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Contraprogramar la pobreza

04/09/2018 en Doce Miradas por Ana Erostarbe

Quizá sea condición necesaria para vivir sin miedo permanente. Me refiero a esto tan humano de vivir nuestras vidas más bien de espaldas a la muerte. Quizá sea también por ello que tendemos a pensar lo justo en la vejez, fría antesala de esa habitación a la que nadie quiere entrar. Pensamos poco en cómo será hacerse mayor, en cómo viviremos esos años lentos hasta el final.

Leo a menudo titulares que me hacen tomar conciencia de que, al menos estadísticamente, jugaré en desventaja en lo que a calidad de vida se refiere. Cierto que como mujer que soy viviré en torno a 5 años más que si fuera hombre, pero -no menos cierto- lo haré siendo sensiblemente más pobre.

Según datos de 2017, solo el 42% de las mujeres cobran una pensión hoy día, y su cuantía es un 37% menor que la de los hombres. De modo que, si la brecha que nos separa salarialmente en los años profesionales ronda el 23%, la jubilación no hace sino acrecentar sustancialmente dicha injusticia. En el caso de las mujeres -de acuerdo con la doctora en Economía, Júlia Montserrat-  dos tercios de esas pensiones no llegan, además, al salario mínimo interprofesional. Es decir, que de cada 10 mujeres hoy día, solo 4 cobran una pensión, y solo 1 de ellas cobra por encima de los 700 y poco euros al mes.

Haciendo un ejercicio de empatía, cuesta imaginar lo que debe ser enfrentarse al día a día para estas mujeres, otrora “trabajadoras”. Cálculos arriba, cálculos abajo… Pero lo que de verdad duele es imaginar lo que debe ser la vida para esas otras mujeres que lo que perciben son pensiones no contributivas. Porque, estas sí, están mayoritariamente dirigidas a las mujeres. Ese enorme “montón” de mujeres que “no trabajaron” fuera de casa, o que lo hicieron en la oscuridad legal de los trabajos peor pagados, y que hoy día arrastran sus últimos años con 370 euros al mes. Mujeres mayores por debajo del umbral de la pobreza.

Pobreza programada

Entre los motivos de esta pobreza programada, está, sin duda, la propia configuración de nuestro sistema de pensiones. Un sistema cuestionado estos últimos meses por los miles y miles de pensionistas que han tomado las calles en ejemplar ejercicio de democracia. Hombres y mujeres que cuestionan su justicia, a la par que reclaman su derecho a vivir con dignidad. ¿Pero qué hay de ellas? ¿No merece una mirada específica de género el actual cuestionamiento del sistema?

  • Un sistema ajeno a la brecha salarial; esa injusticia tolerada según la que las mujeres que sí trabajaron, cobraron menos por igual labor y merecen, por tanto, menor pensión.
  • Un sistema que convive con una oportuna oferta de planes de pensiones. Planes que las mujeres tampoco pueden engordar en la misma proporción que ellos. Un 21% menos, concretamente. Menos dinero, menor capacidad de ahorro privado.
  • Un sistema que vive de espaldas al valor del trabajo en el hogar y al del cuidado de hijos e hijas y mayores; actividades enormemente valiosas, sobre las que literalmente se sostiene nuestra sociedad. Actividades a las que muchas de estas mujeres que hoy sobreviven con angustia sin solución dedicaron sus años “profesionales”.
  • Y un sistema que en 2019 introducirá la esperanza de vida como nuevo factor de cálculo para fijar las pensiones, esta vez penalizando a las mujeres por vivir más tiempo. O por la posibilidad de vivir más tiempo, en realidad.

Un sistema, en suma, machista, insolidario y con vocación de perpetuarse en la desigualdad. Fiel reflejo de la sociedad a la que representa y sustento económico de todo lo que está por cambiar.

Terrenos por conquistar

Leo por otro lado que los hombres negocian sus salarios hasta 4 veces más. Que nosotras solo nos presentamos a un empleo cuando estamos 100% seguras de que encajamos, y que ellos lo hacen cuando creen hacerlo al 60%. Leo que tendemos a no defender nuestros propios logros y conquistas, que tendemos a pensar que será nuestro trabajo el que hable por nosotras y que, por ello, entrenamos poco el hábito de pedir asertivamente, o el de capitalizar abiertamente nuestros méritos. Y, al unir unos datos y otros, las consecuencias de tanto azar se hacen reveladoras en términos de pérdida de riqueza y beneficios asociados.

Según un estudio en 26 escuelas de negocio de todo el mundo, estas consecuencias son, de hecho, formidablemente trascendentes para las mujeres. Tras medir la brecha salarial entre estudiantes de postgrado que acababan de entrar en el mercado laboral, situada en 4.600 dólares/año de media, Catalyst extrapoló las cifras hasta calcular la diferencia en 40 años de vida profesional. El resultado: 431.000 dólares menos para las mujeres, motivados por las diferencias de pago en origen y el previsible no reclamo de incrementos salariales que ellos, en cambio, sí realizarán. Para ti que estás leyendo: 370.000 euros menos por ser mujer.

De forma que, contra ese futuro casi programado, se me ocurre que la conclusión para las mujeres parece tan clara como necesaria. Debemos contraprogramar: cuestionar el sistema en su conjunto, analizar con perspectiva de género cada esquina, cada asunto, cada decisión económica, cada práctica social, disfrazada de tradición o modernidad. Debemos reivindicar el valor de los trabajos esenciales, al tiempo que debemos reorganizar la sociedad de tal modo que su peso no continúe recayendo sobre nosotras de manera tan abrumadora aún. Toca también perder el miedo a capitalizar nuestros logros profesionales, comprender la importancia de reclamar subidas de sueldo de forma proactiva, la de negociar en nuestro favor cuando toca. Porque no hablamos de dinero. Hablamos de bienestar. Hablamos de derechos. De igualdad. De desigualdad.

De otro modo, nuestros gestos, cesiones y omisiones de hoy, serán las causas de mañana. Su eco, ineludible. Y el sistema -con apariencia de inocente azar- seguirá enredándonos como en la canción, poderoso e invencible, hasta escoger para nosotras el vestido de la vejez y la pobreza.

