25 de Noviembre. Las muchas caras de la violencia contra las mujeres

21/11/2017 en Doce Miradas

Hace ya unos meses, en Doce Miradas tomamos la decisión de cambiar nuestro ya característico logo rojo en Twitter por su versión en negro cada vez que una mujer fuera asesinada por su pareja o expareja. Un gesto pequeño ante la magnitud del problema, pero que nos ha enseñado más hacia dentro que hacia fuera. La principal lección ha sido que rara era la semana que no tuviéramos que cambiarlo. Pero es que avisándonos vía WhatsApp, Twitter o nuestra lista de correo, por fin hemos sido conscientes de la dura situación a la que nos enfrentamos. No es que antes no lo fuéramos, pero es que los números son tan escandalosos que unos asesinatos tapan a otros (cuando no lo hacen otras noticias que parece que son más interesantes de copar portadas).


La maté por amor

En enero de 2017 en una localidad vizcaína J.A.G., un hombre de mediana edad, mató a su madre enferma nonagenaria. En el juicio, celebrado diez meses después, la defensa argumentó que la había matado “por amor”.

No es la primera vez que algo así sucede. Puede ser un hijo o un esposo, alguien que ha sido siempre cuidado por una mujer. Cuando esa mujer enferma, cuando no puede seguir cuidando, ese hombre no solo tiene que empezar a ocuparse de si mismo (su comida, su casa, su ropa…), sino que también tiene que ocuparse de la mujer que antes lo cuidaba (su higiene, su medicación…). Ese tránsito de cuidado a cuidador lo desborda, lo supera y reacciona de la única forma que ha aprendido a enfrentarse a los problemas: con violencia.

Ese “la maté por amor” nos recuerda demasiado a los “crímenes pasionales”; no nos engaña, no nos lo creemos. Tampoco el jurado popular creyó a J.A.G.: lo declaró culpable.

Millones de mujeres cuidan a sus hijos, a sus esposos, a sus padres, dependientes o enfermos. Y los quieren mucho. Pero no los matan.


Redirigir el foco hacia los hombres violentos

Las mujeres reivindicamos visibilidad desde hace tiempo. Sin embargo, en todo lo que se refiere al maltrato y asesinato de mujeres por parte de los hombres tenemos, en mi opinión, un exceso de visibilidad. Un protagonismo no deseado. Y mientras tanto, los hombres maltratadores, los hombres asesinos permanecen en la sombra. La fecha señalada de la que hablamos en este post se llama Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. ¿Por qué no Día Internacional contra los hombres violentos, maltratadores y asesinos? Cuando comentamos con una mezcla de hastío y horror, ‘Otra mujer asesinada’, ¿por qué no ‘Otro hombre asesino’? Cuando se hace recuento de las mujeres asesinadas y se dan a conocer sus perfiles, estadísticas con edades, países de procedencia… ¿por qué no hacer lo propio con los hombres que les han pegado o matado? Poner siempre ese foco tan potente sobre la mujer produce la impresión de que LA MUJER ES EL PROBLEMA. No queremos ese protagonismo. Queremos medios, recursos y voluntad para erradicar esa violencia. Y en el camino para lograrlo está sin duda investigar y estudiar al hombre asesino. Al causante. Sin dejarse nada. Sin tabúes como el país de procedencia. ¿No estamos siempre insistiendo en lo importante que es la educación y cultura recibidas desde la infancia? Entonces, el país de procedencia es un dato pertinente. Centrarse en estudiar a las mujeres víctimas no parece que nos haya llevado muy lejos hasta ahora. La mujer-pareja no crea al maltratador. Él ya existía.


Presuntamente

Mientras lees estas líneas, una mujer será violada; presuntamente. Será en su casa, o en un portal, o en una zona un tanto apartada de un parque.

Antes de que acabes de leer, otra mujer será asesinada, presuntamente; morirá, presuntamente, a manos de su pareja o expareja.

Mientras sigues leyendo, una niña será obligada, presuntamente, a casarse con quien la familia haya elegido. Con nueve años entrará a una alcoba y no saldrá nunca más.

Antes de que acabes de leer, si es que lo haces, miles de mujeres mirarán a su alrededor asustadas, intentado no entrar en pánico porque desde una distancia excesivamente corta unos hombres están mirando, al acecho, a la espera de cobrarse su pieza; presuntamente. Notarán sus ojos en su espalda, oirán sus palabras soeces, sus risas cómplices, y escucharán, atronador, el silencio cómplice. Perdón, presuntamente cómplice.

Y esto ocurre cada minuto de cada día, de cada mes. Año tras año.

Para que tengas una fotografía lo más completa posible, permíteme que te recuerde que lo que va a ocurrir mientras terminas de leer y piensas que exageramos, es lo siguiente: un hombre violará a una mujer, y otro hombre asesinará a su expareja. Eso es: presuntamente.


El valor de recordar

25 de noviembre. Un año más se conmemora (una paradoja en este contexto) el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Un día en el que toca recordar a las 872 mujeres asesinadas desde 2003. Como si el resto del año pudiéramos olvidarlas.

Por si fuera necesaria la aclaración, violencia machista es “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

A las instituciones, medios de comunicación, comunidad educativa, partidos políticos, ciudadanía… hay que recordar que la violencia contra mujeres y niñas es un problema social y de extrema gravedad; sin voluntad real no es posible avanzar.


In dubio pro reo

Este año las gafas moradas del feminismo enfocan nítidamente la desigualdad del valor de la palabra, la credibilidad, la verdad. Las campañas #MeToo (yo también), #YoTeCreo y #JusticiaPatriarcal son tres vértices del mismo triángulo (figura imaginaria formada por tres vértices o tres elementos que tienen una relación).

La credibilidad es una herramienta básica de supervivencia, afirmaba Rebeca Solnit. Según la autora, más que una tediosa hartura para tantas mujeres, el mansplaining es otra técnica más para apuntalar el poder social de los hombres mientras subraya la eterna duda sobre la palabra de la mujer.

Y la violencia sobre la mujer, se dirime esencialmente sobre la cuestión de credibilidad. Mi palabra contra la tuya

De aquí el latinajo: In dubio pro reo es el principio jurídico por el que que en caso de duda, por ejemplo, por insuficiencia probatoria, se favorecerá al acusado (reo).

Nuestra particular versión Judeo-Cristiana del patriarcado nos enseña que la palabra de las hijas de Eva, pecadora original, nunca tendrá fuerza probatoria. Mientras que las palabras del hombre, hecho, a imagen y semejanza de Dios, son verdad. Ya lo dijo Juan 1:1 «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios»

La palabra griega λόγος o logos se traduce al español como «Verbo» (o «Palabra»), pero también puede significar pensamiento, habla, cuenta, es decir, razón, proporción, principio, estándar, o lógica, entre otras cosas…

El 25N tomamos la PALABRA.

Somos mujeres. Somos personas. Gente con sueños que imagina una sociedad diferente. Gente que reclama un espacio común para mujeres y hombres que sea más justo y equilibrado. Y después de mucho cavilar, somos doce mujeres con ganas de trabajar para lograrlo. ¿Quieres saber quiénes somos?.