase social. Qué pesadez. Pero es que también la pobreza es más femenina que masculina.

La recién premiada con el nobel de economía, la francesa Esther Duflo, sabe mucho de pobreza y de mirar bien.  Ella ha roto las barreras académicas para poder avanzar en los mecanismos que se pueden activar para luchar contra la pobreza a través de un contacto directo y profundo con las afectadas. La última premio nobel de economía mira a la pobreza porque le duele y cree que se puede corregir. En su último libro, publicado recientemente en castellano, Esther Duflo analiza de forma hiperrealista el modo de organizar su propia vida que tienen personas sin recursos. Se acerca a la gente que cuenta con menos de un euro al día para sacar adelante su proyecto vital. Y destaca cómo la educación es uno de los factores que ayudan más a salir de la pobreza y, al mismo tiempo, la imposibilidad de gestionar adecuadamente la educación de tus hijos sin recursos.  Muchas familias se ven condenadas a concentrar sus recursos en uno solo de sus hijos y lo habitual es que no sea una mujer la elegida para salir de la pobreza.

Somos lo que miramos.  Por ejemplo, unos miran el fraude, residual, de la Renta de Garantía de Ingresos y otras se fijan en la feminización, real, de la pobreza en Euskadi. Siempre me ha llamado la atención la naturalidad con la que se asume que el complemento por monoparentalidad de la RGI este monopolizado casi en exclusiva por las mujeres. El 95% de las personas que lo piden son madres que no tienen los recursos suficientes para poder sacar adelante por sí solas a sus hijos. Tan solo el 5% son padres con hijos a su cargo que tienen que activar esta ayuda. Los hogares cuya persona de referencia es una mujer tiene significativamente más probabilidades de caer en la exclusión social que aquellos hogares con un único cabeza de familia masculino.

El reparto asimétrico de los recursos económicos permite mantener esta situación de desigualdad respecto a las mujeres. El dinero da seguridad y poder y ayuda a florecer esos hiperliderazgos masculinos de los que hablaba Eva Silván y que utilizan sus recursos conquistados en una carrera desigual de partida  para afianzar sus posiciones, controlar el acceso a sus cotos de poder y  proteger sus privilegios evitando en lo posible compartir sus espacios. Una de las, malas, explicaciones de por qué las mujeres no llegan con facilidad a la actividad política era que se pensaba que la política no iba con ellas. Durante muchos años se ha llamado la atención sobre la falta de interés por la política de las mujeres en relación a los hombres.

Eso decían los que miraban de forma equivocada y con herramientas científicas defectuosas. Tuvieron que venir politólogas de la talla de Mónica Ferrín,Marta Fraile o Gema Garcia-Albacete a mirar mejor, a mirar con otras gafas y con otras herramientas porque se estaba preguntando mal hasta que llegaron ellas. Se estaba llamando política a lo que interpretan los hombres como política. Con su estudio, llevando las gafas adecuadas y mirando dónde hay que mirar demuestran que las mujeres se preocupan tanto o más por la política que los hombres. Lo que sucede es que llaman política a otra cosa. Las políticas sociales, incluida la lucha contra la desigualdad y la pobreza, son las que marcan la agenda política de las mujeres. También la sanidad, la educación y el cuidado de mayores y niños. La política como algo concreto. Y por eso el desbordamiento que han producido sus últimas manifestaciones del 8 de marzo han chocado con la tradicional idea masculina de entender la política.  La lucha contra la pobreza es política como bien sabía Esther Duflo y la mayoría de las mujeres a las que se atribuía equivocadamente un desinterés por la política.

Creo que en el campo de la investigación ya no solo nos corresponde poner nuestra mirada en los problemas que sean más necesarios y urgentes solucionar por criterios de justicia o éticos. También hay que perder el miedo a cuestionarse herramientas e instrumentos de medición que han estado monopolizados por la mirada masculina, con todas sus limitaciones. Por ejemplo, si nos preocupa la pobreza y su feminización habrá que escuchar mucho más a las mujeres e  invertir en incorporar más miradas femeninas al espacio científico y político donde se construyen soluciones para erradicar la pobreza. Y ya sabemos que las mujeres quieren estar ahí.

 

El teatro: un espacio para la transgresión de lo real

octubre 8, 2019 en Miradas invitadas

María San Miguel (Valladolid, 1985) @MariTriniSanMig. Soy creadora y actriz. Licenciada en Periodismo y Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, donde comencé a estudiar teatro con mi maestro Domingo Ortega. Estoy formada en la escuela de María del Mar Navarro y he estudiado y trabajado con diversos profesionales nacionales e internacionales de las artes escénicas. En 2009 fundé Proyecto 43-2, compañía de teatro documental en la que produzco, escribo y actúo. El teatro me parece una de las armas más poderosas de transformación política. Me interesa mucho llevar a escena las violencias y los márgenes que conforman nuestra sociedad.

Foto: Luis Gaspar

 

 

Las mujeres estamos faltas de referentes.

El patriarcado nos ha señalado un camino en el que los ejemplos de acción, carácter, éxito y formas de estar en el mundo están encarnados por hombres.

Yo misma he admirado (y admiro) a muchos hombres a quienes he tenido (y tengo) como modelos a seguir.

De hecho, he idealizado a muchísimos de ellos, lo que ha resultado ser catastrófico para mis relaciones sentimentales, pero también para mi autoestima y el valor que me otorgo a mí misma en el ámbito personal y profesional.

El acercamiento a la teoría feminista que llevo realizando desde hace ya algunos años y la fuerza con la que ha llegado (espero que para quedarse) esta cuarta ola me está haciendo despertar y ser consciente de todos los mandatos que afectan tanto a nuestra vida privada como a nuestra proyección pública.

Aún así, no consigo desprenderme del síndrome de la impostora ni dejo de exigirme una perfección y una capacidad de trabajo infinitamente más rígidas que las que (estoy segura) desarrolla cualquier hombre sobre sí mismo.

Hace diez años fundé mi compañía, pero no ha sido hasta prácticamente antes de ayer cuando me he dado cuenta de que, efectivamente, yo soy la mujer que lidera el proyecto. Que tengo derecho a equivocarme, a fracasar, pero que también los logros que hemos conseguido hasta ahora se deben a mi esfuerzo, a mi capacidad creativa y de gestión y a la relación generada para con el resto del equipo.

Durante estos años he tenido que luchar contra la falta de credibilidad (una mujer joven liderando un proyecto), contra las trabas que me he encontrado en reuniones y encuentros e incluso con los obstáculos que me han puesto algunos de los colaboradores que han trabajado en la compañía.

Pero, sobre todo, he tenido que combatir contra el juicio constante al que me he sometido (y sigo sometiéndome) cada día.

Me atrevo a decir que he sido más dura conmigo misma que lo que lo han sido otros conmigo. Y eso que, en ocasiones, el trato que he recibido y las descalificaciones han sido terribles y me han afectado gravemente a mi crecimiento como actriz y como ser humano.

¿Por qué nos ocurre esto? ¿Por qué además de enfrentarnos a la desigualdad tenemos que luchar contra nosotras mismas?

Porque no tenemos referentes.

