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Voces para la igualdad. ¿Celebras con nosotras el sexto aniversario de Doce Miradas?

15/05/2019 en Doce Miradas por Doce Miradas

Maiatzak 23 mayo. 18:00h.

Universidad Deusto, campus Donostia (Sala Tokiski). Camino de Mundaiz 50, Donostia.

Inscríbete.

Como os contamos hace poco, cumplimos seis años con este proyecto que se llama Doce Miradas, tiene formato de blog y el compromiso de trabajar por la igualdad con el feminismo como herramienta y reivindicación. Este año ha sido muy especial para nosotras porque en noviembre recibimos el Premio Periodismo Vasco 2018 en la modalidad de Periodismo Digital y estamos felices con el reconocimiento. Pero no queremos parar ahí.

En este aniversario pretendemos desvirtualizar el blog y convertir los temas de los posts publicados en conversación cara a cara, fuera de la red en la que se aloja el blog. En esta VI edición, ‘Voces para la igualdad’ tiene como objetivo plantear propuestas de valor en cada uno de los temas a tratar. El acto, que comenzará a las 18.00 horas, se desarrollará de la siguiente manera y con las siguientes cómplices de batalla:

  • Mesa redonda educación “La asignatura pendiente de la igualdad”.
    • Pilar Mayo, jefa de Igualdad de Educación de Navarra.
    • Koldo Zabala, técnico de Igualdad del Ayuntamiento de Irun.
    • Eunate Encinas, integrante de Doce Miradas.
    • Eva Silván, integrante de Doce Miradas.
  • Mesa redonda visibilidad y voz  “Cuando Telémaco silenció a Penélope”.
    • Felix Arrieta, politólogo y profesor de la Universidad de Deusto. Director de DeustoForum Gipuzkoa.
    • Marta Macho, matemática, divulgadora científica y profesora de la UPV-EHU. Premio Emakunde 2016.
    • Ana Erostarbe, integrante de Doce Miradas.
    • Noemí Pastor, integrante de Doce Miradas.
  • Mesa redonda medios de comunicación “¿Cómo se está difundiendo la voz, la mirada y el pensamiento de las mujeres?”
    • Begoña Marañón, directora Cadena SER Euskadi.
    • Lourdes Pérez, subdirectora del Diario Vasco.
    • Arantxa Sainz de Murieta, integrante de Doce Miradas.
    • María Puente, integrante de Doce Miradas.

Y para finalizar, tenemos unas cervezas que muy amablemente Heineken nos ha facilitado y con las que esperamos seguir compartiendo conversación.

El evento aniversario se celebra por primera vez en Donostia – San Sebastián, en atención a todas aquellas personas de Gipuzkoa que seguís las publicaciones semanales del blog, leéis y comentáis los artículos y ‘conversáis’ con el colectivo a través de Twitter.

¿Te has apuntado ya? Si no has reservado tu plaza aún, hazlo ahora porque el aforo es limitado. Estamos deseando verte. ¡Apúntate aquí!

¿Lo escuchan? Es el 6º aniversario de Doce Miradas. Save the date!

08/05/2019 en Doce Miradas por Doce Miradas

Las personas y la vida en el centro

07/05/2019 en Miradas invitadas por Doce Miradas

 Cristina Mendia Ibarrola (@cris230653).

Amante de la música y la amistad. He dedicado los últimos doce años a trabajar por la igualdad, diversidad y conciliación  en la empresa y en ese recorrido lento pero fructífero he tenido ocasión de participar en la sociedad a través de foros, equipos de trabajo, conferencias… compartiendo buenas prácticas y diseñando planes y estrategias que ayuden a avanzar tanto a las personas como a las organizaciones, para lograr un cambio cultural. Estamos en ello.

 

Acabamos de entregar nuestro voto para que nuestro país sea gestionado por las diferentes formaciones políticas que tienen ahora como misión diseñar el plan director que vaya dando respuesta a las distintas necesidades que como país tenemos.

Pero los países los formamos las personas, igual que las empresas consiguen sus objetivos gracias a las personas que trabajan en ellas y ahí es donde me quiero detener.

Cuando se pretende diseñar una estrategia para dar respuesta a las necesidades de una comunidad parece lógico que primero se averigüe lo que se necesita y en base a esa información idear una planificación, sin embargo en el mundo de la política, sucede al revés y se organizan los mítines o los debates, para “convencer al pueblo”, que compre algo que le venden para que se les vote y no necesariamente escuchando a las personas, sino tratando de movilizar su pensamiento durante los días que dura la campaña. Terminado el proceso las personas vuelven a ser invisibles.

Si se ha preguntado a la ciudadanía, si se ha venido trabajando con ella mano a mano, si se ha estudiado a pie de calle las necesidades existentes, lo lógico sería que se atendiera de manera ponderada a las distintas diversidades. Por eso no se entiende que a la hora de ponerse a la tarea de gobernar no sean más responsables. La diversidad hay que gestionarla. La integración de distintas miradas debería de servir para sacar partido de lo bueno de cada cual o atendiendo sobre todo a lo que afecte a una mayoría para finalmente conseguir un resultado global que responda a todas o a la mayor parte de las situaciones. Ese sería nuestro éxito como País.

Cuando en las Empresas se realizan los planes de formación y se abordan estrategias para aplicar el “ganar-ganar”, la participación, el liderazgo, la relación con las personas, la cercanía, el trabajo en equipo… porque se entiende que hace que éstas sean más eficientes, no se explica que no se plantee lo mismo para gobernar nuestro país. ¿Por qué nos bombardean con supuestos milagros económicos sin que éstos estén directamente relacionados con las personas?

A lo largo de la campaña he ido observado las promesas que se hacen para “favorecer la igualdad” para tener presentes a las mujeres, para facilitar la crianza…

Sentía cierto pudor al escuchar cómo, hombres portavoces de los partidos, relataban con cierta vehemencia lo que iban a hacer “por las mujeres” (ese es el único momento en el que se hacen visibles) y cómo incluso alguno se atrevía a publicitar los “vientres de alquiler”, cómo usaban el término conciliación asociado a las mujeres, cómo se proponía facilitar la crianza porque “España tiene un problema de natalidad” y proponiendo  soluciones para lograr que las mujeres tengan más hijos porque insistían una y otra vez “España tiene un problema de natalidad”, (también de eso nos acaban culpando). ¿Qué tal si intentaran al menos cumplir con la Ley?

Pero no se turban ante el incumplimiento sistemático de la ley de Igualdad, una ley aprobada en 2007 que fue necesario promulgar por lo injusto de la situación, y que no se cumple pero que tampoco su incumplimiento se penaliza y por eso se producen injusticias como “evitar contratar a mujeres” porque se pueden quedar embarazadas, o no se les renueva los contratos si en el anterior se ha quedado embarazada, o se les despide, o presionan en las organizaciones de manera que los hombres no se atrevan a solicitar reducciones de jornada o excedencia porque no es serio que un hombre lo solicite, eso es solo cosa de mujeres. Así ¿cómo no va a haber baja natalidad?

