Ser feminista es muy cansado

03/11/2015 en Doce Miradas

Las personas que me conocen un poco saben que me encanta viajar. Siempre que puedo, intento hacer una escapada y disfrutar de esos momentos en los que transformas tu mirada. Y no solo la cambias porque alteras el paisaje que te rodea. También porque activas el “modo observación”, que en tu día a día por tu ciudad suele estar apagado, y que consiste en mirar con atención hasta el más mínimo detalle de lo que te rodea. Es una sensación extraordinaria pero también extenuante que puede llegar a producir dolores de cabeza.

Imagen de Stephanie Lepoint (CC by-nc-nd)

Imagen de Stephanie Lepoint (CC by-nc-nd)

Algo similar me ocurre con el feminismo. Cuando te pones las gafas violetas es ya difícil quitártelas. Eso hace que ningún detalle se escape a tu radar, pero también tiene asociado un gran desgaste. Empezando por lo cansado de decir hoy en día que eres feminista. Porque sí: yo lo soy. Ahora lo declaro con orgullo, pero antes de que Doce Miradas entrara en mi vida, formaba parte del grupo de personas que se escondía tras frases como “Yo estoy a favor de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres… pero no soy feminista”. Es peculiar analizar cómo el término ha sido denostado y con el transcurso de los años se le ha dotado de una connotación negativa. Tanto es así que muchas personas creen que el feminismo es lo opuesto al machismo o que está solo reservado para las mujeres. Nada más lejos de la realidad. De hecho, Marcuse indica que uno de los objetivos del feminismo es la construcción de una sociedad en la que quede superada la dicotomía hombre-mujer.

Ese cansancio suele ser además inversamente proporcional al cumplimiento de la Ley de Moff que se puede resumir en una lapidaria pregunta: “¿Por qué tienes que analizarlo todo? Hija, has perdido tu sentido del humor”. Y es que ser feminista es muy cansado porque te dejan de hacer gracia muchos chistes y gracietas que pululan por internet, WhatsApp y las tertulias informales de familia y cuadrilla. Ser la aguafiestas de todos esos momentos de “humor” (nótense las comillas) es agotador. Te recuerda al personaje Tristeza de la película Inside Out. Ese que nadie quiere ser…

Ser feminista es muy cansado porque te supone disputas en el ámbito laboral con personas muy cordiales y con las que te llevabas a las mil maravillas hasta que les señalas algún micromachismo, que probablemente no reconocerán e intentarán justificar con razones de lo más peregrinas.

Ser feminista es muy cansado porque desde pequeña te han dicho que señalar con el dedo está muy feo. Ser la acusica de la clase no te reporta precisamente popularidad y callarse, en muchas situaciones, es una postura más cómoda y segura.

Ser feminista es muy cansado porque siempre te estás planteando si no te habrás pasado de frenada. Si el morado no te estará nublando la vista y estarás pecando de conspiranoica… y es precisamente ésta la baza que juegan contra ti.

Imagen de Sandra Druschke (CC by)

Imagen de Sandra Druschke (CC by)

Ser feminista es muy cansado porque con tus pequeñas acciones en el metro cuadrado que ocupas, no ves resultados a corto plazo y eso te frustra. Por no hablar de la impotencia que sientes al encender el televisor y ver cómo crece el número de mujeres asesinadas, fotografías de política sin políticas, empresa sin empresarias, entrevistas a deportistas para saber si son coquetas obviando sus logros profesionales…

Ser feminista es muy cansado porque los días que te encuentras sin fuerzas y no intervienes ante una conversación o te escondes, luego te sientes como una cobarde y traidora.

Termino este post cansada. Más que cansada, agotada. Pero es un cansancio con recompensa. Como cuando sales a correr y luego las endorfinas hacen que no puedas parar de sonreír. Ser feminista es muy cansado, pero es parte de lo que soy, y me gusta.

La idea de poder trabajar con máquinas deterministas (que a iguales entradas devuelven invariablemente las mismas salidas) me hizo ingeniera. Acabada la carrera descubrí que tras toda máquina hay una persona impredecible… y que esa es la parte divertida de la vida. Enredada ahora con la comunicación digital.

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