Cambiar de vida sin cambiar de barrio

09/05/2017 en Miradas invitadas

Neus Arqués (Barcelona, 1963). Soy escritora y analista digital. Me ocupo de la visibilidad porque creo que el talento que no se ve, se pierde. Me interesan en especial las mujeres y los escritores, dos colectivos aún poco visibles. He publicado tres novelas y seis ensayos, el último #Vive50. Vivo en www.neusarques.com y en @NeusArques.

Los cincuenta son los nuevos dieciocho. A los dieciocho te conviertes en mayor de edad; a los cincuenta, en mayor. Y como ya eres mayor, puedes hacer lo que quieras.

Me llamo Neus y he cumplido cincuenta años. En vez de una fiesta, tuve una crisis. El aniversario me pilló en horas bajas, bandeando el temporal de la recesión económica y de mis propias dudas. No sabía si continuar escribiendo; en realidad, no sabía muy bien qué hacer. Sin embargo, empujada por la convicción -tan fuerte como irracional- de que la vida hay que celebrarla, me puse en marcha.

Acudí a Docemiradas y compartí la pregunta: ¿a qué dedicaremos los diez mil días que, según la previsión demográfica, nos quedan? Si cuentas tu futuro en días, lo piensas con más cuidado. No hay tiempo que perder.

Esto fue lo que sucedió. En vez de congregar a mi gente en un restaurante a ritmo de los ochenta o escapar del invierno en un resort soleado, decidí vivir cincuenta experiencias singulares a lo largo de un año, insertándolas en mi vida cotidiana a presupuesto low-cost. Todas ellas responden a un mismo criterio: me llamaron la atención. Algunas las planifiqué. Otras me las planificaron. Otras, en fin, surgieron por casualidad o por causalidad.

Durante este año de gracia, en tu vida no existe el off-limits. Es cuestión de aprovecharlo. Propones a amigos y conocidos, a desconocidos incluso, los planes más peregrinos y los aceptan. Celebré mi aniversario con personas importantes para mí. A algunas las veo a menudo, a otras no las había visto en lustros; a otras, en fin, ni siquiera las conocía cuando comencé el experimento. Quedamos para recordar o, sencillamente, para divertirnos. A todas les pregunté lo mismo: ¿Crees que tu vida ya está diseñada o que tienes todavía margen para crearla? Doy por hecho que, salvo imprevistos, hemos gastado más de la mitad del tiempo concedido. Cincuenta años, ¿para qué?

También lo he celebrado sola. He diseccionado mi vida. La infancia y la amistad. El deseo y el cuerpo que cambia. Los amores perdidos y los sueños posibles. El dinero y el éxito. Vivir y escribir. La crisis y la patria. Los planetas y el universo. Estar vivo, en definitiva.

Somos la suma de las preguntas que nos hacemos. Yo empecé este proyecto planteándome si había invertido bien mi tiempo: ¿He hecho lo que quería? ¿He hecho lo que debía? Después, en una conversación de verano, otra mujer cambió la pregunta y, al hacerlo, lo cambió todo. Ahora la cuestión es ésta: ¿sigo o me paro?

Los cincuenta son una edad de transición. O te reencuentras o te reinventas. Escuchamos narrativas personales que comienzan con “Lo dejó todo y se fue a…”. Cambio de trayectoria. Cambio de pareja. Cambio de país. Frente al reset radical, prefiero la reinvención desde dentro.

Creo que se puede cambiar de vida sin cambiar de barrio. Es cuestión de enfoque y de prioridad. Los psicólogos sitúan en 21 días el umbral para que adquiramos un hábito. Y digo yo: Cuando te pasas 365 días haciendo lo que te llama la atención, ¿cómo va a haber vuelta atrás? Vivo instalada en mi Vive50 permanente.

Cada una de las experiencias vividas me ha llevado a una reflexión. Las he compilado en Vive 50, la autobiografía que he publicado a propósito de este particular experimento. No soy un ejemplo; soy un testimonio de una expedición vital que lleva por lema: “Confía y disfruta”.

Mi experiencia número 50 consistió en pasarle el relevo a Ester, dispuesta a celebrar su aniversario del mismo modo. Mi amiga se comprometió a su vez a pasar el testigo a otra mujer. Ese día se puso en marcha una cadena de vida, para animar a las mujeres de cincuenta a celebrar su talento y a hacerlo visible. Ester pasó el relevo a su amiga Lavinia, en Chile: tres mujeres y una cadena mundial que continúa.

Como escribió la poeta Muriel Rukeyser, “el universo no está hecho de átomos: está hecho de historias”. A los cincuenta, es tiempo de contar la nuestra.


Esto es Vive 50 en 50 palabras
En 2013 cumplí cincuenta años. En vez de una fiesta, tuve una crisis. Decidí enfrentarla celebrando cincuenta eventos a lo largo de un año y escribiéndolos. Me propongo animar a otras mujeres a celebrar la vida y espero que mi libro las acompañe en su propia aventura.

Somos mujeres. Somos personas. Gente con sueños que imagina una sociedad diferente. Gente que reclama un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado. Y después de mucho cavilar, somos doce mujeres con ganas de trabajar para lograrlo. ¿Quieres saber quiénes somos?.

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