Y ahora toca el turno de los hombres

febrero 23, 2016 en Miradas invitadas

Teresa LaespadaMª Teresa Laespada Martínez. Soy nacida en Bilbao, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología y Doctora en Sociología por la Universidad de Deusto. En la actualidad, Diputada Foral de Empleo, Inclusión Social e Igualdad en Bizkaia, cargo al que accedí en julio de 2015. Profesora titular de Psicología y Educación, investigadora, directora del Instituto Deusto de Drogodependencias y coordinadora de su master. También he sido parlamentaria vasca con orgullo. Soy un conjunto de mucho y de nada concreto: de vocación profesora, de pasión política, de corazón feminista.

1. El costoso camino hacia la igualdad.

Las mujeres hemos realizado un largo y costoso recorrido. Generaciones de mujeres anónimas que nos precedieron realizaron una lucha titánica, con un esfuerzo y coste personal imposible de recompensar, y, gracias a ellas, nosotras disfrutamos de derechos iguales y de algunos logros sociales. Aunque debemos recordar que el camino sigue siendo largo y costoso.

Olimpia de Gouges, a Flora Tristán, a Clara Campoamor, a Lidia Falcón, a Rosa de Luxemburgo, Virginia Wolf, Mary Wollstonecraft, Susan Anthony, Simone de Beauvoir… sí, muchas, muchísimas mujeres feministas, sin olvidarnos de otras que, sin tener posibilidad de formarse o no habiendo hecho un solo acto de reivindicación feminista, sí han hecho posible que sus hijas y nietas vayan a la universidad, logrando hoy en este país niveles educativos equivalentes a sus coetáneos varones.

El avance en España es más espectacular, si cabe. Sólo durante el breve periodo de la República, el movimiento feminista adquirió fuerza y pudo llevar al Congreso de los Diputados a dos mujeres que protagonizaron el debate más apasionante habido en el hemiciclo: Clara Campoamor y Victoria Kent, desde posiciones de izquierdas y feministas, sostuvieron opciones contrarias al derecho al voto de las mujeres.
Posteriormente llegó la oscuridad del franquismo; décadas que ensombrecieron e invisibilizaron la figura de la mujer en el espacio público. Mientras los movimientos feministas adquirían fuerza en la Europa de la postguerra, las mujeres españolas vivían sumisas bajo la tutela de varones. Por poner un ejemplo, hasta 1975 las mujeres no tenían derecho a tener una cuenta corriente a su nombre y poder manejarla en el sistema bancario. Las mujeres precisaban la firma de un varón para poder acceder a sus derechos. Podían trabajar, no manejar su dinero. Tremendo.

Sin embargo, finalizado el franquismo, España adquirió en pocos años una conciencia social sobre las libertades individuales y los derechos de ciudadanía. Fueron sucesivos gobiernos socialistas los que aprobaron leyes tan importantes como la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo (1985) o crearon en 1983 el Instituto de la Mujer, que confirió rango institucional a la lucha por la igualdad de mujeres y hombres y derivó en el nombramiento dentro de las distintas administraciones de concejalías y responsables de igualdad.

En pocos años se construyó en el imaginario social la incuestionabilidad de la igualdad en los derechos de hombres y mujeres. Pero si bien ese avance se produjo en muy pocos años, no es menos cierto que a continuación el ritmo de progreso no ha sido el mismo de los primeros años de democracia. Me atrevería a decir que, si bien no hemos perdido ninguno de los derechos adquiridos, sí hemos perdido el interés en la lucha por la igualdad y, lo que es preocupante, hemos ralentizado la conquista de espacios de igualdad: las nuevas corrientes neomachistas nos hacen volver a repensar el modo de dar impulso a una sociedad más igualitaria y justa. Cuando se oye hablar de denuncias falsas por violencia machista o cuando se oye decir lo injusto que supone el pago por parte de los hombres de las pensiones compensatorias y las alimenticias por la guarda de hijos e hijas en casos de divorcios, no son sino la punta del iceberg de un machismo que aún no hemos logrado desterrar y que, mucho me temo, está tomando posiciones peligrosamente amplias en algunos sectores poblacionales.

2. Y sin embargo, tenemos techos de cristal.

La igualdad en muchos casos es más de posicionamiento que de actos y hechos reales que permitan situar a las mujeres en perfecta igualdad de condiciones. Es más ‘postureo’ que realidad, aceptando la nueva terminología al uso.