* Adaptación de artículo originalmente publicado en Gizadiberri.

De cómo fui misógina y me convertí en feminista

24/07/2018 en Doce Miradas por Noemí Pastor

Era yo muy niña y ya me di cuenta de que pasaba algo. Me percaté muy pronto de que, a mi alrededor, la vida de los hombres no era igual que la vida de las mujeres. Entonces no sabía decirlo con estas palabras de adulta, pero ese conocimiento ya estaba en mí. Ya había constatado que los hombres eran más libres y más felices; reían más y hacían cosas más variadas e interesantes. Decían cosas más sabias. Habitaban un universo más amplio, más rico, más luminoso, más divertido.

La vida de las mujeres estaba mucho más limitada, más constreñida. Apenas salían de sus casas a hacer las compras (“a recaus”, decíamos en mi barrio) y, en las tardes de verano, se sentaban en la calle, bien pegaditas a la pared, sin separarse siquiera unos metros del hogar, a coser, nada de estar mano sobre mano charlando sin más, como hacían los hombres en las tabernas.

Las mujeres de mi alrededor casi se tumbaban en el suelo para fregar, siempre vestían ropas de faena y tenían conversaciones, en el mejor de los casos, muy aburridas (la limpieza, la costura, la cocina…) y en el peor de los casos, muy crueles, nada solidarias para con las demás mujeres: “Esa es una cerda, que no limpia. Aquella, una correcalles; se pasa el día fuera de casa. ¿No tendrá nada que hacer? Aquella otra, una golfa, una fresca…”.

Estas conversaciones me espeluznaban, me horrorizaban. Veía en ellas el odio a lo diferente, a la libertad de las demás. Un odio de esos que destruyen a quien lo siente.

Por todo eso y por más cosas que no puedo enumerar exhaustivamente, yo no quería ser mujer, yo detestaba ser mujer. Quería permanecer para siempre en el limbo asexuado de las niñas. Me aterraba crecer y convertirme en uno de aquellos seres oscuros. Me asqueaban sus charlas, su vocabulario; tenía una colección de palabras que aborrecía y todas estaban relacionadas con los universos femeninos. Despreciaba y huía de todas las ocupaciones “de mujeres”: limpiar, coser, cuidar las plantas y las flores, cocinar…

Me espeluznaba la idea de empezar a menstruar un día, con todo lo que aquello significaba: no poder bañarme en la playa ni en la piscina, llevar entre las piernas un bulto horroroso y seguramente visible para todo el mundo y, por encima de todo, lucir ya grabada para siempre, bien visible, en la frente, sobre la piel, la marca estigmatizante de ser “mujer”.

Pero también sabía que todas las mujeres del mundo no eran como las de mi alrededor. Gracias a la cultura, al cine, a los libros, al conocimiento, sabía que había otras formas de ser mujer. Había actrices, había cantantes, había políticas (muy pocas, pero las había), había profesoras, había ¡escritoras! Y todo esto lo supe más bien gracias a la cultura “informal” (el cine, la televisión, las revistas, las novelas), no a la formal u oficial que nos llegaba a través de los libros de texto, que eran el reino de la masculinidad exclusiva.

Y ahí estaba yo, en mi adolescencia o preadolescencia, queriendo vivir en otro mundo, rechazando mi destino en el mío propio, sin saber por qué sucedía aquello que no quería que sucediera, cuando, de repente, descubrí el feminismo.

Fue gracias a un libro: A favor de las niñas, de Elena Gianini Belotti. 

A favor de las niñas desvelaba  el funcionamiento de los mecanismos que se ocultaban en los gestos cotidianos, las reacciones automáticas, los prejuicios y las costumbres, y se detenía especialmente en los condicionantes que influyen en la formación del papel femenino en los primeros años de la infancia.

Lo devoré con ansia de conocimiento desde la portada a la contraportada. Y lo entendí todo. A mí el feminismo me explicó el mundo.

El feminismo me abrió la enorme posibilidad de quedarme con lo bueno de ambos mundos: el femenino y el masculino. Me dijo que ser mujer no era un destino en sí mismo, que se podía ser mujer y ser libre. Como dice Uxue Alberdi en su novela Jenisjoplin, después de haber estado “enganchada a la cultura épica”, pude huir de ella y empezar a defender la cultura de la debilidad, de la vulnerabilidad y, al mismo tiempo, “gestionar el conflicto, aprender a ser libre y reservarme el derecho a la disidencia”.

Claro que este cambio no fue inmediato, total ni repentino. Ni siquiera puedo decir que lo sea ahora, varias décadas después. Guardé durante mucho tiempo demasiados tics misóginos. Y todavía me descubro, avergonzada, sorprendida y un poco aliviada por haberme dado cuenta, guardando algunos hoy. Fui, por ejemplo, una de esas adolescentes que prefieren la compañía de los hombres a la de las mujeres, que buscan un poco miserablemente su aprobación, que la consideren, al menos intelectualmente, una de ellos. Me esforzaba por aficionarme a los gustos masculinos; presumía de tener gustos masculinos, de que me gustaba el cine “de tíos”, la música “de tíos”, la literatura “de tíos”. El mayor halago que podía recibir de un hombre era “Jo, es que tú eres como un tío”.

Sigo afanándome en la lucha contra mis prejuicios sexistas, por no valorar más y mejor las opiniones y las aportaciones masculinas que las femeninas, por no exigir a las mujeres más que a los hombres (más amabilidad, lealtad, cercanía, intimidad…), por que no sea la apariencia física lo primero que escrute en una mujer, por ser más tolerante con mi propio cuerpo… Por desprenderme, en fin (y no sigo enumerando porque la lista es interminable), de todos esos prejuicios heredados desde siglos e incrustados como parásitos en mi mente.

Quiero hacerlo con empeño todos los días de mi vida. Con empeño, con humildad, con sinceridad, dejando a la vista mis propias contradicciones, recreándome en cada nuevo descubrimiento y sabiendo que esta tarea, este aprendizaje, no acabará nunca.

