La mujer pelota y otras trampas a evitar

03/12/2013 en Doce Miradas

No están todas las que son, sino sólo aquellas trampas que han llamado mi atención en los últimos tiempos. ¿Quién las pone? Es difícil saberlo. La mayoría, eso tan difuso que llamamos sociedad.

1-La mujer pelota, utilizada como rebote contra las demás

Hace medio año leí el magnífico libro de Rosa Montero La ridícula idea de no volver a verte, una preciosa historia sobre el amor y el duelo, en el que confluyen las experiencias vitales de la propia autora y de la premio Nobel, Marie Curie, tras el fallecimiento de sus parejas. Además de interesarme y emocionarme, descubrí el término mujeres pelota que, según explica Rosa Montero, utilizaba Simone de Beauvoir para referirse a aquellas mujeres “que tras triunfar con grandes dificultades en la sociedad machista, se prestaban a ser utilizadas por esa misma sociedad para reforzar la discriminación; y así, su imagen era rebotada contra las demás mujeres con el siguiente mensaje: ‘¿Veis? Ella ha triunfado porque vale; si vosotras no lo conseguís no es por impedimentos sexistas, sino porque no valéis lo suficiente’. ¿Fue Marie Curie una mujer pelota?”, llega a preguntarse Montero en su libro.

No acierto a comprender el comportamiento de dichas mujeres, que en la actualidad también existen y que yo llamaba para mí mujeres esquirolas antes de conocer el término de Beauvoir. Imagino que les tienta el hecho de saberse únicas y de constituir una excepción. No obstante, aunque alguna caiga en esa trampa creo que son mayoría aquellas que después de triunfar dedican parte de su tiempo y energía a allanar el camino a las demás.

Fotografía de Iratxe Gallo.

Fotografía de Iratxe Gallo.

2-Una reivindicación eternamente aplazada

Las mujeres que son madres suelen manifestar que luchan por la igualdad de derechos y oportunidades para que el día de mañana sus hijas vivan en una sociedad más justa. Me pregunto si esa afirmación no encierra la trampa del aplazamiento de una causa que deberían aspirar a disfrutar también ellas mismas y su generación. A veces tengo la impresión de que han renunciado a alcanzar ese estado para su propio presente o futuro inmediato. Muchas de esas hijas también serán madres algún día y quizás experimenten ese mismo sentimiento de renuncia, conformadas y colmadas con el bienestar futuro de sus hijas. Si tenemos en cuenta que la mayoría de las mujeres son madres, ¿no sería entonces la lucha por la igualdad una reivindicación eternamente aplazada para ‘el día de mañana’?

3-Matemáticas tendenciosas

¿Te suena esta canción? Una amiga, compañera de trabajo, conocida (o tú misma) comenta que se está planteando dejar el trabajo y dedicarse por completo al cuidado de su familia. Han hecho cuentas. Su pareja tiene un trabajo mejor remunerado y el dinero que les cuesta pagar a una persona para que se ocupe de la casa y los hijos es casi lo mismo que gana ella. Conclusión: no compensa. Para eso mejor me quedo yo en casa y así al menos los niños están con su madre. El sentimiento de culpa hace el resto del trabajo y, de pronto, parece que trabajar es un capricho egoísta en el que se ha empeñado la mujer. Está claro que cada pareja sabe lo que mejor le conviene y es libre de tomar sus propias decisiones, pero no debería tomarse por la razón equivocada y ésta a  mi juicio lo es. Cuando se paga a una persona de apoyo en las tareas domésticas y cuidado de los hijos se está pagando para que ambos miembros de la pareja obtengan cierto margen para desarrollar su vida laboral y otras facetas de su vida personal. Por tanto, debería restarse ese sueldo a la suma de los sueldos de ambos miembros de la pareja y valorar entonces si merece la pena. Dar por hecho que el sueldo dedicado al cuidado del hogar y de la prole debe salir del sueldo de la mujer es a todas luces una injusticia profundamente machista. No hace falta recordar que las personas que carecen de independencia económica, sean hombres o mujeres, quedan en una situación vulnerable.