Más allá de los usos del lenguaje tan necesarios para que la presencia de las mujeres pueda visibilizarse, no podemos quedarnos en la utilización de un lenguaje manifiesto para las mujeres, puesto que corremos el riesgo de la banalización de los gestos que desde la igualdad pretende realizar.

El papel invisible de las mujeres en la escena pública…

Las mujeres han sido invisibilizadas sistemáticamente. Las relaciones sociales estaban diseñadas para que las mujeres fueran mujeres de su casa. Los espacios comunes de socialización de las mujeres, donde se produce esa socialización entre iguales, fueron reducidos a muy pocos lugares, para que cada una tuviera mucho que ocuparse, pero “de lo suyo”. El objetivo final parecía claro: no era bueno que las mujeres estuvieran relacionadas entre ellas. La cultura ha presentado tradicionalmente a la mujer como el peor enemigo de otra mujer; la rival, la que no le va a aconsejar bien, la que le desea el mal… todo ello siempre aparece revestido de mujer (Llorente, 2006). Mitos o estereotipos extendidos y que las mismas mujeres usaron han sido, son y serán los mejores aliados micromachistas para mantener la invisibilización de las mujeres o la ausencia de alianzas entre mujeres. La sentencia que dice que “La mayor enemiga de una mujer es otra mujer” ha sido repetida por generaciones sin base argumental alguna.

Y, claro, si dividimos la vida social en la esfera pública y la privada y atribuimos a la esfera pública el éxito, el esfuerzo, el riesgo, la valentía; y a lo privado los valores de la seguridad, la comodidad, la protección, la invisibilidad… Y si las mujeres son relegadas al espacio privado y los hombres tienen acceso a lo público, hemos cerrado el círculo de la invisibilidad.

Cuando una mujer se muestra públicamente con todo su potencial, no dejan de salir detractores de la misma, buscando sus puntos débiles para someterle al juicio público, especialmente si el papel de las mujeres es político, económico o social. No podemos olvidarnos de lo que recientemente hemos vivido en la escena política. Mujeres políticas que, por el hecho de serlo, son cuestionadas por su aspecto físico (las políticas de las CUP) o por su forma de vestir (Inés Arrimadas de C´s). Las mujeres en la escena pública deben guardar formas y modos que no se les exigen a los hombres y eso lastra la igualdad.

Pero tampoco podemos olvidarnos que hay cadenas de televisión que, por muy progresistas que se tilden, utilizan la imagen de la mujer como reclamo para su cadena. Presentadoras jóvenes, con una imagen impecable, sujeta a los cánones de belleza que son encumbrados y que nadie parece criticar con fuerza desde la izquierda.

La vida cotidiana de las mujeres está jalonada de miles de micromachismos diarios que van desempeñando papeles y perfiles de socialización inconsciente de la sumisión femenina. Estos sistemas educativos y socializadores son los tradicionales (escuela o familia) y los menos formales, pero no menos importantes (medios de comunicación, las redes sociales, los amigos e iguales, la música, el ocio…).

Y no olvidemos que…

Las mujeres ganan un 23,9% menos que los hombres, según refleja un reciente informe presentado por UGT. Somos las grandes perjudicadas de la crisis económica actual porque la brecha salarial se ha incrementado. Somos las mujeres las que, en mayor medida que los hombres, cogemos reducciones de jornadas y conciliamos nuestra vida familiar y laboral como si la historia no fuera con ellos.

Y, sin embargo, nadie duda hoy en día de la capacidad de las mujeres para desempeñar todo tipo de trabajos y desempeños profesionales. Las mujeres han salido del hogar y se han incorporado al mercado laboral con una carga enorme por compatibilizar su desempeño laboral con los cuidados familiares de lo que no se han desprendido.

Es cierto que las nuevas generaciones de padres jóvenes, y no todos, asumen con mayor naturalidad y peso sus responsabilidades paternas, pero aún queda mucho por construir. Sin embargo, donde apenas se han incorporado es en el cuidado de los padres y madres dependientes. Ésta sigue siendo una tarea reservada casi en exclusiva para las mujeres, hijas, esposas, sobrinas, hermanas…

3. Toca el turno a los hombres.

La falta de conciencia e implicación de los hombres en las cuestiones relacionadas con la Igualdad es palmaria. Es como si esto de la Igualdad fuera “cosa de mujeres”, como si esto de la violencia de género también fuera “cosa de mujeres y sus reivindicaciones”. Nos han dejado solas con la pancarta reivindicativa de los derechos de todas y de todos.

