¿Sociedad enferma?

19/07/2016 en Doce Miradas

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Ilustración: Leonor Martínez de La Serna

Llevaba días tratando de elegir el tema para este post y me debatía entre algunos de los muchos y graves problemas que afectan a las mujeres. De hecho, resulta absolutamente desolador escuchar cada día la radio, leer los periódicos, ver la televisión y comprobar la cantidad de malas, malísimas noticias que hay en torno a las mujeres. Cada día hay un capítulo del esperpento. Cada día una noticia peor. En todas las direcciones, desde todas las direcciones. Tengo la sensación de que vamos de mal en peor. Ya se han cumplido tres años desde que lanzamos a la red este blog, Doce Miradas, y de un tiempo a esta parte tengo la profunda impresión de que la situación de la mujer en general, lejos de mejorar, empeora. Tres años publicando, denunciando y cuestionando y comprobamos, con desolación, cada vez que nos reunimos, que queda mucho trabajo por delante. Así que, rodeada por algunas de las últimas noticias, por las voces que desde la radio me acompañan a diario, por los datos de siempre que tantas veces hemos repetido, les invito a una profunda reflexión sobre la sociedad en la que vivimos.

Vidas robadas

Esta es la cara más terrible del padecimiento de las mujeres: que siguen siendo asesinadas. Y no parece que se produzcan grandes reacciones por parte de la sociedad. Parece que estemos anestesiados, acostumbrados, resignados. Se incrementan los casos de asesinatos machistas, insoportables ya para esta sociedad, que dejan familias destrozadas, niños y niñas huérfanos, impactados por la violencia de sus progenitores, cuando no son ellos mismos asesinados. Niños degollados por su padre, para vengarse de su exesposa, niñas que presencian el acuchillamiento de su madre. Decenas de mujeres asesinadas en lo que va de año. Los datos tampoco coinciden, porque hay muchos casos bajo investigación. Para algunos medios, serían 25 las mujeres asesinadas. En feminicidio.net realizan un exhaustivo registro de las mujeres asesinadas por hombres. Vidas destrozadas, reventadas. “No son un número, ni pura estadística”, como dice Carles Francino en La Ventana. “Ni siquiera solo un nombre. Las suyas son vidas robadas”. Una sección que llega a la radio cada vez que una mujer es asesinada.

Mujeres agredidas

citasociedadenfermaLos últimos sanfermines nos dejaron un reguero de agresiones sexuales, de violaciones y de denuncias. Hombres que agreden a mujeres, hombres jóvenes que agreden a mujeres jóvenes. Espeluznante. ¿Cómo es posible que esto siga ocurriendo? Estos chicos, estos hombres, ¿no aprendieron nada? ¿No aprendieron en sus escuelas el respeto hacia sus compañeras? En sus hogares, en sus familias, ¿de qué se hablaba? ¿En qué momento se les ocurre agredir de esta forma a una mujer? ¿Qué pasa por sus cabezas? ¿No tienen hermanas, amigas, novias? ¿Qué significa la mujer para ellos? ¿No sienten? ¿No hay ninguno de ellos capaz de parar la agresión? ¿No hay ninguno capaz de detener la violación? Y además, tienen la desvergüenza de grabar la agresión. Algo grave le está pasando a esta sociedad. Como dijo Pedro Blanco, “qué asco dais”.

Siempre bajo el mismo techo

edificioYa hemos comprobado que el techo de cristal es opaco, de un material duro, contundente, indestructible. Un informe realizado por Eada e Icsa Grupo sobre diferencias salariales y cuota de presencia femenina señalaba que el porcentaje de mujeres en cargos directivos ha caído con la crisis del 19,5 % en 2008 al 11,8 % en 2016. Y, por supuesto, la brecha salarial por género no ha hecho más que aumentar. Hay muchos detractores de las cuotas, pero estos datos son demoledores y, como nos contaba Miren Gutiérrez en su post “En favor de las cuotas”, éstas implican logros más rápidos. Todos preferiríamos que no existieran, por supuesto. Pero los hechos son tozudos y los datos más. Para conseguir avances rápidos se requieren medidas extraordinarias; de lo contrario, tardaremos muchos años en llegar a la igualdad real. Algunas de nosotras no la veremos, pero nos gustaría saber que contribuimos a dejar un mejor legado. Como afirmaba la periodista Milagros Pérez Oliva, el progreso de las mujeres directivas es como el del cangrejo, idéntico.