4-En busca de la prueba definitiva

Es ‘el pan nuestro’ de los medios de comunicación. Día sí y día también nos desayunamos con algún nuevo estudio sobre el cerebro de hombres o de mujeres que supuestamente explica por qué unos y otras actuamos de tal o cuál manera o tenemos mayores capacidades y habilidades para esto o lo otro. Algunos son serios y rigurosos y otros resultan rocambolescos y sospechosos. ‘Un estudio realizado por investigadores de Toronto revela que los ejecutivos varones soportan mejor el estrés que las mujeres’. Por ejemplo. Así suelen empezar dichas noticias. El estudio del cerebro es apasionante, pero con frecuencia se instrumentaliza la ciencia al servicio de determinadas ideologías.

Parece que aún se busca la prueba definitiva que demuestre que las mujeres somos menos o más que los hombres. Personalmente, creo que no hay que caer en la trampa de entrar al trapo. Por mí pueden seguir loncheando cerebros. No necesito pruebas para saber que merecemos igualdad de derechos y oportunidades PORQUE SÍ. Porque existimos, porque somos personas, porque estamos aquí y lo reivindicamos. Porque es de justicia. En ocasiones somos las mujeres quienes nos aferramos a alguno de estos estudios, cuando nos son favorables, para argumentar que tenemos derecho a ocupar determinada posición en el trabajo, por ejemplo, porque un estudio revela que nuestra capacidad de comunicación es superior, que somos mejores en las relaciones interpersonales, que somos mejores jefas, etc. Y a veces, por un efecto de compensación, supongo, se cae en una exaltación de la mujer en la que no creo. No creo que seamos mejores jefas sólo por ser mujeres (como tampoco creo que seamos peores jefas sólo por ser mujeres), ni que el mundo estaría mejor gobernado por mujeres. Es un error participar en dicho debate, ya que significa que seguimos poniendo en cuestión, en pleno siglo XXI, la legitimidad de la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres.

5-Un exacerbado pundonor

La discriminación positiva y el sistema de cuotas tienen poca aceptación incluso entre las mujeres. Son muchas las que rechazan este sistema igualatorio porque afirman no querer nada que no se hayan ganado por sí mismas. Cuando hablamos de logros laborales, las mujeres tendemos a pensar que tal vez no lo merezcamos. Parece como si necesitáramos haber sufrido mucho por el camino para creer merecerlo. Los hombres suelen dar por descontado que se lo merecen. Nosotras somos propensas a caer en la trampa de un exacerbado pundonor y una sobredosis de integridad y dignidad malentendidas.

Imagino que quien rechaza este sistema artificial a favor de la mujer, lo hace porque considera que el sistema ‘natural’, que como se puede comprobar produce discriminación positiva a favor del hombre, brinda igualdad de oportunidades a mujeres y hombres. Quien rechaza el sistema corrector cree, por lo visto, que todos los cargos de responsabilidad se están otorgando de forma justa, de acuerdo a criterios objetivos, a la persona más capacitada posible en cada caso, que casualmente suele ser hombre. ¿Alguien se cree esto de verdad? Creo que hay mujeres que incluso reconociendo que el sistema ‘natural’ las discrimina y relega, consideran que es de ley esforzarse doblemente y que así cualquier logro obtenido, si llega, les satisfará en mayor grado. Personalmente, soy poco amiga del martirologio, así que SÍ a las medidas de discriminación positiva. Sin complejos.

Cuando se pide a la gente que se pronuncie si está a favor o en contra de dicha cuestión, nunca se formula la pregunta completa, que en mi opinión debería ser más o menos así:

¿Estás a favor de implantar un sistema artificial de discriminación positiva a favor de las mujeres que iguale a hombres y mujeres en oportunidades?

 O por el contrario:

¿Estás a favor de mantener el actual sistema ‘natural’ de discriminación positiva a favor de los hombres que desiguala y relega a las mujeres?

