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De mayor quiero ser…

08/04/2014 en Doce miradas por Mentxu Ramilo Araujo

No entiendo por qué ese afán por preguntar a las niñas y a los niños, cuando tienen que disfrutar de su infancia y adolescencia (que cada vez dicen que se acorta más), qué quieren ser de mayores, para decir la primera barbaridad que se les pase por la cabeza o decir lo que se espera que digan.

Tampoco entiendo por qué hay que ser algo definido, concreto, determinado. Ni por qué hay que planificar la vida desde la tierna infancia y frustrarse si no se es futbolista de élite, estrella de la canción o cualquier otra profesión en la que, trabajando poco y luciendo tipo, se gane mucho dinero, que se supone que es un ingrediente básico para la felicidad.

En fin, como no entiendo tantas cosas de la vida, aprovecharé este espacio para contribuir con mi mirada a lo que, sí o sí, me gustaría ser de mayor. Tras unos cuantos años de andadura por este mundo (aunque aún me falten unos cuantos años para llegar a los 50) y tras escuchar y conversar con personas, que para mí son referencias de vida, puedo decir sin dudar que de mayor quiero ser Catedrática del Sentido Común de la Universidad de la Vida.

Desde siempre me ha fascinado escuchar a las personas mayores en general, y a las mujeres mayores, en particular. Sus vivencias, sus narraciones, su manera de contextualizar y de conectar sus vivencias con las personas que han ido formando parte de sus vidas. Su manera de hilar acontecimientos y de tejer relaciones. ¡Me encanta! Una de estas mujeres de referencia para mí es mi abuela Manuela Carrillo Vicho (en Internet conocida como Manolitablet). No soy objetiva para describirla, pero sabiduría y humor son las dos palabras que mejor definen a mi abuela.

Afortunadamente hay muchísimas Catedráticas del Sentido Común de la Universidad de la Vida pero suelen ser invisibles. Por eso, creo que es fundamental visibilizar y proponer a las generaciones más jóvenes mujeres de referencia que han hecho y siguen haciendo contribuciones (a las Ciencias, a las Ingenierías, a las Artes, a los Feminismos, a la vida en común y en sociedad, etc…) para que merezca la pena vivir nuestras vidas.

Me gusta mucho la iniciativa de la fotógrafa Jaime Moore, quien regaló a su hija Emma en su 5º aniversario fotografías en las que la niña aparece caracterizada como cinco mujeres REALES (no más disfraces de princesas Disney) que, con sus vidas, han contribuido a mejorar las vidas de las demás personas.

Desde septiembre del año pasado, participo en un proyecto de la Red de Mujeres del medio rural de Álava que pretende visibilizar y (re)conocer los saberes de las mujeres del ámbito rural de Álava. Mujeres que siguen navegando por la vida haciendo lo que siempre han hecho: cuidar de todo el mundo y, en muchos casos, olvidarse de cuidarse a sí mismas.

Los saberes de las mujeres

En este proyecto, Internet y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) contribuyen a visibilizar, reconocer y transmitir los conocimientos y saberes de las mujeres rurales de Álava para que las generaciones más jóvenes (que quizá dominan las herramientas tecnológicas, pero tienen poca experiencia vital), (re)conozcan y pongan en valor la sabiduría de sus antecesoras.

El momento social actual está marcado por la palabra crisis y todo lo que ello conlleva. Pero no es la primera, ni será la última crisis que vivamos y que vivan nuestras mayores. Estas mujeres recuerdan muchos momentos en los que ha sido necesario aprender a vivir en una economía de subsistencia, eso que hoy llamamos decrecimiento. Y las mujeres han sido las protagonistas escondidas de esos procesos, mucho más las mujeres rurales que han sido las auténticas gestoras de las economías familiares.

Desde este proyecto queremos recuperar y poner en valor los saberes de las mujeres, apostando por tejer redes solidarias donde los saberes y los conocimientos ocultos y desvalorizados, se visibilicen y reconozcan como valores vitales que abogan por la sostenibilidad, la reutilización, el bien común, el decrecimiento, la solidaridad, los cuidados, o la interdependencia, principios de una nueva economía que ponga en el centro de su desarrollo a las personas en igualdad efectiva de condiciones.

Durante varias sesiones de trabajo, grupos de mujeres de varias localidades alavesas conversan sobre distintos temas relacionados con los saberes transmitidos por sus antecesoras (abuelas y madres), saberes aprendidos y compartidos con mujeres de su edad; y saberes que les gustaría transmitir a las generaciones futuras (hijas, nietas). Las mujeres participantes en estas sesiones descubren vivencias que desconocían de las demás, pese a ser vecinas y conocerse de mucho tiempo. Les parece una manera amena y dinámica de escuchar y compartir vivencias (y tener tiempo para ellas).

Parte de las reflexiones se recogen en el blog del proyecto y se les anima a seguir alimentando este espacio en Internet, o crear su propio blog, para compartir sus experiencias, saberes y reflexiones. También se han filmado las sesiones para documentarlas con la exposición oral de las propias mujeres, con la intención de recoger sus voces, sus memorias y visibilizarlas en Internet, siempre con su consentimiento.

Como hilo conductor de las sesiones de trabajo leemos y comentamos varios fragmentos de un libro que propone retos a las mujeres mayores del siglo XXI: Tan Frescas. Su autora es Anna Freixas Farré, Catedrática Jubilada (y jubilosa) de Escuela Universitaria en la Universidad de Córdoba y también Catedrática de la Universidad de la Vida. Sus investigaciones y publicaciones son una contribución muy importante en el desarrollo de la gerontología feminista.

Entre los elementos de bienestar y salud mental de las mujeres, además del ejercicio físico, el cuidado de la alimentación, la creación de redes de amistad y de salud, Anna Freixas destaca en su “Tan Frescas” la risa. El siguiente párrafo del libro me gusta especialmente, quizá porque me recuerda a mi abuela.

“La risa es la clave que nos indica que hemos aprendido a situarnos en equilibrio entre el pasado y el futuro; que reconocemos el valor de nuestra vida pasada; y que miramos el futuro con perspectiva. Nos reímos reconociéndonos libres y vinculadas. En definitiva, empezamos a tomarnos en serio”.

En esta entrevista, Anna Freixas desgrana muchos de los temas que aborda en sus trabajos sobre la evolución de las vidas de las mujeres en las últimas décadas y su manera de vivir su madurez y vejezcon frescura“.

 

El año pasado conocí a Anna Freixas presentando, antes de jubilarse, los resultados de una investigación sobre la sexualidad de las mujeres a partir de los 50 años. Le escuché reivindicar el hecho de ser “viejas”. Automáticamente me vinieron a la mente las típicas frases: “vieja es la ropa”, “no eres vieja si tienes espíritu joven”, “vieja es una manera despectiva de llamar a una persona mayor”. Pero tras escucharle y conversar con ella, ¡yo también quiero llegar a ser vieja! (además de catedrática), porque nos dijo una frase que se me grabó a fuego:

“Yo ya no tengo la regla; y ya no tengo reglas”.

Espero que no se me olvide esta frase cuando mi ciclo de vida me lleve a la menopausia (afortunadamente gracias al trabajo de Anna, y a otras muchas investigaciones, tenemos también versiones no oficiales narradas por mujeres REALES para comprender este proceso vital lleno de prejuicios). La menopausia invita a las mujeres a reinventarse, empoderarse, liberarse y tomar decisiones pensando, primero, en ellas y luego en los demás (¡qué difícil es esto para muchas mujeres!).

Como mis Catedráticas del Sentido Común de la Universidad de la Vida del ámbito rural de Álava suelen decir, es un lujo haber conocido, conversado y envejecido con las abuelas y los abuelos. ¡Nunca es tarde para escuchar, aprender y recordar! Y tú, ¿qué recuerdos tienes de tus personas mayores de referencia? 

Nosotras, las hembras sobradamente preparadas, y los machos alfa

01/04/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Blanca UrgellBlanca Urgell Lázaro es doctora en Filología Vasca y profesora titular de la UPV/EHU.

Ha sido Consejera de Cultura del Gobierno Vasco.

Es autora de diversos artículos y libros de su especialidad: la historia del euskera.

Ay. No sé qué puede más, si la tremenda ilusión que me hace que las amigas de Doce Miradas me hayan invitado a estrenarme en este medio, o el miedo-miedito-miedo de no dar la talla. “Tengo más dudas que certezas”, o algo así, decía hace poco Iban Zaldua en una entrevista. Y yo soy de ésas. Unas veces porque paso del blanco al negro de un salto, según el humor o el peso de un nuevo argumento. Otras, las más, porque veo tantos matices de gris que me mareo. Ay, me digo. ¿Qué clase de post quieres escribir con ese perfil? ¿De qué sabes tú algo sobre lo que puedas hablar sin sonrojo? ¿A quién piensas convencer, deleitar o emocionar? Pero nada, me digo, parafraseando lo que oí ayer en CSI: más vale no encontrar público escribiendo lo que te convence, que tener público y perderte en lo que escribes. Puede que haga las dos cosas también, convencerme a mi misma y perderme. Según el humor o el peso de un nuevo argumento…

El caso es que muchas de nosotras, independientemente de la preparación y el curriculum que tengamos, damos un perfil amable. Tener un perfil amable siendo mujer preparada es un arma de doble filo. En principio, te abre puertas en un mundo, el de las personas preparadas, en el que los machos alfa abundan por demás, y en el que los mandobles surcan el aire con tanta o más saña que en otros entornos. Y nosotras somos la gorila que baja la mirada ante el macho alfa cuando bate su pecho y que, cuando percibe que la amenaza ha pasado, se aproxima a desparasitarle (Adoro Gorilas en la niebla. Léanse el libro también).

