Presta atención. En tu entorno hay un putero

noviembre 13, 2018 en Doce Miradas

doce miradas

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”. Con esta frase, la activista dominicana Minerva Mirabal respondía a principios de la década de los 60 a quienes le advertían sobre su incipiente asesinato. El 25 de noviembre, Minerva, junto a sus hermanas Patria y María Teresa, fueron brutalmente asesinadas por orden del gobernante dominicano Rafael Trujillo, tras ser encarceladas, violadas y torturadas por enfrentarse al poder.

La fecha de su asesinato se eligió, a partir de 1981, como el  Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, un día de denuncia y protesta que honra, al mismo tiempo, la memoria de las hermanas Mirabal. De seguir vivas, Minerva, Patria y María Teresa, hoy en día, tendrían mucho por lo que seguir luchando. Un gran número de nuestros derechos siguen en peligro en un sistema que parece cada vez más embravecido con el plante que las mujeres venimos haciendo desde hace muchos años y que se vuelve peligroso a ojos de quienes siguen ostentando el poder. Es un rechazo natural; si tocas teclas que consiguen entonar melodías de cambio, las estructuras se retuercen y reaccionan.

La realidad es que una de cada tres mujeres sigue sufriendo violencia física o sexual. Sí, ya sé que estos datos, leídos una y otra vez, no nos mueven de la silla. Nos hacemos inmunes porque lo que vemos son números, no vemos a las personas. Aún así, no voy a dejar de lado que tres de cada cuatro mujeres víctimas de trata son utilizadas para la explotación sexual, alimentando así el comercio más trágico, perverso y provechoso del universo: el comercio de las personas. 

La prostitución es el segundo negocio que más dinero mueve en el mundo, un mundo en el que se prostituyen entre 40 y 42 millones de personas; un 90% son mujeres y niñas que tienen entre 13 y 25 años. El 62% de las mujeres fueron iniciadas en la prostitución siendo menores de edad y, en la mayoría de los casos, esas mujeres habían padecido violencias físicas antes de los 16 años. No es casual. “El sistema prostitucional”, dice Amelia Tiganus, integrante de Feminicidio.net y víctima de explotación sexual, “utiliza estos traumas de la infancia en su propio interés. Lo pude descubrir en mis carnes después de sufrir una violación múltiple a los 13 años. Me convirtieron en puta sin importarles que yo en realidad quisiera ser médica o profesora. Abandoné los estudios por no soportar toda aquella situación y aquel dolor. Las violaciones y la persecución se volvieron sistemáticas y yo, en la soledad y el abandono más absoluto, encontré la (falsa) solución el día que dejé de resistirme y me resigné”. 

La prostitución funciona con la lógica del mercado. El propósito de los mercaderes de personas es elevar la cuota e incrementar sus beneficios. Lo tienen fácil porque comprar una persona en el siglo XXI puede costar menos de 150 euros, mientras que explotarla durante un mes puede generar como mínimo 6.000 euros. Y, mientras tanto, los compradores de sexo mantienen la demanda de este mercado.

Se calcula que, en el Estado español, casi un 40 % de hombres han pagado alguna vez por tener sexo con una mujer. Sí, has leído bien; 40 de cada 100 hombres. Lo repito porque no quiero que nadie lea este dato sin echarse las manos a la cabeza o sentir un punzamiento en el alma. A pesar de que tres cuartas partes de los puteros opina que si una mujer se prostituye es porque, de algún modo, le obligan a hacerlo a través del uso de la fuerza, o a base de amenazas, consideran también que las mujeres obligadas a prostituirse son siempre las otras, no aquéllas que ellos compran.

Los datos hablan por sí solos. Presta atención, hay un putero en tu entorno, a tu derecha o a tu izquierda: un amigo, un compañero de trabajo, un hermano, alguien de la cuadrilla, un vecino, un marido o un padre. Son señores, de todas las edades y condiciones, depredadores de cuerpos de mujeres y niñas, cada vez más jóvenes, porque así lo demandan clientes que se creen con derecho a comprar el cuerpo de una mujer.