El patriarcado nos ha mostrado que nuestro lugar es otro. Es secundario. El poder, los privilegios y las capacidades son uso exclusivo de los hombres. Las mujeres somos frágiles, inseguras e incapaces para liderar con otras herramientas diferentes a las que habitualmente se utilizan.

Entonces pienso, ¿qué puedo hacer yo como creadora, además de reivindicar el lugar que me pertenece?

Puedo llevar a escena a mujeres que rompan los patrones de comportamiento con los que hemos sido educadas.

Mostrar otras realidades.

Visibilizar a mujeres que transgreden, que son sujetos activos con todas sus contradicciones, miedos y creencias.

Las creadoras tenemos la responsabilidad política de generar otras narrativas.

De llevar a escena a mujeres que rompan con lo establecido. Sin miedo a equivocarnos.

Es curioso, pero hace relativamente poco tiempo me di cuenta de que las mujeres que protagonizan Rescoldos de paz y violencia, la trilogía de teatro documental sobre la violencia en el País Vasco en la que he trabajado desde 2009, son los motores de los espectáculos.

Las mujeres realizan la transgresión utilizando los rasgos de carácter que tradicionalmente se han atribuido a nosotras (escucha, cuidados, empatía) para generar espacios de entendimiento, de resolución de conflictos. Ofrecen al Otro la posibilidad de hacer las cosas de otra manera.

Cuando empecé a escribir no era tan consciente como lo soy ahora de la importancia que supone crear personajes con perspectiva de género.

Supongo que la educación feminista y libre que me han dado mi madre y mi padre está estrechamente relacionada con esta forma de imaginar y representar en la escritura y en la escena.

Pero, sin duda, el carácter documental del proyecto, la fuerza de las mujeres a las que he entrevistado y que me han acompañado en todos estos años, ha sido definitivo para que sean ellas quienes verdaderamente protagonizan la trilogía. Son fuertes y sensibles. Son sujetos activos que muestran sin temor las contradicciones, silencios y dolores que las construyen.

Las palabras y la acción que representan estas mujeres son importantes, pero es esencial el cuerpo y la estética con la que se trabaja desde la escena.

Forma parte de la representación de las nuevas narrativas. Dar visibilidad a otros cuerpos. No solo tratando de romper con el canon fascista de la belleza (como dirían las protagonistas de Lectura Fácil de Cristina Morales) que nos ha impuesto el patriarcado, sino con la forma de ser, estar, moverse y de participar en la acción que tienen los personajes femeninos.

La imagen, al igual que la palabra, conforma nuevas realidades. Por eso también es importante romper el canon de representación tradicional de las mujeres desde la presencia escénica.

Foto: Gema Graciano

El próximo 14 de noviembre estrenamos en Barcelona El contrato de Carmen Resino, un texto inédito escrito en 1973 por la autora que decidió conservarlo en un cajón por los problemas que podía causarle sacarlo a la luz en ese momento.

La puesta en escena que dirijo es un encargo de Teatro de la Riada, una compañía creada por Alba Muñoz y Sonia Pérez, que quiere dar visibilidad a dramaturgas iberoamericanas que han sido (oh, sorpresa) invisibles a pesar de la calidad de sus propuestas.

Durante todo el proceso de creación y ensayos he(mos) tenido muy presente la responsabilidad de poner en escena otros cuerpos, otras posibilidades de representación.

Es un texto duro que muestra las violencias invisibles con las que las mujeres nos hemos acostumbrado a vivir y que, además, hemos adquirido como patrón cotidiano de comportamiento.

Nora y Jasica son dos mujeres que mantienen una relación indefinida y que buscan otra manera de estar en el mundo, sin embargo, caen todo el rato en la repetición e imitación de comportamientos aprendidos.

Aún así, intentan transgredir, con todo el cansancio y el miedo que produce a veces lo desconocido.

Nos parecía importante mostrar también esta parte de lo real y, al mismo tiempo, utilizar a Nora y Jasica para imaginar otra realidad posible.

Esta es la misión que tenemos por delante. Y es obligatoria.

Plasmarnos a nosotras y a las otras.

Elaborar nuevos referentes que nos faciliten el camino hacia la igualdad real. Con todas nuestras contradicciones.

Traer lo que hasta ahora ha sido el margen a la escena, para hacerlo presente, real y central.

 

Mujeres iguales, derechos diferentes

septiembre 24, 2019 en Miradas invitadas

Ana Sande @AnaSande7. Mi nombre es Ana, y soy una joven española-noruega licenciada en Relaciones Internacionales que estudió en el Colegio Noruego de Málaga. En casa siempre he vivido el choque de culturas, el responder ante una misma situación de dos maneras diferentes. Lo que en un momento sentí como falta de identidad por no pertenecer a un lugar u otro, hoy se ha convertido  en mi mayor punto fuerte.

Siempre me he interesado por conocer el mundo globalizado actual que nos caracteriza y en qué nos beneficia. Pertenecer a dos culturas diferentes a mí me ha beneficiado en muchas cosas, y me ha regalado los idiomas que hoy hablo. Orgullosamente puedo decir que hablo Noruego e Ingles, como el español; lo cual me ha permitido conocer de primera mano a muchas personas e historias diferentes, y así, crear la mía propia.

A pesar de mi situación a simple vista favorable, ¿Por qué la condición de ser mujer joven ha dado forma en mis miras de futuro? Soñaba con pertenecer al cuerpo diplomático español, pero, ¿Cuantas mujeres Cónsul han representado a un país en el extranjero? ¿O cuántas vemos en altos cargos políticos? ¿Hasta dónde hay que luchar para llegar tan alto como los hombres? La igualdad de género ha sido una lucha continua,  habiendo  logrando grandes avances. ¿Y qué nos ha enseñado? Se ha demostrado que una mayor inclusión de la mujer en cargos de toma de decisión en los ámbitos políticos y económicos han llevado a   un mayor desarrollo en la economía, así mismo como un avance en la humanidad en general. Yo esto lo veo en la historia de Noruega.

Procuro visitar a mis abuelos paternos anualmente, que con 89 y 90 años siguen viviendo juntos en la casa que ellos mismos fueron construyendo con los años. Hoy, es una preciosa casa con vistas al mar a las afueras de la ciudad de Stavanger, en Noruega. Cuando estoy allí, ellos siempre me repiten las historias que vivieron durante la ocupación por la Alemania nazi como si fuera ayer. Noruega pasó de ser un país pobre, hasta empezar un gran desarrollo en los años 70 debido al descubrimiento del petróleo. Este acontecimiento es de gran importancia para el país, porque les permitió llevar a cabo una serie de políticas distributivas favoreciendo a todas las personas. A diferencia de otros países con este mismo recurso, como ha ocurrido en muchos países de América Latina o Medio Oriente, que no beneficiaron más que a una pequeña élite. Es más, a día de hoy Noruega se ha mantenido a la cabeza del indice de desarrollo humano (IDH) de las Naciones Unidas durante muchos años, casi ininterrumpidamente. Y es que hay que decir que la base de su alto bienestar social se ve favorecida por una población de tan solo unos 5 millones de habitantes, con grandes reservas de petróleo y políticas implementadas de inclusión social.

ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO


Fuente: Human Development Report Office 2018.
United Nations, 2018. (http://hdr.undp.org/en/2018-update).

 En la política Noruega destacan dos mujeres como Jefas de Estado, Gro Harlem Brundtland y Erna Solberg. Y estaréis pensando, ¡pues esto no es un número representativo como para hablar de igualdad en altos cargos! ¿Pero, acaso esto no es más que en muchos otros países? Para mí, esto es una representación de un avance hacia la igualdad del país. Durante muchos años, el partido trabajador “Arbeiderpartiet”, junto al lema ‘’alle skal med’’ (con todos), ha implementado medidas de igualdad de derechos y oportunidades laborales para mujeres y hombres. Y esto es algo que me sigue sorprendiendo cuando visito a mis familiares en Noruega. Mientras que las mujeres de mi familia en España temen el perder su trabajo al quedarse embarazadas, mis familiares noruegos tienen una baja de maternidad con grandes comodidades y sin el temor de perder ningún derecho laboral. Pues el hecho de tener buenas condiciones en cuanto a la maternidad es de gran importancia, esto significa que la mujer puede combinar el hecho de tener hijos con una carrera profesional. Es más, hace 2 semanas en mi última visita a Noruega, el marido de mi prima, quienes a los 29 años ya eran papas de 2 hijos, y acababan de tener su tercer hijo, me comentaba que podía elegir entre tener 47 semanas y recibir el 100% de prestaciones, o 57 semanas con el 80% de beneficios. También existe algo conocido como “la cuota del padre”, esta ley les da derecho a tener 10 semanas reservadas al ser padre, que no son transferibles a la madre en caso de que el padre no las quiera utilizar. Esto es otro ejemplo de la igualdad de género en Noruega.

Mientras que en España se estudia la aprobación de una ley que garantice la igualdad de género en los consejos de administración, la cuál se provee que entraría en vigor a partir de 2023; en Noruega, en 2005 se implementó una nueva ley que garantiza tener al menos un 40% de las mujeres en consejos de administración. Y con esto no vengo a contar qué tan maravillosa es la situación para las mujeres noruegas, sino procurar dar a conocer cómo la igualdad de género en un país puede producir un gran avance en los ámbitos socio-políticos, y en todos los demás en  general. Las comparaciones pueden llegar a ser odiosas, pues cada país está caracterizado por un contexto muy diferente que es el que va a favorecer a la política. Noruega es un país pequeño étnicamente homogéneo, por lo que es mas fácil llegar a un consenso, a diferencia de otros lugares donde hay más fragmentación social. Así mismo, el país ha conocido una evolución histórica muy rápida. Y como históricamente hemos podido comprobar, la igualdad de género no es algo que se pueda conseguir con una sola política, es un largo proceso que necesita una concienciación social. Pero si algo tengo claro, es que para llegar a una mayor igualdad social, se debe empezar con cambios en el ámbito laboral, pues el desarrollo no vendrá de un día para otro, pero será un paso seguro hacia un mayor desarrollo.

Sobre la necesidad de divulgar la historia de las mujeres

septiembre 10, 2019 en Miradas invitadas

Irati Santos Uriarte @IratiSantosU. Hace diez años descubrí que había una Historia que no me estaban contando. Desde entonces la busco, la recopilo y la escribo. Ahora la comparto a través del proyecto ‘¿Por qué nadie me contó la historia de las mujeres?’, un espacio online en el que reflexiono sobre la invisibilización de lo femenino en la Historia.

No se me ocurre forma mejor de introducir este artículo que con una lista de porqués: ¿por qué es más caro comprar una edición completa de las obras de María de Zayas que una de Cervantes?; ¿por qué me han convencido de que las mujeres no han hecho nada hasta bien entrado el siglo XX?; ¿por qué la sociedad ha constituido lo femenino en la subordinación y lo masculino en la acción?; ¿por qué no había ni una sola mujer en mis libros de texto del colegio?; ¿por qué me tuve que interesar específicamente por los movimientos femeninos para saber de Mary Wollstonecraft?; ¿por qué no sabía que Margaret Cavendish escribió uno de los primeros relatos de ciencia ficción de la historia en el siglo XVII?; ¿por qué cuando escribo en internet el apellido Schumann solo me aparecen resultados de Robert Schumann? ¿Y Clara Schumann? ¿Acaso no fue ella una gran pianista?

Hace unas semanas asistí en Bilbao a la presentación del libro Mujeres, dones, mulleres, emakumeak y me quedé con una frase que allí pronunció la historiadora Mary Nash. Hablando de lo difíciles que habían sido sus inicios como investigadora de la historia de las mujeres, comentó que “una cosa era hablar con el núcleo convencido y otra intentar cambiar las tendencias historiográficas”. Aquello me hizo reflexionar, pues, sin duda, quienes allí estábamos éramos, precisamente, el núcleo convencido, gente que se interesa específicamente por los estudios femeninos, que entiende que hay un agujero negro en el relato histórico que el modelo patriarcal ha impuesto. No parecía haber curiosos. Creo firmemente que se está consiguiendo en el ámbito académico esa revisión historiográfica, pero también creo que falta contar esa “otra” historia al público no especializado.

Falta divulgar la Historia de las mujeres.

Esa historia ha de divulgarse en primer lugar en las escuelas. Hace no mucho nos encontrábamos con la noticia de que la presencia de mujeres en los libros de texto escolares no llega al 10 %. Es incomprensible y tremendamente contraproducente. Se hacen esfuerzos, algunos reales y otros de propaganda, para que los niños y niñas crezcan en igualdad. Se les enseña que una mujer no es menos que un hombre; se les educa en la no violencia, en un lenguaje inclusivo, en la no distribución sexista del espacio de juego… Son iniciativas necesarias, vitales diría yo, pero se quedan cojas al no ofrecerles modelos de conducta y erudición femeninos.

Sobre esta falta conversaba el otro día con un profesor de historia de bachillerato. ¿De quién es la responsabilidad? Me dejaba claro que se ajustan a una pauta, que la materia “obligatoria” es extensa y que el margen para ponerse creativos es más bien justito. Él concretamente dedica unas horas a lo largo del curso a introducir la obra de las mujeres: habla a sus alumnos de Sofonisba Anguissola, de la reina Cristina de Suecia, de las formas de opresión a las que se han visto sometidas las mujeres. Pero lo hace porque él quiere; porque considera que es necesario, no porque sea parte del programa educativo obligatorio. Y la realidad es —me decía— que como los alumnos están más pendientes de estudiar para cumplir las expectativas que de ellos esperan pruebas como la Selectividad, muestran un interés que tiene que ver más con la anécdota puntual. Si los estudiantes van justos para preparar la obra de Platón, que es la que les han indicado que va a entrar en el examen de acceso a la universidad, ¿de verdad cree alguien que van a dedicar tiempo a leer la obra filosófica de Simone de Beauvoir por placer, por curiosidad? Yo no lo hice. No me daba tiempo a todo.