Los machos alfa del mundo intelectual son como todos, pero tienen una peculiaridad que merece la pena señalar (en realidad, probablemente es característica de todos los alfas, pero no suele aparecer en las listas habituales: mirad aquí, por ejemplo; aquí hay un bonito test para ellos): lo saben todo sobre todo, desde las reglas del ping-pong a la física cuántica, excepto en aquellos campos que ellos mismos han declarado abominables, sea el fútbol, sea la novela posterior al Quijote o sean los dos. Y adoran exhibir sus conocimientos. Así que, si tú tienes un perfil amable, a nada que te dejes, acabas sabiendo bastante de reglas de ping-pong y física cuántica, y dejando de leer novela contemporánea, o al menos dejando de hablar de ello. Para eso, además, no hace falta que seas La Pareja: es suficiente con que gravites en torno al grupo que lidera. Y si das un perfil amable y no sabes decir que no, siempre acabas metida en uno o varios de estos grupos.

Siento mucho afecto por varios de los alfa que rodean mi vida, incluidos aquellos que he conocido en los años de inmersión en el mundo de la Cultura, donde adoptan las plumas o las pieles más variopintas que una antropóloga pueda imaginar. Pero, ¿sabes? son tan protectores, lo tienen todo tan claro, razonan tan bien en corto, han previsto todo tan anticipadamente que, incluso actuando con la mejor intención del mundo, te humillan. Por ejemplo, tú das una conferencia y lo que puede pasar es que él acabe respondiendo a las preguntas del público, o incluso dando una charla bis sobre el tema. Otro ejemplo, que vivimos juntas muchas mujeres no hace tanto: vosotras os reunís para meditar sobre algo que os concierne, y lo que puede pasar es que él lo tenga todo ya tan pensado, que despliegue todo un programa de pensamiento y acción tan trabado, que sepa tan bien lo que tenéis que hacer, que casi ninguna de vosotras se atreva a abrir el pico.

En cualquier caso, si tienes un perfil amable, también te adoptan por un rato otros machos alfa con los que coincides circunstancialmente, en un congreso, por ejemplo. Para cuando te das cuenta, acabas metida en estos casos en un embrollo difícil de aclarar. Os voy a contar un ejemplo que describe muy bien la experiencia que he tenido de muchas maneras y muchas veces, y que aún me frustra mucho. En un curso de verano en San Sebastián, hace ya muchos años, coincidí en la comida con un profesor catalán que había dado una charla interesante sobre un tema que coincidía, al menos en parte, con mis intereses. No ocultaré que, sin ser Harrison Ford o Robert Redford (era más a lo Ricardo Darín; bueno no, tampoco: ponle gafas, por lo menos), estaba de bastante buen ver. Hablando, hablando, le invité a visitar la oficina del Diccionario General Vasco, y le enseñé el sistema de trabajo: nuestros listados, los textos, el programa informático, etc. Os imagináis la escena: yo habla que te habla, orgullosísima de nuestro trabajo, y él callado escuchando. Atentamente. ¡Qué majo! O eso creía yo. El caso es que, tras la visita, entramos en la primera cafetería que se puso a tiro y, en cuanto tuvimos los cafés y nos sentamos frente a frente, me dijo: “Yo soy un hombre casado”. Tela. Me quedé muerta. ¿Qué he hecho? ¿Qué he dicho? ¿Qué le ha hecho pensar que…? Con la perspectiva que dan los años, pienso que no supo interpretar mi invitación ni mi discurso vehemente (ni yo su silencio, claro). Le chocaron y lo descolocaron. Y entonces, aquel macho alfa catalán de buen ver, tan majo, sólo pudo pensar que yo había desarrollado un cortejo nupcial ante sus ojos. Acabáramos.

Llegada a la mitad de mi vida (risas), pienso si no será el momento de pasarme al otro gran grupo de hembras sobradamente preparadas: las lobas. No una loba solitaria, aquélla que a veces se anima a cazar de noche y llora tanto. No, no. En una loba de las que se han atrevido a formar manada, y campan por sus respetos en el territorio que han conquistado, si bien con frecuencia sufren alguna herida (¡cómo no!) en las escaramuzas que mantienen en sus fronteras. Creo que somos grupos per se antagónicos, las mosquitas muertas y las lobas, y que nos miramos con desconfianza a veces, incluso con odio. Pero cada vez me gustan más estas hembras. Así que, idos preparando, alfas de mi vida y de mi corazón.

Mujer y publicidad: hipervisibilidad vs. invisibilidad

25/03/2014 en Doce miradas por Arantxa Sainz de Murieta

Vivimos en la era de la protección, la era de las políticas de privacidad, de la famosa Ley de Cookies, algo que valoramos y defendemos cuando interactuamos en el ecosistema digital. ¡Bien hecho! Sin embargo, es sorprendente la despreocupación con la que abrimos la puerta de par en par a los medios de comunicación (televisión, radio o prensa) y dejamos, de manera inconsciente, que impactos que van directos a las meninges se cuelen en el hogar, independientemente de la edad del receptor.

La publicidad es una forma muy poderosa de comunicación social, es el “arte de convencer a los consumidores”, el puente entre el producto y la clientela. A nadie se le escapa que, además del objetivo principal de venta, la publicidad tiene una gran influencia en la sociedad de consumo: marca tendencias, crea valores sociales y contribuye a la construcción de estereotipos de género, sexo o raza, entre otros.

El marketing trata de reflejar la realidad de forma idealizada y, es por esto que, se vende a partir de los deseos y se compra para que esos deseos se hagan realidad; en la acción de compra adquirimos un objeto con cuyos atributos queremos identificarnos y, de esta manera, los objetos adquieren identidad propia. Lo apuntaba Charles Revson, ejecutivo de Revlon: “En la fábrica hacemos cosméticos, en la tienda vendemos esperanza”.

Los anunciantes utilizan la figura femenina como una de las mejores fórmulas de persuasión para fomentar el consumo desde un doble rol:

- Como sujeto. Los mensajes publicitarios se dirigen fundamentalmente a la mujer como agente de mayor peso en las decisiones de compra de la unidad familiar. No en vano, alrededor del 80% del total de las compras se realiza por mujeres, tanto para el consumo personal como para el hogar, para hijas/os y, en demasiadas ocasiones, para el marido/pareja.

- Como objeto. Las marcas abusan de la figura femenina como instrumento de persuasión, como reclamo para la venta -incluso cuando no existe relación entre la imagen que muestra el anuncio con el producto anunciado- dejando de lado la capacidad intelectual que ésta posee.

La publicidad se ha ido transformando y adaptando a la evolución de la sociedad; los formas se han modificado, pero no el fondo. La representación de la mujer, sostiene Gérard Imbert (Catedrático de comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III), “ha pasado de ser invisible a ser hipervisible (…) una hipervisibilidad como cuerpo. La hipervisibilidad del cuerpo femenino no implica representación real de la mujer, por lo que ¡paradoja!: la hipervisibilidad de la mujer se convierte en otra forma de invisibilidad”.

Mujer y publicidad sexista

Campaña publicitaria: Dolce & Gabbanna, Ryanair y BMW.

¿Cuáles son los estereotipos que se consideran más interesantes para la venta?

Del imaginario social femenino, que los anunciantes proyectan a través de los comerciales, surge la mujer ideal, feliz, espontánea, inteligente, respetable, socialmente aceptable, deseable e influyente. Es complaciente y servicial, físicamente delgada, con el cuerpo perfecto y facciones clásicas, bella.

La mujer objeto, sin calidad de persona -fragmentada en distintas partes: labios, pelo, piernas, etcétera- se utiliza para vender casi todo tipo de producto. Es un clásico en los comerciales de perfumes, desodorantes, cirugías, bebidas, ropa, cosmética y un largo etcétera, en los que resulta más interesante aparecer que ser. Un ejemplo claro son los spots de coches en los que figuran señoras estupendas junto a un estupendo vehículo para asociarlo, tanto con la belleza y la seducción que ella representa, como a la conquista por parte del caballero.

La mujer ama de casa. Utilizada en marcas de productos de limpieza y cuidados, es también madre, trabajadora, sabia y paciente. Se margina y se ubica a la mujer en el espacio exclusivo de la cocina o el cuarto de baño, atenta a cualquier fallo de la estructura doméstica o preocupada por el estado de la familia. Eso sí, la figura masculina entra en escena en el momento en el que hay que resolver cualquier reparación doméstica, por mínima que ésta sea.

La publicidad evoluciona a la par que lo hace la sociedad. ¿En serio? Los anuncios reflejan parcialmente la figura de la mujer trabajadora, ejecutiva, resolutiva y autónoma. Llama la atención que esta imagen se proyecta en comerciales relacionados con la belleza femenina, como si la belleza fuera la razón de su posición. Incluso la liberación de la mujer se ha convertido en un tópico utilizado como argumento para la venta. La mujer “liberada” es hostil, agresiva y despectiva con los hombres; un estereotipo representado mediante la firmeza y el simbólico “tortazo”, una mujer vana y consumidora, que compra por comprar, por la satisfacción ilimitada que le produce el acto de compra.