En un capítulo de la serie The Good Wife, la socia del bufete, Diane Lockhart, dice algo que viene al hilo de lo que estoy comentando. Atención spoiler, voy a desvelar algo de la última temporada. La situación es la siguiente: han ofrecido ser socia a Alicia Florrick, la protagonista de la serie. La alegría y orgullo iniciales se vienen abajo cuando Alicia descubre que han hecho esa misma propuesta a varios compañeros de la empresa y que el bufete necesita desesperadamente una inyección de capital que proporcionarán los nuevos socios. Enfadada y ofendida, se atrinchera en su despacho y se niega a participar en la copa de celebración que tiene lugar en el bufete. Y entonces su jefa Diane le cuenta una experiencia personal:

“¿Sabes por qué me hicieron socia? Jonas Stern fue demandado por acoso sexual y necesitaba mostrar que tenía una socia en sus filas. Nada más. Cuando la puerta a la que has estado llamando por fin se abre, no preguntas por qué, entras. Así de simple.”

¿Así de simple? Parece que no.

6-False friends

Quien haya estudiado inglés en alguna ocasión estará familiarizado con la expresión. Se refiere a aquellas palabras inglesas que son muy parecidas a palabras en español pero cuyo significado no tiene nada que ver. Nos confiamos y nos engañan. Creo que en el ámbito de la igualdad, también existen los false friends. Yo he encontrado estos:

Las mujeres de verdad tienen curvas…o no

¿Recuerdas esa película de 2002? Las mujeres de verdad tienen curvas, se titulaba. La vi con agrado y recibí con simpatía lo que entonces me pareció una reivindicación liberadora. El filme era bienintencionado, sin duda, pero con el tiempo me he dado cuenta de que esta afirmación, que ha trascendido más allá de la película, es un false friends de los gordos. Porque ¿qué hay de liberador en esa expresión para aquellas mujeres flacas y lisas, sin curva alguna? La afirmación ‘las mujeres de verdad tienen curvas’ no es sino otra cara de la misma moneda. La obsesión por meter a las mujeres en un molde, negando la diversidad de cuerpos y naturalezas que existen. A veces tengo la sensación de que hablan de solomillos. La mujer, al punto, parece decir la sociedad. Y no se perdona a la que no logra el punto. La gordura se castiga con el rechazo. Y la delgadez extrema, aunque goza de mayor prestigio social incluso en estados avanzados, también llega un momento en que se castiga cruelmente. ¿Cuántas veces has escuchado o has dicho tú misma “esa está anoréxica”? Lo decimos sin piedad, olvidando que es una enfermedad grave. ¿Acaso se atreve alguien a decir ‘esa está cancerosa’? Que no nos confundan los ‘falsos amigos’. Las mujeres de verdad somos todas.

Soy mujer y puedo hacer varias cosas a la vez

¿Qué llevamos, una década con esta cantinela? No sabría decir desde cuándo se repite esta bromita como un mantra. Lo mismo lo dice una mujer de sí misma, que lo dice un hombre: “eh, que soy un hombre, y no sé hacer dos cosas a la vez”. Me llamaba la atención tanto regocijo y complacencia por parte de ambos sexos. Raro, ¿no? Al fin y al cabo, en apariencia, la frase ensalza a la mujer y tacha al hombre de inepto. Pero a nada que le dediques un pensamiento le ves el truco. Cuando se dice que las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez, por desgracia nadie se está refiriendo a que podemos operar como brokers en el parqué neoyorquino de Wall Street, mientras realizamos una intervención pionera de neurocirugía, instantes después de haber participado en el consejo de administración de IBM. No. Nada más lejos. Se refieren a que la mujer puede/debe lidiar con todo, es decir, cargar con la retahíla diaria ya sea doméstica o laboral. Según se desprende de este mantra de nuestros tiempos, los hombres no. Ellos sólo pueden/deben/quieren dedicarse a un trabajo relevante y trascendente y no deben ser distraídos con chucherías cotidianas. Pero ¡sorpresa! soy mujer y resulta que también a mí me gusta poder concentrarme en un asunto importante sin que me distraigan tareas fastidiosas y de menor calado. Sospecho que nos pasa a muchas.

Quedan más ‘false friends’ y más trampas de las que hablar, así que CONTINUARÁ…

María Puente

Periodismo, publicidad, guión y, en definitiva, comunicación. Me gusta leer, escribir y soy serieadicta. Bastante escéptica y tirando a verso suelto pero dispuesta a rimar si la causa lo merece, porque la vida es un poema a veces, y otras…, marianitos con rabas.