La Red Álava, la red de mujeres invisibles

17/07/2018 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Ane Azkue Zamalloa. Bilbao, 1985. Comunicación Audiovisual (UPV, Leioa). Trabajé en programas de televisión, en cadenas locales después… hasta que la productora Baleuko me dio la oportunidad de participar en mi primer documental. Guerra civil, espionaje, solidaridad, presos… y como hilo conductor 4 mujeres. Acepté, y gracias a ello he tenido la oportunidad de cocinar a fuego lento y con mucho mimo, una historia de mujeres, de heroínas que yo, ignorante de mí, desconocía.

 

¿Por qué cuando se habla de Guerra Civil, nunca se habla de mujeres? La mujer siempre es la gran olvidada de aquella guerra civil que encarceló y fusiló a centenares de mujeres. Las expulsó de sus pueblos, les robó sus casas y hasta sus hijos e hijas, les prohibió trabajar, las ridiculizó antes sus vecinos rapándoles el pelo y haciéndoles beber aceite de ricino… y así podríamos seguir enumerando barbaries hasta aburrirnos.

Pero aún así, cuando se habla de Guerra Civil siempre aparecen ELLOS, los gudaris, los encarcelados, los fusilados. Si buscamos motivos, en un intento de dar alguna explicación lógica a esta situación, alguien nos diría que se debe a la división machista y sexual que del trabajo se hacía en aquella época. Esto es, la esfera pública era terreno de hombres y la privada de mujeres. Las mujeres en casa, los hombres en el bar. Las mujeres hablaban de cómo criar a sus hijos. Los hombres de política, economía y cultura.

Y sin embargo, fueron…

Pues esta explicación que puede ser válida en algunos casos, no lo es para hablar de las protagonistas del trabajo que nos ocupa.

Itziar Mujica, soltera y sombrerera de profesión; Teresa Verdes, trabajadora en la imprenta familiar y mujer amante de la lectura; Bittori Etxeberria, propulsora de la Ikastola y biblioteca de Elizondo entre otras muchas cosas, y Delia Lauroba, mujer valiente e inteligente a partes iguales, no eran amas de casa. Su trabajo no se limitaba al cuidado de sus hijos, que por cierto no tuvieron, si no que eran mujeres con peso y presencia en el ámbito social, pero así todo, su labor fue silenciada y nunca reconocida.

Sin querer menospreciar la labor de nadie, no es mi intención, me gustaría que se hiciese este pequeño esfuerzo. ¿Cuántos nombres de gudaris y dirigentes políticos de la época conocemos? ¿Y cuántos de esos nombres son de mujeres? Empezando desde el mismo Agirre, Ajuriagerra, Landaburu… todos son hombres. ¿A qué se debe esto? En mi modesta opinión, a una educación, religión y cultura machistas que han hecho que las mujeres no valoremos nuestros esfuerzos ni nuestros logros. No lo hacemos ahora, imaginemos hace 80 años. “Es lo que había que hacer. Nosotras no tenemos nada que contar, solo hicimos lo que nos tocó” ¿Cuántas veces hemos oído repetir estas palabras en boca de mujeres luchadoras, que lo dieron todo por una causa, por unas ideas que ellas entendían como justas? En el caso de Bittori, Itziar, Delia y Tere, ni sus propias familias conocían lo que habían hecho. Cuanto menos, resulta sorprendente. Los hombres nunca dicen: “¡era lo que teníamos que hacer, nada más!” Ellos no. Ellos saben poner en valor su lucha y darle una dimensión de grandiosidad que las mujeres todavía, no hemos aprendido a hacer.

Bittori Etxeberria lideró una red que fue capaz de sacar y meter información de las cárceles franquistas y hacer llegar esta información hasta el Gobierno Vasco en el exilio. Bittori, Delia, Itziar y Tere, lideraron una red que movía valiosísima información desde Santoña hasta Baiona, desde Burgos hasta París. Burlando controles policiales, militares y carcelarios. Por cierto, que esta red se bautizó como la Red Álava, en referencia y homenaje a su coordinador general, Luís Álava. ¿Es raro que el coordinador sea hombre y que la red lleve su nombre? Muy raro. O no tanto.

Pero volviendo a la labor de “las cuatro vascas”, creo que el hecho de ser mujeres, jóvenes y de buena presencia, aunque suene contradictorio, de alguna manera les benefició. Los carceleros, guardias, militares, jueces… no sospecharon de unas pobres mujeres, no vieron peligro en ellas, y esto les ayudo a seguir con su labor. Muchos de los testimonios recogidos en el documental apuntan a que si se libraron del fusilamiento fue por ser mujeres. A la “injusticia” franquista le resultaba demasiado fusilar a mujeres católicas. Bueno… si esa fue la causa, podemos decir ¡qué no hay mal que por bien no venga!

El reconocimiento y la visibilización han llegado, tarde, pero han llegado. Decía Txema Montero en el documental que, “la historia de estas cuatro mujeres le había fascinado y que si esto hubiese ocurrido en Francia estarían en el “Panteón de la resistencia”. Si es así, me alegro de saber que en otros países las cosas se han hecho mejor.

 

Mujer, una noche cualquiera

10/07/2018 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Juanjo Domínguez (@juanjodom). Nací en Barcelona y vivo en Orkoien, Navarra. Estudié Ciencias Políticas y Sociología y me gusta la Estadística Matemática. Con esas herramientas analizo la realidad, las evidencias y los datos; intento saber cómo se combinarán para dar lugar a nuevas realidades. Hago estimaciones y predicciones y, en muchas ocasiones, acierto. A veces hablo en medios de comunicación y, muchas veces, tengo ganas de no hacerlo. Soy corredor de fondo, de esos que no esquivan los charcos.

