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Ya sois iguales ¿qué más queréis?

21/10/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Iñigo LaExteriores 056marca es ahora Ararteko en funciones, 10 años después de que fuera nombrado Defensor del Pueblo Vasco allá por 2004. En el desempeño de su responsabilidad al frente de la Oficina del Ararteko, Lamarca ha puesto particular énfasis en la evaluación de las políticas públicas, en la defensa de los derechos sociales, de la inclusión y cohesión sociales, y del respeto a la diversidad y la diferencia, así como en la atención y protección de los colectivos que tienen obstáculos o algún elemento de vulnerabilidad para ejercer en términos de igualdad sus derechos.

 

Esta expresión la he oído alguna vez en ocasiones en los que ciertos hombres se sienten en condiciones de hablar desde lo más profundo de su pensamiento y cargan contra las demandas de igualdad real entre mujeres y hombres con el argumento de que aquéllas ya son iguales ¿Qué más quieren?- braman a modo de corolario de su razonamiento corto desprovisto de datos.

La Constitución española tuvo el gran acierto de distinguir entre la igualdad formal ante la ley y la igualdad real y efectiva. Dice el artículo 14 de la citada carta magna que todas las personas somos iguales sin que quepa discriminación alguna por razón de sexo, raza, nacimiento, religión, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social (es decir, orientación sexual, identidad de género, pertenencia a una minoría cultural, etc.) Pero hay una disposición anterior, la novena, que proclama la igualdad real y efectiva entre todas las personas para lo cual fija un deber para todos los poderes públicos: remover los obstáculos que impidan ejercer plenamente ese derecho. De aquí deriva la obligación de que existan políticas públicas eficaces con el fin de derribar los obstáculos que están impidiendo el derecho a la igualdad real y efectiva de las mujeres.

Hay numerosos datos estadísticos que sostienen las afirmaciones que voy a formular seguidamente y por tanto no veo necesario aportar información. Me voy a centrar en el ámbito laboral, en el que las mujeres tienen empleos más precarios, salarios más bajos, y tienen más dificultades para acceder a puestos directivos. Las fotografías de las reuniones de los consejos de administración de las empresas más importantes del Ibex 35 de la Bolsa resultan demoledoras: la presencia de las mujeres es insignificante. Pero también lo es en las reuniones del Ecofin europeo, del Foro Anual de Davos, del G-20, del Consejo de Seguridad de la ONU, de los mediadores y verificadores del proceso de paz de Euskadi, de los defensores del pueblo o de los rectores. Es cierto que se han producido avances pero la ocupación de puestos de la máxima responsabilidad en el mundo de la empresa, de cargos públicos de alta relevancia o la promoción interna en el ámbito laboral-profesional es todavía, en gran medida, cosa de hombres. Y, sin embargo, en los estudios universitarios o en las oposiciones muchas mujeres están obteniendo resultados magníficos, en numerosas ocasiones superiores, en términos porcentuales, a los de los hombres. La pregunta correcta no es, pues, ¿qué más quieren? sino ¿qué está fallando?

Ministros de Hacienda y presidentes de bancos del G20. Fuente: RTVE

Ministros de Hacienda y presidentes de bancos del G20. Fuente: RTVE


A mi modo de ver, no están funcionando debidamente dos ámbitos que son esenciales para la consecución de la igualdad real y efectiva para las mujeres. El primero de ello es el relativo a la educación en valores. Hay que reconocer que en la escuela se han producido avances muy importantes y que la Administración educativa vasca, junto con los berritzegunes y con los excelentes maestras y maestros, profesoras y profesores que trabajan en las escuelas vascas, ha creado programas y materiales para incidir en la promoción de los valores de igualdad. Pero no es suficiente a la luz de los datos que arrojó el informe sobre valores del Ararteko en 2009. El sexismo y los roles de género siguen estando presentes, en un porcentaje muy significativo, en los valores y en la visión del mundo de nuestros niños, niñas y adolescentes en la Euskadi del siglo XXI.

El citado informe analiza, además de ofrecer datos de un amplio cuestionario hecho a niños y niñas de entre 8 y 16 años, las vías de transmisión de valores y concluye que de los cuatro ámbitos que inciden claramente en la transmisión y aprendizaje de valores (a saber, la familia, la escuela, los grupos de iguales –amigos y compañeros de escuela y de actividades extraescolares-, y los medios de comunicación y el mundo de internet y de los videojuegos) la familia sigue ocupando un papel central.

Hay que reconocer que desde las políticas públicas no se puede intervenir en el ámbito privado de las familias, pero hoy día hay dos elementos que forman parte de las familias, con los que los niños y las niñas interactúan más, en muchos casos, que con sus padres o madres: la televisión e internet. Es seguro que los poderes públicos pueden hacer más para que los contenidos de los programas televisivos, de los dibujos animados, de los videojuegos, o de las páginas web erradiquen por completo cualquier signo de sexismo y de machismo y, por el contrario, promuevan valores de igualdad entre mujeres y hombres. Se me podrá objetar que en la inmensa mayoría de los casos esos contenidos son creados por empresas privadas y que el mercado es libre para hacer lo que quiera. Contraargumentaré diciendo que los poderes públicos pueden –y deben- condicionar la actividad de las empresas privadas en el ámbito que estamos comentando poniendo límites mediante la ley, regulando las emisiones de contenidos que pueden visionar los menores de edad, introduciendo en las políticas fiscales la variable del respeto y promoción del valor de la igualdad entre mujeres y hombres, mediante la política de subvenciones, etc.

Resulta, por otra parte, muy importante (por el efecto que tiene en la pedagogía social) que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde en ámbitos de fuerte impacto social: me refiero al deporte y a las fiestas populares. Se puede y se debe hacer más para que los niños y niñas vean que es tan importante, por lo que a su presencia mediática, pública y social se refiere, una deportista o un equipo femenino que un deportista o un equipo masculino. Soy consciente de que el fútbol practicado por hombres acapara un porcentaje muy elevado del espacio social y mediático que tiene el deporte, pero seguro que se puede hacer más para darles mayor proyección social y mediática a las mujeres deportistas.

En el espacio público de las fiestas de los pueblos y ciudades se visibiliza ante los chavales y chavalas el papel que los hombres y las mujeres desempeñan en la sociedad. Si las mujeres no pueden portar una escopeta, tocar el tambor o participar en una comida popular, difícilmente podrán, en el imaginario que van construyendo los menores de edad, ocupar un lugar equiparable a los hombres en la familia, en la empresa o en las instituciones públicas.

Me he referido anteriormente a dos ámbitos muy importantes para la igualdad entre mujeres y hombres. Podríamos seguir hablando del primero de ellos, pero no me quiero extender mucho y deseo abordar el segundo de ellos. Se trata de la conciliación entre la vida familiar y personal y la laboral. Es constatable que, aun cuando muchos padres de las generaciones jóvenes han asumido con ganas –o se muestran dispuestos a hacerlo- las tareas derivadas de la corresponsabilidad parental, todavía son las madres las que se ocupan, en una proporción mayor, de la crianza de los hijos e hijas. Ello repercute negativamente en las condiciones laborales de muchas mujeres. En el campo del trabajo por cuenta ajena, abundan las contrataciones a tiempo parcial, o no se opta a puestos de responsabilidad. Por lo que se refiere a las profesionales autónomas o empresarias, cabe decir que en muchas ocasiones se sacrifica la maternidad o la progresión profesional o se reducen los ingresos y las posibilidades de crecimiento empresarial o profesional por la limitación de la jornada laboral para hacerla compatible con la vida familiar.

El Ararteko ha hecho público recientemente un informe extraordinario sobre las políticas familiares, en el que la conciliación ocupa un lugar central. Se analizan las políticas públicas de otros países y se formulan propuestas concretas para mejorar las condiciones de la conciliación, relacionadas con los permisos de maternidad y paternidad, con las escuelas infantiles de 0 a 3 años, con el cuidado y la crianza de los niños/as, con las políticas fiscales, etc. Debiéramos asumir que la crianza de los niños y niñas, como ocurre en muchas tribus sabias de África, es responsabilidad de toda la comunidad, de toda la sociedad, por tanto de cada uno de nosotros y nosotras a través de una herramienta fantástica creada en la Europa del Estado social: las políticas públicas.

entremujeres.clarin.org

Fuente: entremujeres.clarin.org

El trabajo en pro de la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres no se circunscribe a los ámbitos a los que me he referido en los párrafos precedentes. Me propongo finalizar esta colaboración para no superar una extensión razonable, pero no quiero dejar de mencionar, en relación con el derecho a la igualdad real y efectiva de las mujeres, los siguientes temas: la violencia machista, abominable y terrorífica o terrorista; la necesidad de poner más medios para la investigación y el tratamiento de determinadas enfermedades (la fibromialgia, la fatiga crónica y algunas de las denominadas enfermedades raras) que afectan sobre todo a las mujeres; el porqué de la casi invisibilidad de las mujeres lesbianas en el foro público; la necesidad de garantizar la libertad y la autodeterminación de las mujeres en relación con los embarazos, permitiendo el aborto según una ley de plazos y profundizando en la educación sexual; o las cuantías insuficientes de las pensiones de la gran mayoría de las mujeres mayores.