El descrédito se perpetúa a través de la selección de los aspectos más extravagantes o provocativos de los roles considerados típicamente femeninos, bien de forma explícita o bajo prácticas subliminales, utilizando técnicas de creación de estímulos para introducir mensajes de manera inconsciente. Aquí tenemos algunos ejemplos:

Mujer y publicidad

Campaña publicitaria: Heineken, Magnun y Axe.

Al igual que apuntaba Ana Erostarbe en su último post “Sobre la mujer en los medios de comunicación y por qué la voz importa”, la forma en la que las mujeres son proyectadas y percibidas, a través de los medios de comunicación y la publicidad, sustentan imaginarios discriminatorios aceptados como estándares de la sociedad respecto a lo que es o debe ser la mujer ideal. Cuesta comprender la razón por la que pasamos por alto, con total parsimonia, las representaciones que se hacen de los roles femeninos y dejamos a las “Cookies” instalarse cómodamente en el imaginario social.

Por último, si la lógica de mercado lleva a fundamentar las estrategias de marketing en la proyección de estereotipos, podemos concluir que una lógica contraria, por minoritaria, no resulta atractiva para las marcas. Un argumento más que nos sitúa en el “hemos avanzado, sí, pero no tanto”.

 

 

El futuro ya no es lo que era

18/03/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Itziar ElizondoItziar Elizondo (Donostia).
Licenciada en Periodismo por la UPV, ha sido jefa de prensa de Emakunde, asesora de Políticas de Igualdad en la Diputación de Córdoba y coordinadora de proyectos de género en Fundación Directa. Socia fundadora de e-mujeres.net, es coautora “Nosotras 2.0. Mujeres y Redes Sociales” (Ameco, 2011) y “El burka como excusa” (Ed. Saga, 2010).

El futuro iba a ser, por fin, nuestro. Nuestro porque habríamos conseguido reunir toda la inteligencia colectiva necesaria para vivir una vida plena. Una vida en la que el trabajo, el ocio, la cultura, se habrían confabulado para dignificarnos como seres humanos. Por fin habríamos dado en la diana, después de siglos y siglos de brutalidad y barbarie en todas sus formas.

El progreso científico, económico, cultural y social habría permitido un reparto equitativo del trabajo y la riqueza, lo que nos habría llevado a disfrutar del tiempo de una forma equilibrada y feliz: tiempo para cultivarnos, tiempo para amarnos, tiempo para estar solas y solos, tiempo para la amistad y la vida social. Es decir, tiempo para trabajarnos como trabajadores y como personas.

El futuro, nuestro futuro, iba a ser eso: un aliño de vida griega clásica con tecnología. A partir de ese cóctel multiépoca nos habríamos liberado de las pesadas cargas de la supervivencia para habitar formas de vida más imaginativas, afanadas en descubrir y crear; vidas en las que el bienestar de las y los otros constituiría la garantía del nuestro propio.

Y todo ese futuro estaba ahí, a pesar de la bulimia endémica del consumismo. Esa debilidad alimentada por los intereses corporativos nos había construido previamente como seres expuestos a prostituciones de toda índole. Y, sin embargo, lo habríamos conseguido: sociedades en que la racionalidad ilustrada se habría impuesto a la irracionalidad de las religiones, a las dictaduras macroeconómicas, a las esclavitudes consumistas, a las macroverdades del sistema patriarcal. Y nos habríamos salvado. En algún momento del futuro, nos habríamos salvado.

Pero una mañana de 2008, un palabro con connotaciones nauseabundas desencadenó una turbulencia a escala global que cambió nuestras vidas y, de paso, nuestro futuro.

Hipotecas basura, las bautizaron los teólogos económicos.

Y a partir de ahí, ese futuro que podría haber sido nuestro se resquebrajó.

Porque nuestro presente se ha convertido en la selva capitalista en toda su expresión: ayudas, ayudas y ayudas a los bancos (que, sin embargo, no las utilizan para dar crédito a empresas e individuos) y recortes, recortes y más recortes al sistema del bienestar, con la excusa de que es inviable económicamente. No cejan en una cruzada informativa que pretende poner la responsabilidad del descalabro en las conquistas de derechos sociales para tapar a los auténticos responsables: la jauría depredadora del capital que saquea y corrompe para imponer su ley.

Así, en este presente descalabrado, informe y atemorizado, ellos y sus ansias carniceras están construyendo el relato del futuro que les conviene.

Por ahora.

La crisis económica ha servido para evidenciar la auténtica crisis que nos (pre)ocupa: la crisis de la representación y de la gestión política. Las y los políticos europeos se muestran incapaces de defender los intereses generales de la ciudadanía frente al totalitarismo de mercados y corporaciones, cuyas decisiones hoy por hoy aniquilan derechos elementales impunemente.

Porque ahora tú, sí, tú, no eres más que un recurso nimileurista (no te quejes: si ganas mil euros, considérate un recurso humano bien pagad@), a quien más te vale no caer enferm@ ni tener demasiadas aspiraciones universitarias, si careces de recursos económicos. Ni se te ocurra ser mujer monoparental, ni tener un momento de debilidad vital que te impida ser un recurso eficaz, que es para lo que has nacido. Te echarán de la empresa sin más contemplaciones, porque con las llamadas reformas estructurales ya no eres una ciudadana, un ciudadano, una persona con fortalezas y debilidades.

Un robot sin fisuras. Eso es lo que eres, a ver qué te habías pensado.

Un robot obligado a mostrar constantemente su valor añadido: no supones un gasto para el Estado y en tu trabajo no eres –todavía- sustituible, porque produces según los cánones. Y si estás en paro, es tu culpa, porque te lo has montado muy mal, no eres más que el resultado de tu falta de inteligencia estratégica como recurso.

Con este presente, si quieres habitar su futuro tendrás que supeditarte sin matices a sus reglas y a su modelo. A esas reglas que ellos mismos se cargan, como aquella neoliberal de que no hay que proporcionar ningún tipo de ayudas, a no ser de que se trate de los bancos, claro. O el de la libre competencia, cuando se trata de favorecer a amigos o familiares. Y todo con dinero público, claro está.

En lo que respecta al modelo, no sabemos exactamente lo que están tramando. Porque parte del ideario capitalista se basaba en la utopía del progreso, en que la siguiente generación viviese mejor que la anterior y tuviera mayor capacidad de consumo para que la maquinaria funcionase.

Todo apunta a que esto es un laboratorio de pruebas para alcanzar la perfección en un estadio superior de capitalismo. Un capitalismo perfeccionado en el que las reglas de funcionamiento, cuando existen, benefician al capital. El valor trabajo está depauperado. Siempre hay mano de obra más barata en alguna parte. Y cuando los chinos comiencen con esa antigualla de las reivindicaciones laborales, recurriremos a los africanos. Por ahora, ya se ha alcanzado un objetivo importante: aniquilar el modelo social-capitalista europeo con el consentimiento de políticos y alguna protesta ciudadana (movimiento 15M).

El futuro de cualquier sociedad está en la educación, en la investigación y en la cultura. A tenor de las medidas impulsadas por el gobierno conservador español, el futuro de ese territorio llamado España está en ser la pandereta del pasado. Un país repleto de camareros baratos para el turismo y para el consumo interior bruto de bares. Las y los jóvenes más preparados, más emprendedores, y con más capacidad de riesgo están abandonando la España cañí para emigrar a otros países con oportunidades laborales de acuerdo a su formación. Si el modelo alcanza su esplendor, dentro de nada ni eso. Sólo tendrán acceso a un nivel superior de estudios quienes se lo puedan permitir económicamente, y el resto a matarse por una beca.

No nos queda otra que reivindicar la política en mayúsculas. Ello implica el compromiso y la participación de la ciudadanía en todos los frentes, off y online. Vivir, en ese futuro que nos han robado, es una forma de acción política. Cada cual, en su día a día y lugar: en la escuela, en la visita al médico, a la hora de contratar un servicio, opinando en las redes electrónicas. Y, por supuesto, con el voto.

Es eso, o que desaparezca nuestro futuro. Nuestro futuro como ciudadanas y ciudadanos.


La empresaria islandesa Halla Tomasdottir es una firme partidaria de incorporar women values para superar la crisis. En 2007, Halla y su socia, Kristin Petursdottir, fundaron Audur Capital con el objetivo de incorporar mayor diversidad, responsabilidad social y valores femeninos a los servicios financieros. Estos valores incluyen independencia, conciencia de riesgo, comunicación directa, capital emocional y beneficios a partir de unos principios sólidos.

Sin embargo, un pequeño país, de apenas 300.000 habitantes, se ha convertido en el territorio utópico de la decencia democrática: Islandia. La isla de las mujeres, pues son ellas, las responsables políticas y económicas del país, quienes negaron la mayor a la teología neoliberal cuando saltaron las alarmas en plena crisis de deuda, en 2008 al dejar caer a los bancos en vez de rescatarlos y afianzar el estado del bienestar para proteger a las y los ciudadanos. Porque, como apuntan las economistas feministas, el patriarcado está en el origen de las desigualdades y de la desnaturalización de la actividad económica.

