Programación de color de rosa

07/06/2016 en Doce Miradas

A las personas de mi generación, al leer el título de este post, quizás les haya asaltado la nostalgia en forma de cancioncilla: “Agujetas de color de rosa“. Aunque no sepáis de qué hablo, os animo a que pinchéis en el enlace. Bueno, más que animaros, os reto a ello. Una vez procesada esta información (por favor, cerrad la boca, que sé que os habéis quedado con ella abierta de par en par), os tranquilizaré. Mi post no va de esto. De hecho, solo quería usarlo como recurso para deciros que debemos tener esperanza en el mundo y en las próximas generaciones: yo vi esta serie y no he salido tan mal (o eso creo).

WebHecho el preámbulo absurdo, ahora sí voy al tema que me ha traído hoy a Doce Miradas. Si me soléis leer por estos lares, sabréis de mi preocupación por la falta de vocaciones tecnológicas entre las niñas (Mujeres e ingeniería: ¿somos lo que jugamos?Mujeres tecnólogas. Haberlas, haylas). Pero últimamente, una nueva preocupación se ha sumado a mi mochila. El uso de estereotipos para fomentar esas vocaciones. Me explico: parece que a muchas personas se les ha ocurrido que esto se resuelve pintando de rosa los chips y diodos. Por ejemplo, me he topado con proyectos en los que se anima a las niñas a trabajar en joyas (como es el caso de Jewelbots), talleres para aprender a incorporar elementos tecnológicos a la ropa, o lanzarse al mundo de Lego a través de las princesas. Incluso he llegado a escuchar que no tenemos que presentar la ingeniería como una disciplina tan difícil para no repeler a las mujeres [sic].

De hecho, creo que estamos empezando a abusar de la incorporación de la A al acrónimo STEAM (Science, Technology, Engineering, Art y Mathematics). Ojo, que no estoy en contra de ello. Yo misma soy una apasionada del arte y creo que debiera ser una disciplina trasversal a todas las formaciones, sean tecnológicas o no. Pero tengo la sensación de que esa A se está comiendo al resto. Que las niñas y jóvenes solo se sentirán atraídas por la tecnología si tiene ese componente y que la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas siguen siendo cosa de chicos. Eso me recuerda una entrevista que le hicieron a Carol Shaw, primera mujer programadora de videojuegos: “Cuando trabajaba en Atari, Ray Kassar, su presidente mencionó ‘por fin tenemos a una mujer diseñando juegos. Ella podrá combinar los colores y diseñar los interiores de las carcasas de los juegos’. No lo tomé muy en serio porque eran dos cosas que no me interesaban y mis colegas me apoyaban”.

Pero por otro lado, me asaltan las dudas de si no estaré extremando mi postura (¿os suenan esas dudas?) y si el fin bien merece los medios. Quizás sea un buen comienzo para captar la atención de las niñas y luego reconducir ese interés en otras aplicaciones de la tecnología, porque si las perdemos ya desde bien pequeñas, habremos cerrado esa puerta para siempre. Y es que, a día de hoy, cuando las chicas se topan con la tecnología y la programación, piensan que no tiene nada que ver con ellas. Aunque me sigue pareciendo triste que para que piensen que tiene que ver con ellas, tengamos que “tirar” de princesas, joyas, ropa y toneladas de color rosa…

No sé si el uso de unos estereotipos para combatir otros vaya a funcionar… Pero como ya os habréis percatado, no tengo una postura clara. De hecho, quería traer mi dilema al blog precisamente para abrir un debate y ordenar un poco más las ideas. ¿Me ayudáis con vuestras reflexiones? ¿Qué os parece? ¿El fin justifica el medio utilizado o estamos arreglando un problema mientras hacemos más profundo otro?

Por último, os dejo con el documental CodeGirl, donde también se aborda este tema:

La idea de poder trabajar con máquinas deterministas (que a iguales entradas devuelven invariablemente las mismas salidas) me hizo ingeniera. Acabada la carrera descubrí que tras toda máquina hay una persona impredecible… y que esa es la parte divertida de la vida. Enredada ahora con la comunicación digital.

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