Y quiero también mencionar la necesidad de trabajar en el campo de la defensa de los derechos más básicos de las mujeres en muchísimos países del mundo donde su dignidad es mancillada y pisoteada cada día, donde viven en condiciones de semiesclavitud o donde se practica el feminicidio. España debería ser más activa en esta materia en los foros europeos e internacionales y debería, en el plano interno, ampliar y facilitar el derecho de asilo para las activistas o las mujeres amenazadas de muerte o que son perseguidas.

Deseo felicitar, finalmente, a las mujeres que gestionan este magnífico blog y agradecerles que me hayan ofrecido aportar a Doce Miradas esta colaboración.

¿Para qué estudiamos las mujeres?

14/10/2014 en Doce miradas por Arantxa Sainz de Murieta

Mujeres en la universidad

En ocasiones, me sorprendo –y creo que no soy la única- al escuchar ciertas conversaciones sobre la “innegable situación de igualdad” alcanzada por las mujeres en las últimas décadas. Los estereotipos de género han quedado obsoletos, el reparto de tareas en el hogar es equilibrado, las mujeres accedemos a las carreras universitarias que deseamos y desarrollamos nuestra carrera profesional con éxito, si así lo deseamos. He de confesar que más de una vez he sentido muchísima pereza al tener que (des)argumentar ante afirmaciones hechas con tanto desparpajo.

Si todo esto pertenece al presente, si creemos que los estereotipos de género han quedado obsoletos, me gustaría acercarme al pasado y repasar los imaginarios sociales de hace 30 años. Seguro que sólo con visualizar alguna película o spot publicitario de aquel momento reconocemos atributos asociados a hombres y mujeres.

Por ejemplo, ella se encargaba de los cuidados de la casa y los niños, él desempeñaba labores técnicas y de fuerza en el hogar; ella se (pre)ocupaba de las relaciones familiares y sociales, él ofrecía estabilidad económica y tomaba las decisiones importantes; ella poseía buenas habilidades comunicativas, él capacidad intelectual y de razonamiento; ella era discreta, prudente, sumisa y obediente, él era dominante, independiente, atrevido y competitivo; a ella le pertenecía la esfera privada y le resultaba difícil tomar control de sus emociones, a él le pertenecía la esfera pública, el éxito y la fuerza emocional; ella personificaba la retaguardia, él la vanguardia. ¿Podemos coincidir en este reparto?

Es gratificante y esperanzador observar el gran avance logrado por la mujer en lo que se refiere al acceso a estudios universitarios. Si la educación es la palanca para el cambio social, observemos entonces si persiste el sesgo de género en la elección de estudios y cómo influyen los estereotipos en la elección de las carreras denominadas “femeninas” o “masculinas”. Según datos ofrecidos por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, del total del alumnado matriculado en el curso 2013-2014 -casi 1.200.000 personas- un 55,32% son mujeres. Sin embargo, esta escalada del acceso femenino a la universidad no conlleva una distribución homogénea en matriculaciones por ámbito de estudio universitario. El total de estudios universitarios se estructura en torno a ocho ámbitos diferenciados; cada ámbito lo conforma una serie de carreras asociadas:

  • El ámbito de la (I) Educación es el de mayor presencia femenina, con un porcentaje que asciende al 78,44% de las matriculaciones. Si nos fijamos en los estudios educativos para la Formación de docentes de enseñanza infantil, el porcentaje se dispara hasta un estrepitoso 94%. Con este dato tan contundente podríamos establecer una relación directa entre el estereotipo asignado a la mujer, en cuanto a la dedicación y educación de los niños, y la elección de su profesión. Este es un dato ofrecido por el Ministerio pero resulta fácilmente contrastable si hacemos un escaneo rápido a los profesionales de los centros escolares de nuestro alrededor. Son mayoritariamente mujeres excepto en los puestos de dirección, informática y mantenimiento del centro.
  • El ámbito de (II) Salud y Servicios Sociales ocupa el segundo lugar en mayor número de matriculaciones de mujeres (71,88%). A las aulas de la carrera de Trabajo Social concurren, en su mayoría, mujeres (81,94%); algo parecido ocurre en las aulas de la carrera de Enfermería (79,54%). Este dato refuerza la hipótesis de relación entre estereotipos de género y elección de estudios universitarios. La sensibilidad ante los problemas de las personas más desfavorecidas y los cuidados de las personas que conforman el hogar, pequeños, mayores y enfermos, son atributos asociados al género femenino.
  • En el ámbito de las (III) Artes y Humanidades el 60,44% de las matrículas formalizadas son femeninas. En esta rama, las carreras más demandadas por las mujeres son Diseño (70,69%) y Bellas Artes (69,06%); las menos demandadas Historia y Arqueología (34,49%). Volviendo a los estereotipos femeninos, podemos afirmar que también los aspectos relacionados con la belleza, la armonía, la observación y la estética ejercen una potente atracción a la hora de que las mujeres se decanten por unas u otras carreras. ¿Alguien cree que todo esto es una cuestión de capacidades? ¿O de gustos?
  • Sigamos con los datos. El ámbito con mayor equilibrio en matriculaciones por sexo es el de las (IV) Ciencias Sociales, Educación Comercial y Derecho, en el que el porcentaje de mujeres matriculadas es del 56,27%. Entre todas las carreras que pertenecen a este ámbito, Periodismo e Información es la de mayor afluencia de mujeres (69,80%) y Economía la de menor afluencia (41,26%). Recordemos “ella habilidades comunicativas, él capacidad de razonamiento”.
  • También el ámbito de la (V) Agricultura y Veterinaria presenta unos índices de matriculaciones homogéneos (46,52%); sin embargo, hay un dato que destaca y es el de la carrera de Veterinaria en el que el porcentaje de matriculación de mujeres se eleva al 70,09%. Volvemos a la preocupación por ayudar, a los cuidados y la salud, en este caso animal.
  • Esta tendencia al alza en la elección de estudios universitarios se rompe en el ámbito de las (VI) Ciencias, en el que el número de mujeres matriculadas desciende al 36,15%. Pudiera parecer que el rigor y la intelectualidad no va bien con el género femenino; tampoco parece que las mujeres estemos capacitadas para desenvolvernos con algoritmos o lenguajes de programación, como se desprende del poco atractivo que tiene la carrera de Ciencias de la computación, a la que tan sólo asiste un 12,86% de mujeres. Aprovecho la fecha de hoy, 14 de Octubre, para celebrar el Día de Ada Lovelace, matemática británica reconocida como la primera programadora.
  • Y la caída es todavía mayor en el ámbito de la (VII) Ingeniería, Industria y Construcción, en el que la presencia femenina alcanza el 27,71%. Es indudable que a muchas mujeres les abruma la presencia altamente masculina en estas opciones profesionales; las programaciones sociales, construidas a través de mensajes directos e indirectos, hacen que una mujer se sienta fuera de lugar cuando aspira a profesiones tradicionalmente masculinas. Haciendo un ejercicio de inversión, en términos generales los hombres que optan por estudios “femeninos” son quienes ostentan los cargos de mayor responsabilidad cuando acceden al mercado laboral. Nada que ver con la realidad de las mujeres.
  • Por último, en la categoría de (VIII) Servicios, llama poderosamente la atención que sólo un 18,42% de mujeres opta por estudios universitarios en torno a Deportes. Estoy por creer que las mujeres no tenemos condiciones para la actividad física. Volvemos a “ella debilidad, él fuerza física; ella pierde el control de las emociones, él personifica la fortaleza”. Es notorio que los deportes femeninos tienen un peso e impacto inferior a los masculinos, incluso en la misma categoría. Si, además, echamos un ojo a los entrenadores, son mayoritariamente hombres aunque las entrenadas sean mujeres. Y, por lo que parece, a nadie le sorprende.

Ustedes disculpen pero, al hilo deportivo, me viene a la cabeza las declaraciones de Toni Nadal, entrenador de Rafa Nadal, sobre la incomodidad de tener a una mujer, Gala León, como capitana de la Copa Davis. Ahí queda eso.