La fórmula islandesa para salir de la crisis ha tenido una importante componente feminista, con su primera ministra Jóhanna Sigurðardóttir, feminista y abiertamente lesbiana, a la cabeza que estuvo en el cargo entre 2009 y 2013. En unas declaraciones realizadas a El País, apuntaba: “En los años que precedieron al crash, el sector financiero había sobrepasado todos los límites, corriendo inmensos riesgos, acumulando deuda… podríamos calificarlo de juego. Era una cultura de jóvenes varones de la que las mujeres estaban totalmente ausentes. Y muchos otros actores contribuyeron a exacerbar esa cultura, atribuyendo a los personajes destacados del sector financiero cualidades estrechamente relacionadas con las nociones estereotipadas de masculinidad. Por otro lado, los estudios demuestran que una representación más equilibrada de mujeres y hombres en puestos de dirección económica se traduce en decisiones más imparciales y sensatas. Así que podemos hablar claramente de un crash de los valores masculinos”. Ya entonces todo un símbolo del patriarcado como el Financial Times, señaló que las mujeres islandesas habían alcanzado el poder para arreglar el estropicio que habían provocado los excesos de testosterona financiera. Seis años después el paro es de un 4%, y con el centro-derecha en el poder, reconstruir el Estado del Bienestar sigue siendo el principal objetivo de la acción de gobierno.

Islandia nos ha enseñado, en definitiva, que otra salida a la crisis es posible. Tal y como se señalaba en las conclusiones del IV Congreso de Economía Feminista que se celebró el pasado mes de octubre, hay que repensar el modelo económico desde una mayor aproximación a la ecología y a la sostenibilidad de la vida en el marco de un Estado del Bienestar fuerte.

Sin embargo, las instituciones europeas no parecen verlo así. La semana pasada el pleno del Parlamento Europeo rechazaba un informe presentado por la eurodiputada Inés Zuber en la que denunciaba que los principios de igualdad que defiende la UE se están yendo al traste ante las medidas de austeridad que se están implementando en la mayoría de los países del continente. Lo terrible no fue que las y los parlamentarios conservadores rechazaron en bloque dicho informe, sino que incluso algunos parlamentarios socialdemócratas, liberales y verdes también lo hicieran. Y algo peor: la poca repercusión que una noticia así ha tenido en los medios de comunicación.

Abanico de colores

11/03/2014 en Doce miradas por Doce Miradas

faviconEste post es el resultado del debate interno abierto en Doce Miradas. Recoge las opiniones de las mujeres que nos liamos la manta a la cabeza para sacar adelante este blog.

No todo son rocas. No todo son pilares inamovibles, inflexibles. No todo es blanco o negro, ni tan siquiera gris. Hay rojos; y marrones; y amarillos… Y azul marino. Aunque se compartan los rumbos, mirando siempre de frente y en la misma dirección, hay muchas formas, con diferentes miradas, para llegar a un mismo destino. A veces con grandes zancadas, otras con pequeños pasos. Pero siempre avanzando, aunque sea con rodeos. Y siempre con la intención de no ir hacia atrás.

La ley que pasará a la historia, si nadie lo remedia, con el nombre de Ley Gallardón significará desandar el camino. O al menos así lo creemos las que formamos parte de esta aventura que se llama Doce Miradas. Volver atrás, pasar a la clandestinidad. Formar parte de nuevo de lo prohibido, del delito.

De debates viejos y otras historias

De eso, de derechos, de su respeto y de la regresión que supone esta ley hablan las Doce Miradas. “Cualquier ley que nos coloque en situaciones anteriores a 1985 es retrógrada en sí misma. Si el Tribunal Constitucional ya se pronunció entonces respecto al aborto, haríamos bien en no discutirlo de nuevo ahora”, asegura Ana Erostarbe, una de las componentes de Doce Miradas. En la misma línea se manifiesta María Puente, a quien preocupa la merma de derechos de la mujer que la nueva ley comporta: “Estamos ante un retroceso descomunal e intolerable”.

Por su parte, Mentxu Ramilo considera que el diseño de esta ley “ha seguido un proceso oscurantista y nada transparente; no se han tenido en cuenta las diversas y plurales voces y miradas que vivimos en la sociedad. Y sus consecuencias serán un retroceso en libertades y garantías para las mujeres”. Arantxa Sainz de Murieta no solo habla de retroceso, sino que califica la ley Gallardón de “disparate mayúsculo, por no decir tomadura de pelo. Mientras se recortan derechos y ayudas sociales, educativas o sanitarias, nos venden un modelo de protección a la mujer y su derecho a ser madre con una postura unilateral, mal argumentada e impuesta. Recorte de derechos, rendibú a la derecha más conservadora, privatización de la sanidad y oportunidad política mal entendida son algunas de las ideas que rodean este asunto”, opina Sainz de Murieta, y toca el tema que levanta ampollas: aborto sí o aborto no.

No todo es blanco. “Sin ninguna duda, estoy a favor del derecho al aborto con todas las garantías exigibles de las instituciones públicas. Con esta ley, Gallardón y el gobierno Popular continúan ampliando la brecha por la que las mujeres ricas mantienen todas las garantías mientras que las pobres se enfrentan a riesgos innecesarios por falta de recursos”. Noemí Pastor también es rotunda: “Estoy por el derecho de toda mujer a decidir sobre su cuerpo y su maternidad, sin intromisiones, sin tutelas paternalistas, como adultas que somos, dueñas de nuestras vidas. Sin controles ajenos, sin imposición”.

Por su parte, Pilar Kaltzada se muestra partidaria “de un aborto libre y soportado en una sanidad pública y de calidad. Y también de regular supuestos razonables que garanticen el derecho a decidir de las mujeres y respeten la diversidad de circunstancias que puede conllevar una decisión de este calado. De igual manera que respeto la vida digna de las y los niños que éstas puedan alumbrar. Me temo”, continúa, “que cualquier posible ajuste que se consiga introducir sobre este proyecto, en mi opinión regresivo y cargado de pasado, implicará una rebaja en las condiciones y garantías que hasta hace muy poco estaban mayoritariamente aceptadas por la sociedad”.

No todo es negro. “Como el propio anteproyecto reconoce en su inicio, ante un embarazo no deseado se produce un conflicto de derechos: los de la madre y los de la vida que se inicia. Desde la adolescencia he creído que, si me encontrara en una situación semejante, mi educación y mi sentido de la responsabilidad me llevarían a no abortar”, reconoce Ana Erostarbe. “Pero también he creído siempre que debería tener derecho a decidirlo. Y que, debidamente legislado, este tendría que ser el derecho de todas las mujeres en tal situación, sin importar sus circunstancias o motivos. Responsabilidad individual, no tutela”. Y de ello, y de adolescencia, también habla Miren Martín: “Yo creo que hay vida desde el mismo momento de la concepción. Y todo este debate me ha removido profundamente, porque aún teniendo muy claro esto, también sé qué le aconsejaría a una adolescente en una situación así. O a una persona con un feto con una malformación. ¿Soy una incongruente? Probablemente. Pero no puedo decir a nadie que no haga lo que su conciencia le pide. A nadie. No soy quién”.

No todo es gris. María Puente afirma que “la ley Gallardón ha despertado al dragón. Reabre un debate delicado y doloroso que casi nadie deseaba. Como la mayoría de las mujeres, no quisiera jamás tener que plantearme abortar. Como la mayoría de las mujeres, llegado el caso, no sé qué decisión tomaría. Como la mayoría de las mujeres, me resultaría terriblemente insoportable que una decisión tan íntima me viniese dada por un señor tan ajeno a mi vida como el ministro Gallardón”. Pero, al mismo tiempo, “eludo entrar en la disquisición a favor o en contra del aborto, porque el debate correcto debería centrarse en estar o no a favor de la libertad de las mujeres a decidir sobre su maternidad. La decisión última la debe tomar la mujer, con el asesoramiento de su médico y con las personas de confianza que ella estime. Es algo tan íntimo y personal que considero contra natura que una mujer deba acatar una decisión exógena. No se puede ser madre por obligación, por ley ni por decreto. Gestar, parir, criar, educar y querer a un hijo requieren que la mujer esté a favor de todo ese proceso con todo su ser. Considero una crueldad hacer vivir todas esas fases, o parte de ellas, a quien no puede o no quiere”.

Tampoco Lorena Fernández quiere caer en esa trampa de un tema superado hace ya tiempo: “El debate está mal enfocado a propósito. Se ha tratado de hacer una reducción simplista de aborto sí o aborto no. Pero no se trata de eso, porque no creo que nadie salga dando brincos de alegría tras abortar. Si se aprueba, además del dolor físico y mental, también nos criminalizarán por ello. Prohibir no hace que el número de abortos se reduzca. Educar sí. Pero claro, prohibir siempre es más fácil que luchar contra las razones que empujan a las mujeres a abortar”.

Todas las Miradas coinciden en la desigualdad a la que lleva esta ley. Lo dice Noemí Pastor: “que toda mujer que decida abortar pueda hacerlo en condiciones dignas, sea cual sea su nivel económico o social”.

Educación y políticas sociales

De prohibiciones también habla María Ptqk: “la manera de reducir el número de abortos no es ilegalizar el aborto. Así no se reducen los abortos. Así se aumentan los abortos clandestinos que ponen en riesgo la salud de las mujeres (y la vida muchas veces)”. Y es que, como asegura, “para reducir el número de abortos hay que hacer políticas sociales y luchar contra el sexismo. Empoderar a las mujeres, que tengan autonomía económica, que se repartan las tareas de crianza, que el Estado asuma servicios sanitarios, que haya un sistema de educación pública que funcione. Que puedas tener descendencia y seguir trabajando. Que puedas tener acceso a una vivienda para criar a tus hijos. Centrar todo el debate en el feto invisibiliza todos esos factores, que son los que empujan a una mujer a abortar. Es una medida contra la independencia de las mujeres. Todas las cosas por las que luchamos no sirven de nada si vivimos en una sociedad en la que ser madre es una condena a la pobreza. Y ahora en España lo es para una gran mayoría de las mujeres en edad fértil. Ese es el debate”.