No vamos a avanzar en igualdad si los hombres no toman dos decisiones fundamentales: ceder el espacio público robado a las mujeres y permitir una visibilidad pública de las mujeres en igualdad de condiciones y cambiar su perfil hacia una nueva masculinidad que nos acompañe generacionalmente a las mujeres que ya hemos cambiado y estamos en condiciones de crear sociedades igualitarias en dimensión de género. El perfil de masculinidad aguerrida, confrontadora, viril y dominadora, no vale ni de lejos para las generaciones de mujeres actuales. Me atrevería a decir que hace mucho que no vale ya y de ahí que las tensiones violentas y la agresión machista se siga produciendo.

Masculinidades. Imagen de Miguel Rivera (CC by-nc-nd).

Masculinidades. Imagen de Miguel Rivera (CC by-nc-nd).

La igualdad es un valor de con­vivencia y un derecho humano pero es que, además, enriquece a ambos, enriquece a las mujeres, naturalmente, pero enriquece a los hombres, sin ninguna duda.

Ser un hombre más igualitario supone asumir mayores responsabilidades hacia el cuidado de las demás personas, pero también de uno mismo; aumenta la autoestima, la empatía; favorece el crecimiento per­sonal, y aumenta la calidad en las relaciones, tanto con las mujeres como con otros hombres, entre otras ventajas. Supone ampliar las miradas y perfiles, saliéndose de su constreñido rol de una masculinidad muy estereotipada y relacionada con la fuerza, la conquista, la protección, la virilidad, más propia de épocas guerreras que de la era del conocimiento en la que vivimos.

Los países más igualitarios o con mayores logros respecto a la igualdad de hombre y mujeres, se desarro­llan más y aumenta la calidad de vida de las personas. Ello se debe a que la igualdad es una herramienta de bienestar frente al lastre económico y cultural que suponen la exclusión y la marginación.

En el proceso de construcción de una sociedad igualitaria entre mujeres y hombres hay que deconstruir modelos que no sirven y reelaborar modelos más igualitarios. La base se halla en desaprender el camino del hombre guerrero y luchador, para asumir el perfil de hombre cuidador, empático donde la ternura tiene cabida, también entre ellos. De ello hablamos cuando hablamos de nuevas masculinidades. Hombres que desarrollen su capacidad afectiva y empática, que sepan dar cabida a las mujeres sustrayéndose de visibilizarse allí donde las mujeres deban estar en igualdad, rechazando entrar en micromachismos, comentarios, bromas o actitudes segregadoras y desigualitarias con las mujeres o con el feminismo, juzgando con dureza a sus congéneres varones que reproduzcan ese modelo, defendiendo con contundencia los derechos igualitarios porque el neomachismo que justifica la desigualdad acecha en comentarios entre hombres, en sus espacios masculinizados entre chanzas y gracietas.

A modo de guía sobre cómo actuar, tomo algunas notas de una publicación realizada por Emakunde en 2008. Algunos ejes sobre los que los hombres deben comenzar a trabajar:

  • El compromiso de los hombres con el cambio personal (expresión de afectos, gestión de la frustración, vivencia de la sexualidad, compromiso contra la homofobia…).
  • La lucha activa contra la violencia hacia las mujeres y la discriminación por razones de género. La lucha contra la violencia machista debe ser una cuestión de Estado, una cuestión que trascienda al ámbito privado y doméstico para convertirse en una lucha contra una desigualdad brutal.
  • Asumir de forma igualitaria de nuestra responsabilidad en el cuidado de las personas.
  • El apoyo, impulso y visibilización de modelos positivos de masculinidad (hombres cui­dadores, pacíficos, sensibles…).
  • El compromiso de los hombres con el cambio en el ámbito público (generar una masa crítica de hombres a favor de la igualdad, defender estrategias de conciliación y favorecerlas, renun­ciar a espacios de poder para que sean ocupados por mujeres, propuesta de cambios legislativos…).