Ahora, 30 años después, estos son los datos y que cada cual saque sus propias conclusiones. ¿Creemos de verdad que los estereotipos de género han quedado obsoletos? ¿Pensamos que no influyen en la elección de los estudios? ¿De verdad desarrollamos nuestra carrera profesional como queremos? ¿Alguien ha oído hablar alguna vez de los techos de cristal?

Emprender siendo mujer

07/10/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Jone ZugazagaJone Zugazaga es diseñadora (de superficies y gráfica) e ilustradora. Licenciada en Bellas Artes por la UPV/EHU, ha trabajado como diseñadora gráfica y creativa durante años. Hace 4 años se embarcó en un nuevo proyecto laboral como freelance en diseño gráfico. Sus trabajos y proyectos han ido evolucionando y hace 2 años inauguró un nuevo espacio creativo llamado Dubidibú en Vitoria-Gasteiz.

No es un secreto que os diga que siendo mujer, el mercado laboral te sorprende con ciertas dificultades, pero cuando una decide ser mujer y empresaria a la vez… ¡eso ya es la monda!

Después de trabajar y aprender mucho trabajando como diseñadora gráfica y creativa en diferentes empresas, tuve muy claro que la  forma de expresarme mediante mis creaciones era muy particular y estaba muy definida. Fue entonces cuando empecé a soñar con lo que hoy en día es una realidad.

Cuando las cosas se tuercen y prefieres volver por el camino recorrido para coger otro diferente que crees que te hará más feliz, eso se llama apostar fuerte y ser valiente. Y eso es lo que decidí hace años: apostar primero por mí, por mis capacidades y por mis sueños. ¡¡Un aplauso!! Plas, plas, plas.

Empecé trabajando desde casa como diseñadora gráfica y con el tiempo aposté más fuerte aún y abrí un jonezugazagapequeño estudio creativo en la Calle Pintorería, 52 de Vitoria-Gasteiz con el nombre Dubidibú (www.dubidibu.com). En este rincón trabajo como diseñadora gráfica y de superficies delante de mi ordenador e imparto talleres creativos mientras expongo y vendo ropa, complementos y creaciones propias y de otras mujeres diseñadoras y artesanas. ¿Por qué mujeres? Por el mismo motivo que elegí el nombre Dubidibú: porque me da la gana. Porque valoro nuestras capacidades creativas y porque apuesto por trabajar en red, por crear conexiones en clave femenina y por tejer redes de solidaridad entre nosotras. Olvidándonos de alguna manera de la palabra “autónoma” que nos sumerge muchas veces en un individualismo que nos afecta más que enriquece, y trabajar la in(ter)dependencia como nueva forma de tejer nuevas formas de desarrollo laboral. ¡¡Otro aplauso!! Plas, plas, plas.

El camino a recorrer está siendo divertido, intenso, difícil , enriquecedor, satisfactorio… y así, como ilustradora que soy, os dejo un vídeo ilustrado que describe en clave de humor y esquemáticamente mi andadura como mujer emprendedora. Con altibajos, con miedos y alegrías, pero sobre todo… con ganas.

¿Oye… Y por qué Dubidibú? ¡No lo van saber pronunciar! ¡Es muy complicado! Du…di…bu….di…. ¡me rindo!. Lo explico: “Dubi” porque es divertido, creativo, tiene vida, movimiento… y “dibú” de “dibujo”. Dubidibú. Si lo dices tres veces, sale sólo. Inténtalo.

MultitaskingY así, tres veces seguiditas, como quien pide un deseo pronunciando las palabras mágicas, repito día a día “¡Dubidibú, Dubidibú, Dubidibú!”. Cruzando los dedos para poder seguir adelante, diciendo “virgencitaquemequedecomoestoyomejor”,  creyendo que el constante proceso “ensayo/error” es un aprendizaje acelerado que no te ofrece ni el mejor Máster del mundo, y sobre todo… desarrollándome como mujer, laboral y personalmente y sobre todo creyendo en mí como persona. Consciente de estar participando en la creación y construcción de una nueva era laboral “en femenino”, que necesita de píldoras de positividad, dosis de paciencia, chutes de colaboración y gotitas diarias para enriquecernos también por dentro, sin olvidarnos de cuidarnos a nosotras mismas. ¡¡Otro aplauso!! Plas, plas, plas.

¿Y por qué me aplaudo? Porque aunque en el camino he encontrado apoyo, comprensión, colaboración y estupend@s acompañantes de aventura, yo me lo he guisado, yo me lo estoy comiendo y yo misma me felicito. Así que me sigo animando con aplausos dirigidos a mí misma. Plas, plas, plas.

 

La ley del unicornio o cuando la palabra mujer se usa para ocultarnos

30/09/2014 en Doce miradas por Lorena Fernández

¿Conocéis la ley del unicornio? La primera vez que yo tuve conocimiento de este particular principio pensé que vendría asociada a que en determinados ámbitos somos como animales mitológicos: ni estamos ni se nos espera. Pero no… tira más bien para otro lado. Fue formulada a través de un tuit por la tecnóloga Emma Jane Hogbin y dice lo siguiente:

If you are a woman in Open Source, you will eventually give a talk about being a woman in Open Source.

Si eres una mujer en el mundo del software libre, es muy probable que impartas una charla sobre ser una mujer en el mundo del software libre.



Y ahí que mi cabecita se rompe en dos, con la usual dicotomía que se me presenta en estos terrenos. Porque, si das la charla, mejoras la visibilidad de las mujeres en ese ámbito. Pero… ¿realmente estás ocupando el lugar que quieres ocupar? Es decir, el de experta en tecnología no por tu sexo sino por tus conocimientos o por tus aptitudes. Por no hablar de los congresos que aprovechan esto para rellenar con mujeres su cartel, en vez de que estén allí para hablar de la temática central del mismo.

Esto mismo lo vi más claro recientemente con el nombramiento de la nueva directora de la BBC: Rona Fairhead. Sí, porque tiene un nombre: Rona Fairhead. Y es que en la mayoría de medios se obvió esa parte (además de su espectacular currículum), quedando oculta bajo el titular de “Una mujer dirigirá por primera vez la BBC“. Por no hablar de los que optaron por definirla basándose en su descendencia: “Mother of three poised to lead the BBC“. ¿Os imagináis estos mismos titulares con hombres como protagonistas?

Titular de The Telegraph

Titular de The Telegraph

Buscando en el principal buscador de internet la frase “primera mujer”, fijaos cuáles han sido los resultados sugeridos por el mismo (para echarse a llorar):

google

Entonces me he puesto a pensar en cómo la etiqueta mujer ha sido usada en nuestra contra a lo largo del tiempo. Antes como “mujer de…” para ocultarnos tras un hombre y ahora como “la primera mujer en… ” para ocultar nuestras capacidades. Porque de hecho, muchas personas aún usan esto como arma arrojadiza indicando que ese mérito o respeto es solo porque se trata de una mujer.

Por supuesto, para romper con la ley del unicornio, no hay que dejar de luchar por los derechos de las mujeres. Cuantos más espacios públicos ocupemos, mejor. Pero tendremos que estar alerta sobre los espacios que nos ganamos y que, sin embargo, parece que nos dan por ser mujer y no por nuestras capacidades. La próxima vez, intentaré no preguntar a una mujer qué se siente al ser mujer en su desempeño laboral en vez de interesarme directamente por lo que hace y cómo lo hace. Escribir o hablar sobre esas mujeres no es malo. Lo malo es que directamente digamos que lo hacemos porque son mujeres y obviemos sus capacidades.

La mirada cómic-a de Pernan Goñi

23/09/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Pernan Soy Pernan Goñi, @pernan, un dibujante freelance que vive y trabaja en Bilbao. Me gustan la pintura y el dibujo, los fanzines y los temas de innovación social. Mi labor consiste en idear y conceptualizar historias basadas en imágenes, realizar graphic recordings, dibujar ideas en reuniones, desarrollar story-boards y animaciones, participar proactivamente en proyectos donde el lenguaje visual sea importante. He realizado trabajos para EiTB, Lan Ekintza-Bilbao, Gobierno Vasco, Museo Guggenheim Bilbao… Y también para un montón de amigas y amigos que lucen sus caricaturas por las redes sociales.

 

Por @Pernan

Bechdel Test – Por @Pernan

 

Martxismo – @Pernan(en) eskutik

(Traducción libre del cómic “Postmoderno Xelebreak / Matxismoa)
Las cuitas de los jóvenes postmodernos
Aventuras y desventuras de artistas que fuimos a Bellas Artes hace tiempo
MACHISMO

Entre los estudiantes de Audiovisuales, los chicos quieren ser directores de cine y las chicas, actrices.

Las mujeres tienen menos oportunidades en el mundo del arte, ya que en un momento de su vida dejan el arte para formar una familia.