Mentxu Ramilo afirma que “la ley Gallardón dice que pretende proteger la vida del concebido y los derechos de la mujer embarazada, pero las políticas sociales están mermadas. Habría que reforzar los programas de anticoncepción y educación afectivo-sexual, mejorar la red de escuelas infantiles, ampliar los permisos de paternidad y maternidad, mejorar la atención a la dependencia y poner en valor los cuidados a las personas para garantizar lo que supuestamente pretende esta ley”.

Ana Erostarbe es rotunda al afirmar que “intencionadamente y con ahínco se ha tratado de confundir el foco: no hablamos de aplaudir a las mujeres que eligen abortar, sino de no condenarlas con penas legales y no generar desigualdad de oportunidades entre unas y otras, en función de sus recursos individuales”.

Derechos

En tiempos de crisis nadie sabe por qué se recortan también las libertades, lo único que no cuesta dinero. Aunque a veces el precio haya sido pagado en lágrimas. “Los derechos a veces duelen. Y a mí me duele perderlos por un juego de equilibrios e intereses políticos. También me duelen las simplificaciones de estos tiempos, de todos contra todos, el uso maniqueo de situaciones que merecen el máximo de los respetos”, afirma Pilar Kaltzada. Dice que no sabe si Gallardón lo piensa, pero sí dijo que “la maternidad libre hace a las mujeres auténticamente mujeres”. Por eso considera que Gallardón “ha llevado a los derechos de las mujeres a un callejón sin salida. Solo dos supuestos se libran de la quema inquisitorial de esta ley: el riesgo vital para la madre y los embarazos tras una violación. Solo en esos casos el Estado nos permitirá serseres “legalmente incompletos”, solo en esos dos casos, pertinentemente documentados, tendremos la fugaz sensación de ser libres de crear vida. Libres para crear, incluso, una vida cruel de malformaciones y privaciones, porque esos otros supuestos han desaparecido”.

Miren Martín introduce otro elemento: “No creo que en esta lucha contra la ley tengamos que estar solas. Que no se nos olvide que también se recortan los derechos de los hombres que quieren o no ser padres. A ellos también se les obliga. Aunque, claro, en esta historia siempre hemos tenido las de perder. Pensaba que los gobiernos estaban para eso. Para que precisamente no tuviéramos siempre que perder las mismas”.

Otra integrante de Doce Miradas, May Serrano, decidió acudir al Registro de la Propiedad a inscribir su cuerpo como señal de protesta. Se trataba de pasar a la acción.

mi cuerpo es mío

Cortina de humo

Si la ley es retrógrada, si ataca a los derechos de las mujeres, si ha creado una gran movilización pública, ¿de dónde viene?, ¿quién la ha promovido?, ¿quién quiere esta ley, cuyo debate en el Parlamento coincidió con la fecha de nacimiento de Clara Campoamor?

Ana Erostarbe cree que “las razones son exclusivamente políticas y que ese es un mal inicio para cualquier debate en nombre de la sociedad. A la política le sobran preocupaciones de índole social a las que dar salida, si lo que de verdad busca es liderar el avance hacia el bien común”.

Miren Martín al principio pensó que “esto era como esas cosas de Wert, que sacaba lo de las notas de las becas y los Erasmus para que no se hablara de economía y de crisis. Y lo creía porque era una ley que nadie, absolutamente nadie, había pedido. Pero ahora creo que esto es muy serio. Se están recortando derechos conseguidos por mujeres después de muchos, muchísimos años de lucha”.

Mentxu Ramilo habla de “cortina de humo”, considerando que “puede servir como excusa, en primer lugar, para desviar la atención de temas importantes sobre los que el gobierno está tomando decisiones que nos afectarán a diario en nuestras vidas (modelo energético, educativo, sanitario, económico, de relaciones laborales, etc.); y en segundo lugar, y más importante, “para que muchas mujeres nos paremos a reflexionar (individual y colectivamente) qué papel queremos desempeñar en nuestras vidas (lideresas activas, gestoras, administradoras, apagafuegos, sumisas pasivas, NS/NC), informándonos, reflexionando, compartiendo nuestros puntos de vista, enriqueciéndonos con otras miradas y actuando de la manera en la que nos encontremos cómodas para defender los derechos, libertades (y también deberes) que como mujeres y ciudadanas reivindicamos en el espacio público, participando en manifestacionesperfomances, firmando manifiestos o recogidas de firmas (AvaazChange) y, también, en nuestro ámbito privado”.

A Begoña Marañón la preocupa que Gallardón justifique su reforma con el cumplimiento del programa electoral”. Y es muy clara: “Qué despropósito. Qué desfachatez. Qué manera tan burda de pasar el programa electoral por encima del derecho de las mujeres. Vayamos entonces al programa electoral del partido en el gobierno para ver qué decía: “La maternidad debe estar protegida y apoyada. Promoveremos una ley de protección de la maternidad con medidas de apoyo a las mujeres embarazadas, especialmente a las que se encuentran en situaciones de dificultad. Impulsaremos redes de apoyo a la maternidad. Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores”. Poco que añadir, ¿verdad? ¿Se corresponde el programa electoral con la Ley Gallardón? Quizá se pensaba en cálculos electorales para no expresar las verdaderas intenciones. Pero ahora resulta que, como el gobierno tiene una gran preocupación por la falta de consenso en su propio partido, como es una ley contestada por la gran mayoría (colectivos de mujeres, la Organización Médica Colegial y un largo etcétera), ahora de nuevo, pensando en el posible daño electoral, parece que el Presidente del Gobierno abre la puerta a recuperar algún supuesto como el de la malformación del feto. ¿De nuevo el cálculo electoral? Como decía Iñaki Gabilondo, “esta ley es un monumento a la hipocresía: desampara mujeres y ampara hipocresías”.

Acabemos con las palabras de Arantxa Sainz de Murieta: “Señor Galladón, señoras y señores del Gobierno, somos personas maduras. Merecemos que se nos trate con respeto”.

Género y salud: formas de distinta conjugación

04/03/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Maxi GutierrezMaxi Gutiérrez @MAXIGJ. Médico de familia en activo. Sensibilizado y atento a las realidades sociales. Trabajando (y trabajándose) por la igualdad de género. Miembro de un grupo de hombres en el centro Ez-Berdin de Vitoria-Gasteiz. Formador de profesionales sanitarios en atención a víctimas de violencia de género.

La variable género explica muchas de las cosas que les ocurren a hombres y mujeres en su manera de actuar, pero también en la manera de enfermar.

Mujeres y hombres, pero sobre todo mujeres, pasan por la consulta manifestando malestares, ansiedades, dolores, a veces miedos y sólo algunas pocas veces enfermedades con daño orgánico. Y no se manifiestan igual cuando se sientan en la silla de la consulta y expresan sus síntomas, no actúan igual cuando han de combatirla y no se sienten igual ni ante la recaída ni ante la recuperación.

Sólo la observación de estos comportamientos con las gafas de género me permite reflexionar y poco a poco va marcando mi forma de hacer medicina, mi manera de intervenir y las propuestas que planteo a mis pacientes, mujeres y hombres.

Existen diferencias biológicas que lógicamente afectan a la salud, pero esta cultura y esta sociedad asignan a las mujeres unos roles tan específicos que condicionan su estado de salud y su enfermedad.

Pondré dos ejemplos. Durante mucho tiempo el hábito tabáquico ha sido una práctica fundamentalmente masculina que ha condicionado que las cifras de cáncer de pulmón y otras enfermedades crónicas pulmonares hayan sido mucho menores en mujeres. En eso se han visto beneficiadas, hasta que una actitud de imitación del modelo masculino, referente en nuestra sociedad patriarcal, ha extendido el hábito entre ellas haciendo que estas cifras cambien sustancialmente. Actualmente las cifras más altas de mortalidad por cáncer de pulmón en mujeres se concentran en zonas de nivel socioeconómico más alto.

Por otra parte, el rol de cuidadoras atribuido mayoritariamente a las mujeres de nuestra sociedad hace que muchas vivan sobrecargadas por la asistencia dispensada a sus mayores, a sus hijos e hijas y, en muchos casos, también a sus parejas. La mujer tiene interiorizado el mandato del cuidado hasta tal punto que lo normaliza y muchas veces se lo autoimpone como una cuestión de deber moral en solitario. Mochilas que se cargan a la espalda llenas de ocupaciones y pre-ocupaciones que pueden transformarse en dolor, insomnio, depresión o angustia. No sé si es enfermedad, pero, desde luego, es sufrimiento del que muchas mujeres no son capaces de salir.

Sin embargo, los hombres consultamos menos o más tarde porque hemos sido educados en la necesidad de aguantar, de exponernos o de sobreponernos y muchas veces lo hacemos empujados por nuestras parejas. Es frecuente escuchar cómo se disculpan (“vengo porque la pesada de mi mujer…”; “yo creo que no es importante, pero se ha empeñado…”), dejando bien claro que quería (¿o debía?) soportar la situación como sólo un hombre sabe hacerlo.

