Tras otro 8 de marzo, en 2019 ¡nos hemos hecho oír!

12/03/2019 en Doce Miradas

Y aquí va otro post colaborativo, el último de la temporada, lo prometemos. Recogemos nuestras impresiones individuales sobre este pasado 8 de marzo, los días previos y los posteriores. Mucho que contar y mucho que compartir.

Incluimos, además, los enlaces a los artículos que la semana pasada seis de nosotras publicamos en El Correo.

Mujeres en la mina
El feminismo es incómodo y molesto
Feminismo: un movimiento transversal
Huelgas, cuidados y sexos
(R)evolución
9 de marzo: vientos de cambio

Fotografía de Pilar Kaltzada @pkaltzada

Cada generación tiene sus letras, y yo recuerdo con mucho cariño unas palabras que sonaban en casa a menudo, cuando era más jovencita: “Harta ya de estar harta, ya me cansé”.

No podía evitar escucharlas por dentro cuando, compartiendo calle, lluvia y alegría, muchas amigas hablan de los motivos. Y se me iba formando uno principal, entre todos, el más poderoso: porque queremos. Porque nos vamos cansando de tener que explicar lo obvio. Porque en un día no se nos pasará, pero .. .¡qué bien sienta tener este día para hacerlo, en voz alta, en voz coral, a viva voz. Porque queremos, porque lo merecemos y porque estamos hartas de sentir que la melodía del feminismo solo se tolera si va por lo bajo.

Harta. Porque sí.

El día 8 de marzo y todos los días del año.

Pilar Kaltzada

 

Otro 8 de marzo más y seguimos sin ponernos de acuerdo: unas a la huelga y otras a trabajar; unas en las calles y otras en casa, de compras o en la cafetería; unas por el aborto libre y otras no; unas pro regulación de la prostitución y otras pro abolición o pro prohibición; unas con el feminismo anticapitalista y otras con el liberal; unas contra los vientres de alquiler y otras a favor de la gestación subrogada…

Seguimos sin ponernos de acuerdo y ni falta que hace. Somos diversas y contradictorias porque el feminismo está vivo. No somos un bloque de piedra; más bien un río con meandros, presas, corrientes y balsas. Algo que fluye y empapa, salpica e incluso embarra.

Y actuamos sin autocomplacencia, pero sin látigo también. Con ambición y con humildad al tiempo. Con dignidad siempre. Con la vida en el centro. Con lo personal encaramado a lo político.

Porque mañana también es 8 de marzo. Y pasado mañana. Y al otro. Y al otro.

Noemí Pastor

 

Suelen decir que lo complicado no es llegar sino mantenerse. Todas estábamos expectantes a qué nos depararía este año (y seguras de que muchas personas andarían con la calculadora para alegrarse de que el movimiento se desinflara). Pero no. El viernes las calles se llenaron de nuevo de jóvenes y mayores, mujeres y hombres, de aquí y de allí. A partes iguales reivindicación y celebración. Pero debo reconocer que me aterra que esto también se convierta en “tradición”. Un día para que salgamos a las calles y que luego no se traduzca en cambios. Como dice nuestro mantra, “las cosas se cambian cambiándolas” y no dejaremos de hacerlo el resto del año.

Lorena Fernández

Fotografía de Lorena Fernández @loretahur

En el equilibrio reside el éxito, en el compromiso desde el trabajo constante y el aprendizaje. Inspirando, avanzando, la voz de la desigualdad se escucha ya en todos los rincones del planeta. Días como el #8m significan esperanza, hablamos de unión de personas en pro del cumplimiento de Derechos Humanos. Desde el respeto por todas las opiniones, recordando que la RAE define FEMINISMO como el 1. “Principio de Igualdad de derechos de la mujer y del hombre” 2. “Movimiento que lucha por su realización efectiva”, cuesta entender que aún haya muchas personas que siguen tiñendo el término en negativo como homólogo al término machismo. Diseñamos un futuro en equidad, construyendo raíces desde la re-educación y la transformación de la cultura.

Virginia Gómez

 

Un pañuelo a modo de cinta de de pelo y unas pequeñas uñas pintadas del mismo color que horas después volvería a teñir las calles. Son los gestos con los que una niña de diez años decide ir al colegio la semana del 8 de marzo; gestos que suponen la necesidad de significarse y mostrar a tu entorno que tu causa, la de las niñas y la de las mujeres, debe ser vista y reconocida. Un color que esconde un sustrato lleno de propiedades que alimenta otra manera de entender el mundo. El 8 de marzo, como fecha simbólica en la que demostramos que el feminismo, desde siempre, vive empeñado en mejorar el mundo, hacerlo más justo, más equitativo, más respetuoso y donde la corresponsabilidad se ejerce desde todas las esferas de la vida. El 8 de marzo como hito, el resto del año como reto.

Eva Silván Miracle

Fotografía de Eva Silván Miracle @evasilmi

Un 8 de marzo lleno de vida, diversidad y alegría. Un día en el que se encontraron en las calles, melodías y reivindicaciones, juventud y veteranía, fuerza y dulzura, alegría y tristeza. Una expresión inagotable de valores complementarios que se suman unos a otros, como las gotas que forman este océano feminista.