Las tías buenas son la obra de arte más grande del mundo.

Las chicas vienen a estudiar Bellas Artes para pillar con un marchante o galerista rico.

En Historia del Arte no damos trabajos de mujeres porque las labores del hogar no son interesantes.

Follar con las de Bellas Artes es más fácil que con las otras.

Sí, sí, alumnos y profesores de Bellas Artes nos regalaron con estas perlas no hace tanto.

Tengo un plan

16/09/2014 en Doce miradas por Pilar Kaltzada

Con la llegada de septiembre, me enfrento a mi reválida. Quedé en dibujar, y en recorrer, mi particular Ruta de la Igualdad, ¿recordáis? (Supongo que no: han pasado muchas cosas desde entonces. Aquí está mi compromiso: “Navajas de doble filo“).

El caso es que creo que he suspendido, o en el mejor de los casos, voy por un aprobado raspado.

Los objetivos que me fijé en este plan eran, a priori, sencillos de conseguir, porque me propuse a mí misma dejar de tirar balones fuera y analizar qué cosas puedo hacer y / o dejar de hacer para que, al menos en mi entorno, las desigualdades que tanto me molestan se reduzcan y crezcan, en paralelo, espacios de respeto e igualdad. Ya sabéis: se trataba de fijarme más en lo que puedo hacer que en lo que los demás no hacen, y de ponerme manos a la obra para cambiar el pequeño trocito de mundo en el que habito. Si sólo depende de mí, me dije, nada me impide cambiarlo.

Error.

No había contado con una de las fuerzas físicas más potentes que existen: la inercia. Si recuerdo un poco de lo que aprendí en física, los cuerpos tienden a m317806_4722649061481_67290471_nantener su posición (ya sea movimiento, ya sea reposo) de forma natural, y sólo una fuerza externa puede hacer que esta tendencia cambie. ¿Es la mera voluntad una fuerza suficiente para hacernos modificar nuestra posición? A veces sí, y a veces no. Vivimos en un tiempo en el que se ha magnificado la voluntad; se nos habla de que “querer es poder” cuando en muchas ocasiones, hace falta mucho más que la fuerza de nuestros riñones para mover las cosas. Ciertos cambios pesan mucho, y necesitan de la contribución de muchos riñones. 

Éste es mi Informe de progreso. 

Me está costando mucho deshacerme del sentido de “responsabilidad” mal entendido. Es un enanito saltarín que llevo encima de mi hombro derecho, y me engaña constantemente. Me dice que tengo que poder con todo (“¡qué menos!”), que merece la pena llegar reventada a la cama si has sido capaz de cumplir con una sonrisa con las dobles jornadas. Me engaña y me torea, porque me hace sentir culpable si me regalo un par de horas de tiempo para mí, para cuidarme o para abandonarme a mi suerte, qué más da. Este dichoso enanito vive a gusto en la inercia y en mi hombro.

Convivo con dos pre-adstop-beauty-madness-belleza-como-combatirla-1olescentes chicas, y también ahí, qué queréis que os diga, me veo regular, a punto del suspenso. ¿Les acompaño a comprar ropa a esas tiendas diseñadas por psicópatas del photoshop? ¿Me siento frente a los escaparates con una pancarta para denunciar las tallas imposibles? (Esta campaña merece un vistazo: #stopthebeautymadness, me parece). ¿Les invito a que experimenten con su libertad de horarios y espacios en las fiestas del pueblo, a pesar de saber que los riesgos son reales, o me camuflo detrás de las farolas para vigilarlas? Juntas hemos aprendido a descifrar algunos códigos muy evidentes, como los estereotipos de las series de televisión y de la publicidad, pero cada vez que cazamos uno, lo debatimos, lo criticamos y cambiamos de canal, ¡zas!: nos encontramos otra barbaridad aún mayor. ¿Suprimimos la televisión, Youtube e Instagram de nuestras vidas? 

Son sólo dos de mis asignaturas. Tengo más, pero no quiero aburrir a nadie.

“¡Es la inercia, estúpida!”. No es suficiente querer que, a igual responsabilidad, mujeres y hombres tengamos  igual salario; lo dice la Comisión Europea, ojo.  No es suficiente querer que reconozcan nuestra valía profesional para evitar que nos pregunten de forma sistemática cómo vamos a resolver nuestros (sic) conflictos familiares y domésticos en las entrevistas de trabajo. (Para muestra, un botón). No basta con cumplir a rajatabla el horario laboral cuando las decisiones se toman, por inercia, con una copa tras una cena el viernes. No es suficiente querer estudiar cuando la religión que gobierna mi país dictamina que las chicas no podemos acceder a la escuela. (¿Sabe alguien qué ha pasado con las niñas secuestradas en Nigeria o, en su defecto, cuándo dejó de importarnos?) No basta con querer jugar a fútbol para que nos acepten en el equipo del colegio. No es suficiente pensar que toda esta basura publicitaria es vomitiva para que retiren estos anuncios. (Gracias, Arantxa, por ponerlo tan clarito: Mujer y Publicidad)

Cuando la posición es cómoda, cuando todo a nuestro alrededor nos lleva a dejar las cosas como están, la voluntad individual es condición necesaria, pero no suficiente. Yo al menos, me muevo bien con las listas de tareas que concretan la voluntad en hechos… Soy fan de las listas, e incondicional de los hechos. 

Por eso, estoy diseñando un Plan de Acción. Por el momento está en fase borrador, pero ya contiene cuatro acciones concretas de obligado cumplimiento, por mucho que insistan mis enanitos. A saber.

  • Voy a ser egoísta dos veces al día. Voy a pensar en mí. En mis prioridades, en lo que quiero y en lo que me mueve por dentro. Dedicaré un rato cada día a perderme en mis interiores, y ya veremos si se cae el mundo. Igual resulta que esa responsabilidad es, simplemente, otra forma de engaño. Dos veces al día, “capitana de mi alma”.

  • Voy a ser intransigente las 24 horas del día. Ni un sólo comentario machista o denigrante para mí, ni para las mujeres que pasan a mi lado. Intentaré extender esta intransigencia a todas las mujeres, a todos esos “cómo os ponéis por tonterías”. A veces será sencillo, y bastará con decir “eso que comentas resulta hiriente para muchas mujeres, o al menos, lo es para mí”. Otras veces habrá que levantarse de una reunión, por ejemplo, cuando alguien te mire a ti para servir el café. Iré perfeccionando el “modo respuesta” para que resulte constructivo, pero me propongo escapar, para siempre, del silencio cómplice.

  • Voy a dotarme de un detector de violencias. Las de alta intensidad me escandalizan (como a cualquier persona, hombre o mujer, que merezca denominarse como tal), pero existen infinitas expresiones violentas que la inercia ha ido disfrazando a lo largo del tiempo, y me resultan casi invisibles. Violencia es “cosificar” a las mujeres, equiparar mujer con cuerpo, con ama de casa, con pareja de tal, con … Violencia será, a partir de este momento, todas esas situaciones en la que una deja de ser quien un ser entero para convertirse en la etiqueta obligada de nadie. (El informe de la UE me dará algunas pistas).

  • No voy a consumir productos que me ignoran, insultan, denigran o faltan al respeto. Y voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que nadie más lo haga. Atención señoras y señores  creativos: algunas “gracias” no tienen ni gota de gracia. Ni el modelo de coche en colores femeninos que incorpora un asa especial para el bolso (sic), ni los yogures probióticos que me consideran enferma una vez al mes.

La lista de acciones irá creciendo. Tendré que cambiar cosas, moverlas de sitio. Dicen que para generar un movimiento sólo hay que empezar a moverse. Que las cosas se cambian cambiándolas. Necesitaré aplicar una fuerza extra para vencer la inercia. Se me ocurre que muchas mujeres juntas podríamos hacer una lista aún más larga, aún más potente, y de paso, un mundo mejor.

Y se me ocurre que muchos hombres querrán echar una mano.

Si me ayudáis con esta lista y pedaleando, es posible que el próximo septiembre tenga alguna respuesta más para las muchas preguntas que me seguiré haciendo.

Éste es mi plan: “Change“, Tracy Chapman

No somos culpables de nuestras violaciones

09/09/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

Belén PeraltaBelén Peralta, , comenzó como locutora y redactora en la Cadena SER en 1984 y, a partir de ahí, ha desarrollado toda su carrera profesional en torno al mundo de la comunicación y el periodismo, siendo los estudios de género uno de los temas en los que se ha especializado. En la actualidad se encuentra escribiendo su próxima novela, Olor a tarta de manzana, y prepara un proyecto para crear una gestora cultural, La Alquería, que prestará especial atención a las mujeres maltratadas y en riesgo de exclusión social, entre otros colectivos.