Digo por lo tanto: ¿tanto cuesta incluir mujeres en los programas educativos? No se trata solo de divulgar la existencia de ciertas mujeres en forma de breves biografías, que también, sino que es necesario que naturalicemos la inclusión de la obra de las mujeres en su contexto social, económico, académico o histórico, en la misma medida en que lo hacemos con la obra de los hombres. Es de vital importancia que, cuando en una clase de literatura se hable del Quijote, se hable también de las Novelas ejemplares de María de Zayas, mujer que conoció el éxito en vida y que mereció los elogios de sus colegas de profesión. Asimismo, todos los escolares deberían ser conscientes de que, además del famoso despotismo ilustrado que tanto nos han enseñado, se dieron interesantes debates filosóficos en los que algunas mujeres (privilegiadas, eso sí) participaron. Y que estas, como Josefa Amar y Borbón, publicaron su obra y consiguieron hacerse un hueco en la historia de España, aunque no se lo estemos reconociendo. Por cada ejemplo masculino que se ofrezca, hay que incluir uno femenino.

También convendría que se sacaran a relucir a todos aquellos hombres que han apoyado la causa de las mujeres antes del siglo XXI. ¿Alguien ha oído hablar en sus clases de filosofía de la obra de Poullain de La Barre en defensa de la igualdad de los sexos? Yo no. Nadie me contó que su obra es el perfecto resumen de la filosofía cartesiana, y que lleva la igualdad de las almas hasta su máximo exponente.

Me dirán —me lo han dicho— que guardar la proporción es difícil porque la participación femenina en las artes y las ciencias ha sido mucho menor que la de los hombres. Verdad, pero no sirve: la falta de proporcionalidad no nos excusa para ignorar a toda una mitad de la humanidad. Lanzo aquí que, quizá por escasa, la participación de las mujeres debería hacerse notar con más fervor.

Además de todo esto, no vendría mal una revisión de los autores que se imparten en las distintas asignaturas. Y me explico. Cuando yo iba al colegio dentro del temario de literatura española del siglo XVI se incluía a Fray Luis de León. Perfecto. Pero cuando se habla de La perfecta casada, convendría profundizar más allá del “expone el ideal de mujer típico de la época”. Se debería informar al alumnado de que, entre otras perlas, escribe de la mujer que “si no tiene esto [honestidad] no es ya mujer, sino alevosa ramera y vilísimo cieno y basura, la más hedionda de todas y la más despreciada”. Esto podría dar pie a un interesantísimo debate sobre las posturas misóginas y hasta se podrían hacer comparaciones con la actualidad. Y no vale el “es hijo de su época”: Christine de Pizan ya había escrito La ciudad de las damas más de un siglo antes para combatir estos insultos. Y este es sólo uno de los múltiples casos de autores misóginos que pasan por nuestra vida educativa sin que prácticamente nos demos cuenta.

Si los poderes que tienen capacidad para cambiar los programas educativos hiciesen algún esfuerzo en este sentido, quizá saldríamos de los colegios y las universidades un poquito más predispuestos a la igualdad.

Ya lo dice la canción de Mavis Staples…

julio 23, 2019 en Miradas invitadas

Nerea Kortabitarte (@nerekorta)
Periodista de profesión y madre a jornada completa de dos feministas en potencia. Me apasionan la comunicación y la cultura. Y tengo la enorme suerte de dedicarme a ello profesionalmente desde hace veinte años. He trabajado tanto en el sector privado (Fnac, Telecinco, Cadena SER, Irusoin) como en el público (Donostia Kultura, Plan Estratégico) para diferentes proyectos culturales. En otoño publicaré mi primer cuento infantil sobre estereotipos de género e igualdad, “Juliette, chica valiente”.


«Las mujeres lideran el Primavera Sound» éste es el titular de la noticia destacada en la sección de cultura de un periódico de tirada nacional. La organización del Festival en Barcelona ha presentado este año un programa regido por la paridad. El resultado no sólo no ha mermado un ápice la calidad de las propuestas si no que además arroja titulares como éste por su mero valor artístico. Ya era hora, dicen muchos. Nunca es tarde, pienso yo. Más cerca, el Heineken Jazzaldia presenta una edición donde resalta el talento femenino. Grandes voces femeninas como la mítica Joan Báez, Diana Krall, Silvia Pérez Cruz, Martirio, María Schneider o Zahara entre numerosos nombres masculinos. La buena noticia es que aunque sigan siendo minoría las mujeres, los programadores son ya muy conscientes de que la sociedad reclama una mayor igualdad en todas las esferas de la vida pública. Ya no hay marcha atrás… en el mundo de la cultura, como en la sociedad, se reclama esa visibilidad.

Cuenta Cande Sánchez, profesora de Semiótica e Industrias Creativas en la Universidad de Alicante, que Madonna es la única mujer comparable en cifras, según la revista inglesa Official Charts, a Michael Jackson, Elvis Presley, The Beatles, The Rolling Stones, David Bowie, Bruce Springsteen y U2. Prepara una parte del curso de verano Rock and Roll Business. El Negocio de la Música Contemporánea en la Rafael Altamira. Ella, la única ponente femenina, aprovechará para disertar sobre la evolución de la mujer en la música popular, de grupies a sujetos activos que conquistan los escenarios y otros trabajos de la industria. Para reflejar la desigualdad existente por cuestión de género explicará cómo cada artista ha tenido que luchar por una o varias de estas cuestiones, con ejemplos que a todos nos resultarán familiares: sentimiento de culpa y Chrissie Hynde, síndrome de la impostora y Lady Gaga, acoso laboral y Bjork, violencia de género y Tina Turner, renegar del feminismo y Patti Smith… Una buena sesión de feminismo en la industria de la música, que falta hace.

En una entrevista reciente Anna Villarroya, profesora de Economía de la Cultura y Políticas Culturales y colaboradora del Observatorio Social de “La Caixa”, decía que las aulas están llenas de estudiantes mujeres en materias relacionadas con la cultura y, sin embargo, al llegar al mercado laboral una buena parte de ellas desaparece. Los motivos son varios, problemas de conciliación que se agravan si trabajas de noche o los fines de semana dando conciertos, estereotipos sociales y sesgos de género inconscientes que hacen que las mujeres reciban menos reconocimientos. Y ésta es una realidad que vemos a diario los que nos dedicamos a la programación y comunicación cultural, muchísimos grupos de música con todos sus miembros formados por hombres, algunos de ellos con mujeres sólo al mando de las voces y pocos en su totalidad formados por ellas y concursos de DJ,s, por poner un ejemplo, donde la presencia femenina es residual.

¡Y qué decir del mundo de la literatura! Según datos del Ministerio de Cultura, de los 55.501 libros registrados en 2018, solo el 32% fueron de autoría femenina. Por primera vez se ofrece información acerca del sexo de los autores de las obras registradas en el ISBN y se ha constatado un panorama de desigualdad sobre la mesa en prácticamente todos los apartados culturales. Hace dos meses se celebró en México una nueva edición de la Bienal Vargas Llosa con una proporción de tres mujeres ponentes frente a trece hombres y una mujer miembro del jurado frente a cuatro hombres. La respuesta a un manifiesto de decenas de autoras y autores, editores y agentes de ambas orillas contra el “machismo literario” en el Festival ha sido que se ha seguido el criterio de la “calidad literaria”. Invisibles y peor aún, ninguneadas. La escasez de mujeres no es cuestión, claro está, de calidad sino de mirada. Porque la literatura de calidad está llena de mujeres. Y quien quiere mirar, encuentra.

