Con-suma Violencia

26/09/2017 en Miradas invitadas

Erika Martínez Lizarraga (Gasteiz, 1985) Soy Licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas. Después de andar dando tumbos, como tanta gente de mi generación, aterricé en una cooperativa energética verde en 2015 como responsable de comunicación. Con el corazón verde y las gafas violetas siempre puestas, intento cambiar lo que no me gusta desde el activismo social y político. Soy curiosa, siempre con un libro entre manos y pocas veces digo que no a una propuesta interesante. Me gusta viajar, pero no cambio una tarde de buenas películas al calor de la chimenea por nada.

 

Este verano saltaba por enésima vez la polémica por la imagen que sobre la mujer transmite una campaña publicitaria. En realidad, han sido varias las ocasiones en las que se han denunciado anuncios por el cosificar nuestros cuerpos, utilizarlos como reclamo etc… incluso desde la publicidad institucional. También me viene a la mente la camiseta de nuestra marca nacional más internacional de ropa de cuyo nombre no quiero acordarme en la que insinuaba que ser feminista es aburrido. Hasta aquí, lamentablemente nada nuevo bajo el sol. Pero la que a mi parecer es la más significativa es la de la marca de Ropa Kling, que crea escenas en las que mujeres parecen moribundas, sin energía. Todo comenzó con este artículo publicado en The Huffington Post

Fot. Yolanda Dominguez

 

Vivimos en una sociedad cuyo slogan podría ser Con-suma Violencia; Os invito a ir a algún hipermercado y que veáis cuántos productos podéis identificar que no pertenezcan a marcas que a su vez estén dentro de gigantes de la distribución con escándalos sobre explotación laboral, uso de productos nocivos para nuestra salud, contaminación y destrucción de la naturaleza, experimentación con animales.

 

Es un sistema feroz que en todas sus fases y en todos los sectores productivos se encarga de explotarnos, de impedirnos avanzar, de invisibilizarnos. Al igual que a la naturaleza, a las mujeres se nos somete y se nos utiliza para que soportemos el peso del capitalismo, que de otro modo no podría subsistir. Es lo que parece soportar la chica de la imagen.

Consume Violencia Mujer! Daña tu pelo con tintes, usa maquillaje con químicos que además no dejan respirar tu piel, usa tacones aunque te causen problemas de espalda, broncéate sin importarte poner en riesgo tu salud, haz mil dietas para la operación bikini y luego cómprate carísimos tratamientos inútiles porque las estrías son antiestéticas. Mención aparte merece la depilación: seguro que habéis visto en televisión ese spot en el que una chica no puede acudir a una fiesta en la playa porque no está depilada y en cambio a los hombres se les anima a probar la depilación para “estar más fresquitos”.

Pero mujer, no te olvides del hogar. También tienes que ser esa que busca lo mejor para su familia. Los mejores productos, excelente cocinera, costurera y encuentra-solución para todo. Mientras los unos hacen caja, nosotras nos sentimos cada vez más frustradas por no poder llegar a ser esas súper mujeres; más violencia.

Con-suma violencia: mensaje subliminal ( ¿o no tanto?) transmitido por la publicidad a través de los grandes medios. Ese último eslabón tras el que el capitalismo se enmascara vendiéndonos felicidad, pero que es a mi parecer, la parte más mezquina de este engranaje, y una de las más importantes.

Por cierto, ¿qué es la publicidad? Aquí va una definición muy acertada de la Wikipedia:

“ una forma de comunicación que intenta incrementar el consumo de un producto o servicio, insertar una nueva marca o producto dentro del mercado de consumo, mejorar la imagen de una marca o reposicionar un producto o marca en la mente de un consumidor. A través de la investigación, el análisis y estudio de numerosas disciplinas, tales como la psicología, la neuroanatomía, la sociología, la antropología, la estadística, y la economía, que son halladas en el estudio de mercado, se podrá, desde el punto de vista del vendedor, desarrollar un mensaje adecuado para una porción del público de un medio”.

Mi reflexión es la siguiente: Cuando veo a esa mujer tirada sobre la roca, me veo a mi en muchas ocasiones tras un largo día cuando llega la hora de acostarme. Pero no me gusta verme así. Una visión extremista y radical frente a la imagen de super-woman. Ambas igual de dañinas.

Si esta marca se ha decantado por esta línea comunicativa quiere decir que algunos de sus estudios de mercado han identificado que su público objetivo, (yo misma he sido compradora) acepta de buen grado esta visión sobre sí mismo. Es decir, “me voy a comprar esta ropa porque a una chica que parece enferma le queda sensacional y me quiero parecer a ella”.

¿En serio?¿O tal vez sea un nuevo giro para que nosotras mismas nos volvamos a ver así, asumamos que ese es nuestro papel frente a otro tipo de roles que poco a poco hemos asumido y que pueden inquietar a quien ostenta el poder?

Como no podía ser de otra manera, el equipo creativo se defendió diciendo, entre otras cosas que “ésta no es una campaña que quiera dañar la imagen de la mujer ni machista, porque está diseñada por un equipo de mujeres”. Sobra todo comentario frente a este tipo de argumentos retorcidos y perversos.

Alternativamente, se crean poco a poco redes que promueven una manera distinta producir, de transmitir, de tratar a las personas y a nuestro entorno. Seamos impulsoras y protagonistas de este cambio hacia un consumo transformador y recordemos el poder que como consumidoras tenemos.

Somos mujeres. Somos personas. Gente con sueños que imagina una sociedad diferente. Gente que reclama un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado. Y después de mucho cavilar, somos doce mujeres con ganas de trabajar para lograrlo. ¿Quieres saber quiénes somos?.

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