 

El reloj marcaba las once de la noche y los tres hombres y cuatro mujeres que nos habíamos desplazado hasta Tafalla entramos a tomar un café en un bar de la plaza principal del pueblo. Dentro del local olía a puro, a pacharán y a colonia cara de mujer. La música de la cafetería, ni alta ni baja. Las conversaciones resultaban audibles. Esperábamos por las consumiciones cuando un tipo baboso, algo ebrio, de unos 50 años, se arrimó a HLN (de la cuadrilla) sin ningún tipo de contemplación e intentó manosear su culo. Así, por la vía criminal. Por la cara. Porque él lo valía. Por sus huevos de macho. Porque en febrero de 1991 fuimos a disfrutar de los carnavales y HLN le plantó un manotazo defensivo en la pechera al sobaculos que lo hizo rodar tres metros por el suelo como una aceituna. Nadie del bar se inmutó. Solo se escuchó alguna risa burlona y la clientela nos miró con cara de desaprobación. Pagamos la cuenta y nos largamos. La noche prometía. Queríamos celebrar varios cumpleaños: 21 años.

El pueblo entero disfrazado, colorido de noche y bullicioso. Alegre. Una miscelánea humana se divertía, copa va y palpada en el culo viene – ¡qué obsesión con el culo de mis amigas! –. Y entre los bailes a ritmo de Rick Astley, Kortatu y los Pet Shop Boys, focos flamígeros y chispazos ululantes, rojos, azules y verdes. Reíamos. Ahora bien, a menor tamaño del antro, o mayor aglomeración en la calle, más se multiplicaba el número de restregamientos y, como no, el típico “frota que frota” a mis colegas féminas.

Imposible conocer el origen de tanta mano bellaca y anónima. Mis amigas, aunque protestonas por los tocamientos, nos contaban con cierta resignación que “vosotros no sabéis cuánto tenemos que aguantar”.

Aquella noche, fría y extraña, la palma sobona se la llevó HLN: 175 cm, 67 kilos, más unos zapatos unisex negros de invierno la alzaban hasta sumar 178 cm. No sé si guapa o fea, tal vez extravagante, HLN lucía un vestido morado ceñido por encima de las rodillas y una cazadora negra de cuero ajustada muy de la época. La verdad, llamaba la atención. Supongo que por su altura para ser mujer.

El caso es que, a eso de las tres de la mañana, mientras charlábamos apretujados en una esquina traicionera de un pub, una mano asquerosa se coló por debajo del vestido de HLN hasta la entrepierna. Ni el volumen infernal de “A quién le importa lo que yo haga”, la canción de Alaska que sonaba en ese preciso instante, evitó que la hostia que le dí al maromo pasase desapercibida. Así que, allí me vi yo, disfrazado de mujer, delante de aquel hosco indeseable, y sus compinches, sin saber muy bien qué iba a suceder.

Hoy, pasados tantos años, me imagino que mi cuadrilla y yo nos libramos de una buena tunda debido a que, ciertamente, el agresor y sus acompañantes pensaban que yo era una mujer de verdad a la que habían maquillado con gracia y acierto. Mi envoltura customizada daba el pego. Incluso, a pesar de haberme quitado la peluca, que había ido al contenedor de la basura con el fin de evitar problemas a mí y a mis amigos, dado que al menos una docena de guarros me habían metido mano desde que llegamos a Tafalla; eso, sin contar el sinnúmero de “delicadezas verbales” que escuché durante la algarabía nocturna. Para flipar.

Hasta aquel lance de 1991 desconocía cuánto soportaban las mujeres una noche cualquiera, un día de fiesta o una jornada normal. Lo que para mí se trató de una correría de carnaval, en la que me atavié de mujer como me pude haber disfrazado de marciano, acabó de una manera desagradable sin pasar a mayores. Hoy, a pesar de que el acoso sexual en todas sus variantes sigue siendo una lacra, quiero pensar que un poco hemos evolucionado como humanos.
HLN (Hasta Las Narices)

El poder de la conexión entre mujeres, la llave del futuro.

03/07/2018 en Doce Miradas por Virginia Gómez

“Ezina ekinez egina”

Asegura la comunidad científica que cada electrón del universo está en constante movimiento, incluso aquello que parece permanecer inmóvil, una piedra o un mueble, contiene átomos en cuyo centro vibran destellos diminutos de luz. Su acción vibratoria es tan lenta que le hace permanecer estático.

Esa vibración nos conecta física y mentalmente, sin excepción, produciendo cada acción o pensamiento efectos directos en otros seres e incidiendo en sus vidas, como las redes sociales a través de las tecnologías nos permiten llegar a otras personas que incluso no conocemos. Encontrar la forma de equilibrio entre todas las fuerzas que nos conectan es el acertijo para el que nos gustaría obtener respuesta en dirección a asegurarnos vivir en un constante estado de bienestar.

En cuestiones de género, la balanza durante siglos ha tomado una posición muy poco ventajosa para las mujeres. Equilibrarla supone ejercer un contrapeso, un golpe de fuerza que inicie la oscilación, y ser persistentes en mantener la intensidad del baile hasta que llegue a posicionarse en equilibrio.

Esa transformación de una pieza que permanece sin brillo por efecto del paso del tiempo, requiere todas las manos expertas e inexpertas para que el impulso mantenga la estructura intacta, conjugando realidad social, política, económica, académica, cultural, englobando todos los sectores que conforman el soporte central para ejercer una presión segura desde la palanca de liberación, también entendida como sistema por el que se rige una sociedad.

Dentro de ese sistema nos encontramos las personas, mujeres y hombres, a ambos lados ejerciendo el peso que hace oscilar los platillos. Ese golpe de fuerza o contrapeso en pro del equilibrio ya se ha iniciado, estamos asistiendo al fenómeno más importante de la historia en respuesta a tantos siglos de machismo globalizado, el imparable movimiento de mujeres que arrastramos injusticias ancestrales transmitidas de mayores a menores, sufrimos las actuales y decidimos poner fin a las futuras impulsando una ola que va creciendo, sumando más y más número de voces en manifestaciones ejemplares como la del 8 de marzo. Las movilizaciones internacionales han llegado para quedarse hasta terminar con tanta injusticia.

Hacen falta manos, unas para limpiar la estructura, otras para liberar peso, manos para impulsar en sentido contrario, cientos, miles, millones de manos como la tuya, que ayuden a desoxidar tanto pasado y lograr el equilibrio en las posiciones, que se pueda mover por fin con entereza y libertad oscilando hacia ambos lados en paridad.