En definitiva, toca que ellos acompasen su rol al nuestro. Toca que sean los hombres quienes asuman la parte de responsabilidad que les corresponde para que una reunión de altos directivos de empresas, por ejemplo, no siga siendo vergonzantemente masculina y uniforme (más del 90%) y comience a verse una presencia de mujeres igual a la que corresponde en nuestro 50%.

Ocho resistencias al lenguaje igualitario

febrero 16, 2016 en Doce Miradas

Este artículo es una transcripción aproximada y actualizada de la charla que ofrecí en Portugalete el 25 de noviembre de 2014 con motivo de sus XIV Jornadas de Igualdad.

Y, aunque intentaré no hacerlo, seguro que repetiré alguna de las ideas ya expresadas en el artículo “Lengua, sexismo y mi día a día en todo esto” publicado en este mismo blog el 4 de junio de 2013.

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Las recomendaciones para un lenguaje igualitario tienen ya cierta historia. Hace tiempo que empezaron a formularse. No me voy a remontar a lo primero que se publicó, sino a lo primero que yo leí sobre el asunto, que fue el Manual de estilo del lenguaje administrativo que en 1991 (¡1991!) publicó el antiguo Ministerio para las Administraciones Públicas de España.

El librito, muy recomendable y aplicable aún hoy en día, incluía a partir de su página 155 un capítulo titulado “Uso no sexista del lenguaje administrativo”, que, como os digo, fue la primera batería de recomendaciones de esta índole con la que me tropecé en mi vida.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Han sido unos cuantos años en los que, entre otras cosas, me he dedicado a recopilar estas recomendaciones, a estudiarlas, a aplicarlas y a hacerlas aplicar. Comprenderéis, pues, que durante este tiempo he observado muchas reacciones, no todas amigables, y las he englobado en ocho apartados, según los cuales el lenguaje igualitario…

1.- No es importante

Es esta una reacción muy común, quizás la más común y extendida. Se formula así:
‹‹¿Es que no hay otra cosa más importante en la que fijarse que en esa pijada de los vascos y las vascas?›› Pues seguro que sí, seguro que hay cosas más importantes en el mundo, pero yo soy lingüista, para mí el lenguaje es importante, me da de comer y ha sido mi pasión desde siempre. Y como siempre he tenido cierta conciencia feminista, sería yo una lingüista de pacotilla y una feminista de pacotilla si no juntara ambos terrenos y no incorporara la igualdad al lenguaje y el lenguaje a la igualdad.

Para mí la lengua no es despreciable, no es insignificante. Además, si quiero trabajar por la igualdad, tendré que hacerlo también en mi terreno, también en mi casa, y mi terreno y mi casa están aquí, son estos, los artículos, los morfemas y la estilística, aunque a alguien le pueda parecer fútil e irrelevante. Aquí tengo que emplearme. No solo aquí, pero sobre todo aquí.

2.- Mezcla consideraciones lingüísticas con extralingüísticas

Tiene razón. Es así, las recomendaciones para un lenguaje igualitario mezclan lo lingüístico con lo extralingüístico porque no puede ser de otra manera, porque el lenguaje no está fuera del mundo, no está nunca separado del mundo, ni de la realidad a la que se refiere, ni del orden social ni de nuestras ideas, imágenes ni construcciones mentales. Todos esos órdenes interactúan continuamente.

El lenguaje organiza el mundo, lo jerarquiza, lo clasifica, lo refleja y lo recrea. Por tanto, si nuestro pensamiento es igualitario, nuestro lenguaje también debe serlo, si es que queremos que lo refleje fielmente.

Así que desde ahora aviso: en este artículo me estaré saliendo continuamente de lo estrictamente lingüístico, exactamente igual que otras y otros insignes lingüistas que citaré, empezando por Ignacio Bosque, de la Real Academia Española, en su conocidísimo artículo Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer.

Citaré una y otra vez este artículo de Bosque porque me ha ahorrado mucho el trabajo, ya que es un buen compendio de todas las resistencias, o casi todas, que mencionaré.

3.- Es artificial

El lenguaje igualitario es supuestamente forzado, está alejado del lenguaje común, no tiene aplicación posible en la lengua cotidiana. Así lo expresa Ignacio Bosque en su artículo:

Si se aplicaran las directrices propuestas en estas guías en sus términos más estrictos, no se podría hablar.

En efecto, el lenguaje igualitario no tiene mucho que ver con nuestra habla de todos los días, porque pertenece a un registro lingüístico especial.