Se propone favorecer a las familias… y como toda solución proponen un cheque, una cantidad de dinero, como si fuera una golosina que les pudiera atraer, cuando en el día a día hombres y mujeres están sometidos a largas jornadas laborales, con horarios imposibles, que les impiden atender a sus hijos e hijas, sustituyendo el cariño y la convivencia por obtener un “poquito” de dinero.

Alarma escuchar sutiles perversiones que una vez más desvelan lo lejos que estamos todavía de conseguir un cambio de cultura que logre no tener que escuchar argumentos tan insensibles, que lejos de ofrecer apoyo a las mujeres, de permitir y favorecer que exista Igualdad de Oportunidades, continúan lanzando mensajes paternalistas que en el fondo revelan su pretensión de seguir siendo nuestros carceleros. Sólo les interesa nombrarlas para el “marchandising”

Volvemos a estar en tiempo de reflexión y de nuevo vendrán promesas que cuesta poco “vocear” pero que no siempre se traducen después en realidad.

La explosiva contestación del 8 de marzo del pasado año que marcó un antes y un después, fue una bocanada de aire que nos ayudó a seguir plantándonos y que el 8 de marzo de este año la movilización continuara siendo tan potente, a pesar de las discrepancias, sigue mostrando esa fuerza arrolladora.

Pero si después observamos en qué se ha concretado esa movilización vemos que no ha sido proporcional a la clamorosa demanda y con ello corremos el riesgo de consolidar una fecha, una fiesta reivindicativa a la que la sociedad puede ir acostumbrándose sin que se reclame a posteriori la implantación de medidas tendentes a acabar con la desigualdad y el ninguneo a las mujeres.

Recientemente se ha celebrado el 1 de Mayo, Día del Trabajo, fecha con larga tradición en la que afloran los discursos reclamando justicia e igualdad. En este momento se habla tanto desde el gobierno como desde los sindicatos de ese proyecto de renovación del “Estatuto de los Trabajadores” y me pregunto si a alguien se le ocurrirá titularlo de otra forma utilizando lenguaje inclusivo o si volveremos a caer en los mismos errores de invisibilizar a las mujeres como cuando se publicó la normativa relativa al “Regimen Especial para Empleados de Hogar”.

Claro que habrá quien diga, “esto del lenguaje es una tontería con todo lo que hay por resolver”. Pero no, no es una tontería. Lo que no se menciona no existe, por eso rechazan que queramos promover otra manera de construir nuestro relato.

Seguimos analizando los datos de la Brecha Salarial y la realidad es tozuda, sólo nombrándola no va a desaparecer. No hablamos en cambio de la Brecha de Cuidados en el caso de los hombres y se comenta como excusa, que la maternidad penaliza la promoción en el caso de las mujeres sin que nos preguntemos por qué no sucede lo mismo con la paternidad obviando la falta de corresponsabilidad en la crianza y eso permite que sigamos asumiendo ciertas desigualdades sin que nos propongamos trabajar para erradicarlas.

Sin embargo, quiero mostrar mi confianza por las pequeñas conquistas arrancadas a lo largo de los años y me reconforta saber cómo podemos actuar para provocar un rápido resultado en nuestra reivindicación.

En el ámbito laboral y social, tuve ocasión de pertenecer y dinamizar algunas sesiones en la Red DenBBora Sarea promovida por el Ayuntamiento de Bilbao y la Diputación de Bizkaia que aglutina a empresas comprometidas con la Igualdad, que han comenzado a transformar los tiempos y espacios de trabajo para implantar otra forma de gestionar teniendo en cuenta a las personas, lo que les permite innovar en los usos del tiempo.

El hecho de que sean las instituciones quienes dinamizan la Red, hace que las Empresas se sientan parte de la Sociedad ya que comparten información y en los encuentros se aportan ideas para que las instituciones introduzcan en sus diseños de ciudad, lugares y tiempos de ocio e impulsen nuevos modelos sociales que promuevan la conciliación, la corresponsabilidad y la equidad, con el fin de facilitar una mejor gestión del tiempo y la conciliación de la vida.

El resultado es positivo y cada vez más empresas de Bizkaia van adhiriéndose a la Red que sirve como vía para potenciar el feminismo que propone cambios en las estructuras de poder para poner la vida en el centro.

Hay camino por recorrer y sabemos cómo hacerlo, pero tenemos que estar alerta. No nos dejamos llevar por cantos de sirena porque tenemos que continuar esparciendo nuestra fuerza, esa fuerza que cuando estamos juntas aflora y es imparable. Tenemos tarea y vamos a ir polinizando nuestra sociedad para que nunca más tengamos que estar necesitando reclamar lo que es nuestro por derecho. Aurrera beti.

Las maravillosas señoras que hacen humor

30/04/2019 en Doce Miradas por María Puente

Joel ha sido mi marido durante cuatro años y hoy me ha dejado. Así comienza el catártico primer monólogo de La maravillosa Sra. Maisel, la original serie de Amazon que cuenta la vida de una treintañera neoyorkina judía, perfecta esposa con dos hijos, que vive en el exclusivo Upper West Side en lo que parecía una existencia dorada y feliz, típica de los años 50. Esta multipremiada comedia (Emmys y Globos de Oro a mejor serie cómica y mejor actriz protagonista y todo tipo de reconocimientos al guión de Amy Sherman-Palladino) enseguida da un giro y nos presenta a una mujer en evolución que prueba el veneno del stand-up, lo que aquí conocemos como monólogos, y descubre que quiere triunfar en los escenarios. Porque la Sra. Maisel, Midge para las amigas, triunfa en su improvisado y alcohólico debut. Hace reír al escaso público asistente desvelando su vida íntima con un discurso pleno de ingenio, desparpajo y provocación. Y lo mejor es que Susie, la manager-barwoman del Gaslight, rendida ante su talento, le propone una asociación: “Deberías ser humorista y yo puedo ayudarte”. Juntas se embarcan en una aventura que pronto descubren no será fácil porque aunque Mrs. Maisel demuestra estar hecha para dominar los escenarios, el club de la comedia es un club de hombres.
Esta ficción situada en los años 50 (la segunda temporada me ha gustado aún más que la primera) me ha hecho pensar en las mujeres y el humor y, sobre todo, en las mujeres que hacen humor feminista en la actualidad. Creo que estamos ante un auténtico boom. Una gran noticia porque el humor es un arma poderosa para combatir o al menos neutralizar el machismo tan aficionado siempre a mofarse del estereotipo de feminista amargada sin sentido del humor. Bien, pues ahora lo tiene mucho más complicado con mujeres como Isa Calderón y Lucía Lijtmaer, que en su Deforme Semanal (aquí puedes ver el de abril de 2019) se ríen con descaro hasta de su sombra, políticos, personas públicas, poetuiteros y gente que va en patinete incluidos. Son kryptonita para el machismo manifiesto y polígrafo para el encubierto.