Hoy día 3 de julio, tan solo hace 63 años que el sufragio femenino se hizo realidad en México, que las mujeres votaron por primera vez. A lo largo de la historia, siempre hemos encontrado perfiles valientes que han cuestionado la estructura, el sistema, gestos de mujeres contra la historia única. Un sincero homenaje desde aquí a todas aquellas que han liderado movimientos individual o colectivamente, mujeres profesionales, académicas, activistas que nos han allanado el camino. Nos ha llegado el testigo, es hora de actuar.

¿Y cómo aportamos?

Leer historia, revisar fuentes estadísticas, recabar información sobre datos cuantitativos y cualitativos en Observatorios, acudir a jurisprudencia y legislación para conocer nuestros derechos, pero sin quedarnos ahí, cuestionándolos para plantear nuevos modelos, descubriendo nuestras fortalezas de liderazgo, buscando mujeres referentes en quien inspirarnos, activándonos, sumando en organizaciones ya creadas en pro de la mujer.

Investigando el alcance de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que la ONU desarrolla a través de la Agenda 2030, vemos que el número 5 está enfocado a lograr la Igualdad de Género, ininteligible y lamentablemente ha habido que introducirlo a pesar de que los demás son consecuencia de una cuestionable gestión en los recursos económicos o naturales y, sin embargo, el ODS 5 viene determinado por el nacimiento: si nace una niña en el mundo hoy, tiene ante sí en potencia un elenco de desigualdades y riesgos a sortear en la vida que evitará por naturaleza si nace siendo niño. Esperamos sacarlo del listado de ODS con tu ayuda; revisa cómo integrarlo en tu dinámica social, económica, empresarial o cultural.

Si estamos emparejadas y tenemos la suerte de tener un trabajo, innovando en nuestro seno personal y profesional, insistiendo en cambiar hábitos en nuestros círculos familiares fomentando la implicación de la pareja en las tareas domésticas, en la educación inclusiva de la prole, persiguiendo la efectiva conciliación laboral, imponiéndonos a la adversidad una, dos veces, a la tercera, a la quinta, a la que decidas sin resultados, planear alternativas.

Puede ser el momento para emprender un negocio que nos permita ser dueñas de nuestro tiempo, generar riqueza y empleo y posicionarnos en puestos de decisión. Según los últimos datos del Global Entrepreneurship Monitor, repunta la actividad emprendedora y disminuye la brecha de género. Si ya eres empresaria, facilitando la equidad en tu empresa.

Siempre podemos tomar parte activa en los centros escolares, universitarios, de formación no reglada, investigar datos y factores de cambio y unirnos, crear red, formar parte de una comunidad, la que más se adecúe a tu formación o experiencia; si eres científica, puedes ser mentora en iniciativas STEAM que favorecen el impulso de vocaciones científico-tecnológicas en niñas.

Si sufres violencia de género, piensa que, por efecto de esta conexión universal, estamos todas las mujeres en ti y tú en todas, no estás sola, siente esa fuerza para actuar y elige con cuidado la mejor ayuda para salir entera de tu prisión.

El futuro llega, la población se multiplicará por el aumento de la natalidad en los países en vías de desarrollo. Según datos estadísticos, pasaremos de 7.400 a 11.000 millones de personas en el mundo en 2100 y las mujeres somos la mitad de esa cifra, todas juntas podemos cambiar lo que nos propongamos, animémonos, aliniémonos bajo un mismo mensaje y seremos invencibles. La sociedad nos necesita, somos la llave del futuro de la humanidad, la reproducción es y seguirá siendo la única fuente de vida.

Y si eres hombre, gracias por ayudarnos a equilibrar la balanza, por abanderar el movimiento entre los colectivos que estén a tu alcance, escuchando a la mujer que te acompañe en la vida, siendo proactivo en tu seno familiar, evitando desigualdades, fomentando todo aquello que esté en tu mano para promover el cambio. Tu compromiso concienciará en tu entorno profesional, personal o de ocio.

Recordemos que la transformación empieza por la educación, en unión creamos la cultura de toda una sociedad, la transformamos, y tal como la cuidemos, así la viviremos.

 

 

 

Mujeres más visibles en India gracias a #24HourProject

26/06/2018 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Idoya Nanín

Mi nombre es @IdoyaNanin. Nací emprendida en una familia de emprendedores en mayo de 1971. Mis gafas llevan el filtro morado para desprogramar los roles de género en mi entorno; esa es mi aportación constante a una vida más igualitaria. Trabajo como consultora de marketing digital. Paseo por todas las redes sociales, pero vivo en Instagram, donde diseño contenidos y campañas digitales. Mi primer teléfono tenía cable, la cámara llevaba carrete para veinticuatro fotos y procesaba los textos en papel blanco con boli bic.

 

 

Todas conocemos la realidad social en la India. A nadie sorprende la situación de desigualdad que vive la mujer en cualquier ámbito que esté marcado por la pobreza. En la séptima edición del 24 Hour Project nos hemos centrado en documentar historias de mujeres de todo el mundo para dar visibilidad al problema y trabajar por sus derechos en colaboración con Shakti Vahini, organización sin ánimo de lucro de la India.

Hoy la imagen pesa más que la palabra. Para empezar, Renzo Grande y Smita Sharma impartieron un taller de tres días en Palkot, con el fin de impulsar la presencia y el reconocimiento de la mujer en la sociedad india. Hicieron entrega de cámaras y conocimientos para poder hacer fotos y documentar historias. El resultado está disponible en #24hr18_Palkot.

Por otra parte, 4280 fotógrafos principiantes, fotodocumentalistas y creadores visuales desde 850 ciudades de 104 países nos unimos altruistamente (algunos durante 24 horas ininterrumpidamente) para documentar la condición humana. Los embajadores de todo el mundo hemos difundido a los cuatro vientos la importancia de este evento. Estos son los países más destacados, por orden de participación:  Irán, Indonesia, USA, México, India, Filipinas, Italia, Perú, Reino Unido y Australia.

Un grupo de Bilbao, con su embajador David Guerrero (@instajaqs), documentó durante las 24 horas del día siete de abril las historias de las mujeres en diferentes zonas a través de 235 fotografías. #24hr18_Bilbao es una interesante galería de fotos con mensajes sinceros e imágenes inesperadas.