¿Qué son los registros lingüísticos? Son variables contextuales y sociolingüísticas del lenguaje; así, existe un registro formal y otro informal, e incluso vulgar; existe el lenguaje administrativo-jurídico, existe el registro oratorio que utilizamos en discursos y conferencias…

Para entendernos, pensad sin más que no escribimos igual un mensaje de Whatsapp y un decreto, que no hablamos igual por teléfono con una amiga y frente a un auditorio. Para cada situación utilizamos diferentes registros lingüísticos. El lenguaje igualitario pertenece a los registros formales: al lenguaje administrativo-jurídico, porque la Administración es de todas y todos, y al oral propio de los discursos y conferencias, porque hay que tener en consideración a todo el auditorio.

Entonces, sí, de acuerdo, el lenguaje igualitario es artificial; el lenguaje en sí, todo lenguaje, como toda creación humana, es artificial.

4.- Es agramatical

Esta objeción, quizás la más socorrida, también está, por supuesto, en el artículo de Ignacio Bosque:

En los últimos años se han publicado en España numerosas guías de lenguaje no sexista. (…) contienen recomendaciones que contravienen no solo normas de la Real Academia Española y la Asociación de Academias, sino también de varias gramáticas normativas.(…) En ciertos casos, las propuestas de las guías de lenguaje no sexista conculcan aspectos gramaticales o léxicos firmemente asentados en nuestro sistema lingüístico.

Bien. Vamos a jugar un poco a las preguntas y las respuestas. Pregunta: ¿esta frase es gramaticalmente correcta?

A tu hermano le vi el otro día muy elegante.

Respuesta: es correcta, pero no siempre lo ha sido, porque hubo un tiempo en el que el leísmo era una incorrección gramatical. Pero ¿qué pasó? Que la supuesta incorrección se extendió tanto que la Academia acabó por admitir el leísmo cuando el objeto directo se refiere a una persona y es singular.

Con esto simplemente quiero decir que las incorrecciones no son inamovibles y que si un determinado uso del lenguaje, por mucho que contravenga normas o conculque la gramática, se extiende masivamente, la Academia se rendirá ante la evidencia y acabará por admitirlo.

5.- Suena mal

Estas objeciones las he oído yo con mis propias orejas: “Médica suena mal”. “No me gusta abogada: tiene demasiadas aes”. “Yo no soy arquitecta; soy arquitecto”.

Y no solo las he oído; también las he leído, nada más y nada menos que a don Valentín García Yebra, insigne traductor y traductólogo de quien he aprendido muchísimo. Por eso me duele tanto leerle clamar contra la voz “jueza”, de la siguiente manera:

No hay ningún motivo para añadir a juez la a feminizante. (…) Tal adición innecesaria rebaja y vulgariza una palabra tan noble.

Entonces, ¿una a reduce la categoría de una palabra? ¿No está aquí haciendo el señor García Yebra lo que el señor Bosque reprocha a los tratados de lenguaje igualitario; es decir, obtener una conclusión extralingüística de un hecho lingüístico? Sí. Eso es lo que está haciendo. Porque lo que rebaja no es el fonema, el sonido, la vocal a. Lo que rebaja es el femenino. Y por eso algunas abogadas, algunas médicas, prefieren ser médicos y abogados, porque ser médico es mejor que ser médica y ser abogado es mejor que ser abogada.

6.- Es confuso e impreciso

Se supone que tenemos que decir de una mujer que es “la técnico de Urbanismo”, y no “la técnica”, porque corremos el riesgo de confundir a la “persona que posee los conocimientos especiales de una ciencia o arte” con el “conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una ciencia o un arte”.

Podríamos utilizar el mismo argumento para recomendar no decir de un hombre que es basurero, porque corremos el riesgo de confundir a la “persona que tiene por oficio recoger basura” con el sitio en donde se arroja y amontona. Pero nadie ha formulado nunca esta última recomendación, porque nunca nadie ha confundido a un señor que recoge basura con el sitio a donde la transporta: el contexto es suficiente para marcar la diferencia. Exactamente lo mismo sucede con ‘técnica’.

Ignacio Bosque argumenta también en su artículo que “la niñez” no equivale a “los niños y las niñas” y que recomendar su uso en sustitución del masculino plurar supone “prescindir de los matices” y “anular (…) diferencias sintácticas o léxicas”.

