Soy un fraude

03/09/2013 en Doce Miradas

Imagen de Julia Serrano

Imagen de Julia Serrano

Un auténtico fraude. Llevo más de 15 días intentando escribir este post. Le doy vueltas al título, al enfoque, tomo notas de frases de películas, releo lo que han escrito mis compañeras. No hay manera. El folio sigue intacto.

Pruebo con el papel. Me compro libreta nueva. Un buen bolígrafo de los que no se paran, me siento en silencio y nada.

Mil pensamientos paralizan mi mano. No arranco. Decido tomar nota de todos estos pensamientos paralizantes para poder observarlos:

  1. Lo voy a hacer mal.
  2. Comparado con lo que han escrito las demás el mío va a ser una mierda.
  3. No tengo autoridad para hablar de este tema.
  4. Soy un fraude.
  5. No sé nada sobre machismo.
  6. No sé teoría feminista.
  7. No tengo referencias cinematográficas.
  8. No puedo poner mil citas.
  9. Mi estilo es muy simplón.
  10. No puedo.
  11. No tengo nada que contar.
  12. Soy peor que las demás.

Se repiten en mi cabeza sin solución de continuidad, estoy paralizada, quieta, en silencio. Invisible.

Si esta lista me la diera una amiga parecida a mí podría rebatirla punto por punto y demostrarle que no es cierto pero, como es mi lista, me creo a pies juntillas todas y cada una de las palabras que he escrito.

Respiro, la miro y se me abren los ojos de par en par: he encontrado mi propio techo de cristal.

¿Cuántas veces me he quedado sin hacer algo pensando que no soy suficiente? ¿Es esto algo común entre nosotras? ¿Le pasa a más mujeres?

¿Cuántas de nosotras tenemos una voz interna replicando que estamos fuera de lugar, que este no es el camino, que “calladita más bonita”?

Me pregunto cuántas veces me he quedado callada cuando he querido hablar, cuántas he cedido la palabra, cuántas veces me he dejado representar por otro. Las niñas educadas se están quietecitas y calladitas. Son los hombres los que hablan, deciden, los que saben.

Hago memoria, en casi todas las reuniones son los hombres los primeros en dar un paso al frente a la hora de presentarse a liderar un grupo. Delegados de clase, militantes de partidos, jefes de grupo… ¿Cuántas veces he oído “no quiero dar la nota”? ¿Cuántas veces preferimos que sea otro el que dé la cara? ¿Cuántas veces hemos pedido disculpas por brillar demasiado? Muchas.

En un grupo mixto nosotras replegamos nuestras armas, dejamos brillar al compañero. Creemos que no somos importantes, que lo que hacemos lo hace cualquiera, llevamos siglos haciendo el trabajo invisible y ahora nos cuesta dar la cara.

La mismísima María Moliner, que tejió su diccionario mientras zurcía calcetines en su casa, cuando fue propuesta en 1972 para ocupar el sillón vacante de La Real Academia de la Lengua que finalmente obtuvo Emilio Alarcos Llorach dijo: “Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. Es decir, yo no tengo ninguna obra que se pueda añadir a esa para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia (…) Mi obra es limpiamente el diccionario”. Y añadía: “Desde luego es una cosa indicada que un filósofo -por Emilio Alarcos- entre en la Academia y yo ya me echo fuera, pero si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría, ‘Pero y ese hombre, ¿cómo no está en la Academia?'”.

Conozco a muchas mujeres maravillosas que hacen trabajos asombrosos y que permanecen en la oscuridad del anonimato. Creo firmemente que aunque arrastramos siglos de Historia, es el momento de romper cadenas y dar la cara. De afrontar nuestros miedos, escribir listas de “peros” inventados y lanzarnos al ruedo.

Creo que es el momento de darnos permiso para exponernos y meter la pata, y decir lo que pensamos y gritar bien fuerte que sabemos y que podemos.

Creo que es la hora de no pedir permiso, de no esperar nuestro turno, de ser bocachanclas descaradas. De ser unas frescas que se cuelan, cogen el micro y dicen de una vez lo que piensan.

Ama de MI casa, imperfecta, reLOVEcionaria, cíclica… son algunas de mis etiquetas. Trabajo todos los días en desprenderme de todas para ser simplemente libre y feliz.

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