La cifra de fotografías etiquetadas mundialmente en Instagram es impresionante: son  25.723 imágenes que narran historias de mujeres de todo el mundo y forman parte de exhibiciones, conferencias, talleres y fotolibros para seguir colaborando con diversas ONG.

Mi colaboración con el proyecto comenzó como embajadora, pero por una lesión no pude estar haciendo fotos en la calle. Solamente pude hacer una. Por ello colaboré en las labores de curación de la cuenta de instagram. A turnos y por parejas visualizamos y seleccionamos las imágenes según se recibían en tiempo real. Conforme avanzaban las franjas horarias y se incorporaban países, también cambiaban los paisajes, las historias y las desigualdades a las que se enfrenta la mujer. Algunas de las imágenes me hicieron llorar. En otros momentos sentí satisfacción por colaborar con mi tiempo y energía a que las cosas cambien.

Cuando me paro a analizar los grupos de personas que hacen las fotos para seguir y admirar su trabajo, encuentro pocas mujeres. Esperaba estos datos en algunas zonas del mundo, pero no en el País Vasco. Empiezo a preguntar en mi entorno a profesionales del mundo de la imagen y la comunicación y llego a una triste conclusión: las mujeres debemos ser más visibles también aquí.  Me refiero a visibilidad como autoras y creadoras de contenido. Debemos romper el dichoso techo de cristal y estampar nuestra firma en los trabajos, para dejar de ser simplemente el objeto de la fotografía.

 

¿Quieres recorrer el mundo desde Instagram y conocer historias de mujeres?  Puedes hacerlo en el hashtag #24hr18, con más de 25.000 fotografías. La web del proyecto ofrece información general sobre todas las ediciones. Sigue y apoya a esta iniciativa en Instagram, Facebook, Twitter o Tumblr.

¡Juntas vamos a dar voz y reconocimiento a mujeres de todo el mundo!

 

Veinte años de un Alarde de la alegría y empoderamiento

19/06/2018 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Rosario Arribas Diez. Nací en Mecerreyes, un pueblecito de Burgos. Llevo 46 años viviendo en Irún. Estoy ligada al feminismo desde principios de los 80. Pertenecía al grupo de mujeres que planteamos la reivindicación de participar en el Alarde. Desde entonces estoy en la Junta que organiza el Alarde igualitario que se celebra cada 30 de junio. Estos 22 años de conflicto han sido muy importantes y toda una experiencia en lo político, personal y vital.

 

Este año se cumplen 20 años del primer Alarde con mujeres en Irun.

Nos han preguntado muchas veces cómo fuimos tan atrevidas de meternos en este fabuloso lío, viendo lo que teníamos enfrente, y siempre respondo igual. No teníamos ni idea, pensábamos que no iba a ser fácil, pero ni idea de lo que se nos venía encima.

En un primer momento no fuimos valientes. Valientes tuvimos que ser después, cuando tuvimos que hacer frente a las consecuencias. En un primer momento fuimos ingenuas, atrevidas, un tanto inconscientes y jóvenes, 22 años mas jóvenes que ahora. Pensábamos que teníamos la razón y también la ley de nuestro lado y desconsideramos las fuerzas que teníamos en contra.

Como 22 años de conflicto, con sus procesos judiciales, rupturas sociales, familiares y personales, es algo muy prolijo y largo de contar, me voy a referir a algunas claves que en mi opinión han sido determinantes.

En este momento en Irun se celebran dos alardes: uno igualitario que organizamos un grupo de particulares con la financiación de Emakunde y la Diputación Foral, y otro, que parte del Alarde que se venía celebrando desde hace más de 100 años, que era municipal y multitudinario, y que consiguieron privatizar para así eludir la sentencia del TSJPV que obligaba a integrar a las mujeres, y donde las mujeres seguimos sin poder participar.

A menudo me he preguntado cómo es posible que una demanda que afecta a la igualdad entre hombres y mujeres resulte tan controvertida y lleve a un enquistamiento semejante y a una fractura social difícil de imaginar en pleno siglo XXI.

No me puedo extender con los antecedentes, porque sería muy largo, así que me voy centrar en un par de factores que en mi opinión han sido claves.

La posición de la institución municipal y la estigmatización de que fuimos objeto el colectivo que encabezamos la reivindicación.

En Irun el gobierno municipal del Partido Socialista PSE, con la aquiescencia de PNV y PP, ha sido incapaz de tener una postura de compromiso y proactiva a favor del derecho de las mujeres a participar en el Alarde. Más bien han mostrado de manera clara e inequívoca su apoyo al Alarde discriminatorio, esto incluso con una sentencia judicial en firme a favor de la reclamación de las mujeres. El cálculo electoral, o sea, el miedo a que una postura favorable a las mujeres se tradujese en una pérdida de votos les ha llevado a aliarse con el sector más tradicionalista y machista de nuestra ciudad, y a día de hoy, estas fuerzas políticas, con el alcalde a la cabeza, el día 30 de junio reciben desde el balcón del ayuntamiento al Alarde que no permite la participación de las mujeres y se ausentan cuando llega el Alarde igualitario.

Es evidente que cuando los poderes públicos y las instituciones se ponen a la cabeza y lideran estos procesos de cambios sociales, se acortan los tiempos y se evitan a menudo quiebras y fracturas sociales como la que hemos vivido en nuestra ciudad.

Como se ha demostrado en la gestión de situaciones semejantes, no caben equidistancias ni neutralidad en casos como éste y mucho menos de responsables políticos. El mensaje a la sociedad ha de ser claro y diáfano: o se está con la igualdad y las personas que la defienden o se está con quienes piensan que hay espacios donde a la mujer se la puede seguir discriminando.

El otro factor es la estigmatización de la que fuimos objeto  las integrantes del grupo promotor.

No es entendible que una reivindicación como la igualdad y la no discriminación no haya estado apoyada por sectores más numerosos de nuestra ciudad, ni siquiera los llamados progresistas, si no es por el proceso de estigmatización al que se nos sometió al grupo que planteó la reivindicación.