Así aguantamos malestares o diagnósticos en estadios más avanzados de enfermedad, que dificultan su tratamiento. Participamos menos de los programas preventivos de cribado de enfermedades. Y desarrollamos conductas de riesgo que generan enfermedad: el abuso de sustancias tóxicas como el tabaco, alcohol u otras drogas, los accidentes de tráfico, los traumatismos y agresiones se producen típicamente en hombres.

El rol familiar del cuidado ante la enfermedad está bien determinado. Si es el varón el que enferma, casi todo está asegurado cuando hay una mujer que dispensa y organiza las cuestiones necesarias. Si lo es la mujer, entonces toca hacer muchas cábalas para facilitar un funcionamiento familiar razonable y aportar los cuidados necesarios que aseguren la recuperación de la salud.

Si los hijos contraen la enfermedad, será la mujer la que centre las atenciones y cuidados. Es curioso observar a muchas madres cómo se acercan a la consulta con sus hijos adolescentes, aportando todo tipo de información y detalles sobre el proceso, sin dejar apenas que el enfermo pueda contar lo que le ocurre y cómo se siente, sin oportunidad de permitirle intervenir, bajo la percepción de que no lo va a hacer adecuadamente. Sin embargo, cuando es el padre el que acude a la consulta, éste permanece casi en la puerta, ejerciendo de mero acompañante al que alguien le dijo que llegara hasta la consulta sin saber muy bien qué hacer después.

Poca responsabilidad en las actitudes mantenidas en unos y en otros. Todos son mandatos de género establecidos por los roles repartidos. Las cosas puedan salirse de lo habitual, pero nunca por el azar.

foto_postMaxiMientras tanto, nuestro sistema sanitario, muy efectivo en su conjunto, diferencia poco la atención a hombres y mujeres más allá de lo puramente biológico (ginecología, obstetricia y alrededores). Tenemos profesionales excelentemente formados en lo anatómico-funcional y mucho menos en lo sociosanitario. Necesitamos una mirada bio-psico-social. Es necesario que los profesionales de la salud, en su totalidad, tengamos más en cuenta los condicionantes sociales en general, y los condicionantes de género en particular, en nuestra forma de abordar los problemas de salud. Así realizaremos una atención más ajustada a las circunstancias de cada persona y también contribuiremos a una cultura en la que ésta no sufra como consecuencia de unas desigualdades asignadas por el hecho de pertenecer a uno u otro género.

Es sabido que el sector sanitario es un colectivo mayoritariamente formado por mujeres, sobre todo en la enfermería y cada vez más en la medicina, pero eso no asegura una mirada ponderada de género. Entre nosotros sigue reproduciéndose el tópico que cuidar es de mujeres (enfermeras) y curar de hombres (médicos). Y eso produce perversas consecuencias para la atención y para el sistema.

La cuestión no creo que sea actuar sobre el organigrama sanitario, sino generar procesos de reflexión y formación de los profesionales en los que se introduzca la variable de género como algo valioso para interpretar los procesos de enfermar de las personas.

Por otra parte, nada nos hará mejores profesionales que nuestro trabajo para constituirnos como mejores personas. La cuestión se juega en las cosas de la vida cotidiana, en las actitudes del día a día y en todas aquellas cuestiones que tenemos “grabadas” y de las que apenas somos conscientes. Las actitudes sólo pueden cambiarse con procesos de reflexión, con espacios de diálogo, corriendo riesgos en el cambio y disfrutando de los logros.

Veo avances en mis compañeros y compañeras sanitarias que cada día se esfuerzan en hacer mejor su trabajo. Experimento en mí mismo que es posible cambiar y generar dinámicas nuevas. ¡Cómo no ser optimista!

Todo esto no es fácil, pero, cuando se experimenta, ya no hay marcha atrás, es imposible mirar con otros ojos y, a mí por lo menos, el camino me resulta apasionante.

Gorda

25/02/2014 en Doce miradas por May Serrano

Ojalá fuese una mujer como los medios mandan.

 portadas varias

 

Ojalá un vientre plano, una piel tersa, cero celulitis.

Ojalá un pelo sedoso, un maquillaje perfecto que me dure 24 horas.

Ojalá unos pies que se adapten perfectamente a estos tacones imposibles.

Ojalá las curvas perfectas, ni muchas ni pocas.

Ojalá unas tetas bien puestas.

Ojalá un culo en su sitio.

Ojalá mi piel siempre hidratada, suave, como recién depilada.

Ojalá delgada.

Cuando tenga todo esto, cuando sea perfecta, cuando tenga los ojos azules… alcanzaré el cielo.

Persepolis

¿Exagerada?

metro madrid

Veamos ¿Cuántas veces al día tienes un pensamiento negativo sobre tu cuerpo? ¿Cuántos mensajes desde los medios de comunicación recibes al día diciendo que algo está mal en tu cuerpo? ¿Cuántas amigas escuchas que empiezan una dieta, que han engordado? ¿Cuántas veces has pensado en un poquito de cirugía? ¿Cuántas veces te miras al espejo y te ves “toda guapa”? ¿Cuántas veces has comido un trozo de tarta sin pensar que engorda?¿Cuántas veces te dices que “te has portado mal”? ¿Cuántas veces le has dicho a una mujer “qué  delgada, qué guapa”?

En mi caso MUCHAS. Demasiadas. En la vida real y en la cibernética. Enfrente de un pastel: “Uh! Un minuto en la boca y toda una vida en la cadera”. En una tienda de ropa: “¡no, nunca hemos tenido esa talla!”. En una comida de trabajo: “Puedo pedir cualquier cosa, porque estoy delgada”. Por mail “Ya me ha dicho mi madre que te ha visto y que has adelgazado”

NO es casualidad y lo peor: no es inofensivo. Ni siquiera es saludable. Es violencia. Violencia Simbólica. Tan sutil, tan sutil que no parece violencia.

Como nos explica Medicus Mundi en su recién estrenado estudio sobre la violencia simbólica:

“La violencia simbólica opera de forma que el cuerpo idealizado ejerce el papel de dominador sobre el cuerpo real y la percepción de este cuerpo real queda dominada de una manera natural y autoimpuesta por la persona.

 Acuñado por Pierre Bourdieu en los años 70, el concepto de violencia simbólica se utiliza para describir las acciones que de forma indirecta se utilizaban para imponer, entre otros constructos sociales, los roles de género y las relaciones de poder desiguales”

Las relaciones de poder desiguales. Aquí quería llegar yo.

¿Cuánto tiempo gastamos en estos pensamientos? ¿Cuántas cosas dejamos de hacer esperando a tener el cuerpo perfecto? ¿Cuánto dinero invertimos en estar perfectas?

Y lo mejor de todo ¿qué haríamos si no tuviésemos que preocuparnos de todo esto?

“Cada noche, sin falta, ella rezaba para tener los ojos azules. Había rezado con fervor un año entero. Aunque un poco descorazonada,  no había perdido la esperanza del todo. Lograr que ocurriese algo tan maravilloso como aquello requería mucho tiempo, muchiisimo.” Ojos Azules de Tony Morrison.

pensar que estás

 

Tengo los ojos marrones, a veces se ven verdosos, me brillan con intensidad cuando me apasiono.

He dejado de rezar para conseguir unos ojos azules.

Abandono esta lucha contra mi cuerpo y me comprometo a

no seguir ejerciendo violencia contra mis michelines, mis arrugas o mis canas.

¿podrán los medios y las marcas hacer lo mismo?

Cincuenta años y diez mil días

18/02/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Neus ArquésNeus Arqués es escritora y trabaja como analista.

Está convencida de que la visibilidad es el nuevo petróleo, porque hoy el recurso escaso es la capacidad de atención: si no te ven, no te compran.

La visibilidad es el tema transversal de sus libros, sus conferencias y de su Lista.



En junio cumplí los cincuenta.

Al grito de “¡Cincuenta!” nos ponemos firmes. Hemos cruzado el meridiano, porque a los babyboomers la genética todavía no nos garantiza que lleguemos a centenarios. ¿A qué dedicaremos los próximos diez mil días?

Lo suyo es reinventarse. A medida que la esperanza de vida se alarga, las opciones se multiplican. No sólo vivimos más: queremos vivir distinto. Si rondas mi edad, esto es lo que te pregunto: ¿Crees que tu vida ya está diseñada o que tienes todavía margen para crearla? Si cuentas tu futuro en días, lo piensas con más cuidado. No hay tiempo que perder.

“Reinventarse” es un verbo en auge. Nos imaginamos nuevos universos personales, a poder ser exóticos. La narrativa suele empezar con “Lo dejó todo y se fue a…”. Cambio de trayectoria. Cambio de pareja. Cambio de país. Frente a esos reset radicales, me interesa la reinvención desde la atención. No desde lejos sino desde dentro. Estoy empeñada en volver a ser quien soy, no en ser otra.


Imagen de Matt Gibson (CC by-nc).

Imagen de Matt Gibson (CC by-nc).


Vivo un tiempo confuso, de falsa normalidad. Parece como si todo estuviese en su sitio. Como si pudiésemos conciliar. Como si tuviésemos las mismas oportunidades de promoción. Como si las aprovechásemos. Sin embargo, a poco que rascas ves que la mujer ocupa un puesto muy claro en sociedad, en economía, en política y en tecnología: el segundo.

¿Saldremos de la invisibilidad? Cuando calculas que te quedan diez mil días, te preguntas hasta cuándo saldrás a dar la cara. Porque salir a dar la cara cansa, pero no salir duele. Te preguntas si la mejor opción es “fluir y no resistirse” –como me recomendaba un amigo recientemente- o si batallar tiene todavía un sentido. La respuesta para mí depende de la oportunidad. Escoger bien las batallas, porque todas desde luego no se ganan. Una de las que me importan tiene que ver precisamente con el derecho a reinventarse.