Mujeres acomplejadas

Supongo que habrán leído la ya famosa carta “Querida chica del bañador verde”. Tan emotiva como real, tan sincera como elocuente. Las playas y piscinas están llenas de chicas como la del bañador verde. Chicas que se tapan, que ocultan su cuerpo, que se avergüenzan. Chicas que no pueden disfrutar de una tranquila tarde en la playa. Se despiertan ya con el qué me pongo hasta convertirse en un verdadero quebradero de cabeza. Aunque estas son las valientes, las que van a la playa, sin duda alguna. Porque luego están las chicas del bañador verde que no salen de casa, que no se atreven a dar el paso, que prefieren no pasar el trago de levantarse de la toalla para llegar hasta la orilla. Y no tienen ellas la culpa, por supuesto que no. Aquí estamos toda la sociedad en su conjunto al servicio de su complejo, de su baja autoestima. Con marquesinas de autobuses que lucen chicas en bikinis imposibles, con anuncios de televisión que bombardean los sentidos: cuerpos que pasean las rebajas por la orilla, cremas mágicas que quitan las arrugas a modelos que no tienen más de dieciocho años, anuncios de cosméticos que anuncian que “tu piel no tiene que reflejar tu edad”. Inventando un mundo irreal. Un incesante bombardeo, contra el que queda muy poca defensa. Un desastre para todos, porque aunque lo sea especialmente para las mujeres, las fatales consecuencias de ese perseguido universo de la perfección alcanzan a todos.

Celebraciones de segunda

Foto: Fernando Domingo

Athletic_chicas

Tampoco pudieron celebrar las jugadoras del Athletic femenino su título de Liga como lo hubieran celebrado sus compañeros del primer equipo. Las jugadoras se quedaron sin gabarra. A pesar de que muchas voces se alzaron desde todos los ámbitos para que el club sacara la gabarra y se celebrase ese gran título por la ría de Bilbao, finalmente alguien decidió que no merecían la misma celebración. No debe de ser lo mismo que ganen la Liga los hombres a que la ganen las mujeres. ¡Qué difícil es comprenderlo! Imposible explicarlo. ¡Qué oportunidad perdida! A pesar de que el Alcalde de Bilbao aseguró que el Athletic femenino se merecía “exactamente los mismos honores” que el equipo masculino, no pudo ser. Habría sido extraordinario poder contar al mundo, desde su capital, que hay una sociedad en la que se celebran igual los triunfos de hombres y mujeres. Habría sido perfecto. Una lástima.

El desamparo de una niña

Y para terminar este repaso, quiero dedicar unas últimas líneas al desamparo de María, la niña madrileña de nueve años que llevaba dos sufriendo abusos por parte de su padre, y a quien nadie creyó. Ni psicólogos, ni terapeutas, ni peritos, ni jueces. Como decía Pepa Bueno, a esta niña la asistió todo el sistema y todo el sistema le falló. Menos su madre y su grabadora.

Y la pregunta es, ¿nos estamos adaptando a una sociedad enferma?

En la parte positiva, se acaba de hacer entrega de cuatro becas Soledad Cazorla. Isabel es el nombre de la primera joven que la consigue para completar sus estudios. Su padre mató a su madre cuando ella era adolescente y ahora la familia de la ex fiscal contra la violencia machista le concede esta beca junto con la Fundación Mujeres para que pueda terminar su ciclo de FP.

Ya vemos que hay una parte de la sociedad que también responde. Aquí está el trabajo de muchas asociaciones e iniciativas como Doce Miradas: nos sentimos necesarias y pedimos el apoyo de los hombres y mujeres de bien para detectar, denunciar, impedir, concienciar, sanar a esta sociedad y reconstruirla para todos y todas.

 

Nota: Antes de terminar este post el pasado domingo, llegaba de nueva la noticia de una mujer asesinada presuntamente por su pareja en Aranda de Duero. Una nueva vida robada.

 

Begoña Marañón

Periodista, historiadora, entusiasta de la innovación y sus alrededores. Más de la mitad de mi vida en los medios. Me apasiona aprender y compartir con mis hijas. Inconformista y curiosa. Ahora mirando en equipo y siempre buscando.

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