Este boom es relativamente reciente. En el pasado, la presencia de las mujeres en el humor profesional ha sido más bien escasa. Su ausencia tampoco es casual esta vez. El humor es una cosa muy seria que se asocia a la inteligencia y al ingenio, dos características tradicionalmente consideradas patrimonio exclusivo de los hombres. Hay quien asegura que hacer humor significa reírse de uno mismo, a menudo humillarse, ridiculizarse, autosacrificarse… Y, claro, eso en una mujer no es bonito de ver y encima son ellas mismas las que no están dispuestas a salir feas o ridículas. Que se lo digan a la Niña de Shrek (Silvia Abril) o a la propia Lina Morgan.

El humor es además potencial arma contra el poder y herramienta de poder en sí misma. Subirte a un escenario y compartir tu manera de mirar el mundo a través del humor supone ocupar el espacio público, una asignatura aún pendiente para nosotras. Porque en lo relativo a silenciar a las mujeres, la cultura occidental lleva miles de años de práctica, tal y como sostiene la historiadora británica Mary Beard en su ensayo Mujeres y poder. Entre los ejemplos que cita, Beard echa mano de la tradición literaria occidental, en concreto de un momento de la Odisea en el que un hombre ordena callar a una mujer porque su voz no debe ser escuchada en público. Se trata de Telémaco a su madre, Penélope, que osa reclamar ante una multitud que el cantante elija un tema más alegre. “Madre mía –replica-, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca… El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa”. Y ella se retira a su habitación.

Por muy hijo de héroe griego que sea, Telémaco lo tendría crudo para enviar a Virginia Imaz a sus aposentos. La payasa clown premio Emakunde 2017, que defiende que el humor “desenfoca la tragedia”, escenificó durante la ceremonia de entrega, con una aparente ingenuidad inofensivamente letal, el ‘juego de la igualdad’ con un partido de tenis. “Señores (lehendakari Urkullu incluido entre la audiencia), al loro que cualquier día conseguimos devolvérsela y os vamos a pillar out”, concluyó Imaz.

Indagando sobre la cuestión, he encontrado este artículo de Tribuna Feminista en el que se reseña a 10 cómicas feministas. Entre ellas, figura  Patricia Sornosa, otra cómica de humor combativo:

“Os quiero contar la historia de amor de mis padres… Mis padres se conocieron porque mi madre empezó a trabajar limpiando en casa de mi padre y se enamoraron. Y se casaron. Y entonces mi madre… dejó de cobrar las horas”. Risas.

Puede que alguna de estas mujeres no te haga ninguna gracia, pero eso no debe entenderse como una incapacidad o demérito del género femenino. Seguro que hay muchos humoristas hombres que no te han arrancado jamás una sonrisa y ahí están. Caitlin Moran, por ejemplo, incluida en esta lista, famosa por su libro Cómo ser mujer, no termina de convencerme, pero no cabe duda de que el humor atraviesa todo su ensayo. Aquí va una pincelada de su estilo al defender la prohibición de los clubes de striptease: “No se van a MORIR [los hombres] si no pueden entrar en un antro de striptease. Las tetas no son como la vitamina D, o algo parecido”.

A pesar de esta eclosión, la risa feminista está aún en la periferia, con sus periféricos o inexistentes sueldos, sospecho. Las encontrarás en salas, teatros, cafés, canales de Youtube o plataformas como Movistar plus, que también acaba de estrenar el programa Las que faltaban, con Thais Villas al frente, o el monólogo de Henar Álvarez en Late Motiv, Señoras Fetén con Moderna de Pueblo, la activista y artista Yolanda Domínguez me pareció genial en su crítica al mundo de la moda con su creación Poses, el festival de humor feminista Coñumor y tantas otras que no conoceré.

En Momentos estelares de la humanidad, el libro del austriaco Stephan Sweig que tanto me han recomendado últimamente (por ahora ningún momento estelar protagonizado por mujer alguna), se novela la caída de Constantinopla, que aguantó valerosamente tras sus murallas un sitio de más de dos meses, pero que finalmente cayó (entre otras cosas) por culpa de una pequeña puerta olvidada que algún bizantino se dejó abierta: la Kerkaporta. Por ahí entraron los desconcertados turcos que no daban crédito a su suerte. Internet parece ser nuestra Kerkaporta por la que una multitud de mujeres marvelous encuentran la oportunidad de mostrar su talento para el humor. Si en el pasado la consecuencia fue la caída del Imperio Romano de Oriente o la conquista de Bizancio, según quién mire, qué no podrá pasar esta vez.

Piensa en una mujer artista (y no vale Frida Kahlo)

09/04/2019 en Miradas invitadas por Doce Miradas

María Cimadevilla (@M_CiMaDeViLLa). Buscadora infinita de historias y maneras de contar. Estudié Psicología y he trabajado los últimos 15 años en el ámbito de la comunicación y el marketing tanto en agencia como en el sector de las ONG. Me apasiona la literatura infantil y escribir microrrelatos. Formo parte de la Comisión Artística Colombine desde donde tratamos de dar visibilidad al trabajo de las mujeres artistas y reivindicar a través de sus obras la equidad de género. Me gusta tanto contar como que me cuenten. Lo que no se cuenta, no existe.

(Foto: Martín Suarez)

 

“Kandinsky está muerto, como los dinosaurios”, me dijo Greta en cuanto pusimos un pie en el Museo Reina Sofía. Así empezamos el recorrido por las plantas del edificio en busca de los cuadros que estaban ya en su imaginario. En su colegio se trabaja por proyectos y en esas semanas Greta estaba aprendiendo a través de la figura y la obra de Kandinsky. Localizamos la pared con las obras del pintor en cuestión y allí nos instalamos con ella su madre y yo. Greta sacó su cuaderno y sus pinturas, se sentó y empezó a dibujar su propia versión del cuadro de Kandinsky. Una copia de alta calidad realizada por esta artista de tan solo 4 años.

(Foto: María Cimadevilla)

Hace algunos meses recorrí también con una visita guiada para familias las salas del Rijksmuseum en Amsterdam acompañada de mis sobrinas de 4 y 6 años. Allí también hubo cuaderno y lápiz en mano. Olivia, la mayor, siguió atentamente las explicaciones de nuestro guía, replicó en su cuaderno algunas de las esculturas y cuadros en los que fuimos recalando y se tomó su tiempo para entender con la ayuda de una linterna la técnica del claroscuro que se puede admirar en “La ronda de noche” de Rembrandt. Cuando la visita terminó oficialmente Olivia se dedicó durante un buen rato a pulular entre el resto de obras de la sala en la que estábamos. Caminaba, miraba, se paraba, dibujaba.