De acuerdo otra vez con el señor Bosque, pero añado: utilizar “los niños” en lugar de “los niños y las niñas” también es confuso e impreciso, porque, como “los niños” puede referirse tanto a solo varones como a varones y mujeres, es ambiguo.

Al masculino genérico seguiremos dándole vueltas en los siguientes apartados.

7.- Es pesado

Estar todo el rato doblando, -os, -as, o repitiendo (los, las) es un engorro, una pesadez. Estoy de acuerdo: el lenguaje igualitario sería muy pesado si se limitara a eso. Pero no es así.

Quien pone estas objeciones no se ha molestado en leer entera una publicación de recomendaciones, porque si se la hubiera leído entera, habría llegado a la parte en la que se expresa que la lengua tiene recursos suficientes, inagotables diría yo, para evitar la pesadez. Habría descubierto que el lenguaje inclusivo no se limita al los/las.

En jerga lingüística, cuando algo resulta pesado, engorroso o costoso, se dice que es antieconómico. El término economía lingüística, acuñado por André Martinet, designa a uno de los principales mecanismos de la evolución de las lenguas. En el lenguaje, como en cualquier actividad humana, existe una tendencia natural a tratar de minimizar el esfuerzo, lo que se manifiesta en maneras de abreviar, acortar o simplificar la forma de transmitir una información.

Pero, como también añadía Martinet, a menudo se presentan disyuntivas a la economía; es decir, a veces hay que elegir entre la economía y otra cosa; por ejemplo, entre la economía y la comunicabilidad. Así, por ejemplo, si yo quiero dar importancia a la economía lingüística, diré bodymilk; pero si quiero que me entiendan, es decir, si quiero comunicar, quizás deba decir crema hidratante corporal.

Pondré otro ejemplo. Si lo que me importa es la economía, diré chicos, pero si me interesa más la precisión, quizás utilice chicas y chicos.

Cuando se quiere dejar algo muy claro, nos tomamos un tiempo para ello. Así, merece la pena nombrar a las mujeres, merece la pena decir que nos dirigimos a ellas, que pensamos en ellas cuando hablamos. Si es importante, se impone a la economía.

8.- Es innecesario

Esta es la objeción principal de la RAE: no necesitamos expresar el femenino porque el masculino ya nos incluye y, de hecho, muchas mujeres nos sentimos incluidas.

Una vez más la RAE tiene razón: nos sentimos incluidas. Yo misma me siento incluida cuando leo “los lingüistas” o “los traductores”. Pero no siempre lo estoy, porque los masculinos no siempre nos incluyen; en muchas ocasiones ni siquiera sabemos si nos incluyen o no; y lo que es peor: a veces creemos que estamos incluidas y no lo estamos.

Por ejemplo, a mí me enseñaron en la escuela que el lema de la Revolución Francesa era “Libertad, igualdad, fraternidad” y que fue entonces cuando se instauró el sufragio universal. Yo siempre me sentí incluida en esa “fraternidad” y en esa ”universalidad”, pero más tarde supe que el universo revolucionario no incluía a las mujeres, pues no pudieron ejercer su derecho al sufragio en Francia ¡hasta 1944!

También supe que la palabra “fraternidad” viene del latín “frater”, que significa ‘hermano’, pero ‘hermano varón’; es decir, “frater” no incluye a las hermanas. ‘Hermana’ en latín es ‘soror’. De ahí viene nuestra ‘sororidad’.

De este hecho lingüístico extraigo una consecuencia extralingüística: la sobrerrepresentación masculina y la infrarrepresentación femenina.

Los hombres, gracias al masculino plural, están sobrerrepresentados; siempre están nombrados, figuran en todas partes, en todos los ámbitos, lo hacen todo. Son capaces de hacerlo todo. Se ven y se sienten capaces de hacerlo todo.

A nosotras, en cambio, el masculino plural presuntamente genérico no nos representa del todo; nos infrarrepresenta; no figuramos, no aparecemos, no estamos y, en consecuencia, no nos vemos, no nos imaginamos a nosostras mismas en muchos ámbitos. Deducimos, pues, que esos ámbitos no nos corresponden, no son nuestro sitio, no debemos estar ahí.

ocho 2

Fotografía de Asun Martínez Ezketa

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Expuestas ya mis ocho resistencias, para terminar, solo me queda expresar un agradecimiento especial a todas las personas que, con mejor o peor intención, durante todos estos años me han repetido frases como estas:

Menuda memez, no habrá cosas más importantes de las que ocuparse, la mayor chorrada, así no se puede hablar, una tontada, una ridiculez, no es asunto de lingüistas serios, comete excesos, semejante payasada, contiene errores de bulto, atenta contra el sistema mismo de la lengua, yo así no hablaré en mi vida, busca la confrontación, es fruto de una neurosis obsesiva…

Sin su inestimable ayuda, este artículo no habría sido posible. Gracias, pues, de corazón.