Ese fue el sentir del 8 de marzo. Por delante,  otros 364 días en los que la fuerza de esta ola nos  llevará imparables a nuevas orillas. Y aunque la travesía se tope con machismos y neomachismos, lo mismo me da, y sintamos corrientes de hartazgo e incredulidad, furia y asco, vergüenza y frustración, no cambiaremos el rumbo.

Por un viaje lleno de coraje, dignidad y certezas.

Eunate Encinas

Fotografía de Eunate Encinas @eunateencinas

¿El éxito de este #8M? Una alegría y un alivio. Un retroceso respecto a lo sucedido en 2018 habría sido un bajón. Sin embargo, no he sentido la emoción del año pasado. ¿Por qué? Porque tuve la sensación de que aquella jornada histórica supondría un antes y un después. Y ya hemos visto que no. En el momento, me encantó ver al entonces presidente del gobierno, Mariano Rajoy, verse obligado a cambiar su discurso. Casi parecía feminista. El mismo que unos días antes, junto a su equipo de gobierno, tachaba la convocatoria de huelga de insolidaria e irresponsable. El mismo que al ser preguntado por un periodista sobre la brecha salarial contestaba con aquel famoso “Eso no toca ahora”. Prometedor.

Pero llega 2019 y estamos en las mismas. ¿Cuántas jornadas históricas tenemos que poner sobre la mesa para entrar en la agenda política? No deberíamos regodearnos en la autocomplancencia del éxito de movilización. El objetivo no es instaurar una fiesta pintoresca como si esto fuese el año nuevo chino o el Mardi Gras de Nueva Orleans. Por encima de lograr una foto aérea espectacular, las manifestaciones son un medio para conseguir unos objetivos.

El año pasado me gustó ver cierta tensión y preocupación entre la clase política, sobre todo en la detractora. Este año no percibo eso. Han visto que podemos llenar las calles y continuar todo igual. Este gobierno inestable y con un pie fuera no ayuda. Nadie se siente especialmente interpelado, aludido. La responsabilidad se difumina y eso nos perjudica. Pero deberían tomar nota todos los gobiernos. Los autonómicos y el central. Los de ahora y quienes vengan mañana. Estamos esperando.

María Puente

 

No soy (demasiado) inocente, y a pesar de los miedos, los peros y los peligros de esta emocionante revolución, elijo quedarme con lo bueno. Las mujeres hoy estamos más unidas que ayer. Más y mejor comunicadas. Y, sobre todo, estamos cada vez más preparadas para ocupar el terreno, sea cedido o sea tomado.

Porque las mujeres hoy entendemos mejor lo que merecemos y lo que queremos. Queremos ocupar el centro de lo público y de lo privado. No la graciosa periferia de lo uno ni el cansado protagonismo de lo otro. Y nos queremos vivas… Queremos igualdad sin ambages y sin vendas. Queremos evolución, y la queremos ahora.

Ana Erostarbe

 

El mismo 8 de marzo me crucé con una vecina en el portal, la saludé y le comenté con una sonrisa: “Qué día más emocionante, ¿verdad?”.

Me miró como las vacas al tren y me dijo antes de irse: “Este día me parece una chorrada”. Os podéis imaginar cómo me quedé: ¡ojiplática! Desde entonces me pregunto qué es lo que le parecía “una chorrada”: ¿el hecho de hacer huelga como instrumento de posicionamiento y reivindicación, o la propia lucha feminista?

Se lo preguntaré, no tengáis la menor duda.

Me cuesta entender y me duele escuchar a las propias mujeres hablar así, no lo puedo ocultar. Pero si de algo estoy segura es de que esta lucha va a ir a más y que estamos frente a una revolución. Y yo estaré ahí luchando, reivindicando y posicionándome cuando y donde haga falta para conseguir la igualdad para todas las mujeres, incluso para aquellas que piensan que todo esto es “una chorrada”.

Naiara Pérez de Villarreal

 

Este año me ha tocado vivir el #8M desde otro lugar, desde otro país. La revolución que protagonizamos las mujeres es internacional y tenemos que aprovechar la posibilidad de establecer redes y alianzas entre millones de mujeres alrededor del mundo. Reclamamos, simplemente, lo que nos corresponde. El feminismo es un movimiento político para cambiar las estructuras de poder, para poner la vida en el centro; es un movimiento que exige, por medio de acciones noviolentas, la igualdad para la mujeres en un mundo determinado por hombres. Y es que ¡ya está bien!

Al mismo tiempo que las mujeres alzamos la voz, las posiciones más reaccionarias ponen la maquinaria en marcha para intentar desprestigiar una lucha legítima y justa. El año pasado lo hicieron tímidamente y entre confusiones; este año, sin tapujos. Solo les voy a decir una cosa: no vamos a dar marcha atrás. Exigimos cambios ya. Sí, los exigimos.

Arantxa Sainz de Murieta

 

 

 

 

 

Fotografía de Christina Werckmeister @cwerckmeister
Somos mujeres. Somos personas. Gente con sueños que imagina una sociedad diferente. Gente que reclama un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado. Y después de mucho cavilar, somos doce mujeres con ganas de trabajar para lograrlo. ¿Quieres saber quiénes somos?.