(Foto: María Cimadevilla)

Cuando visito un museo con ellas tengo muy presente la desigualdad de referentes que están viviendo y con el que están creciendo aún en estos espacios. Instituciones como el Rijksmuseum reconocen que de sus obras, solo un 3,4% de su colección pertenecen a mujeres artistas aunque, muy probablemente, muchas de las obras anónimas que alberga el museo y algunas de las atribuidas a famosos pintores, tienen en realidad autoría femenina. El Museo del Prado informaba también el año pasado de que de las 1.627 obras que tenía expuestas, únicamente 6 eran de mujeres artistas. El Museo, que este año cumple 200 años, organizó por primera vez en 2016 una exposición monográfica dedicada a una mujer. Fueron quince las obras de Clara Peeters que mostró El Prado entonces, de las cuales cuatro eran propiedad del Museo y dos de ellas permanecían hasta entonces sin ser exhibidas. Hace unos meses se anunció que, con motivo de su bicentenario, El Prado dedicará en octubre una exposición que reunirá sesenta obras de las pintoras Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Las cifras hablan tanto como los cuadros: 3 exposiciones de mujeres artistas en 200 años y 6 obras expuestas de un total de 1.627 piezas.

Aunque a veces se intenta justificar esta ausencia de obras con el contexto histórico de la época a la que pertenecen, lo cierto es que hay más obras de las que cuelgan en las paredes de estos museos. La pregunta es por qué no se les da el espacio para poder ser mostradas y permanecen ocultas en los sótanos de los Museos. Estoy deseando que alguno se lance a innovar con visitas guiadas por estos subsuelos y descubra la acogida que tendría entre el público mostrar estos tesoros ocultos.

Han pasado más de tres décadas desde que las Guerrilla Girls aparecieron en escena para denunciar la discriminación de las mujeres en el arte y exigir su espacio como artistas y no como objetos. En muchos espacios expositivos las mujeres siguen siendo las retratadas y no quienes retratan. En nuestro país la Asociación de Mujeres en las Artes Visuales (MAV) analiza anualmente la presencia de mujeres en las principales ferias de arte. A la espera de conocer los datos de la última edición, MAV señalaba que en 2018 la presencia de mujeres artistas españolas en ARCO era del 6%, solo un 34% de las galerías representadas en la feria estaban lideradas por mujeres y un 80% de los miembros del Comité Organizador de ARCO eran hombres.

No es solo que el arte realizado por grandes pintoras en el siglo XVI siga guardado en los sótanos de muchos museos, sino que el arte que hoy en día desarrollan mujeres artistas también tiene menos visibilidad y oportunidades de ser difundido. Una de las consecuencias que tiene esto es que hay temas que no están, que no se hablan, que no llegan. Mientras el arte realizado por las mujeres siga teniendo trabas para ser mostrado seguirá habiendo una parte de la historia que no conoceremos y que no se entenderá. Porque lo que no se cuenta, no existe.

Pienso en la denuncia de la violencia que sufren las mujeres que hay en la obra artística de Regina José Galindo o Ana Mendieta. Me pregunto si algún espacio dedicado al arte escogería como temática para una exposición colectiva los abusos sexuales sufridos por las trabajadoras de la fresa en Huelva como hemos hecho este mes de marzo desde la Comisión Artística Colombine. “Fresas de sangre” ha reunido la obra de 45 mujeres y colectivos de artistas donde denunciamos esta realidad y la situación de las mujeres que trabajan en el sector doméstico y de cuidados.

Siento la importancia de campañas como “¿Quién coño es?” que puso en marcha María Bastarós inundando el espacio público primero de Zaragoza y luego de otras ciudades, con carteles que se preguntaban literalmente eso: quién coño eran mujeres como Remedios Varo, Gunta Stölzl o Faith Ringgold.

Devoro la información de talleres como los que imparten OtrasNosotras en los que muestran los legados históricos y artísticos de tantas mujeres y colectivos que no hemos conocido antes porque no han tenido espacio para ser mostradas.

El arte cuenta, expresa, denuncia, reivindica y transforma. Si faltan piezas, si se silencian voces, si se obvian temas, seguirá habiendo un vacío. Si las mujeres artistas no tienen las mismas oportunidades para mostrar sus obras hay una parte de la historia que seguirá oculta.

La próxima vez que vaya con Greta al Museo Reina Sofía iremos directamente a la sala donde están las obras de Maruja Mallo. La próxima vez que Olivia venga a casa y quiera poner otro más de sus dibujos en mis paredes le explicaré lo importante que es para muchas mujeres artistas tener un sitio donde mostrar sus obras.

Y tú ¿qué harás la próxima vez que visites un museo o acudas a una exposición?

 

 

Silencio

02/04/2019 en Doce Miradas por Ana Erostarbe

Una conversación con mi hijo de 14 años me daba hace unas semanas la idea de este post. Cuestionaba él mi crítica a una fotografía de los Premios ABC Salud, en la que aparecían los premiados con sus respectivos galardones: todos ellos hombres. Le explicaba yo que la cosa tiene delito porque el de la Salud es un sector feminizado, con un 84% de enfermeras colegiadas y un 50,4 de médicas. Sin negar que el resultado de la imagen fuera sorprendente, planteaba él la posibilidad de que, en este caso, fuesen “ellos” quienes más merecieran haber llegado a lo alto de las instituciones premiadas.

Más de causas que de azares, yo traté de explicarle a su vez que las casualidades no existen, y que la misma falta de reconocimiento que evidenciaba la foto en particular, se reproduce a lo largo y ancho del mundo en todos los ámbitos. A las mujeres, le decía, nos cuesta infinitamente más que se reconozca nuestra opinión y nuestro trabajo. Verdad verdadera.

Cierto que siguen siendo ellos quienes presiden de manera mayoritaria consejos, comités y jurados, y que esta circunstancia explica el hábito de sustituir a hombres por hombres (tendiendo así a perpetuarse las proporciones en los órganos de poder y el sesgo de sus decisiones). Pero cierto es también que, más allá, subyace un segundo argumento que no por evidente, deja de sorprender: a las mujeres no se nos trata como iguales porque no se nos considera iguales. Al menos no igual de interesantes, originales, creíbles o replicables.

Miremos a la industria del cine, por ejemplo, que a través de historias nos cuenta nuestro tiempo presente y pasado, e imagina también el futuro (a menudo, por cierto, con enorme falta de imaginación en lo que a proyección de la mujer se refiere). Pues bien, en los 90 años que llevan otorgándose los Oscar, menos de la mitad de las “mejores películas” superaron el test de Bechdel, esta prueba que trata de evidenciar la brecha de género en el cine a través de tres reglas (ridículas de puro simple): que haya al menos dos personajes femeninos en la película (1), que mantengan alguna conversación entre sí (2) y que esta no sea sobre un hombre (3).

En este sentido, aclarar que la presencia de la mujer en el cine es hoy día menor que en la década de los 30, de modo que el argumento del tiempo (ese que hay quienes dicen que cambia las cosas por su cuenta), no aplica.

¿Y qué sucede cuando medimos cuánto hablan ellos y ellas en pantalla? Con un vistazo a la gráfica en la imagen, basta.