Los púlpitos de Seneca Falls

febrero 9, 2016 en Miradas invitadas

IMG_0139_Felix Arrieta Frutos (@pelikleta), Donostia, 1982. Soy politólogo y también y casi a la par, desde mi perspectiva cristiana de base, militante de lo social. Me interesan los procesos de políticas públicas, y el análisis electoral. Soy profesor en el Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Deusto, en Donostia y desde hace poquito, salseo también en @deustoforum #Gipuzkoa.

Hace ya 168 años que se aprobó la Declaración de Seneca Falls. Mirando desde nuestra perspectiva actual parece lejos, muy lejos, el momento en que las mujeres pedían el derecho al voto, o poder participar en la comunidad en clave de igualdad respecto al hombre. Pero esa realidad, tantos años después, es mucho más cercana de lo que nos pudiera parecer.

Comienzo a escribir este post una mañana lluviosa de principios de febrero. Siento, para qué negarlo, una gran responsabilidad al escribir para este blog que transciende a su propia comunidad y que transporta sus reflexiones en torno a la igualdad mucho más allá que a un espacio físico, contribuyendo así a modificar el imaginario colectivo.

Pues bien, esta mañana de febrero, mientras llueve y recién emprendida la Capitalidad Cultural Europea de Donostia 2016, parece que, a priori, las claves para interpretar la realidad que nos rodea debieran ser muy diferentes a las de épocas precedentes. Sin embargo, hay cuestiones que, a pesar de haber evolucionado en lo normativo, tienen todavía un largo recorrido que hacer en lo social. Y en las actitudes de cada persona que contribuye a construir esa sociedad que bebe todavía en demasiadas ocasiones de apriorismos y estereotipos que poco ayudan a dibujar una nueva realidad.

Puestos a pensar, se han producido muchísimos avances en el reconocimiento de derechos civiles y políticos desde hace más de 100 años hasta hoy y efectivamente, hay voces autorizadas, muchas, que afirman que en la esfera pública y social esto es realmente así, aunque quede todavía camino por recorrer en el ámbito privado y en su regulación.

Y efectivamente se han producido avances. En nuestro entorno más cercano la Ley para la igualdad entre hombres y mujeres, aprobada en 2005, ha permitido que en las esferas de representación, las cifras vayan igualándose poco a poco. Esto ha hecho que, según los datos del último DeustoBarómetro, un porcentaje mayoritario de hombres (42%) y un porcentaje significativamente menor de mujeres (33%) piense que éstas han accedido ya a los espacios de poder económico y social. Sin embargo, son más (51% en el caso de los hombres y 55% en el caso de las mujeres) las personas que piensan que no han accedido a dichos espacios aunque discrepan sobre la fórmula para acceder a los mismos. Son, sumadas ambas posiciones, mayoría, y reflejan la situación real que experimentamos en nuestra sociedad en este comienzo de 2016.

Y éste es uno de los frentes en el que más hay que incidir: en el sueño de la falsa igualdad. En la conciencia colectiva que comienza a ser general, de que la igualdad es un valor ya conseguido que ahora sólo queda poner en valor. Pues digámoslo claramente: esto no es cierto. La igualdad entre mujeres y hombres ni existe, ni se ha conseguido.

Y esto es así, porque siguen sucediendo a día de hoy, situaciones que distan mucho de ser aceptables.

  • Como por ejemplo la niña que al escuchar que su hermano quiere ser arquitecto de mayor afirme que eso no es posible en su caso precisamente por eso, por ser una niña.
  • O el estudiante que planteándose ir a la universidad deja de escoger una carrera porque entiende que no sólo es una profesión feminizada, sino que además pertenece a las mujeres.
  • O la persona joven que defiende la tradición de un acto social, a pesar de que éste sea claramente discriminante para las mujeres.
  • O los amigos que se encuentran unos años después de acabados los estudios y comprueban cómo ella gana todavía menos que él.