Con este escenario de cambio lento pero cambio al fin y al cabo, lanzo dos propuestas. La primera y más importante, un llamamiento a las mujeres con talento creativo del mundo en general y de la escena local en particular. Ya está bien de renunciar y de permanecer en un segundo plano. Pasemos a la acción. Saquemos las melodías y los escritos guardados en un cajón, los proyectos de cine de la juventud y seamos valientes. A publicar discos y libros, a crear, a dirigir proyectos culturales, a estrenar películas y a dar el paso firme de formar parte de la escena cultural. Ya lo dijo Ana María Matute “El mundo hay que fabricárselo uno mismo, hay que crear peldaños que te suban, que te saquen del pozo. Hay que inventar la vida porque acaba siendo verdad”.

Y en segundo lugar, ahora que vamos a poder dedicar un poco más de tiempo a lecturas olvidadas, conciertos a la luz de la luna y cine en la calle, consumamos cultura creada por mujeres. Y por hombres también. No es algo excluyente, sino un sano ejercicio de coherencia. Que buena parte de los libros que leamos sean escritos por mujeres, que vayamos a conciertos de grandes músicas y que sigamos de cerca los últimos films de directoras, productoras y actrices. Es la única manera de visibilizar y la mejor forma de darles su justo espacio y merecido reconocimiento.

Yo ya tengo mi selección en la maleta de viaje: “Poemas” de Emily Dickinson, “Entre escamas” de Leire Bilbao, “Los aires difíciles” de Almudena Grandes “Eason” de Izaro, “We get by” de Mavis Staples y estrenan película este verano de Marina Seresesky y Valeria Bruni Tedeschi.

Ya lo saben… seamos, si es necesario, incómodas. Feliz verano.

“We shall not be moved” Mavis Staples

Liderando con valores

julio 9, 2019 en Miradas invitadas

Patricia Rodríguez Barrios. Nací en San Sebastián, en el año del Mundial de naranjito. Soy la única directora general de un club de fútbol de La Liga. El deporte ahora es mi modo de vida, pero en todo momento ha sido mi chaleco salvavidas para mantenerme a flote mentalmente y como herramienta de constancia y superación. Y esto ha contribuido a ser mentalmente fuerte y a tratar de lograr lo que me propongo. Por eso, estoy firmemente convencida de que nuestra sociedad va a lograr evolucionar hacia la igualdad de oportunidades sin discriminación de género y por mi parte seguiré trabajando desde mi posición para dar la máxima visibilidad al feminismo y un día lograr no ser la única.

“Vamos guapa pásame la tarea”. Ese fue el mensaje que me envió un compañero que jerárquicamente dependía de mí. En ese momento no supe qué contestar, sentí mucha rabia, pero no quería mostrarla. Si una mujer reacciona con vehemencia a ese comentario, generalmente luego tiene que soportar que le afeen la conducta con el famoso: “¡Cómo te pones, era una broma!”. Siempre tememos que nuestro enfado se achaque a una “típica rabieta de mujer”. Conocemos bien los estereotipos que sobre nosotras manejan, pero no sabemos, muchas veces cómo contestar. Nos pilla de sopetón. En ese momento me callé. La última imagen que yo deseaba proyectar era esa. Mi objetivo, entonces, ser uno más.

¿Conseguimos eso? Yo creo que en muchas ocasiones lo he conseguido. He tenido que demostrar mis conocimientos y preparación un 200% más que cualquiera de ellos. Entonces sí he sido uno más. Las mujeres nos sentimos intrusas porque nos consideran intrusas. En cada acto en el que participamos mujeres como expertas, fijaos, siempre hacemos referencia a la sorpresa que nos produce haber sido invitadas, y no es falsa modestia. Tenemos marcado a fuego que la mujer tiene que valer y merecer estar en puestos de poder, un poder ejercido de manera y modo masculino que constantemente nos recuerda que somos la excepción. Y como en otros problemas estructurales, la excepción confirma su regla: si yo estoy dentro es porque lo merezco, porque otras no se esfuerzan lo suficiente, porque las mujeres no quieren, porque la que quiere llega que ya hay igualdad.

Según datos facilitados por la organización Women in Business, en la Unión Europea solo el 26% de los puestos directivos están ocupados por mujeres y el 36% de las empresas no tienen mujeres en la alta dirección. En este mismo estudio se concluye que, mientras que la mayoría de las mujeres se consideran igual de capaces que sus compañeros, la mayoría de los hombres se consideran más capaces que sus compañeras. En general a los niños se les enseña a ser valientes y a las niñas a ser prudentes.

No fue este mi caso. Mi padre siempre ha creído que me habían dado una educación machista, sin embargo él ha sido la persona que más se ha esforzado por inculcarme los valores del feminismo y de dejarme clarísimo que tenía que ser independiente, ser ambiciosa y luchar por conseguir mis sueños y por alcanzar las metas que me había fijado con trabajo, mucho trabajo, sin pensar nunca en estereotipos ni en el papel estándar que una sociedad machista como la nuestra, tuviese preparado para mí. Sociedad machista hasta ahora porque es el momento de cambiar y de educar en igualdad de oportunidades.

Dudo mucho que mis padres hubiesen educado diferente a un hijo de lo que han educado a su hija. Libertad para decidir siendo fiel a mí misma, sin influir ni inculcar estándares o prototipos de vida, respetando decisiones, y siempre en la retaguardia esperando para celebrar o consolar.

Pero al igual que nuestra sociedad ha cambiado en estos dos últimos años, yo también lo he hecho. la primera respuesta a esta sensación de intrusa, por lo general, y como yo hice, fue el individualismo: trabajar más, esforzarse el doble que tus compañeros, estar demostrando a diario que vales, generalmente, más que ellos. A muchas mujeres les incomoda organizarse y llamarse a sí misma feminista. A mi no. Empecé a preguntarme por qué siempre esta sociedad nos empuja a hacer algo a las mujeres: denuncia, di no es no, protégete, no te rindas, pelea, se mejor, trabaja más, ten paciencia… Sin embargo, al hombre no se le dice que no tiene ninguna superioridad social, ni moral, ni intelectual, ni ningún derecho biológico, político o cultural sobre las mujeres, que no es más listo, ni más inteligente, ni debe aprovecharse de lo injusto de esta situación. Y desde ese convencimiento feminista empecé a cambiar. Y estoy contenta de haber evolucionado. De empezar a demostrar mi parte más humana que guardaba para la más estricta intimidad, por aquello de no parecer sensible como una mujer. Y me está dando muchas alegrías porque recibo lo que muestro.

He aprendido a pedir ayuda, a reconocer que no puedo sola con todo y que, aunque pueda, no debo hacerlo porque, además de dejarme agotada, me aleja de los que quiero. Porque nos gusta ayudar y sentirnos útiles, necesitamos el sentimiento de pertenencia a otras vidas. Ser influencers de los que nos quieren y queremos. Y, estoy convencida, además, de que las superwoman están pasadas de moda.