Con los medios de comunicación –poderosas fuerzas que determinan la manera en que vemos nuestras sociedades– sucede algo parecido. El Global Media Monitoring Project (investigación quinquenal en 114 países que desde 1995 analiza la presencia de las mujeres en los medios a lo largo de todo un día), aporta datos enormemente reveladores sobre cómo se nos ve. Dice, por ejemplo, que, de cada 10 voces expertas en los medios, solo 2 son de mujeres, que cuando se ofrece el testimonio de testigos, 6 de cada 10 son de hombres, y que solo 1 de cada 4 noticias tienen como sujeto protagonista a las mujeres. Se deduce, por tanto, los hombres son más creíbles e, igual que en el cine, en la vida real también les pasan más cosas y más interesantes.

Hay también estudios por países como este que recientemente ha analizado 700.000 horas de los medios audiovisuales en Francia, para concluir que las intervenciones de las mujeres son dos veces menores que las de los hombres.

O este otro, realizado en Estados Unidos por el Women’s Media Centre que –al hilo de esto de la credibilidad– apunta que los periodistas masculinos tienen más del doble de influencia en las redes sociales que sus colegas femeninas. Poca sorpresa hasta aquí. Especialmente llamativo es, sin embargo, confirmar que ellos retuitean hasta 3 veces más a sus colegas masculinos, y que el 92% de sus respuestas son también entre sí. Esto es, las mujeres (periodistas o no, me atrevería a decir) somos menos susceptibles de ser retuiteadas por ellos. Parece menor, pero sin duda no lo es. Porque la visibilidad y la credibilidad que se nos restan de tan inocente manera, sin duda, tampoco lo son.

Se entiende mejor así que en 109 años de historia, solo el 6% de los premios Nobel hayan sido otorgados a mujeres. Repárese en los puntitos morados de la gráfica, y repárese también en las categorías. De Economía, Física y Química, vamos más justitas, se conoce. Nada comparado con la Literatura, la Medicina y la Paz. No se entiende por qué no gobernamos el mundo, la verdad.

Y lo mismo sucede, me tocará explicarle a mi hijo, si miramos al mundo del deporte, al de la ciencia, al de la empresa e incluso, al de lo público (ese que, en esencia y por justicia, debería de representarnos con fidelidad). De 194 países en el mundo, solo 25 cuentan hoy día con una jefa de estado electa.

Sirvan, en todo caso, estos hilvanes para apuntalar una idea. El trabajo de las mujeres no obtiene el mismo reconocimiento en nuestras sociedades, porque nuestras vivencias y nuestras ideas no reciben el mismo eco. A pesar de los avances (de acción, y, sobre todo, de mucha palabra), la mirada general es androcéntrica y, salvo que actuemos, seguirá siéndolo por inercia, cuando no por resistencia.

Siempre habrá quienes no quieran o no sepan ver que, si las mujeres no llegan a estos premios, a esos puestos o a la mismísima Luna, no es casual, sino resultado de muchos palos en el camino, un tupido parche en los ojos y un silencio histórico de nuestra palabra.

Vivan, por tanto, las historias, las películas, los libros, las noticias con mujeres y de mujeres. Los premios, las voces expertas, los micrófonos y la interacción en las redes sociales. Somos la mitad, pues bien, que se nos vea y, sobre todo, que se nos oiga.

La batalla por el tiempo

26/03/2019 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Julen Iturbe-Ormaetxe, @juleniturbe, licenciado en Psicología y doctor en Empresariales, en la actualidad es consultor independiente, creador del proyecto Consultoría Artesana en Red. También es docente e investigador en Enpresagintza, Facultad de Empresariales de Mondragón Unibertsitatea, y en MIK.

A menudo oímos decir que la gente no tiene tiempo. Aunque la esperanza de vida crece y las conquistas sociales nos han proporcionado ocio, la queja se repite: no tengo tiempo para nada. Así, el tiempo para nuestra propia vida, un tiempo de calidad, se convierte en objeto de deseo. Alguien parece habernos robado ese tiempo que el progreso, se supone, nos iba a proporcionar para ser felices y disfrutar de la vida.

Judy Wajcman es una australiana cercana a los 70 años, catedrática de Sociología en la London School of Economics. Con una buena colección de libros publicados, su investigación se ha centrado en las relaciones entre el género y la tecnología. En 2015 salió a la luz Pressed for time: the acceleration of life in digital capitalism, un libro traducido al español en 2017 como Esclavos del tiempo y publicado por Paidós. Y, claro, cuenta cosas muy interesantes. Cosas sobre el tiempo, sobre nuestro tiempo.

La perspectiva de género está presente en toda la obra. A veces, de manera explícita; otras, en cambio, Wajcman deja la puerta abierta para que quienes leemos pensemos por nuestra cuenta. Porque al leer con sosiego no hay duda de hasta qué punto el género condiciona la disponibilidad de tiempo en esta sociedad contemporánea repleta de hiperactividades.

Cuando pensamos en “falta de tiempo” es fácil que acuda a nuestra mente un encorbatado señor con elevadas responsabilidades en su trabajo, volcado en su progreso laboral e implicado hasta la médula en el desarrollo de su carrera profesional. Semejante estilo de vida no le deja, por supuesto, tiempo para nada. Sus horas están dedicadas a servir de sustento principal a una familia en la que su abnegada pareja, trabaje o no fuera del hogar, dedica parte de su tiempo a los cuidados.

Ya, que este es un arquetipo que no se corresponde con la realidad, que los dos miembros de la pareja trabajan fuera y comparten responsabilidades en los cuidados de puertas para dentro. Sí, un arquetipo. Pero a lo mejor conviene ir a los datos empíricos. Y aquí es donde importa prestar atención a investigaciones como la de Wajcman, porque nos aportan datos. En los países económicamente avanzados trabajan ambos progenitores en aproximadamente el 60 % de las familias biparentales con hijas o hijos menores de 18 años.

Para entender nuestra experiencia de vivir en una sociedad de la aceleración debemos considerar, pues, cómo las familias organizan su vida laboral y no laboral, y atender a las diferencias de género en la falta de tiempo.

Cuando pensamos en el bienestar personal, es clave la relación con la posibilidad (o imposibilidad) de gestionar nuestro tiempo. Wajcman recoge una cita muy esclarecedora tomada de Discretionary Time: A New Measure of Freedom:

Cuando decimos que una persona “tiene más tiempo” que otra, no pretendemos decir que su día tenga literalmente una vigesimoquinta hora. (…) más bien que esa persona tiene menos restricciones y más opciones a la hora de decidir a qué dedica su tiempo. Tiene un mayor “control autónomo” sobre su tiempo. La “autonomía temporal” consiste en tener un control “discrecional sobre nuestro tiempo”.

Pues bien, de otra investigación recogida en Changing Rhythms of American Family Life, resulta que el 57 % de los padres que trabajan dicen que disponen de “demasiado poco tiempo” para sí mismos. Y esa cifra asciende al 75 % cuando se trata de las madres que trabajan.

No vamos aquí a resumir el libro de Wajcman. Podéis leerlo. Ah, perdón, que no tenéis tiempo para leer lo que quisierais. Disculpas, no me acordaba. El caso es que me parece muy pertinente colocar sobre la mesa la cuestión de género para analizar hasta qué punto disponemos o no de soberanía sobre nuestro tiempo. Si buena parte del bienestar pasa por pilotar nuestro tiempo, debemos profundizar en la diferencia entre géneros.