Poco podía imaginarme que el día en que comenté en mi Facebook un fragmento de las desafortunadas declaraciones del alcalde de Valladolid, -Francisco Javier León de la Riva (Valladolid, 1945)- sobre las agresiones sexuales a mujeres, se originaría tal cúmulo de opiniones y un debate vivo, abierto, y repleto de testimonios de chicas que habían vivido en silencio, algunas, como yo, durante muchos años, el viento de su desgracia, como le ocurrió a la cándida Eréndira de García Márquez.

Sensaciones encontradas
violencia contra las mujres Doce Miradas

Esto produjo en mí sensaciones encontradas. Por un lado, me sentía felizmente abrumada por la respuesta que se generó y que provocó una ola de empatía entre todas las mujeres que aportaban testimonios, y aquellos y aquellas que leían y comentaban. Eso sí, el porcentaje masculino era tristemente muy inferior al femenino, no sé -o no quiero pensar- por qué. Se supone que este tema tan doloroso, tan triste, también debe afectarles a ellos ya que las atacadas son sus mujeres, sus hijas, hermanas o amigas. Pero también por un simple sentimiento de empatía. Sin embargo, solamente fueron tres o cuatro hombres los que comentaron y dieron al “Me gusta”, siendo la mayoría abrumadoramente femenina. Me dio la impresión de que, en este tema, como ocurre en tantos otros, seguimos luchando solas. Unidas unas a otras, sí, de forma colectiva, pero sin el apoyo de los hombres. Son compañeros de vida (padres, hijos, hermanos, amigos, pareja), y nos sirve su opinión. A mí, al menos, me interesa.
Decía que esta avalancha de comentarios relatando duras experiencias de agresiones sexuales me provocó sensaciones encontradas. Si la primera fue de satisfacción por el debate que se abrió y la empatía que se palpaba, la otra fue de desolación absoluta. Era sobrecogedor leer uno, tres, siete y más testimonios de mujeres que un día vieron cómo se les atacaba en su libertad, no solo sexual sino personal, es decir, a todos los niveles.

Agredida sexualmente
Yo misma fui protagonista de una agresión sexual en forma de intento de violación a manos de dos desgraciados indeseables. Tenía 18 años y trabajaba en la radio, en la cadena SER como locutora. Era muy temprano cuando me encaminaba hacia la emisora por una calle desierta -aunque daba a la avenida principal de la ciudad- y todavía estaba oscuro. Dos tíos repugnantes me atacaron por detrás y me agarraron de las muñecas mientras uno de ellos me desabrochó el pantalón y empezó a bajármelo junto con la ropa interior. El otro, mientras, me obligó a ponerle mi mano sobre sus genitales que estallaban por debajo de su vaquero. El siguiente paso, obviamente, hubiera sido la violación de no ser porque, a pesar de que el pánico me atenazaba, logré sacar fuerzas de no sé aún dónde -la adrenalina es lo que tiene- y pegué un alarido horripilante, horrísono. El terror, el espanto, se me escapaba en esos momentos por la boca. Y debí hacerlo de maravilla, porque aquellos dos cerdos salieron pitando por un callejón adyacente. No conseguí verles el rostro, ni la ropa, ni prácticamente pude fijarme en su complexión. Solamente recuerdo que uno de ellos era rubio, o al menos, así me lo pareció. Sé que eran jóvenes, poco más. Eso pasó a las ocho menos cuarto de la mañana y eran las dos de la tarde y aún tenía las señales en las muñecas y el horror instalado en mi cuerpo. Porque eso sí, tiré hacia adelante y seguí hacia la emisora, donde cumplí con mi jornada laboral. Cometí un error tremendo que ahora no hubiera repetido. La inexperiencia de mis por aquel entonces 18 años hizo que, como no había posibilidad de identificarlos, desechara la idea de la denuncia. Craso error. Por pocos datos que hubiera dado, considero imprescindible no callarse, denunciar, primero por la posibilidad de poder atrapar a esta gentuza, pero además porque así ayudas a otras mujeres y evitas futuras agresiones. Jamás sabré si volvieron a atacar a alguna otra chica. Espero que no.
El contar mi caso en Facebook, al hilo de las declaraciones del alcalde de Valladolid en el que a las mujeres nos tacha poco menos de incitadoras de agresiones sexuales -reales o inventadas-, provocó una avalancha de comentarios y testimonios, algunos de ellos realmente estremecedores. Uno de los contertulios masculinos me impactó con su comentario, que venía a decir que no podía imaginarse que hubieran tantos casos de agresiones sexuales en su entorno, que tenía conocimientos de estos casos a través de los medios de comunicación, pero que no se figuraba que tantas mujeres hubieran sufrido esta desgraciada situación y que no se conocieran sus historias.

Mi catarata de reflexiones sobre el tema
Mujer, denuncia tu violación.Esto provocó en mí varias reflexiones: ¿por qué callan las mujeres ante este tipo de ataques? ¿O realmente no callan pero los medios no se hacen tanto eco como debieran e invisibilizan estas situaciones en la medida que les es posible? ¿Cuándo dejarán algunas mentes -no ya retrógradas, sino cavernícolas- de acusar a la víctima y no al violador? Porque no he contado un “pequeño” detalle: lo primero que me preguntó mi novio fue que qué ropa llevaba puesta. Lo miré con asombro y le dije: “Unos pantalones vaqueros y una camisa ancha de manga corta”. Creo que jamás debí contestarle, sino mirarle con desprecio, darme media vuelta y decirle adiós para siempre. Quizá lo hice porque tenía 18 años. Ahora, con 47, afirmo que no me volvería a pasar. Las víctimas no somos culpables de nuestras violaciones, que les quede claro a los y las que piensan así. Sí, por desgracia también hay mujeres que lo creen. Aunque parezca inaudito.

Venciste, mujer, con no dejarte vencer

02/09/2014 en Doce miradas por Begoña Marañón

Las mujeres del Valle de Hushé, una región de alta montaña del norte de Pakistán, aceptan la tiranía de la sociedad en la que viven como un antojo imperturbable del destino. Se levantan a las cuatro de la mañana y sus días se extienden sin aliento durante dieciocho horas sin fin. Suyo es el cuidado de niños y ancianos, el del campo y el ganado. También la recogida y el transporte del agua.

1 ibon azpilikueta

Fotografía de Ibon Azpilikueta

Baltistan Fundazioa —ONG de cooperación internacional al desarrollo impulsada por montañeros vascos en recuerdo de Félix Iñurrategi— lleva muchos años impulsando el desarrollo integral de las personas de esta comunidad, con especial hincapié en sus mujeres. El objetivo es que éstas adquieran conciencia de sus derechos y comiencen a ejercerlos. Que ese destino imperturbable cambie. Y mi objetivo hoy es acercaros la labor que esta organización desarrolla allí.

El Valle de Hushé es una zona de viviendas frágiles que habitualmente sólo disponen de una habitación compartida por todos los miembros de la familia: abuelos, padres e hijos. Sus habitantes viven de una agricultura de supervivencia basada en el cultivo del trigo, la producción de verduras para el autoconsumo, albaricoques y algunas otras frutas. “Son las mujeres las que soportan el mayor peso de esta economía; agricultura y ganadería son atendidas por ellas, así como las personas ancianas, niñas y niños”, relata Sarai Martín, responsable de Género de Baltistan Fundazioa.

Fotografía de Ibon Azpilikueta

En una sociedad que casa a sus hijas a los doce años y que desalienta a las familias para que no las envíen al colegio, en Baltistan Fundazioa saben que la educación es precisamente la llave de su presente y su futuro. De ahí la importancia de los centros de mujeres que promueven en la zona con el objetivo de ofrecerles formación, facilitar reuniones y otras actividades colectivas sobre agricultura, higiene, nutrición, manualidades… Lugares en los que poner en común sus necesidades y también sus sueños. En los que aprender a progresar en su autonomía y crecimiento personal para poder liberarse de los valores tradicionales y conservadores que rigen sus vidas.

3 Centro de formación de mujeres en Machulo

Centro de formación de mujeres en Machulo. Fotografía de Xabier Bañuelos

Nada mejor para profundizar en lo que estos centros están haciendo posible que conocer la historia de algunas de estas mujeres que han cambiado su destino gracias a ellos. Mujeres llenas de coraje y valentía, que no se han dejado vencer. Próximamente se editará un libro con sus historias, no con sus fotografías: no pueden ser fotografiadas ni su imagen pueden ser reconocida en los medios. Van ahora algunas pinceladas de la vida de cinco de ellas; suficiente para dibujar la crudeza de su realidad.