Decidí empezar a liderar, a trabajar en equipo, a tomar mis decisiones como lo que soy. Ejerzo un feminismo militante, en mis decisiones más graves y más livianas. El feminismo es igualdad y libertad. Dirijo como quiero, siempre con las personas y los principios en el centro, no con estereotipos, sin prejuicios de género, sin sentirme intrusa porque no tengo que preocuparme de demostrar que ese es mi sitio. Lo es, el mío y el de tantas otras. Ahí precisamente radica en cómo ejerzo el feminismo, en la libertad de decisión ante la igualdad de oportunidades Y como el hábito no hace al monje, no soy menos feminista por llevar tacones ni más femenina por llevarlos. Llevo lo que quiero y cuando quiero porque es mi forma de ser creativa. Unos dibujan, otros fotografían y yo me visto.

“¡Científica tenías que ser!”

junio 25, 2019 en Miradas invitadas

(A) Ángela Bernardo (León, 1988). Soy licenciada en Biotecnología y trabajo como redactora en Civio, una organización sin ánimo de lucro que lleva a cabo investigaciones periodísticas en diversos ámbitos, incluida la salud. Además, realizo la tesis doctoral a tiempo parcial en Bioderecho y Bioética. Estudio las implicaciones de la edición genómica y su relación con la libertad de investigación.

(G) Guillermo Lazcoz (Vitoria-Gasteiz, 1991). Licenciado en leyes. Mi interés por la bioética me hizo volver a la universidad. Ahora desarrollo una tesis sobre las decisiones algorítmicas aplicadas al campo de la salud, eso que los gurús de la autoexplotación llamaban BigData y ahora pronuncian InteligenciaArtificial. Trato de mantener una línea paralela de investigación sobre prácticas de maternidad subrogada.


 A continuación, nuestra conversación:

(G) Desde la creación en 1915 de la Residencia de Señoritas, dirigida por la ilustre vitoriana María de Maeztu, para fomentar el acceso de las mujeres a la enseñanza superior, la universidad ha cambiado radicalmente, a mejor. Es más, desde 1985 y hasta la fecha, las mujeres son mayoría entre el alumnado universitario. Y, sin embargo, hemos constatado que hoy tan solo representan el 14% del rectorado que dirige nuestras universidades o el 20,8% del profesorado catedrático, ¿quién expulsa a las mujeres del poder en la universidad?

(A) Los datos nos dicen que, a medida que pasan los años y a mayor escala profesional, la representación femenina se reduce gradualmente. Según los últimos estudios oficiales, hoy en día el porcentaje de mujeres menores de 30 años asciende al 60,5% en la universidad pública. Sin embargo, la tasa baja hasta el 26,4% si hablamos del personal docente e investigador mayor de 60 años. Pero ojo, la reducción no se produce solo en la universidad, sino que en los organismos públicos de investigación, como el CSIC o el Instituto de Salud Carlos III, la proporción de mujeres en los escalafones más altos es solo del 25%. Esta disminución ocurre de forma progresiva y da lugar al llamado “gráfico de tijera”, que muestra el injustificado drenaje de mujeres a lo largo de su carrera investigadora o universitaria, como se observa en las siguientes imágenes.

 

(G) Y, sin embargo, la academia guarda una perfecta apariencia de pureza. Es más, no son pocos los estudios que llegan a la conclusión de que la situación general es de neutralidad de género. En Derecho a esto lo llamamos la igualdad formal ante la Ley (artículo 14 de la Constitución), la Ley es igual para todos, luego el problema debe ser otro. Y bajo toda esa normalidad, los Nobel y la mayoría de premios científicos, siguen recayendo en vitrinas de hombres de forma abrumadora. ¿El efecto Matilda?

 

(A)  No existe un factor único que explique la desigualdad en investigación. Para progresar en la carrera científica, por ejemplo, es importante publicar y que otros colegas citen tus trabajos. Curiosamente, hay ciertas evidencias que apuntan a que los artículos publicados por mujeres se citan menos, como se ha mostrado en áreas como las Ciencias Políticas y la Astronomía. Una posible explicación es el fenómeno de la autocita, que parece ser más habitual en hombres. También suele haber menos mujeres en la organización de eventos académicos, pero cuando los organizan ellas, aumenta la cifra de científicas como ponentes; que, por cierto, son más proclives a rechazar ser conferenciantes en un congreso. ¿Puede haber cargas familiares detrás que lo expliquen? ¿O tal vez sea el famoso síndrome del impostor?

(G) Es interesante ver, desde un acercamiento nada científico, cómo el “gráfico de tijera” empieza a recortar de forma significativa la presencia de las mujeres en la carrera científica a partir de los 30 años. Intuitivamente todo esto me lleva a las investigaciones de la catedrática Sara de la Rica sobre la brecha salarial; señala que dicha brecha comienza precisamente a partir de los 30 años, cuando las mujeres deciden ser madres.

(A) Sí, no solo sucede en ciencia, claro, pero las peculiaridades de la profesión penalizan a las investigadoras. De hecho, hace unos meses lo denunciaron con la campaña #OCientíficaOMadre, ¿la recuerdas? Si bien es cierto que hubo algunos cambios legislativos, haber sido madre recientemente te impide acceder todavía hoy, por ejemplo, a uno de los contratos de investigación más prestigiosos en España, los Ramón y Cajal. Hablando de iniciativas, en 2018 se importó a España el manifiesto @No_Sin_Mujeres, por el que académicos de ciencias sociales se comprometen públicamente a no participar en ningún evento académico de más de dos ponentes donde no haya al menos una mujer en calidad de experta.

(G) Efectivamente, y lo firmé con cierto entusiasmo, pero sigo viendo demasiadas mesas que cojean de la misma pata, creo que necesitamos ir mucho más allá; no sería complicado demandar que publicásemos datos sobre el impacto de género que tienen nuestras carreras investigadoras, quiero decir, ¿cómo citamos? ¿a quién contratamos o promocionamos? ¿quiénes participan en los eventos académicos que organizamos? Todo es ponerse, ¿alguno se anima?

(A) Volviendo a la carrera de obstáculos… La carrera científica es particularmente precaria en España.

(G) Sí, nos llenamos de emoción con la llegada del Ministro astronauta, pero nos encontramos, una vez más, con agua de borrajas. Temporalidad y salarios por los suelos no parecen la mejor fórmula para retener el talento de quien asume (por imperativo cultural) de forma mayoritaria el trabajo reproductivo y de cuidados en nuestra sociedad.

(A) Es curioso, porque también existen barreras a la hora de pensar qué quieres llegar a ser. Pero no ocurre solo en la edad adulta, sino desde la infancia. Por ejemplo, la iniciativa “Dibuja un científico” nos enseñó cómo los estereotipos culturales, también aquellos relacionados con la investigación, se aprenden con la edad. Para evitarlo necesitamos educación, sí, pero también visibilidad. Mostrar que hay mujeres que han llegado a la investigación y han desarrollado carreras extraordinarias. En otras palabras, que el papel de las científicas no se reduzca solo a las brillantes Marie Curie y a Rosalind Franklin.

(G) Y enterrar la sinrazón patriarcal.

(A) Porque como decía Emily Dickinson, “ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie”. Pero para ponernos de pie, tenemos que poner patas arriba la investigación en términos de género, literalmente.