En esta lógica de mercado, toda mercancía necesita ser renovada, dando ritmo así a la abominable ‘ruta del 28”, cuya denominación proviene de la práctica de aprovechar el día 28 —cuando la mujer comienza a menstruar— para cambiarle de lugar, es decir, de prostíbulo. Así, la mercancía se mueve y los puteros pueden comprar nuevos cuerpos en sus visitas semanales. El cliente exige, el proxeneta provee. Los puteros no cambian de localidad, no cambian de hábitos, los puteros están entre nosotras, convivimos con ellos, son personas aparentemente normales, con parejas e hijos.

La alegalidad de la prostitución en el Estado español hace que se vea como un paraíso para los tratantes de esclavas sexuales, que incluso llegan a ser denominados empresarios por algunos medios de comunicación. ¡Qué desfachatez! ¿Empresarios de qué? Alrededor de 1.500 burdeles se camuflan como locales de hostelería para esclavizar y explotar sexual y diariamente a mujeres. ¿En serio se les puede llamar empresarios? Como decía María Puente en el artículo “El año en que once diplomáticos europeos fueron explotados sexualmente”,  legalizar la prostitución no es una postura progresista. Y continuaba diciendo algo que comparto al ciento por ciento: “En algún tiempo creí que era la mejor opción, pero ahora estoy convencida de que regular y legalizar la prostitución supone la institucionalización de esta forma de esclavitud”.

Leía hace unos días a Sonia Sánchez, también víctima de explotación sexual. Dejaba a las claras, en una sobrecogedora entrevista en la BBC, que “ninguna mujer nace para puta. Nos hacen putas, nos convierten en putas. El mismo hombre que te hace puta, en otro barrio es un marido y un padre”. Y sabe de lo que habla. El patriarcado, que impone las reglas del sistema económico que hace girar la Tierra, plantea el debate de la prostitución en términos de libertad de elección y de regulación laboral. Las propias víctimas dicen que, “las mujeres que ejercen la prostitución necesitan decirse que son ellas las que eligen, las que ponen el precio, las que son libres de entrar o salir cuando les apetece. Y se lo dicen para no sentir dolor, para negar la tortura de la que son víctimas”.

Lejos de ser una oportunidad profesional, o una mal llamada “vida alegre”, se trata de una de las muestras más bestiales de la desigualdad de género y del sufrimiento humano. La prostitución no es una profesión, es esclavitud. No existen empresarios, existes proxenetas y mafias que trafican con personas. No existen consumidores, existen puteros que demandan “carne fresca” para satisfacer sus caprichos. Y los tienes muy cerca.

 

 

Apostemos por la sororidad

noviembre 6, 2018 en Miradas invitadas

Arantza Echaniz Barrondo (Bilbao, 1968). Profesora de la Universidad de Deusto. Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales, con la tesis: «La situación de la mujer en la empresa. Hacia el liderazgo femenino. Caso de MCC». Asesora externa de la Comisión de Ética y Buen Gobierno del Ayuntamiento de Bilbao… Enamorada de la vida y de mi profesión. Amiga de mis amigos. Comprometida con hacer del mundo un lugar mejor.



Hace tiempo escribí una entrada en mi blog que llevaba por título “El peligro de la historia única”, que es el de una charla TED que dio la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en 2009. En dicha entrada llegaba a esta conclusión:

“La charla también me hacía pensar en la lucha feminista, en el patriarcado. Durante muchos, demasiados años la historia de las mujeres ha sido contada e interpretada por hombres. La voz de la mujer ha sido silenciada o minusvalorada… Todo cambio hacia la real igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres pasa por superar la historia única”.

El patriarcado está inscrito muy fuerte en nuestro ADN social. Una muestra de ello la podemos ver en el vídeo de BBC News Mundo (2018) en el que se propone el siguiente acertijo:

“Un padre y un hijo viajan en coche. Tienen un accidente grave, el padre muere y al hijo se lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia. Llaman a una eminencia médica pero cuando llega y ve al paciente dice: ‘No puedo operarlo, es mi hijo’.”

