Creación y Pro-creación

17/03/2015 en Miradas invitadas

Borja Adsuara Doce Miradas

Borja Adsuara Varela. Profesor, Abogado y Consejero de Estrategia Digital. Miembro del Jurado de la Publicidad y ADEI. Ha sido Director General para el Desarrollo de la Sociedad de la Información, Director del Observatorio de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información y Director General de Red.es. Conferenciante, colaborador en elconfidencial. Bloguero (menos tecnología y más pedagogía) y empedernido tuitero (@adsuara).

Con esta colaboración, en la semana del “Día del Padre”, pretendo realizar una mirada desde la perspectiva de género, o con las gafas lilas, al Derecho de Autor, y hacer una comparación entre éste y los derechos de los padres y las madres.

La “maternidad” de la obra.Creativity Alex Norris Borja Adsuara Doce Miradas

Uno de los derechos más importantes, si no el que más, del Derecho de Autor, es el derecho “moral”, irrenunciable e inalienable, a “exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra” (art. 14.3º LPI).

Este “derecho a la autoría” se ha comparado tradicionalmente con un derecho a la “paternidad” de la obra; quizá porque la paternidad es la que puede ponerse en cuestión y/o la que debe reconocerse, mientras que “mater semper certa est”.

Y quizá, también, porque el símil al que se recurre tradicionalmente en el tema de las creaciones intelectuales es el de un Dios Creador (Padre) y su creación; pues la creatividad es lo que nos distingue de los animales y nos asemeja a Dios.

Sin embargo, es un término (el de la paternidad de la obra) y un símil que no me parecen correctos, ni justos; pues mucho más correcto y “justo” (en el sentido de “justicia” y “ajustado a la realidad”) me parece hablar de la maternidad de la obra.

En efecto, las obras se conciben, se gestan durante un periodo y se dan a la luz, con esfuerzo, como una madre con su hijo. No en vano, a las obras se les llama “partos de la inteligencia” y “editar”, originariamente, significaba en latín: “parir”.

¿Son los hijos “obras en colaboración” u “obras colectivas”?

Por otro lado, para analizar los derechos de los padres y madres sobre los hijos, podemos darle la vuelta a esta comparación entre la creación y la pro-creación, y estudiar los derechos de los distintos autores sobre una obra común.

En este sentido la LPI habla (art. 7) de la “obra en colaboración”, como  “resultado unitario de la colaboración de varios autores” y dice que los derechos de éstos sobre aquella, salvo pacto, son los mismo que los de una comunidad de bienes.

Por otra parte, dice (art. 8) que la “obra colectiva” es “la creada por la iniciativa y bajo la coordinación de una persona… que la edita y divulga bajo su nombre y está constituida por la reunión de aportaciones de diferentes autores”.

Y que esa “contribución personal se funde en una creación única y autónoma, para la cual ha sido concebida, sin que sea posible atribuir separadamente a cualquiera de ellos un derecho sobre el conjunto de la obra realizada”.

Y añade a continuación que “salvo pacto en contrario, los derechos sobre la obra colectiva corresponderán a la persona que la edite y divulgue bajo su nombre”. Luego no se dan los mismos derechos que en la obra en colaboración.

La madre tiene “mejor derecho” que el padre.

Aplicando el símil a la procreación, ¿son los hijos unas obras en colaboración o unas obras colectivas, en las que, aparte de los autores que hacen su aportación inicial, hay una persona que asume el trabajo y riesgo de la gestación y el parto?

Creo que es de justicia reconocer que la madre tiene mejor derecho que el padre, puesto que es doble: como co-autora y como editora. Lo cual no quiere decir que el padre no tenga también un derecho, como co-autor, que debe garantizarse.

Ahora bien, no parece que la “iniciativa” (concepción) y “divulgación” (crianza) de esas “obras colectivas” (hijos) se haga -exclusivamente- bajo la responsabilidad y nombre de la madre, sino que parece que es (o debería ser) algo compartido.

Y tampoco parece que los derechos (y deberes) sobre esas “obras colectivas” (los hijos) correspondan -exclusivamente- a la madre, por mucho que los haya editado o parido; sino que corresponden -por igual- a los padres y a las madres.

Y esa compartición en igualdad -de los derechos y deberes de madres y padres sobre los hijos- debe darse desde el mismo momento del nacimiento y durante toda la vida de estos, tanto si los progenitores viven juntos, como si se separan.

Los hijos como “Creative Commons”.

Creative Commons Borja Adsuara Doce MiradasAunque se trata de una “licencia” pedagógica, digamos que los hijos son como unos “Bienes Comunes” resultado de la creación o, en este caso, la procreación; y los derechos y deberes sobre ellos no son exclusivos de uno, sino compartidos.

Y hay que intentar mantener dicha situación, tanto durante la con-vivencia de los progenitores, como en el caso de la ruptura de dicha con-vivencia. Para lo cual, se deberían aplicar tres reglas como punto de partida (salvo pacto en contrario):

  1. Custodia Compartida: Esto es, compartir los cuidados que necesitan los hijos. Que no quiere decir ni que sea al 50% ni que haya un único modo de hacerlo. Quiere decir que ambos progenitores tienen el derecho y el deber de hacerlo.
  2. Cuentas Claras: Compartir en una cuenta conjunta y transparente los gastos de los hijos, realizando -ambos progenitores- sus aportaciones en proporción a sus ingresos. Compartir no quiere decir, tampoco aquí, que sea “al 50%”.
  3. Cada uno en su Casa: Liquidar la Casa Común, porque la vivienda es lo único que no se puede compartir. Y no es verdad que los hijos necesiten una casa; necesitan dos, para poder estar -en igualdad- con su madre y con su padre.

Conclusión.

Como dice el manifiesto de Doce Miradas: construyamos un espacio común para hombres y mujeres, que sea más justo y equilibrado, desprogramando los roles de género, socialmente construidos, en todos los ámbitos: profesional y familiar.

Somos mujeres. Somos personas. Gente con sueños que imagina una sociedad diferente. Gente que reclama un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado. Y después de mucho cavilar, somos doce mujeres con ganas de trabajar para lograrlo. ¿Quieres saber quiénes somos?.

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