(G) Amén.

Presupuesto con perspectiva de género: Instrumento estratégico para la transformación social

junio 11, 2019 en Miradas invitadas

 

 

IRATI TRANCHE OTXANDORENA. Estudié economía para comprender lo que nos está pasando, la complejidad de la sociedad, y adquirir herramientas para su cambio; y desde que me puse las gafas moradas, soy también feminista: economista feminista. Me especialicé en política económica, y ahora intento poner todo eso en práctica a través de las políticas públicas.

 

 

Las mujeres estamos dando   pasos continuamente para ocupar el espacio y la vida pública ( este blog es buena muestra de ello – ¡gracias “Doce miradas”!-), pero todavía tenemos mucho por conseguir. Una de las consecuencias de esta falta de visibilidad es que la mayoría de las políticas públicas ignoran nuestras necesidades y prioridades. Y esto no es baladí.

En el 2018, el gasto público del Estado español supuso el 41,30% del PIB (aunque sabemos que este índice deja de lado una parte importante del trabajo que no que hacen, sobre todo las mujeres, como los cuidados, refleja el peso que tiene en la economía). Es decir, casi la mitad del valor monetario de los bienes y servicios finales producidos en el país lo generó el sector público. Esto supone que las políticas públicas son cruciales en la configuración de la sociedad y en las vidas de las personas. Así mismo, en la construcción de una sociedad feminista, el sector público tiene un papel importante.

El presupuesto es la herramienta básica de las instituciones del sector público para materializar las políticas públicas; sin embargo, los organismos o departamentos de igualdad disponen menos de un 1% del presupuesto público para fomentar la igualdad, mientras que el resto de los ministerios, consejerías, áreas, disponen del 99% del presupuesto público para seguir haciendo las políticas de siempre. El aumento o disminución del servicio de transporte público, por ejemplo, tiene un mayor impacto en las mujeres que en los hombres ya que estos utilizan más el transporte privado. Muchas de las prestaciones están ligadas al trabajo remunerado, y por tanto, excluyen a todas aquellas personas, en su gran mayoría mujeres, que no han trabajado en el mercado laboral formal. Es decir, la mayoría de las políticas, no son neutras, y por tanto, traen consigo un aumento en la desigualdad de género.

¿Esto qué significa? Que aumentar partidas concretas, para llevar a cabo ciertas políticas compensatorias no es suficiente. Hace falta que se entienda la desigualdad como un problema estructural, y por tanto, que se ponga en el centro de los debates.

Esto supondría un cambio profundo, orientando todas las políticas públicas hacia la erradicación de la desigualdad. El instrumento estratégico para conseguirlo es el PRESUPUESTO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO.

Presentación de Caterina de Tena y Rosana Pastor en el taller “Integrando la perspectiva feminista en el diseño y evaluación de políticas públicas”.IV Encuentro Municipalista contra la Deuda. Octubre 2018. Córdoba.

El presupuesto con perspectiva de género une dos aspectos que generalmente se plantean de forma bien separada: la igualdad de género y la eficiencia pública, ya que uno de los objetivos es el uso efectivo de los recursos.
El presupuesto con perspectiva de género implica un cambio de enfoque, en el que se tienen en cuenta los diversos perfiles además de género, edad, clase… contribuyendo así a proporcionar las mismas oportunidades para todas las personas. Se tiene en cuenta el impacto directo que tienen los presupuestos pero también la relación con las normas y funciones, así como los diferentes comportamientos que tienen en la sociedad los diferentes grupos. Es decir, integra las dimensiones sociales en el proceso de planificación y presupuestario de los gobiernos.

El PPG no solo implica reformas en la gestión pública, sino que refuerza y ayuda a mejorar la gestión económica y financiera, consiguiendo maximizar el impacto de los recursos utilizados en los servicios atendiendo a la diversidad de la sociedad, y además, fomenta la transparencia, ya que provee de información más detallada, y accesible a toda la ciudadanía.

Es un proceso que implica la transformación de los presupuestos, y por tanto ,de las políticas, mediante una reflexión sobre algunas cuestiones: cómo se recaudan los fondos y cómo se pierden los ingresos; si contribuye a cerrar la brecha de género; cómo afectan los ingresos y los gastos al trabajo no remunerado…

Para que esto sea posible, hace falta usar varias herramientas analíticas, que deberán recoger información desagregada por género. En cuanto al gasto, se deben analizar las políticas de los departamentos para, mediante indicadores, evaluar cómo aumentan o reducen las desigualdades. Además, es importante preguntar a las personas usuarias de los servicios si estos cubren las necesidades prioritarias. También es interesante saber a qué personas en concreto beneficia ese servicio dentro de los hogares, . En cuanto al ingreso, al impacto fiscal, hay que analizar cuánto tributan hombres y mujeres, y analizar la evasión fiscal así como la dependencia de impuestos indirectos. Por último, es también necesario analizar cómo invierten su tiempo los hombres y mujeres teniendo en cuenta el trabajo de cuidados no remunerado y cómo evoluciona este en función de las políticas, ya que las decisiones vitales están directamente relacionadas con el uso de este tiempo.

En las próximas semanas se conformarán los Gobiernos de las diversas instituciones y empezarán a trabajar para llevar a cabo sus proyectos y programas para los próximos cuatro años. Creo que tanto desde las instituciones como desde la sociedad civil debemos poner encima de la mesa la necesidad de tener unos presupuestos con perspectiva de género por varias razones: para conocer la sociedad en la que vivimos, mediante la información sobre el impacto que las políticas públicas tienen en nosotras y nuestras vecinas; y para seguir construyendo una sociedad  más igualitaria e inclusiva, es decir, una sociedad feminista.

Este artículo se ha nutrido sobre todo de los siguientes materiales:

Algunos links interesantes para profundizar sobre el tema:

Las personas y la vida en el centro

mayo 7, 2019 en Miradas invitadas

 Cristina Mendia Ibarrola (@cris230653).

Amante de la música y la amistad. He dedicado los últimos doce años a trabajar por la igualdad, diversidad y conciliación  en la empresa y en ese recorrido lento pero fructífero he tenido ocasión de participar en la sociedad a través de foros, equipos de trabajo, conferencias… compartiendo buenas prácticas y diseñando planes y estrategias que ayuden a avanzar tanto a las personas como a las organizaciones, para lograr un cambio cultural. Estamos en ello.

 

Acabamos de entregar nuestro voto para que nuestro país sea gestionado por las diferentes formaciones políticas que tienen ahora como misión diseñar el plan director que vaya dando respuesta a las distintas necesidades que como país tenemos.

Pero los países los formamos las personas, igual que las empresas consiguen sus objetivos gracias a las personas que trabajan en ellas y ahí es donde me quiero detener.

Cuando se pretende diseñar una estrategia para dar respuesta a las necesidades de una comunidad parece lógico que primero se averigüe lo que se necesita y en base a esa información idear una planificación, sin embargo en el mundo de la política, sucede al revés y se organizan los mítines o los debates, para “convencer al pueblo”, que compre algo que le venden para que se les vote y no necesariamente escuchando a las personas, sino tratando de movilizar su pensamiento durante los días que dura la campaña. Terminado el proceso las personas vuelven a ser invisibles.

