Sin micro

30/05/2017 en Miradas invitadas

 

Luisa Etxenike.

Me presentaré primero como escritora de obras de distintos géneros. Mencionaré sólo las últimas. La novela ‘El detective de sonidos’; el poemario ‘El arte de la pesca’; y las obras teatrales ‘La herencia y Gernika es ahora’ (esta última para la radio).
Soy también profesora de disciplinas como la teoría del relato, la perspectiva de género en literatura y la escritura creativa.
Mi posición política la resumiré en dos rasgos: cosmopolitismo y anhelo de justicia social.
Entre mis aficiones se encuentran la observación de aves, y el estudio del lenguaje del vino.

 

Trato de recodar cuántas veces he oído o leído, en los últimos meses, el término microrracismo en un debate público, un artículo de prensa o una conversación informal. Y la verdad es que no creo haberme encontrado con ese término ni una sola vez. Y si lo escribo en el cajetín del buscador de Google, por ejemplo, tampoco me salen muchas entradas con sustancia, de las que indican que el término se usa, se estudia, se debate. Parece evidente, entonces, que la palabra microrracismo no ha cuajado, que no se ha consolidado como instrumento para definir una forma de racismo de baja intensidad, una actitud leve o parcialmente racista. Personalmente me alegro de ese “fracaso” terminológico, me parece lo justo y una manera de expresar con rotundidad que algo así no puede darse, que no hay gestos o actitudes que son sólo parcial o ligera o levemente racistas; que en esto no cabe una mínima proporción: que se es racista del todo, como se es todo lo contrario, del todo. Que estamos siempre, sea cual sea el alcance o la virulencia de las manifestaciones ante un racismo completo, esto es, ante una amenaza completa a los principios y valores de la democracia y del humanismo. Y al excluir el termino microrracismo se excluye también la tentación de buscar en su interior alguna forma de indulgencia, de pretensión de que lo que se define no es tan grave; que es sólo un puntito de roña que no oxida el resto, que no desnaturaliza la calidad mayoritariamente respetuosa o democrática de quien lo comete, así, a poquitos. A mi juicio, el que no haya triunfado el término microrracismo habla por sí solo, en ausencia, de una esperanzadora actitud social.

Pienso ahora en cuántas veces he oído o leído en los últimos meses, el término micromachismo en un debate público, un artículo de prensa o una conversación informal. Y la cuenta es tan larga que la pierdo. Y si escribo esa palabra en el mismo buscador de internet me salen infinidad de entradas sustanciosas, argumentadas. Lo que me indica que el término no sólo ha cuajado, sino que se está imponiendo en el debate público, en la prensa (hay medios que le dedican una rúbrica específica) y en el hablar de cada día, para describir violencias de género de baja intensidad, actitudes leve o parcialmente machistas. Y que, en este caso, el término haya triunfado resulta también elocuente, aunque con poco margen para la esperanza. Porque significa, a mi juicio, que nuestra sociedad admite y/o se resigna a la idea de que se puede ser machista pero no del todo; sólo un poquito machista, y que en el resto uno puede ser, digamos, un ciudadano intachablemente demócrata. A la idea, en definitiva, de que la democracia puede albergar, sin desnaturalizarse, ciertas dosis de machismo, que no van, como si dijéramos, a ningún lado, que no son tan graves, que no alteran lo esencial. Que el edificio de valores y principios de la democracia y el humanismo sigue intacto, con los cimientos en su sitio, aunque conviva con un machismo en micro.

En fin que lo que vale para el racismo no vale para el machismo. Porque siempre que nos referimos a la condición y situación de las mujeres todo es otra cosa, todo aparece como el mundo al revés; como un estado de excepción, donde rigen otras reglas. Igualdad sí, faltaría más, pero para ellas menos; libertad sí, claro, pero para ellas menos… y así con todo. Todo es otra cosa, todo es relativo cuando se declina en femenino. Y los ejemplos que se pueden citar en apoyo de esta afirmación abruman por su número y su constancia. Y por la colorida variedad de sus presentaciones: gráficos, estadísticas, informes oficiales, estudios y testimonios varios… para decir cada vez lo mismo: que ahí sigue lo que se ha dado en llamar la “brecha” entre los géneros y que yo creo que habría que llamar la “falla”, término al que le veo como mínimo dos ventajas. La primera la de ser colosal en sus hechuras, como lo es-tremenda- la injusticia; la segunda, la de acercarnos a la idea de error y de falta.

El machismo en su vertiente individual o colectiva; privada o pública; espontánea o institucionalizada, es, en mi opinión, el error más terrible de consideración de lo que supone la democracia, y la falta más grave contra sus principios y fundamentos. Entre otras razones porque las relaciones de género se extienden por todos los tiempos y espacios de nuestra vida privada y pública; nacemos y nos desenvolvemos siempre en un espacio habitado por el “él” y el “ella”, es decir, en la oportunidad y la responsabilidad de dotarles de sentido, de un justo sentido. “Qué alegría más alta vivir en los pronombres” escribió Pedro Salinas. Y sería estupendo que ese verso pudiera servir como definición de la democracia: que la altura de miras en los pronombres, en la calidad de sus derechos iguales, en la justicia de sus atribuciones, fuera la única “poética” de nuestra sociedad, la única y alegre rima de nuestro sistema político. Lamentablemente no es así; a la democracia pronominal aún le falta y mucho para colmar su falla.

Y creo que una manera de asumir correctamente la tarea de colmarla es quitarle para empezar al machismo su micro terminológico, esto es, sus coartadas. Y reservar el micro- en su sentido más acústico- para magnificar la voz y la acción contra sus atentados a la democracia.

Somos mujeres. Somos personas. Gente con sueños que imagina una sociedad diferente. Gente que reclama un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado. Y después de mucho cavilar, somos doce mujeres con ganas de trabajar para lograrlo. ¿Quieres saber quiénes somos?.