Nuestra vida se escribe hoy en múltiples plataformas on-line: al otro le basta consultarlas para hacerse una idea de cómo somos y cómo nos ha ido. La tecnología construye nuestra narrativa personal.

Mi generación, que ya era adulta cuando se masificó el acceso a Internet, tiene una vida que no consta. Si hubo fotos, éstas amarillean en algún álbum con cubierta de cuero granate repujado. Ese pasado privado continúa siéndolo. Por eso ahora podemos crear otro presente, ya que del pasado sólo existe nuestra versión. Mi generación es la última que podrá reinventarse. Éste será el gran privilegio.

Sin embargo, reinventarse debería ser posible también para los que vienen detrás. ¿Cómo? Para empezar, me gustaría que habláramos (más) del tema, en vez de darle al “me gusta” a la menor ocasión. Que entendiéramos que las redes sociales son empresas cotizadas y no ONG. Que nos sintiéramos responsables de nuestra identidad digital –y de la de nuestros hijos- del mismo modo que velamos por la integridad física. Que aprovecháramos las ventajas que la tecnología ofrece en beneficio propio. Que como sociedad consensuáramos un modelo identitario –y, ya puestos, paritario- que de margen a la posibilidad y al olvido, de modo que podamos volver a empezar en vez de cargar con nuestra mochila digital de forma irremediable.

Puede que a esto, a cómo las personas, los proyectos, las ciudades nos reencontramos y nos reinventamos, dedique los próximos diez mil días.

Mujeres tecnólogas. Haberlas, haylas

11/02/2014 en Doce miradas por Lorena Fernández

Se suele decir que la Historia la escriben los vencedores. Yo añadiría además, que hasta hace bien poco, los vencedores masculinos. Así que no es de extrañar que cuando nos preguntamos por personas que han marcado el devenir de la ciencia y la tecnología, nos vengan a nuestras cabezas hombres casi en exclusividad. Sin embargo, muchas han sido las mujeres determinantes que luego la Historia castigó con su indiferencia. Mi intención es hoy hacer un recorrido por algunas (me temo que yo también me olvidaré de muchas, pero para eso tenéis los comentarios ;-) ).

La razón de este recorrido ya la planteaba en mi primer post en Doce Miradas: nuestras niñas necesitan espejos en los que mirarse para poder imaginar que ellas también pueden llegar a ser tecnólogas. Además, quiero dejar patente mi respeto por estas mujeres, dado que antes, su acceso a la educación era bastante más complicado que ahora. Y aún así, sortearon múltiples obstáculos, sentando importantes bases científicas.

AIDA LOVELACE-BYRONSiendo como soy ingeniera informática, era inevitable empezar con Ada Byron (1815-1852). Veréis además que termino con ella el artículo. El año pasado Google le dedicó un doodle a esta matemática y escritora, a la que también se le conoce como Ada Lovelace (su apellido de casada). Tiene un lenguaje de programación con su nombre, creado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Y es que se la considera la primera programadora de ordenadores, dado que creó el primer algoritmo para ser procesado en una máquina (la de Charles Babbage). Pero obviamente, tuvieron que pasar muchos años desde su muerte para que se le otorgara el reconocimiento que ahora ostenta.


HypatiaRemontándome aún más al pasado (alrededor del año 370 d.C.), iré hasta la primera mujer científica de la Historia de la que se tiene constancia, Hypatia de Alejandría. Hypatia cultivó varias disciplinas: filosofía, matemáticas, astronomía, música… y durante veinte años se dedicó a enseñar todos estos conocimientos. Se dice que hizo mapas astronómicos y fue pionera en el uso del astrolabio. Inventó también el hidrómetro, usado para determinar la densidad y gravedad de un líquido. Tuvo la suerte de recibir una educación científica muy completa gracias a su padre, cosa poco común en su época. Fue asesinada brutalmente por una turba de cristianos (Hypatia era pagana). Quizás hayáis visto la película de Alejandro Amenábar, Ágora, donde se retrata su vida.


Elena Lucrezia Cornaro PiscopiaElena Lucrezia Cornaro Piscopia (1646 – 1684) fue la primera mujer doctorada en el mundo. Su defensa de tesis sobre el Análisis y la Física de Aristóteles fue memorable: iba a producirse en el salón de actos de la universidad de Padua, pero hubo tal afluencia de público, que tuvo que hacerlo en la catedral.

Ahora bien, la primera doctora en ciencias de la computación tuvo que esperar hasta 1965. Fue la Hermana Mary Kenneth Keller (1914 – 1985) que asistió además en el desarrollo del lenguaje de programación BASIC.


Mujeres ENIACLa máquina ENIAC fue una de las primeras computadoras electrónicas de propósito general de la Historia. Mientras que los ingenieros John Presper Eckert y John William Mauchly se hicieron famosos como los creadores, nunca se reconoció a las seis mujeres que se ocuparon de su programación (Betty Snyder Holberton, Jean Jennings Bartik, Kathleen McNulty Mauchly Antonelli, Marlyn Wescoff Meltzer, Ruth Lichterman Teitelbaum y Frances Bilas Spence). Hasta la década de los años 80, se dijo incluso que las mujeres que aparecían fotografiadas junto a ella eran sólo modelos (“refrigerator ladies“). Las descubrió en 1986 Kathryn Kleiman al realizar una investigación en Harvard sobre el papel de las mujeres en la computación. Estas mujeres sentaron las bases de la programación, haciéndola sencilla y accesible.


Ángela Ruiz RoblesÁngela Ruiz Robles (1895 – 1975) inventó el libro mecánico y anticipó el ebook en los difíciles años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil española. Su deseo de facilitar el aprendizaje al alumnado, su obsesión por el peso de las carteras, unido a su convicción por la necesidad de transformar la educación tradicional basada en la memorística hacia la enseñanza interactiva y razonada, le llevaron a idear en los años cuarenta un nuevo formato de libro. Doña Angelita, como era conocida, llegó a patentar su enciclopedia mecánica, y el ministerio de educación a dar su aprobación para su eventual uso en las aulas, pero nunca consiguió financiación para llegar a fabricarla. Podemos escucharla defendiendo su proyecto.


Grace Murray Hopper Grace Murray Hopper (1906-1992) ha pasado a la Historia de la informática como la inventora del lenguaje de programación COBOL. Conceptualizó la idea de tener lenguajes computacionales que fueran independientes de las máquinas (es decir, que se pudieran usar en múltiples equipos). También se le atribuye haber popularizado el término “debugging” para corregir errores ya que, cuando trabajaba en Harvard, tuvo que quitar un insecto (en inglés bug) que se había atascado en una computadora.


Hedy Lamarr Si os hablo de Hedy Lamarr (1914-2000), quizás no os suene de nada o, si os gusta el Hollywood de los años 40, la reconozcáis como una de sus actrices. Pero es que además de ser la primera mujer en protagonizar un desnudo en la historia del cine, también fue la primera persona en concebir la versión del espectro ensanchado que daría lugar a la tecnología wifi. En 1998 la Electronic Frontier Foundation concedió a Hedy Lamarr y George Antheil (pianista y compositor con el que colaboró en más inventos) el Premio Pionero reconociendo su contribución fundamental en el desarrollo de las comunicaciones basadas en ordenadores. Hedy Lamarr rehusó a ir a recoger aquel premio. Podéis leer aquí más sobre su historia.


Evelyn BerezinEvelyn Berezin (1925 – ) desarrolló el primer sistema de reservas de billetes de líneas aéreas para United Airlines. Es también conocida como la madre de los procesadores de texto desde que en 1968 desarrollara la idea de un programa que permitía almacenar y editar textos. Al año siguiente, fundó Redactron, la primera empresa dedicada exclusivamente a los procesadores de texto.


Jude MilhonJude Milhon (1939-2003), más conocida por el nick de Saint Jude, es la madre del ciberpunk. Programadora, hacker, escritora, feminista, rebelde, defensora de los ciberderechos. Suya es la famosa frase “Girls need modems!” que recorría las míticas BBS allá por los albores de Internet animando a las mujeres a aventurarse en los “placeres del hackeo”. El día de su muerte, un famoso titular ocupaba los diarios digitales de Internet: “los hackers han perdido a su santa protectora”.


Radia PerlmanRadia Perlman (1951 – ) es conocida como la madre de internet. Famosa por ser la creadora del protocolo Spanning Tree (STP), fundamental para permitir la redundancia de caminos en las redes de área local (LAN). A lo largo de su dilatada carrera ha registrado más de 70 patentes, casi siempre relacionadas con la seguridad. También cuenta en su haber ser una de las pioneras en enseñar a programar a los niños y niñas. Para ello, creó un sistema tangible llamado TORTIS que genera diferentes acciones al presionar botones (una versión de LOGO). Actualmente trabaja para Intel.


Carol ShawCarol Shaw (1955 – ) trabajó en Atari, y se dice que es la primera mujer diseñadora y programadora de videojuegos. Su juego más famoso es el ya clásico River Raid. En una entrevista en la que se le preguntaba si en algún momento la discriminaron por ser mujer en la industria, Carol respondió: “Cuando trabajaba en Atari, Ray Kassar, su presidente mencionó “por fin Tenemos a una mujer diseñando juegos. Ella podrá combinar los colores y diseñar los interiores de las carcasas de los juegos”. No lo tomé muy en serio porque eran dos cosas que no me interesaban y mis colegas me apoyaban.