El asunto se complica cuando introducimos la variable eficiencia en la gestión del tiempo. En un mundo competitivo se nos obliga a pensar en cómo hacer las cosas en menos tiempo. Pero ¿tiene sentido dedicar menos tiempo al cuidado de una persona mayor porque hemos conseguido una atención más eficiente? Existe un cierto tiempo, tradicionalmente feminizado, que no se rige por la eficiencia clásica: no tiene sentido dedicar menos tiempo a ciertas actividades que se mueven en el plano emocional. En este sentido, el tiempo de los cuidados es mucho más complejo de medir. El mantra de que lo que no se puede medir no se puede mejorar no aplica o, si lo hace, es unos términos diferentes a los habituales.

En esta sociedad acelerada parece que todo el mundo quiere más y más tiempo. Si eres mujer, es muy probable que parte de ese tiempo se dedique a actividades tradicionalmente no productivas. Este es un tiempo oculto en gran parte, poco investigado desde el punto de vista de la racionalidad. Los sentimientos desbordan el análisis y chocamos contra la idea de dedicar menos tiempo a nuestras hijas e hijos. Seríamos malos progenitores; nuestra conciencia nos lo recriminaría.

El bienestar pasa por la soberanía sobre nuestro tiempo. Es una conquista todavía por acometer. Parece que progresábamos adecuadamente, pero en algún lugar perdimos la línea de progreso real. Wajcman introduce la tecnología como un elemento complejo, construido socialmente, que puede ayudar a recuperar esa soberanía. Con muchos claroscuros y con una necesaria visión crítica. Las gafas de género son aquí también muy útiles para avanzar en esa recuperación de la soberanía sobre el tiempo.

Y, para terminar, una bola extra: puede que convenga explorar lo que se deriva de la hiperpaternidad, ¿no? Pero vamos a dejarlo para otro artículo.

ENCIMA DE MACHISTAS, TONTOS

19/03/2019 en Doce Miradas por Christina Werckmeister

#Propuesta “…retrasar los trámites de expulsión de las mujeres inmigrantes sin papeles en el caso de que den a sus hijos en adopción.”

#Concepto Patriarcado Fascista interseccional: dígase del pensamiento totalitario antidemocrático que ensalza la patria, la raza y la autoridad ejercida por el varón jefe para movilizar las masas.

 

Cuando dicen que tenemos los políticos que nos merecemos, me aterra tanto la respuesta positiva como la negativa. Si la respuesta es sí, es que somos machistas y tontos. Y, si es que no, ¿qué diantres estamos haciendo tan tranquilas y tranquilos?

A ver si lo he entendido.  A ese al que al 57% de su partido (corrupto) votó en las primarias porque prometía un giro (más) a la derecha, ese con un máster falso y un postgrado de Aravaca, a ese se le permite hacer propuestas de gobierno basadas en una ocurrencia “torera” tomando una caña después del curro o garabateadas en la parte de atrás de un sobre

Me lo estoy imaginando, tal vez sólo, o rodeado de sus coleguis, que jalean sus elucubraciones:

“¡Eh! ¡Chavales! ¡Se me ha ocurrido una forma de matar a más de un pájaro de un solo tiro! Fijaos, tenemos un problema de Derechos Humanos. Nos acusan de expulsar ilegalmente a migrantes de África, Latino América… ya tal. ¿Pero qué hacemos con las embarazadas? Sabéis que mogollón de mujeres “se embarazan” a propósito para “anclarse” aquí, que el bebé nazca aquí. Lo calculan. Y luego se traen a toda la familia con lo del agrupamiento familiar. Y eso trae crimen. Mi amigo Trump ya lo dijo, son “anchor babies”.  En serio, slo dijo en Twitter.

De una forma u otra acabaremos con la llamada “Ciudadanía por derecho de nacimiento”, que cuesta a nuestro a país miles de millones de dólares y es muy injusto para nuestra ciudadanía. No lo cubre la 14ª enmienda por las palabras “sujeto a la jurisdicción sobre ello”. Muchas personas que estudian leyes concuerdan.. Harry Reid tenía razón en 1993, antes de que él y los Demócratas se volvieran locos y empezaran con las “cosas” de Fronteras Abiertas (que trae un tremendo crimen). No olvidéis ese término tan repugnante “Anchor Babies”. Yo mantendré nuestro País seguro. Este caso se acordará en el Tribunal Supremo.

… Esas mujeres son la mayoría, por mucho que digan que han sido violadas… o que simplemente se nieguen a dar una explicación –¡Como si quedar embarazada fuera supernormal, aunque no vivas en un piso de 80m2 y ni tengas un buen marido! ¡No, eso no es normal!

Encima las nuestras están procreando suficiente. Y los tratamientos de fertilidad son muy caros. Así que se podrían quedar con el bebé de la inmigrante, ¿no? ¡Mira! Reduciríamos la espera, abarataríamos todo el proceso. A las inmigrantes las dejamos que se queden… ¡Seguro que aceptan! Y, ¡estaríamos cumpliendo con los Derechos Humanos de las inmigrantes, refugiadas o lo que sea, no expulsándolas! ¡Ah! No os olvidéis, estamos salvando a ese pobre bebé ¿no os parece?”

— Pero, Pablo, ¿entonces? Vamos a tener más negras y más bebés negros, más familias negras que vengan. ¿Qué ganamos?

— Tíos! ¿Es que no me habéis entendido? Solo digo no expulsarlas inmediatamente, o sea, solo “retrasar” (imagen de Casado extendiendo los brazos con gracia y doblar dos dedos a cada lado a modo de comillas). ¡Salvamos al niño, añadimos a la tasa de natalidad, dejan de darnos la matraca con los Derechos Humanos, damos bebés a tantas de nuestras pobres mujeres que no pueden reprimir su instinto maternal … todos tan contentos!

Luego las expulsamos. ¿No veis? Los familiares no van a poder venir. El bebé, al ser adoptado, queda legalmente desvinculado de su verdadera familia. Hombre, nos quedaran muchísimos bebés de otras razas, pero bueno, tampoco está tan mal. ¿Alguien tiene que seguir limpiando nuestras casas y pavimentando las carreteras no? ¡Brillante!

¡Anda, Mari Pepi! ¿Has tomado nota? Pues, para mañana me redactas todo en bonito para una nota de prensa y luego rueda de prensa… que lo voy a anunciar.

 

FIN

… RIIIIIIIN (sonido de alarma) ¡Ah no! No ha sido una pesadilla. Mira lo que pone en el periódico:

Tras otro 8 de marzo, en 2019 ¡nos hemos hecho oír!

12/03/2019 en Doce Miradas por Doce Miradas

Y aquí va otro post colaborativo, el último de la temporada, lo prometemos. Recogemos nuestras impresiones individuales sobre este pasado 8 de marzo, los días previos y los posteriores. Mucho que contar y mucho que compartir.