Haleema es la más joven. Su historia se desarrolla en el umbral de la pobreza. Con 13 años estudia tercero de Bachillerato y cuida del ganado: la base de la economía familiar. Inteligente y trabajadora, sus asignaturas favoritas son el urdu y el inglés, idioma que aprovecha para practicar si algún turista llega a la aldea. Ahora su sueño es convertirse en profesora y todo lo que necesita para conseguirlo es que alguien la siga guiando en ese camino que ha emprendido para cambiar su destino.

Zubaida tiene 23 años y, a diferencia del resto de las chicas del valle, está muy preparada. Su padre, propietario de una tienda, quiso que sus hijos alcanzaran la educación que él no había tenido. Un medio que los alejara de la pobreza. Lamentablemente, su muerte temprana hizo que su hija tuviera que asumir las responsabilidades domésticas, impidiendo que continuara con sus estudios superiores. Pronto, a pesar de la oposición de su propia madre, Zubaida abrió una tienda de mujeres: una habitación alquilada en la calle principal. Una calle donde hasta la fecha sólo los hombres habían abierto tiendas. Más tarde supo de las clases de costura y punto de Baltistan Fundazioa, y hoy día se gana la vida bordando y es una mujer de referencia en su pueblo.

Kulsum, 55 años, se casó a los 10 con su primo Haji Ali, que entonces tenía 12. Dio a luz a cinco hijas y dos hijos. Sólo tres de ellos sobrevivieron. Una de sus hijas murió siendo un bebé de meses, el mayor de los varones murió a los siete y el pequeño a los tres. En el primer aniversario de su muerte, su marido se casó con otra mujer porque ella ya no podía darle otro varón para llevar el apellido de la familia. Tras una vida dedicada al campo y a la crianza de sus hijos, hoy día Kulsum es una de las primeras mujeres con plaza en el Consejo del Valle; algo poco habitual en una sociedad regida por hombres, cuyas normas desalientan a las mujeres a participar en política, frenando así su desarrollo y avance.

La vida de Zakia Bi, 60 años, es una historia de sufrimiento y lucha que ella misma resume como de una esclava. A Zakia Bi la casaron con 12 y tuvo dos niños y una niña. A costa de saltarse una comida diaria, pudo proporcionales la educación que ella no había conocido. Gracias a la formación de sus hijos, la situación económico-familiar —siempre unida al procesamiento del albaricoque— fue mejorando sustancialmente, hasta que el primero de ellos murió de cáncer y la vida dio un giro. Cinco años más tarde lo hizo el segundo y poco después, su marido… Su vida iba a la deriva hasta que BF la ayudó a crear su propio vivero con más de 33 albaricoqueros. Zakia Bi pudo alcanzar un imposible.

4 curso de secado del albarocoque

Curso de secado del albaricoque

Abida Khatoon es un claro ejemplo de valentía y fuerza interior. A pesar de que, vivió su infancia confinada en una pequeña habitación debido a la poliomielitis que pasó a los 5 años, llegó a educarse y auto-empoderarse, contribuyendo de forma muy activa a la economía familiar. Fue su padre quien hizo que recibiera clases con el sastre del pueblo; también fue él quien —tras mucho sacrificio y esfuerzo— le compró una máquina de coser. Ella tenía 16 años y, desde entonces, su costura se convirtió en una valiosa fuente de ingresos para la familia. El apoyo de BF le permitió contratar y formar a otras mujeres en labores de corte y confección, empoderándolas para convertirse en miembros activos de su sociedad.

5 mujeres cocinando en Machulo

Mujeres cocinando en Machulo

Uno de los mayores éxitos conseguidos por Baltistan Fundazioa ha sido que las mujeres contribuyan a la economía familiar creando sus propios negocios. Sólo por esta aportación económica que realizan y no por el convencimiento de que es su derecho, la sociedad en general y los hombres en particular, van dejando espacio a las mujeres, permitiéndoles acceder a la educación y a los centros de mujeres. Un rayo de luz al final del túnel.

Desde este nuevo empoderamiento, las mujeres podrán a continuación implicarse en la política local y ser ellas mismas quienes desde este nuevo status promuevan la independencia político-social de las mujeres en sus comunidades.

Ya lo dijo Calderón de la Barca en el siglo XVII: “Venciste, mujer. Con no dejarte vencer”.

Mi agradecimiento a Sarai Martín y Jon Mancisidor.

Feminismo y empoderamiento de las mujeres

29/07/2014 en Miradas invitadas por Doce Miradas

EloMayoElo Mayo es experta en políticas de Igualdad de mujeres y hombres, mediadora intercultural y trabajadora social. “Pero ante todo -dice-, me siento Feminista desde que allá por los años 80 entré a formar parte de este movimiento”. Durante el periodo 2007-2011, fue directora de Promoción Social en la Diputación Foral de Álava, como responsable de las Políticas de Igualdad, Inmigración y Cooperación al Desarrollo. En la actualidad, además de otras iniciativas, coordina la Escuela para la Igualdad y el Empoderamiento de las Mujeres, dependiente del Servicio de Igualdad del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.

Doce Miradas os definís como “mujeres con sueños que imaginan una sociedad diferente y reclaman un espacio común para mujeres y hombres en un mundo más justo e igualitario”.
Ha sido vuestra presentación, lo que me ha motivado para escribir mis reflexiones en torno a dos conceptos importantes para mí: El feminismo y el empoderamiento de las mujeres.
Porque si tengo que definirme de alguna forma, lo tengo claro. Soy feminista. Una palabra que resume mi forma de sentir, y que recorre conmigo mi trayectoria vital, tanto en el ámbito personal, como laboral y social. Me considero partícipe de un feminismo en constante cambio y movimiento, ajeno al inmovilismo. Un feminismo con dudas e incertidumbres y que se plantea preguntas continuamente, para conformar un pensamiento crítico que resulta tan necesario en nuestros días.

Considero al feminismo como un movimiento cuyo objetivo es acabar con un sistema opresivo y discriminatorio, y con las conductas no igualitarias que lo sustentan. Por tanto, el objetivo del feminismo que yo reivindico, es conseguir una sociedad en la que las personas seamos iguales, con relaciones respetuosas, felices, de calidad y de buen trato entre mujeres y hombres.

Uno de los objetivos del feminismo, es conseguir que las mujeres seamos seres autónomos, capaces de decidir e independientes. En definitiva: empoderarnos como mujeres. Y ese, es otro concepto que quiero reivindicar.
III Jornadas feministas Euskadi

El empoderamiento. Esa palabra tan “rara” que a algunas mujeres les suena tan mal, mientras que a otras, poco a poco, comienza a sonarles como algo familiar. ¿Pero qué significa? Empoderamiento es un concepto que se ha ido introduciendo en el lenguaje político, quizá debido más a la sonoridad de la palabra, que a su significado. Pero el término se ha ido generalizando con el tiempo, y como todas las palabras, adquiere distintos significados según quién y cómo lo diga, según en qué contexto, qué se quiera decir y a quién, según qué persona lo escuche y, por tanto, se sienta o no incluida en él. Lo mismo ocurre con otros muchos términos, como “democracia”, o “participación”. Incluso con “feminismo”. Cada persona le otorga un significado diferente. Y tal vez no pueda ser de otra manera.

De ayer a hoy
Quiero hoy aprovechar este espacio, para hacer un breve recorrido por los antecedentes que están detrás del concepto. Porque es bueno conocer también la historia de las palabras y de los términos que utilizamos.

Y para ello, recordar aquí que este término que hoy nos parece tan nuevo, fue formulado hace más de dos décadas por las activistas e investigadoras feministas aglutinadas en la Red DAWN-MUDAR[1], una red de mujeres feministas del Sur constituida en 1984 en Bagalore, India. Ellas fueron quienes, analizando la situación de las mujeres se dieron cuenta de las necesidades e intereses de las mujeres pobres, e hicieron de los planteamientos feministas y de la creación de organizaciones de mujeres, los referentes principales de la estrategia para enfrentar la desigualdad de género, a la vez que planteaban la necesidad del cambio de las estructuras económicas y políticas, claves para luchar contra la pobreza y la desigualdad.

Aunque para ser justas, deberíamos reconocer que el origen del término proviene de las luchas de determinados colectivos del siglo pasado, que podemos resumir fundamentalmente en dos movimientos:
- El de los Derechos Civiles para la población afroamericana en los EEUU en los años 60, con un fuerte movimiento de la población negra reivindicando con orgullo su raza, su color, sus derechos, sus orígenes, y construyendo para ello sus propias organizaciones.
- En las aportaciones de la Teología de la Liberación de Paulo Freire, cuyo principal objetivo es partir de la constatación de la realidad de injusticia y desigualdad existente, construyendo herramientas educativas para cambiar su propia situación, siempre partiendo de la organización y participación de las propias personas afectadas.