Sé que me dejo a muchas protagonistas en el tintero, pero si queréis profundizar más en estas figuras determinantes, os recomiendo el proyecto “Una historia invisibilizada” del Instituto Asturiano de la Mujer y Wikimujeres.

Mirar al pasado está bien, pero tenemos un presente y un futuro al que hay que hacer frente para que no vuelvan a quedar mujeres invisibles, o lo que es peor, para que no desaparezcan por la falta de vocación tecnológica en las niñas. Es por esto que, aplicando uno de nuestros mantra favoritos en Doce Miradas (“las cosas se cambian cambiándolas”, y no solo hablando de ellas, que también es muy importante, ni obviándolas, como algunas personas plantean esperando que una mano mágica actúe), convocamos este año por vez primera el Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga desde la Universidad de Deusto.

Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga

La convocatoria estará abierta hasta el 20 de marzo y el premio tendrá una dotación económica de 3.000 euros. Se entregará el 11 de abril en el marco de las jornadas ForoTech2014.

¿Y por qué solo premiar a las mujeres? ¿No estamos cayendo otra vez en la discriminación? Os diré que si la pretensión del premio hubiera sido buscar a la mejor persona tecnóloga, entonces sí. Pero la intención es otra:

  • Dar visibilidad a las mujeres dentro del mundo de la tecnología reconociendo su importante labor, insuficientemente conocida en el conjunto de la sociedad.
  • Enriquecer la sociedad con eventos de difusión tecnológica, aportando modelos de mujeres para las nuevas generaciones.
  • Fomentar vocaciones tecnológicas acercando el trabajo tecnológico a las y los adolescentes, resaltando los aspectos positivos, especialmente en las vocaciones femeninas.

Mujeres tecnólogas de España, quitaos ahora mismo de la cabeza esos pensamientos que os pueden estar rondando de “yo no valgo o no soy lo suficiente [pon aquí cualquier adjetivo] para este premio” y presentaos ahora mismo. Nuestras niñas y jóvenes necesitan conoceros.

Al sur de la igualdad

04/02/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

inésInes Skotnicka, @agjs, centroeuropea con alma andaluza y bagaje de unos cuantos años pululando por otros países. Lectora obsesiva de todo lo que tenga letras; intentando poner el orden a la infoxicación (www.desinfoxica.com). Economista de profesión, ligada al mundillo de la consultoría, innovación, internacionalización e investigación académica. Sumergida en el océano de tecnología, búsqueda de conocimiento y colaboraciones varias. A veces friki, a veces maruja.

En el Sur se vive genial. Realmente bien. La luz, el calor, la gente, las fiestas. Ser mujer en el Sur (Andalucía, sin ir más lejos) desde luego levanta la autoestima a casi cualquiera (dicho con malicia, premeditadamente). La mujer del Sur ha sido alabada, elogiada, retratada y hasta ridiculizada millones de veces. La mujer en el Sur es bella, alegre, femenina y, casi obligatoriamente, familiar. Pero hacerse valer profesionalmente y socialmente siendo mujer, ser feminista y revindicar -y no luchar, porque esto ya lo han hecho nuestras abuelas (dicho a conciencia)- los derechos, esto ya es otro cantar.

Reconozco que mi escasa docena de años en las tierras andaluzas no dan más que para una mirada muy subjetiva (sesgada por los orígenes norteños y cierta dosis de mordacidad), pero permitidme compartir algunas de mis observaciones.

Aeropuerto del Sur. Un conocido regresa de un viaje de negocios. Sus dos hijos (niño y niña) de corta edad lo esperan. El feliz padre saca regalitos traídos para sus retoños. “Toma, Jaimito, este fin de semana empezamos a jugar juntos”. Un tablero infantil de ajedrez.  “Rosita, esto es para que te pintes guapa cuando vayamos a la feria”. El estuche de maquillaje más chillón que existe. Me ahorraré comentarios sobrantes. Y si me decís que esto va cambiando, respondo que puede ser, pero demasiado lento y con demasiados retrocesos, cuando del Sur se trata. Cabe decir, no obstante, que tales estereotipos arremeten no solo contra el futuro de las mujeres, sino también contra la sensibilidad de muchos de los hombres, encorsetados en la denominación de origen del “macho ibérico” del Sur.

Me indigna, me cabrea y hasta me produce cierta risíta sarcástica, por igual, cuando escucho repetirse en diferentes estratos sociales  el esquema “no hay como en casa de mi madre”. Typical from South, lo siento pero he de decirlo. Puede que en el Norte seamos más frías o vagas, o simplemente más pragmáticas. Pero, señoras (y señores), no se hace la cama a los niños adolescentes, ni se les lava la ropa mientras sus hermanas faenan en la cocina (presenciado ojiplática en una familia de dos padres profesionales exitosos en sus respectivos campos). No se mandan tuppers con croquetas para que la nuera aprenda “cómo le gustan a mi hijo” ;-). No se escriben justificaciones para que las hijas no suden en las clases de educación física (ahí también está el aprendizaje para trabajo en equipo y para una rivalidad sana), mientras se compra balones a los hijos. Porque, miren, estamos consolidando los mismos estereotipos contra los que luchamos. ¿Es que no se puede ser buena madre y feminista? ¿En el Sur?

Siendo hija y nieta de mujeres que han trabajado fuera de casa durante toda su vida, reconozco que, a pesar de los estandartes ondeantes de la igualdad, nunca llegaremos a tal si de antemano se presupone que una chica o mujer en un momento dado fastidiará a la empresa “queriendo tener descendencia”. ¿Podéis decir que esto se da por igual en el Norte y en el Sur? Posiblemente. Hay numerosas evidencias de preguntas capciosas en las entrevistas de trabajo o frente a las máquinas de café. Pero en el Sur ni siquiera lo preguntan, se da por hecho y ya en la línea de la salida nos quedamos dos o tres pasos atrás. Y si añadimos el ingrediente de los horarios de trabajo totalmente desatinados -justificados por las temperaturas, como si se tratase de llevar agua en los cántaros al sol-, ya tenemos una mezcla explosiva, apta para dinamitar las aspiraciones de cualquiera. Eso sí, el Norte hace algo por cambiarlo; el Sur aún está aferrado a evitar verlo.

Y además, en el supuesto afán por, no sé como llamarlo, establecer nuevas “reglas de juego”, sobre todo en las administraciones, se cae en lo que, disculpad el extremismo, consideraría igualmente perjudicial para la igualdad que el machismo puro; o sea, la vanagloriada discriminación positiva, muy presente en algunos ámbitos del Sur. Aquí me atrevo decir que el Sur se extiende hasta a los despachos de Moncloa ;-). Señoras del Sur (y algún que otro caballero): si queremos igualdad verdadera, hay que apechugar. Está muy bien (esa caballerosidad sureña me encanta) que nos dejen pasar por la puerta, pero no recibir un sillón en el consejo de administración, un puesto presidencial asignado a dedo, como asumiendo que nunca se ganaría enfrentándose a un hombre. Los derechos que realmente importan son los logrados con esfuerzo, no los regalados para cumplir números de paridad establecidos artificialmente. La no-discriminación ha de ir en ambas direcciones. No podemos pedir respeto a la vez que exigimos “trato de favor”. Igual significa igual. En lo bueno y en lo malo. Y desafortunadamente en el Sur nos falta un poco de coraje para practicar, recalcando palabras de Marta Sanz, el feminismo autocrítico.

Finalmente, desde mi propio “patio” profesional, me produce cierta turbación, denominémosla estratégica, ver aparecer como setas tras la lluvia decenas de empresas de consultoría de igualdad de género por toda la geografía sureña; empresas regentadas en su gran mayoría por las mujeres, aunque posiblemente, por qué no decirlo, surgidas del oportunismo mercantil más que de las convicciones o de las necesidades. He presenciado (por pura casualidad) cómo jovencísimas consultoras intentaban “convencer” con un PowerPoint a un equipo de empresa acostumbradamente masculina, de la necesidad de romper “el techo de cristal” y tras varias horas se quedaban sin el menor avance. Veo que el camino de “quitarse los tacones” y ataviarse en un asexual, igualitario, pero basado en la pura y dura lógica empresarial “mono de trabajo”, todavía queda por recorrer en estos lares.

El futuro del Sur, esto ya se está demostrando en el “Sur lejano” (mujeres activistas y emprendedoras en África, Latinoamérica), es de las mujeres. Por las condiciones biológicas, sociales, culturales y poco a poco laborales. Pero el Sur de Europa parece haberse estancado en los logros pasados, acomodado en su parcial fantasmagoría de la igualdad de oportunidades sobre el papel, mientras la crisis actual golpea a las mujeres con doble fuerza de embestida, socioeconómica y espiritual. Ganar algunas batallas, no es ganar la guerra. Para salir con el escudo (y no sobre el escudo) aún quedan riesgos y sacrificios por acometer. Y me temo que esa disyuntiva más grande, que nos frena y nos hace vacilar, radica en nosotras mismas.

Aunque queda mucho trabajo por hacer, y probablemente muchos sinsabores por soportar, no nos pongamos del todo pesimistas. Hay muchas mujeres en el Sur que desde sus realidades subjetivas están propagando una pugna para que ser (y ejercer de) mujer no sea una desventaja. Ni tampoco una ventaja a priori.