Incluimos, además, los enlaces a los artículos que la semana pasada seis de nosotras publicamos en El Correo.

Mujeres en la mina
El feminismo es incómodo y molesto
Feminismo: un movimiento transversal
Huelgas, cuidados y sexos
(R)evolución
9 de marzo: vientos de cambio

Fotografía de Pilar Kaltzada @pkaltzada

Cada generación tiene sus letras, y yo recuerdo con mucho cariño unas palabras que sonaban en casa a menudo, cuando era más jovencita: “Harta ya de estar harta, ya me cansé”.

No podía evitar escucharlas por dentro cuando, compartiendo calle, lluvia y alegría, muchas amigas hablan de los motivos. Y se me iba formando uno principal, entre todos, el más poderoso: porque queremos. Porque nos vamos cansando de tener que explicar lo obvio. Porque en un día no se nos pasará, pero .. .¡qué bien sienta tener este día para hacerlo, en voz alta, en voz coral, a viva voz. Porque queremos, porque lo merecemos y porque estamos hartas de sentir que la melodía del feminismo solo se tolera si va por lo bajo.

Harta. Porque sí.

El día 8 de marzo y todos los días del año.

Pilar Kaltzada

 

Otro 8 de marzo más y seguimos sin ponernos de acuerdo: unas a la huelga y otras a trabajar; unas en las calles y otras en casa, de compras o en la cafetería; unas por el aborto libre y otras no; unas pro regulación de la prostitución y otras pro abolición o pro prohibición; unas con el feminismo anticapitalista y otras con el liberal; unas contra los vientres de alquiler y otras a favor de la gestación subrogada…

Seguimos sin ponernos de acuerdo y ni falta que hace. Somos diversas y contradictorias porque el feminismo está vivo. No somos un bloque de piedra; más bien un río con meandros, presas, corrientes y balsas. Algo que fluye y empapa, salpica e incluso embarra.

Y actuamos sin autocomplacencia, pero sin látigo también. Con ambición y con humildad al tiempo. Con dignidad siempre. Con la vida en el centro. Con lo personal encaramado a lo político.

Porque mañana también es 8 de marzo. Y pasado mañana. Y al otro. Y al otro.

Noemí Pastor

 

Suelen decir que lo complicado no es llegar sino mantenerse. Todas estábamos expectantes a qué nos depararía este año (y seguras de que muchas personas andarían con la calculadora para alegrarse de que el movimiento se desinflara). Pero no. El viernes las calles se llenaron de nuevo de jóvenes y mayores, mujeres y hombres, de aquí y de allí. A partes iguales reivindicación y celebración. Pero debo reconocer que me aterra que esto también se convierta en “tradición”. Un día para que salgamos a las calles y que luego no se traduzca en cambios. Como dice nuestro mantra, “las cosas se cambian cambiándolas” y no dejaremos de hacerlo el resto del año.

Lorena Fernández

Fotografía de Lorena Fernández @loretahur

En el equilibrio reside el éxito, en el compromiso desde el trabajo constante y el aprendizaje. Inspirando, avanzando, la voz de la desigualdad se escucha ya en todos los rincones del planeta. Días como el #8m significan esperanza, hablamos de unión de personas en pro del cumplimiento de Derechos Humanos. Desde el respeto por todas las opiniones, recordando que la RAE define FEMINISMO como el 1. “Principio de Igualdad de derechos de la mujer y del hombre” 2. “Movimiento que lucha por su realización efectiva”, cuesta entender que aún haya muchas personas que siguen tiñendo el término en negativo como homólogo al término machismo. Diseñamos un futuro en equidad, construyendo raíces desde la re-educación y la transformación de la cultura.

Virginia Gómez

 

Un pañuelo a modo de cinta de de pelo y unas pequeñas uñas pintadas del mismo color que horas después volvería a teñir las calles. Son los gestos con los que una niña de diez años decide ir al colegio la semana del 8 de marzo; gestos que suponen la necesidad de significarse y mostrar a tu entorno que tu causa, la de las niñas y la de las mujeres, debe ser vista y reconocida. Un color que esconde un sustrato lleno de propiedades que alimenta otra manera de entender el mundo. El 8 de marzo, como fecha simbólica en la que demostramos que el feminismo, desde siempre, vive empeñado en mejorar el mundo, hacerlo más justo, más equitativo, más respetuoso y donde la corresponsabilidad se ejerce desde todas las esferas de la vida. El 8 de marzo como hito, el resto del año como reto.

Eva Silván Miracle

Fotografía de Eva Silván Miracle @evasilmi

Un 8 de marzo lleno de vida, diversidad y alegría. Un día en el que se encontraron en las calles, melodías y reivindicaciones, juventud y veteranía, fuerza y dulzura, alegría y tristeza. Una expresión inagotable de valores complementarios que se suman unos a otros, como las gotas que forman este océano feminista.

Ese fue el sentir del 8 de marzo. Por delante,  otros 364 días en los que la fuerza de esta ola nos  llevará imparables a nuevas orillas. Y aunque la travesía se tope con machismos y neomachismos, lo mismo me da, y sintamos corrientes de hartazgo e incredulidad, furia y asco, vergüenza y frustración, no cambiaremos el rumbo.

Por un viaje lleno de coraje, dignidad y certezas.

Eunate Encinas

Fotografía de Eunate Encinas @eunateencinas

¿El éxito de este #8M? Una alegría y un alivio. Un retroceso respecto a lo sucedido en 2018 habría sido un bajón. Sin embargo, no he sentido la emoción del año pasado. ¿Por qué? Porque tuve la sensación de que aquella jornada histórica supondría un antes y un después. Y ya hemos visto que no. En el momento, me encantó ver al entonces presidente del gobierno, Mariano Rajoy, verse obligado a cambiar su discurso. Casi parecía feminista. El mismo que unos días antes, junto a su equipo de gobierno, tachaba la convocatoria de huelga de insolidaria e irresponsable. El mismo que al ser preguntado por un periodista sobre la brecha salarial contestaba con aquel famoso “Eso no toca ahora”. Prometedor.

Pero llega 2019 y estamos en las mismas. ¿Cuántas jornadas históricas tenemos que poner sobre la mesa para entrar en la agenda política? No deberíamos regodearnos en la autocomplancencia del éxito de movilización. El objetivo no es instaurar una fiesta pintoresca como si esto fuese el año nuevo chino o el Mardi Gras de Nueva Orleans. Por encima de lograr una foto aérea espectacular, las manifestaciones son un medio para conseguir unos objetivos.

El año pasado me gustó ver cierta tensión y preocupación entre la clase política, sobre todo en la detractora. Este año no percibo eso. Han visto que podemos llenar las calles y continuar todo igual. Este gobierno inestable y con un pie fuera no ayuda. Nadie se siente especialmente interpelado, aludido. La responsabilidad se difumina y eso nos perjudica. Pero deberían tomar nota todos los gobiernos. Los autonómicos y el central. Los de ahora y quienes vengan mañana. Estamos esperando.