Si se ha preguntado a la ciudadanía, si se ha venido trabajando con ella mano a mano, si se ha estudiado a pie de calle las necesidades existentes, lo lógico sería que se atendiera de manera ponderada a las distintas diversidades. Por eso no se entiende que a la hora de ponerse a la tarea de gobernar no sean más responsables. La diversidad hay que gestionarla. La integración de distintas miradas debería de servir para sacar partido de lo bueno de cada cual o atendiendo sobre todo a lo que afecte a una mayoría para finalmente conseguir un resultado global que responda a todas o a la mayor parte de las situaciones. Ese sería nuestro éxito como País.

Cuando en las Empresas se realizan los planes de formación y se abordan estrategias para aplicar el “ganar-ganar”, la participación, el liderazgo, la relación con las personas, la cercanía, el trabajo en equipo… porque se entiende que hace que éstas sean más eficientes, no se explica que no se plantee lo mismo para gobernar nuestro país. ¿Por qué nos bombardean con supuestos milagros económicos sin que éstos estén directamente relacionados con las personas?

A lo largo de la campaña he ido observado las promesas que se hacen para “favorecer la igualdad” para tener presentes a las mujeres, para facilitar la crianza…

Sentía cierto pudor al escuchar cómo, hombres portavoces de los partidos, relataban con cierta vehemencia lo que iban a hacer “por las mujeres” (ese es el único momento en el que se hacen visibles) y cómo incluso alguno se atrevía a publicitar los “vientres de alquiler”, cómo usaban el término conciliación asociado a las mujeres, cómo se proponía facilitar la crianza porque “España tiene un problema de natalidad” y proponiendo  soluciones para lograr que las mujeres tengan más hijos porque insistían una y otra vez “España tiene un problema de natalidad”, (también de eso nos acaban culpando). ¿Qué tal si intentaran al menos cumplir con la Ley?

Pero no se turban ante el incumplimiento sistemático de la ley de Igualdad, una ley aprobada en 2007 que fue necesario promulgar por lo injusto de la situación, y que no se cumple pero que tampoco su incumplimiento se penaliza y por eso se producen injusticias como “evitar contratar a mujeres” porque se pueden quedar embarazadas, o no se les renueva los contratos si en el anterior se ha quedado embarazada, o se les despide, o presionan en las organizaciones de manera que los hombres no se atrevan a solicitar reducciones de jornada o excedencia porque no es serio que un hombre lo solicite, eso es solo cosa de mujeres. Así ¿cómo no va a haber baja natalidad?

Se propone favorecer a las familias… y como toda solución proponen un cheque, una cantidad de dinero, como si fuera una golosina que les pudiera atraer, cuando en el día a día hombres y mujeres están sometidos a largas jornadas laborales, con horarios imposibles, que les impiden atender a sus hijos e hijas, sustituyendo el cariño y la convivencia por obtener un “poquito” de dinero.

Alarma escuchar sutiles perversiones que una vez más desvelan lo lejos que estamos todavía de conseguir un cambio de cultura que logre no tener que escuchar argumentos tan insensibles, que lejos de ofrecer apoyo a las mujeres, de permitir y favorecer que exista Igualdad de Oportunidades, continúan lanzando mensajes paternalistas que en el fondo revelan su pretensión de seguir siendo nuestros carceleros. Sólo les interesa nombrarlas para el “marchandising”

Volvemos a estar en tiempo de reflexión y de nuevo vendrán promesas que cuesta poco “vocear” pero que no siempre se traducen después en realidad.

La explosiva contestación del 8 de marzo del pasado año que marcó un antes y un después, fue una bocanada de aire que nos ayudó a seguir plantándonos y que el 8 de marzo de este año la movilización continuara siendo tan potente, a pesar de las discrepancias, sigue mostrando esa fuerza arrolladora.

Pero si después observamos en qué se ha concretado esa movilización vemos que no ha sido proporcional a la clamorosa demanda y con ello corremos el riesgo de consolidar una fecha, una fiesta reivindicativa a la que la sociedad puede ir acostumbrándose sin que se reclame a posteriori la implantación de medidas tendentes a acabar con la desigualdad y el ninguneo a las mujeres.

Recientemente se ha celebrado el 1 de Mayo, Día del Trabajo, fecha con larga tradición en la que afloran los discursos reclamando justicia e igualdad. En este momento se habla tanto desde el gobierno como desde los sindicatos de ese proyecto de renovación del “Estatuto de los Trabajadores” y me pregunto si a alguien se le ocurrirá titularlo de otra forma utilizando lenguaje inclusivo o si volveremos a caer en los mismos errores de invisibilizar a las mujeres como cuando se publicó la normativa relativa al “Regimen Especial para Empleados de Hogar”.

Claro que habrá quien diga, “esto del lenguaje es una tontería con todo lo que hay por resolver”. Pero no, no es una tontería. Lo que no se menciona no existe, por eso rechazan que queramos promover otra manera de construir nuestro relato.

Seguimos analizando los datos de la Brecha Salarial y la realidad es tozuda, sólo nombrándola no va a desaparecer. No hablamos en cambio de la Brecha de Cuidados en el caso de los hombres y se comenta como excusa, que la maternidad penaliza la promoción en el caso de las mujeres sin que nos preguntemos por qué no sucede lo mismo con la paternidad obviando la falta de corresponsabilidad en la crianza y eso permite que sigamos asumiendo ciertas desigualdades sin que nos propongamos trabajar para erradicarlas.

Sin embargo, quiero mostrar mi confianza por las pequeñas conquistas arrancadas a lo largo de los años y me reconforta saber cómo podemos actuar para provocar un rápido resultado en nuestra reivindicación.

En el ámbito laboral y social, tuve ocasión de pertenecer y dinamizar algunas sesiones en la Red DenBBora Sarea promovida por el Ayuntamiento de Bilbao y la Diputación de Bizkaia que aglutina a empresas comprometidas con la Igualdad, que han comenzado a transformar los tiempos y espacios de trabajo para implantar otra forma de gestionar teniendo en cuenta a las personas, lo que les permite innovar en los usos del tiempo.

El hecho de que sean las instituciones quienes dinamizan la Red, hace que las Empresas se sientan parte de la Sociedad ya que comparten información y en los encuentros se aportan ideas para que las instituciones introduzcan en sus diseños de ciudad, lugares y tiempos de ocio e impulsen nuevos modelos sociales que promuevan la conciliación, la corresponsabilidad y la equidad, con el fin de facilitar una mejor gestión del tiempo y la conciliación de la vida.

El resultado es positivo y cada vez más empresas de Bizkaia van adhiriéndose a la Red que sirve como vía para potenciar el feminismo que propone cambios en las estructuras de poder para poner la vida en el centro.

Hay camino por recorrer y sabemos cómo hacerlo, pero tenemos que estar alerta. No nos dejamos llevar por cantos de sirena porque tenemos que continuar esparciendo nuestra fuerza, esa fuerza que cuando estamos juntas aflora y es imparable. Tenemos tarea y vamos a ir polinizando nuestra sociedad para que nunca más tengamos que estar necesitando reclamar lo que es nuestro por derecho. Aurrera beti.