Como se explica en el vídeo incluso personas con mucha conciencia feminista no se plantean que la respuesta es que la eminencia médica es la madre debido a la “parcialidad implícita”, que tiene un origen cultural pero que se vuelve parte de un proceso automático. Yo misma cuando acabé mi tesis doctoral sobre el tema del liderazgo femenino llegaba a la conclusión de que, en gran medida, estaba alienada. Ir contra los “mandatos sociales” exige estar muy alerta, a sabiendas de que algunas veces no caerás en la cuenta y reproducirás los mecanismos que perpetúan las diferencias.

Recientemente he leído un nuevo artículo de Adichie (2018), cuyo título es: “El silencio es un lujo que no podemos permitirnos“. En él invita a la valentía, a romper el silencio, a ir en contra de lo establecido y luchar por la justicia. “Es la hora de la valentía, que no es la ausencia de miedo sino la decisión de actuar a pesar de tenerlo (…) Esa experiencia [una relacionada con una visita a la iglesia de su niñez en la que se habían dado pasos hacia atrás] me hizo abandonar mi idea boba y romántica de que ‘hablar claro’ va unido a la certeza de un apoyo generalizado. Pero me aclaró la importancia de hablar de lo que importa: no se debe hablar porque uno esté seguro de que le van a apoyar, sino porque no puede permitirse el silencio (…). Mi responsabilidad como ciudadana es la verdad y la justicia”. Las mujeres tenemos que unirnos y dar a conocer nuestra voz. Y más cuando, como dice Adichie (2018), “sabemos por las investigaciones que las mujeres leen libros escritos por hombres y por mujeres, pero los hombres leen libros escritos por hombres”. Los relatos de las mujeres son para todas las personas porque hablan de la humanidad. Como decía Mao Zedong, “Las mujeres sostienen la mitad del cielo, porque con la otra mano sostienen la mitad del mundo”.

Dar a conocer nuestra voz pasa por reconocer las discriminaciones múltiples y la necesidad de una aproximación interseccional. “Considerar además del género, otras desigualdades exige pasar de un enfoque unitario a un enfoque que ha de integrar desigualdades múltiples que incluyen primero la raza y la clase social, luego en lugar de la clase social lo harán la edad, la religión o creencia, la discapacidad y la orientación sexual” (Expósito, 2012, 207). No se trata de dar a conocer la voz de la mujer sino las voces de las mujeres, que son muchas y muy diversas en función de las mencionadas discriminaciones múltiples.

Y una de las mejores vías para hacerlo es a través del ejercicio de la sororidad, entendida como “una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer” (Lagarde, 2006, 126). En definitiva son pactos entre mujeres a favor de mujeres y para hacer del mundo un lugar mejor para todas las personas.

Apostemos por la sororidad. Como dice Burgos (2018), en lugar de seguir el “mandato” y competir con cada mujer con la que te cruces, “decide ser su igual, su hermana, su amiga, su aliada. Decide sustituir la envidia por admiración, las críticas por apoyo, la lucha por amor”.

Referencias:

  • Adichie, Chimamanda N. (2009, julio). Chimamanda Adichie: El peligro de la historia única. [Archivo de vídeo]. Recuperado de: https://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story?language=es
  • Adichie, Chimamanda N. (2018, 26 de octubre). El silencio es un lujo que no podemos permitirnos. El País. Recuperado de: https://elpais.com/cultura/2018/10/26/babelia/1540567059_956054.html
  • BBC News Mundo (2018, 8 de marzo). El acertijo que puede mostrarte algo de ti mismo que quizás no sabías [Archivo de vídeo]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM
  • Burgos, S. [SandraBurgos 30K] (2018, 30 de enero). Querida Eva… (Carta A La Sororidad, Carta A Una Mujer). Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=ibmG8dlApRw
    Expósito Molina, C. (2012). ¿Qué es eso de la interseccionalidad? Aproximación al tratamiento de la diversidad desde la perspectiva de género en España. Investigaciones Feministas, 3, 203-222
  • Lagarde, M. (2006). Pacto entre mujeres. Sororidad. Aportes para el debate, 123-135. Ponencia para la Coordinadora Española para el lobby europeo de mujeres. Recuperado de: https://www.asociacionag.org.ar/pdfaportes/25/09.pdf