María Puente

 

No soy (demasiado) inocente, y a pesar de los miedos, los peros y los peligros de esta emocionante revolución, elijo quedarme con lo bueno. Las mujeres hoy estamos más unidas que ayer. Más y mejor comunicadas. Y, sobre todo, estamos cada vez más preparadas para ocupar el terreno, sea cedido o sea tomado.

Porque las mujeres hoy entendemos mejor lo que merecemos y lo que queremos. Queremos ocupar el centro de lo público y de lo privado. No la graciosa periferia de lo uno ni el cansado protagonismo de lo otro. Y nos queremos vivas… Queremos igualdad sin ambages y sin vendas. Queremos evolución, y la queremos ahora.

Ana Erostarbe

 

El mismo 8 de marzo me crucé con una vecina en el portal, la saludé y le comenté con una sonrisa: “Qué día más emocionante, ¿verdad?”.

Me miró como las vacas al tren y me dijo antes de irse: “Este día me parece una chorrada”. Os podéis imaginar cómo me quedé: ¡ojiplática! Desde entonces me pregunto qué es lo que le parecía “una chorrada”: ¿el hecho de hacer huelga como instrumento de posicionamiento y reivindicación, o la propia lucha feminista?

Se lo preguntaré, no tengáis la menor duda.

Me cuesta entender y me duele escuchar a las propias mujeres hablar así, no lo puedo ocultar. Pero si de algo estoy segura es de que esta lucha va a ir a más y que estamos frente a una revolución. Y yo estaré ahí luchando, reivindicando y posicionándome cuando y donde haga falta para conseguir la igualdad para todas las mujeres, incluso para aquellas que piensan que todo esto es “una chorrada”.

Naiara Pérez de Villarreal

 

Este año me ha tocado vivir el #8M desde otro lugar, desde otro país. La revolución que protagonizamos las mujeres es internacional y tenemos que aprovechar la posibilidad de establecer redes y alianzas entre millones de mujeres alrededor del mundo. Reclamamos, simplemente, lo que nos corresponde. El feminismo es un movimiento político para cambiar las estructuras de poder, para poner la vida en el centro; es un movimiento que exige, por medio de acciones noviolentas, la igualdad para la mujeres en un mundo determinado por hombres. Y es que ¡ya está bien!

Al mismo tiempo que las mujeres alzamos la voz, las posiciones más reaccionarias ponen la maquinaria en marcha para intentar desprestigiar una lucha legítima y justa. El año pasado lo hicieron tímidamente y entre confusiones; este año, sin tapujos. Solo les voy a decir una cosa: no vamos a dar marcha atrás. Exigimos cambios ya. Sí, los exigimos.

Arantxa Sainz de Murieta

 

 

 

 

 

Fotografía de Christina Werckmeister @cwerckmeister

A las puertas de otro 8 de marzo, ¡nos van a oír!

05/03/2019 en Doce Miradas por Doce Miradas

Le hemos cogido el gusto a esto de los posts colaborativos. Ahí os va otro. Es nuestra reflexión colectiva ante esta semana fantástica y su remate el próximo viernes 8 de marzo. Qué expectación.

El año pasado

El 8 de marzo de 2018 nos atrapó a todas la ola. Nos pilló por sorpresa, de sopetón. Bendita ola y bendita sorpresa.

Esperábamos que sucediera algo, sí, pero no tanto.

Fue un chute de energía, un subidón tremendo.

De aquellos polvos vinieron ciertos lodos, pero, en fin, ¡que nos quiten lo bailao!

 

Por qué también este año

Este año volvemos a la carga, a las calles, a las redes, el 8 de marzo, porque las razones que nos llevaron a la protesta del año pasado siguen ahí, intactas.

Siguen ahí la brecha salarial, el techo de cristal, el de hormigón armado y el suelo pegajoso.

Siguen sin participar en pie de igualdad las mujeres en los alardes de Irun y Hondarribia.

Siguen celebrándose eventos y congresos que invisibilizan la participación profesional y social y hasta la existencia misma de las mujeres.

Sigue el acoso en redes sociales.

Siguen siendo espeluznantes las cifras de la violencia sobre las mujeres.

Esta año también volvemos a la carga porque estamos en un momento de renuncia y visibilización y también de reconocimiento de los logros conseguidos hasta ahora. Porque la lucha por la igualdad no es tendencia, no es una moda ni algo momentáneo ni puntual.

Y porque a todas esas razones se nos ha sumado una más: el involucionismo neomachista ha tomado fuerza y cuerpo político y amenaza con asentarse firmemente en la agenda institucional. Lanza, así, globos sonda sobre reformas de la ley del aborto, sobre la abolición de la ley de violencia de género… Y han conseguido alertarnos. En los próximos meses tenemos varias urnas que rellenar. Y nos jugamos mucho

 

Ilustración de Maddi Lapitz Kaltzada

 

¿Qué va a pasar, pues, este año?

Se oye y se lee de todo: que hay menos movimiento previo, menos presencia de la huelga en los medios… ¿Será que, estando como estamos a las puertas de varias citas electorales, hay medios a los que les interesa silenciar esto? ¿Será que esas actitudes de boicot que se han detectado en las redes responden a un intento más ambicioso de neutralizar el movimiento? ¿Será que el año pasado los medios le hicieron casito pensando que sería algo anecdótico, pintoresco y hasta chusco, y este año, viendo que va en serio, prefieren ningunearlo? ¿Será que ha dejado de ser noticia y novedad y los medios, ya se sabe, necesitan materia nueva? ¿Será que tras la ola viene la resaca?

Sea como sea, los diferentes movimientos feministas, en ciudades, en comarcas, en barrios,  llevan meses preparando esta jornada de huelga y la  proponen no solo en el trabajo productivo, sino también en el reproductivo, lo cual incluye cuidados y consumo. Y hacen también recomendaciones a los hombres sobre cómo deben amoldarse a ese día en el que (¡oh, novedad!) no son protagonistas.

Al mismo tiempo, ya tienen publicados sus programas de actividades tanto para el mismo día 8 como para los precedentes, en plan ensayo y precalentamiento.

Lo que es seguro es que este 8 de marzo no será tan espontáneo ni inesperado como el del año pasado. Este año, si vuelve a ser la leche, no nos sorprenderemos.

Porque puede que vuelva a ser la leche en bote. A ver, pensemos: las que participamos el año pasado vamos a repetir todas o casi todas; no conocemos a nadie que en este año haya dado marcha atrás y se haya arrepentido. Y las que el año pasado no participaron, animadas por el eco y la resaca de lo sucedido, es probable que en este 2019 se animen. Puede que este año haya un 8M en sitios donde el año pasado solo llegó mediáticamente.

Y, sobre todo y por encima de todo, porque, como decimos, las razones que nos llevaron el año pasado a la huelga y a la movilización siguen intactas. Y tenemos razones nuevas.

Así que, hermanas, vamos a parar para que pare el mundo y volverlo a poner en marcha a nuestra manera, con la vida en el centro. Nos van a oír.