Pero como decía, fueron las mujeres de DAWN quienes otorgaron al término “empoderamiento”, un significado específico de género. Ellas fueron quienes en 1985, en la III Conferencia Mundial de Nairobi, consiguieron por primera vez que se hablase de empoderamiento a nivel internacional, como una estrategia impulsada por mujeres del sur, con el fin de avanzar y generar un proceso de transformación social.

Y después de Nairobi llegamos a Beijing, a la IV Conferencia Internacional de la Mujer celebrada en 1995, de la que todas habremos oído hablar. Por su importancia, y por haber puesto en marcha dos estrategias claves:

• el mainstreaming de género, definido por el Grupo de expertos del Consejo de Europa como “la organización (la reorganización), la mejora, el desarrollo y la evaluación de los procesos políticos, de modo que una perspectiva de igualdad de género se incorpore en todas las políticas, a todos los niveles y en todas las etapas, por los actores normalmente involucrados en la adopción de medidas políticas.”
• y el empoderamiento de las mujeres, entendiendo “Que el empoderamiento de las mujeres y su plena participación en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluyendo la participación en los procesos de toma de decisiones y el acceso al poder, son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz.”

ONU MUJERES

Después de Beijing, el empoderamiento se convierte en una estrategia a incluir en todas las políticas de igualdad, y por ello, la vemos reflejada en los diferentes Planes y Proyectos institucionales.

Pero entonces, ¿de qué estamos hablando? Estamos hablando de un

Proceso
Es un proceso individual, en la medida que supone un proceso personal de toma de conciencia de las mujeres sobre su propia situación, que se inicia a través de una evolución propia, en la que cada mujer toma conciencia de sus propios derechos, de sus fortalezas e intereses, y consolida su autonomía y poder personal. Un proceso que requiere cambio, y como todos los cambios también necesitan su tiempo. Tiempo para reflexionar, para elegir, para desarrollar habilidades, para aumentar la confianza y la autoestima en nosotras mismas, imprescindible para sobrevivir.

FotoSahara

Si alguien sabe de autoestima, ese es el movimiento feminista. Un movimiento que frente a la desvalorización social de lo femenino, puso en valor el orgullo de ser mujer, y de contagiar ese sentimiento a otras muchas mujeres, como manera de crear y fortalecer una autoestima colectiva, como base para cambiar la sociedad.

Y es de esta manera como se llega al empoderamiento colectivo. Partiendo de un proceso privado, para llegar a un proceso común, mediante el cual los intereses de las mujeres se relacionan, y se aúnan los esfuerzos y la influencia colectiva, para participar en el cambio social.

Es decir: el empoderamiento, desde un sentido feminista, no termina en lo individual. Sino que transciende al espacio colectivo, de forma que el trabajo realizado desde la individualidad y la subjetividad, le servirá a las mujeres para organizarse en torno a la lucha por sus intereses colectivos, es decir, por sus intereses de género.

Poder hacer
La raíz del término empoderamiento, la encontramos en el verbo “poder”. Verbo con el que, en general, no nos llevamos nada bien las mujeres. Porque normalmente nos hemos acercado a este concepto desde la crítica hacia quienes lo ejercen y desde el rechazo hacia aquellas personas que públicamente ostentan el “poder”. Esto llevó a que muchas mujeres, sobre todo las organizadas, reivindicasen con orgullo que “a las mujeres no nos interesa el poder”. Quizá porque si acudimos al diccionario, lo define como:
“Tener más fuerza que alguien, vencerle luchando cuerpo a cuerpo”.
“Ser más fuerte que alguien, ser capaz de vencerle”.

Pero tal vez esto suceda, porque nos saltamos sus anteriores acepciones:
“Tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”.
“Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo”.

Si partimos de que el poder de “hacer” es esencial para transformar la realidad, ¿cómo es posible que a las mujeres no nos interese? A mí, al menos, sí me interesa. Y creo que nos interesa a todas. Las mujeres deberíamos querer poder. Poder para cambiar la sociedad, para mejorar la vida de las personas.
Y desde el empoderamiento feminista, reivindicamos el Poder “hacer”.

Poder para nosotras mismas (lo que se ha llamado “poder propio”), para aumentar nuestra conciencia sobre nuestras necesidades e intereses, para valorarnos y hacernos valorar, para reivindicar el lugar que nos corresponde. Poder que va unido también no sólo al poder “subjetivo”, sino al acceso a los recursos económicos. Porque sabemos que en esta sociedad la independencia económica es requisito indispensable para sostener los cambios en nuestras vidas. Para poder elegir, para poder “hacer”, para poder decidir nuestro destino.

Poder colectivo, con otras mujeres, con otros hombres. Organizarnos para construir colectivamente una conciencia crítica que vaya más allá de lo individual, y que sea capaz de aunar fuerzas en una misma dirección mediante un proceso colectivo. Y este proceso, este movimiento, debe integrar a la diversidad de mujeres, y a toda la gama de distintas formas de ser personas. Porque no hay una única forma de ser mujer, sino que a todas nos afectan otros muchos factores. La edad, la opción sexual, el lugar de residencia, el estado familiar, la condición laboral, el nivel de ingresos, la pertenencia étnica, las discapacidades, la experiencia política, las creencias religiosas… Somos infinitas mujeres.

Por ese motivo, crear una conciencia colectiva nunca debe conllevar anular la pluralidad existente, ni subordinar o poner por encima unas opresiones a otras. Por el contrario, esta creación requiere de una capacidad para reconocer, validar e integrar las experiencias particulares y de grupos específicos de mujeres, en el sistema de relaciones desiguales de género. También precisa de una voluntad política que permita diseñar estrategias de actuación alrededor de las necesidades e intereses de esos distintos colectivos.

Afianzar la conciencia colectiva, pasa por la creación de estructuras organizativas que puedan mantener en el tiempo la energía y entusiasmo femeninos. La capacidad para sostener y consolidar sus grupos, es uno de los indicadores centrales para medir el avance de este nivel de empoderamiento de las mujeres.
Y poder también para influir, para transformar las relaciones, estructuras e instituciones que nos limitan, y que perpetúan la situación de subordinación de las mujeres. Esta dimensión del empoderamiento es fundamental desde el feminismo.

Porque conlleva que las mujeres se empoderan mediante su participación activa en todos los ámbitos donde se toman decisiones relevantes para ellas y sus colectivos de pertenencia. Participación que no se reduce a “estar oyendo a otros” sino que busca dar a conocer sus intereses, y promover su propias agendas reivindicativas, poner en marcha estrategias para modificar leyes y políticas, aportar y defender sus visiones y alternativas a los problemas generales, construir liderazgos feministas fuertes y diversos… En definitiva: incidir políticamente en y desde las instituciones.

Mani Aborto-Iruña

Es necesario rescatar este significado transformador, rompedor y feminista que tiene el concepto de empoderamiento, si queremos que sea una herramienta útil para las mujeres. Para todas las mujeres. Porque si algo sabemos, es que es aún más necesario para aquellas que están en peor situación, y por tanto, quieren y necesitan hacer un proceso individual y colectivo, para mejorar su posición en el mundo. Trabajar con este enfoque, nos tiene que servir para pensar ante todo en todas las mujeres, en sus necesidades y en sus capacidades, sabiendo que todas podemos.


“Poder”
y “hacer”, no son un mismo verbo. Pero quizá deberían serlo [*].

Notas
[1] DAWN es la sigla de Development Alternatives with Women for a New Era. Alternativas de Desarrollo con Mujeres para una Nueva Era.

[*] Si os quedáis con ganas de profundizar en este tema, os recomiendo el libro “Reflexiones Feministas sobre el empoderamiento de las mujeres”, de Clara Murguialday. Y os animo también a consultar el “Dossier 05 Feminismos” de la revista Galde en el que podréis acercaros a la diversidad de enfoques teóricos e ideológicos que existen en la actualidad dentro del movimiento feminista.

El año en que once diplomáticos europeos fueron explotados sexualmente

22/07/2014 en Doce miradas por María Puente

En 1996 once miembros de los cuerpos diplomáticos de Alemania, Francia y España fueron interceptados por un equipo de asalto cuando viajaban por el país galo en misión diplomática. El conductor del vehículo resultó herido de gravedad y las autoridades francesas perdieron la pista de los once diplomáticos, de los que no se supo nada hasta pasados 455 días en que fueron rescatados por la policía española en una operación conjunta con la Europol. En sus declaraciones a los agentes, los once hombres relataron su año y medio de pesadilla, retenidos contra su voluntad, en un burdel de la carretera Madrid-Burgos, a escasos 45 kilómetros de la capital de España. Durante 455 días estos hombres fueron explotados sexualmente y sometidos a todo tipo de vejaciones. “Algunos días eran sodomizados por hasta 30 hombres”, explicó el comisario encargado del caso, que rogó se respetara la intimidad de las víctimas que por aquel entonces se encontraban en tratamiento psicológico para superar el trauma causado por su terrible experiencia.