Desde el minuto cero, el sector más reaccionario y misógino pone en marcha una campaña de acoso que se concreta en cosas como pasquines que pedían el boicot a nuestros comercios, hacer público por medio de hojas la condición homosexual de personas concretas, llamadas telefónicas amenazantes, señalamiento en los colegios de nuestras hijas e hijos y un largo etcétera. De este modo, ante el clima que se genera y el precio que hay que pagar por apoyar la reivindicación, cualquier intento de ampliar nuestra influencia y recabar apoyos entre la ciudadanía está abocado al fracaso.

Fue un proceso rápido, y más rápido en cuanto que la institución municipal nos dio la espalda. De hecho, personas que habían mostrado su apoyo inmediatamente dieron un paso atrás y se retiraron. Hacía falta mucho valor para dar la cara en una situación semejante.

Como bien sabemos, una vez que se ha estigmatizado a un grupo, es muy difícil conseguir que sectores importantes de la sociedad se acerquen a él y hagan suya la reivindicación, por muy justa que ésta sea.

El ganar sociedad en estas condiciones ha sido un proceso lento y largo, pero no tenemos la menor duda de que la nuestra es una causa ganada y, aunque nos ha costado muchísimo trabajo, todo esto está siendo una revolución para esta ciudad.

Cada año miles de personas discuten sobre la igualdad, tienen que interrogarse sobre dónde y con quién quieren estar el 30 de junio, cientos de chicas jóvenes que salen por primera vez tienen que peleárselo en casa, en la cuadrilla, en el trabajo, y cada persona que ese año da un paso al frente es una persona que ha tomado conciencia de la importancia de la igualdad entre hombres y mujeres.

Yo he salido desde el primer año, he sufrido las consecuencias, porque tengo un negocio, pero cada 30 de junio, cuando veo las filas y filas de jóvenes, sobre todo mujeres, cuando las veo emocionarse, llorar de alegría, disfrutar y poner tanto empeño en hacerlo bien para ganarse el respeto del público, también yo lloro de alegría, doy por bien empleado todo lo que he hecho y también pienso que algunos de nuestros gobernantes no se merecen estas ciudadanas.

En la actualidad hacemos un Alarde magnifico, compuesto por unas 1.300 mujeres y hombres que desfilan y algunos miles en las aceras que nos aplauden y apoyan. El nuestro es un Alarde de alegría, de empoderamiento, de valientes, de resistentes. Ya han pasado los años en los que éramos unos pocos cientos protegidas por un cordón policial para evitar que nos agredieran, éramos el blanco de los insultos más groseros y machistas y cientos de personas nos daban la espalda. Ha sido duro, ha sido largo también, yo he oído insultos de todo tipo mientras desfilaba, pero también he visto a mujeres y algunas muy mayores gritándonos ¡valientes! y llorando de la emoción a nuestro paso.

Por último, este 21 de junio vamos a celebrar una gala de reconocimiento a tantas personas que hemos sabido resistir para sacar esto adelante, con la asistencia de las instituciones que nos han apoyado, como Emakunde, el Ararteko y la Diputación Foral.

Para más información:

Página web: www.alardepublico.org

Instagram: @irungoalardepublikoa

Facebook: Irungo Alarde Publikoa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gestos de mujeres contra la historia única

12/06/2018 en Doce Miradas por Eva Silván

Toni-Morrison“Si hay un libro que quieras leer, pero no se ha escrito todavía, debes ser la persona que lo escriba”. Toni Morrison, escritora.

Hace unos meses un silencio llamó mi atención, fue el silencio provocado y medido de Emma González, joven estadounidense superviviente del tiroteo de Parkland, EE.UU, en el que 17 personas fueron asesinadas y 15 resultaron heridas. Al inicio de su discurso, Emma González calló, provocando un enorme silencio de 6 minutos y 20 segundos, el tiempo que duró el tiroteo. No fue un hecho improvisado ni casual, fue un acto medido, directo y contundente que impactó de lleno en la sensibilidad y la conciencia de miles de personas en todo el mundo. Así es el activismo cuando suelta los resortes: directo y contundente. Fue un acto pensado como homenaje,  y como reivindicación, que nos interpelaba en relación al debate sobre el acceso a las armas en EE.UU.

Emma González no ha sido la única mujer joven que, en los últimos tiempos, nos revuelve del asiento, nos conecta con su mensaje y nos llama la atención para denunciar situaciones injustas y vulneraciones de derechos.

Otro caso con gran repercusión en redes fue el de Naomi Wadler, activista estudiantil de tan solo 11 años, que en el corazón del Capitolio puso nombre y rostro a las mujeres afroamericanas, víctimas también de la violencia de las armas: Estoy aquí hoy para reconocer y representar a las chicas afroamericanas cuyas historias no salen en la portada de los diarios nacionales, dijo.

Las palabras de la joven Naomi me hicieron recordar el libro ‘El peligro de la historia única’ de la gran escritora nigeriana, Chimamanda Ngozi Adichie, donde nos cuenta cómo la historia se ha utilizado para poseer, calumniar, ocultar y negar realidades. Quién se ha encargado, y se encarga, de ofrecer la historia única, ha sido el poder: patriarcal, económico, religioso, cultural, pero el poder. La ocultación de realidades y la generación de estereotipos son las dos grandes victorias de la historia única, o lo que ahora se llama “el relato único”.

Las dos jóvenes americanas de las que hablaba al principio, Emma y Naomi, cansadas de escuchar una historia contada por otros en la que no se veían reflejadas, alzaron la voz (y en esta ocasión su silencio), para captar nuestra atención e invitarnos a ver la realidad desde otra perspectiva, la suya, la de dos chicas que se expresan para desmontar el relato dominante.

Movimientos como #MeToo, #TimesUp o el más reciente y cercano #SiConMujeres, impulsado para forzar la participación de mujeres expertas de ciencias sociales en congresos y jornadas, han llamado nuestra atención para ofrecernos una realidad vivida por las mujeres, pero ocultada por quienes construían la historia única: la realidad de las violaciones, los abusos y la invisibilidad de las mujeres en tantos espacios.

Pero no es cierto que todo se haya desencadenado ahora como una gran explosión surgida de la nada. Muchas mujeres antes han protagonizado gestos que han supuesto cambios trascendentales. Para mi, uno de los más representativos fue el protagonizado por Rosa Parks, que abanderó con un solo gesto la lucha contra la segregación racial en EE.UU cuando se negó a ceder su asiento en un autobús público de Alabama. En aquellos años, lo población negra sufría la humillación de no poder compartir con los blancos los mismos lugares públicos. Las leyes Jim Crow, heredadas de la esclavitud del siglo XIX, fueron diseñadas para que los y las afroamericanas se sintieran inferiores y así mantenerles marginadas de la sociedad. Hasta que Rosa Parks dijo NO. “Aquel día estaba fatigada y cansada. Harta de ceder”, diría después en sus memorias.

Así han respondido tantas y tantas mujeres a lo largo de la historia que, cansadas de ceder, eliminaron barreras y rompieron estereotipos. La revolución de las mujeres lleva tiempo fraguándose, no me llegan los dedos de las manos de las Doce Miradas para enumerar a todas las mujeres que con pequeños-grandes gestos, cada una en su ámbito, desmontaron el relato, se convirtieron en pioneras y nos dejaron la huella por la que seguir caminando.

Un exquisito quinto aniversario

05/06/2018 en Doce Miradas por Doce Miradas

El 29 de mayo celebramos nuestro quinto aniversario en Icaza Colaborando, un espacio acogedor ubicado en Bilbao que resultó perfecto para llevar a cabo la dinámica del ‘cadáver exquisito’. Para este reto de creación colectiva conseguimos liar a más de 5o personas: caras conocidas y amigas… ¡Qué emoción!

Sobre las 17:30h. ya teníamos casi todo listo. La gente iba llegando, tomaba un vino, picaba algo y charlaba momentos antes de empezar el ejercicio de pensamiento colectivo que habíamos diseñado.

Hubo incluso quien quiso unirse en el último momento.

Entre las muchas emociones de la jornada, destacamos el reencuentro con tres exmiradas, que siempre formarán parte de la docena honorífica. Macarena Domaica, Mentxu Ramilo y Miren Martín. ¡Qué subidón tenerlas cerca de nuevo!
Por supuesto, tuvieron su lugar en nuestra presentación del acto…

Ante las miradas expectantes de nuestra exquisita audiencia, comenzamos a explicar en qué consistía la dinámica del cadáver exquisito y cómo podían comenzar a dar rienda suelta a su creatividad. “Importante -recalcó Christina Werckmeister- no pensar”. Y es que el automatismo era clave para lograr un resultado interesante y genuino.

Las miradas cómplices se pusieron manos a la obra. Distribuidas en siete mesas comenzaron a jugar con sus collages y textos. Revistas, tijeras y la imaginación desbocada. Nadie sabía cuál podía ser el resultado porque cuando algo se basa en el inconsciente…

Mientras, en las mesas bullía la creatividad; las Doce Miradas rondábamos atentas y, con unas cámaras polaroids que sacamos del baúl de los recuerdos, fotografiábamos el avance del trabajo. Las instantáneas (nunca mejor dicho) iban siendo pegadas en un mural. Se trataba de reservar un lugar especial a las verdaderas protagonistas de la jornada.

Fotografía realizada por Virginia Gómez.

Fotografía realizada por Virginia Gómez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras una hora de dinámica, recogimos los trabajos de cada mesa…

y el resultado fue inmejorable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guardamos este trabajo como oro en paño; sabemos que la diversidad es clave para seguir avanzando y ¡os queremos cerca! Ahora, tenemos mucho que hacer.

Eskerrik asko!

¿Celebras con nosotras el quinto aniversario de Doce Miradas?

22/05/2018 en Doce Miradas por Doce Miradas

Como os contamos hace poco, cumplimos cinco años con este proyecto que se llama Doce Miradas, tiene formato de blog y el compromiso de trabajar por la igualdad con el feminismo como herramienta y reivindicación. Todos los aniversarios son para nosotras una celebración porque significa que el proyecto sigue vivo, pero sin duda este año sentimos algo diferente. El momento tan especial que vive el feminismo, la efervescencia en las calles, esta especie de despertar que parece haberse producido en la sociedad con fenómenos como el #MeToo, el #YoSiTeCreo o las movilizaciones masivas del #8M nos han ilusionado y emocionado. Después de tantos años en que parecía que nada se movía, vivimos con esperanza este cambio de comportamiento.

Toda esta ilusión tiene sin embargo una cara B y es que no podemos olvidar que en el origen de todas estas rebeliones están los abusos y violaciones a mujeres, la brecha salarial, la infrarrepresentación de las mujeres en la esfera pública, en los espacios de poder, la crianza y cuidados de familiares con enfermedades, discapacidades o en la ancianidad que recae sobre las espaldas de las mujeres… En definitiva, injusticia, desigualdad, machismo. Y sobrevolando, la gran pregunta:  ¿Y ahora qué? Porque queremos que haya cambios. Hay que avanzar. No puede quedarse todo en unos eslóganes, unos hashtags y unas manifestaciones exitosas.

En medio de este clima llega nuestro quinto aniversario y queremos celebrarlo con todas las personas que seguís Doce Miradas. Saber qué opinas, debatir y reflexionar contigo. Para ello, durante el evento del 29 de mayo, llevaremos a cabo un ejercicio de pensamiento colectivo mediante la técnica creativa del cadáver exquisito. ¿Te suena? Lo practicaban los surrealistas para crear arte de forma colectiva. Tiene que ver con el inconsciente y el absurdo. Confiamos en que el resultado de esta inteligencia colectiva nos ayude a enfocar el futuro de Doce Miradas. Os necesitamos. Prometemos que será divertido, creativo y útil. O no. El absurdo es lo que tiene.

¿Te has apuntado ya? Si no has reservado tu plaza aún, hazlo ahora porque el aforo es limitado. El evento será el martes, 29 de mayo, a las 17.30h en el espacio Icaza situado en Mazarredo 47, Bilbao. Estamos deseando verte. ¡Apúntate aquí!