Sunflower on fence

 

Imposible que algo así haya sucedido alguna vez, te estarás diciendo. De ser cierto, te acordarías perfectamente. Efectivamente, la característica hombre + alto estatus de los protagonistas hace que resulte muy difícil mantener la verosimilitud de esta historia más allá de unos segundos. Si las protagonistas fueran mujeres sin estatus relevante, la noticia no nos extrañaría lo más mínimo. Conocemos con frecuencia noticias de mujeres retenidas contra su voluntad, obligadas a prostituirse en clubes que, lejos de estar ocultos, se anuncian con luces de neón y carteles luminosos parpadeantes cuyo objetivo es precisamente ese: pregonar que están ahí. No son zulos ocultos, vaya. Esas noticias me provocan una mezcla de rabia, tristeza y sorpresa. Si, sorpresa. Porque ¿tan difícil puede ser liberar a esas mujeres cautivas en locales que están a la vista de todo el mundo? Es cierto que de vez en cuando hay detenciones y las consiguientes liberaciones pero, casi siempre, después de muchos meses o años de soportar torturas. No sé si falla la legislación, la falta de voluntad política, policial o social. Pero algo falla.

Espero que no se malentienda el ‘fake’ inicial. Quede claro que no deseo que ningún ser humano padezca agresiones ni abusos sexuales. Pero la inversión de roles siempre resulta efectiva para poner de relieve una injusticia. A veces una falsedad sirve para revelar una gran verdad. Y la verdad aquí es lo poco que importan estas mujeres a casi nadie.

Con ese convencimiento comencé a escribir este artículo hace ya muchos meses, pero entonces, en abril, secuestaron a 200 estudiantes adolescentes nigerianas. Y la comunidad internacional se indignó. Se dijeron grandes palabras. Los Obama, tanto el presidente Barack como la primera dama Michelle, encabezaron la indignación internacional y por un momento pensé que esta ignominia contra la mujer no iba a quedar impune. Sin embargo, la indignación no ha dado paso a la acción. Las mujeres continúan secuestradas. De hecho, después han secuestrado a más. Comprendo que no sea fácil negociar con un grupo criminal radical religioso que intenta a toda costa impedir que las niñas reciban educación en las escuelas y que las mujeres accedan a la universidad. Las tibias y blandengues advertencias de la ONU no hacen mella en los secuestradores. Pese a mi indignación puedo entender la enorme dificultad de manejar y solucionar esta vergüenza internacional. Pero cuando hablamos de mujeres secuestradas en garitos cercanos a nuestras casas, en carreteras por las que pasamos en coche con nuestras familias rumbo al trabajo o a cualquier destino vacacional, y resulta que esto no sucede en Nigeria, sino en un país considerado primer mundo, ¿qué excusa existe?

Se distingue la trata (contra la voluntad de las afectadas) de la prostitución (dicen que ejercida libremente). La primera se rechaza mayoritariamente, pero la segunda se suele defender en aras de la libertad, ¿la de quién? La prostitución, la ejercida por mujeres y consumida por hombres, es decir, la mayoritaria, tiene su origen en la dominación del hombre sobre la mujer, es incompatible con una sociedad que abogue por la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres y, por ello, debería ser erradicada por los gobiernos que lleven colgada la medalla de la igualdad.

Me gustaría compartir algunas consideraciones y reflexiones propias acerca de la prostitución:

-’Desprettywomanizar’ la prostitución. Hay quienes no ven la prostitución en toda su crudeza. Películas como Pretty Woman o Irma la dulce, buenas o malas, nos hayan gustado o no, edulcoran la realidad y hacen de esta forma de esclavitud contemporánea un asunto menor. Este vídeo protagonizado por la actriz Emma Thompson puede ser un buen antídoto.

-No es el oficio más viejo del mundo.  Utilizar la palabra ‘oficio’ dota a la prostitución de una dignidad de la que carece. Como tantas veces repetimos en este blog, no nos dejemos llevar por la inercia tan fácilmente. Cuestionémonos también las frases que llevamos oyendo desde siempre.

-No es inevitable. Con expresiones como la anterior se nos quiere convencer de lo irremediable de su existencia. Como si formara parte de la naturaleza, como los océanos, las montañas y las catástrofes naturales. Es una estrategia evidente para desactivar y desmovilizar a sus detractores. Pero insisto, debemos cuestionarnos todo aquello que se nos vende como verdades inmutables.

-Legalizar la prostitución no es una postura progresista. En algún tiempo también creí que era la mejor opción, pero ahora estoy convencida de que regularla y legalizarla supone la institucionalización de esa forma de esclavitud que es la prostitución. Quienes defienden su regulación están convencidos de que ya que es un mal inevitable, al menos que se ejerza ordenadamente y con ciertas garantías sanitarias para las prostitutas y sus ‘clientes’. Con la pederastia a nadie se le ocurre decir, ‘ya que algo tan horrible va a suceder de todos modos, al menos pongamos orden en el asunto, facilitemos unas instalaciones e higiene adecuadas, unos buenos psicólogos para los niños, unas revisiones médicas periódicas…”  Me escandalizo sólo con escribirlo. Pero recordemos que muchas de las mujeres atrapadas en los prostíbulos son menores de edad.

-Aceptarla cuando es voluntaria. Cuestiono mucho la libertad de elección que hayan podido tener las mujeres que ejercen la prostitución. Que no fueran obligadas con una pistola en la sien no quiere decir que fuesen libres. Más bien creo que responde a situaciones de supervivencia, contexto en el que la libertad escasea. En todo caso, se baraja que el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen obligadas.

-El papel de los medios de comunicación. El pasado 4 de julio, Televisión Española emitió en un Telediario un reportaje que era toda una apología de las geishas. Con las geishas se eleva a cultura lo que no es más que prostitución. Quitemos el decorado, el delicado y sublime kimono, la parsimonia al preparar y servir el te y la tradición  milenaria que sostiene todo el montaje y el resultado es prostitución sin ambages.

-Afirmar que es un trabajo como otro cualquiera, es pura pose. Jamás he sabido de persona alguna que comente con naturalidad o cierto orgullo que su madre, su mujer, su hija o su hermana son prostitutas. Y mucho menos que las recomienden para aumentar su clientela, como es práctica habitual cuando de verdad hablamos de un trabajo como otro cualquiera. Seguramente, porque en realidad nadie cree que sea un trabajo como otro cualquiera.

En España el proxenetismo, aún con ciertas ambigüedades, está permitido y despenalizado.  En este artículo se explica con detalle. En julio, los inspectores de Hacienda solicitaron la cotización de dicha ‘actividad’. Las mujeres sometidas a explotación sexual importan muy poco, las ingentes cantidades de dinero derivadas de su esclavitud que circulan sin control importan mucho. De momento, el debate se ha apagado tan repentinamente como empezó, pero en mi opinión la cosa pinta mal si tenemos en cuenta la tentación que supone para el gobierno incrementar el PIB a costa de lo que sea y la excusa de que es una normativa comunitaria de obligado cumplimiento.

Según un informe de la ONU de 2010, Europa tiene a 140.000 mujeres esclavizadas en la prostitución, aunque hay asociaciones que hablan de 500.000 mujeres obligadas a prostituirse en España. Inaceptable, en cualquier caso. Señala el informe que la mayoría fueron engañadas, amenazadas, chantajeadas o coaccionadas y provienen sobre todo de los Balcanes, de la antigua Unión Soviética, de Suramérica, Europa  Central, Àfrica y Asia Oriental para terminar prostituidas en Alemania, Holanda o España.  En cuanto a los ‘consumidores’, que bien podríamos llamar violadores, en España, según el mismo informe de 2010, un 39% de hombres reconocía haber pagado por sexo alguna vez en su vida. Una cifra atípica en Europa, por lo elevada, según la ONU. Paradójicamente, la ONU se ha mostrado últimamente partidaria de la legalización. Un grupo de mujeres supervivientes de la trata y asociaciones y ONGs discrepan y así se lo hicieron saber en septiembre de 2013.

¿Once diplomáticos europeos secuestrados y explotados sexualmente durante 455 días? Imposible. Esa tortura está reservada para las mujeres, que están ahí mismo, en cualquier carretera o polígono industrial de nuestra geografía. De verdad, ¿tan difícil es liberarlas?