Son ejemplos reales (y frecuentes) de mi vida cotidiana. Realidades que tienen que ver, por ejemplo, con la percepción que tenemos sobre el cuidado. Y sobre quién tiene que realizarlo. Con cómo entendemos que tiene que producirse el cambio social y lo que las tradiciones suponen (o suponían) y su permanente actualización. Percepciones a las que no son ajenos los medios de comunicación, y la imagen que nos transmiten, nosotros mismos, con la que damos en redes sociales o las instituciones, en su más amplia definición, que transmiten y perpetúan el modelo patriarcal.

Pero es, por encima de las instituciones, sobre todo un debate que nos interpela. Nos interpela como personas comprometidas con la realidad que nos rodea. Nos interpela, como bien apuntan en este blog las doce miradas, a denunciar todo aquello que quiera ahondar en esa injusticia. Y en este momento de incertidumbre política, con un escenario absolutamente desconocido en el que el Parlamento parece va a tener un papel más activo que nunca, es necesario reivindicar esta necesidad de alerta y denuncia permanente. Una necesidad que debemos hacer nuestra.

En Seneca Falls, hace 168 años, decidieron ‘que la rapidez y el éxito de nuestra causa depende del celo y de los esfuerzos, tanto de los hombres como de las mujeres, para derribar el monopolio de los púlpitos y para conseguir que la mujer participe equitativamente en los diferentes oficios, profesiones y negocios’. Hoy, no son sólo los púlpitos de la iglesia aquellos cuyos monopolios es necesario derribar. Pero son los esfuerzos de hombres y mujeres, conjuntamente, los que ayudarán a derribarlos.

Eskerrik asko @DoceMiradas por vuestro trabajo constante. Que sigamos sumando a muchos más.

#MatemáticasGenéricas

febrero 2, 2016 en Doce Miradas

Porque a estas alturas del partido ya sabemos que uno más uno no son dos, o al menos no son sólo dos. E incluso a veces, 1+1 no suma sino le resta a alguno de los elementos (personas) de la ecuación.

Pues en estas ando. Volviendo a lo básico. A las matemáticas más genéricas. Aquellas que quieren dibujar sumas positivas. Restas que nos hagan crecer y ser más. Divisiones que hablan de repartir, de compartir y de multiplicar. Y multiplicaciones que nos lleven a cambios reales.

Así que hoy dejo las palabras aparcadas, y os ofrezco dos cosas. Una, mi mirada, que pretende (re)crear las #Matemáticas Genéricas. Dos, una invitación, a seguir sumando(nos) y ofrecer nuestras propias sumas, restas, multiplicaciones, divisiones, quizás alguna integral (si alguien se acuerda de cómo se hacían… ¡yo, ni idea!), y quién sabe si una raíz cuadrada.

#MatemáticasGenéricas. Yo+mis mil maneras de mover el corazón, de sentir... sin recetas ni fórmulas perfectas=¡Esa soy yo!

#MatemáticasGenéricas. Yo+mis mil maneras de mover el corazón, de sentir… sin recetas ni fórmulas perfectas=¡Esa soy yo! (porque no hay una única manera de ser mujer, ni de realizarse, ni de ser completa, ni de amar, ni de crecer…). #MatemáticasGenéricas

Yo+una media naranja=al riiico txupito de zumito de naranja y ¡¡brindo por tí!! #MatemáticasGenéricas

Yo+mi media naranja=al riiico txupito de zumito de naranja y ¡¡brindo por tí!! #MatemáticasGenéricas

Mujeres+oportunidades+educación+Decisión&decisiones+gafitas moradas para mirar la realidad+tener la posibilidad de Vivir (con dignidad)-los techos de cristal=¡¡Vamos P´alante!!

Mujeres+oportunidades+educación+Decisión&decisiones+gafitas moradas para mirar la realidad+tener la posibilidad de Vivir (con dignidad)-los techos de cristal=¡¡Vamos P´alante!! #MatemáticasGenéricas #TechosdeCristal

Si cuidamos más, si nos cuidamos más, si nos dejamos cuidar más... y si dividimos esos cuidados y esos cuidarnos y esos cuidarles también entre todos (las todas ya están un poco más en ello)= la ternura habitará el corazón del mundo.

Si cuidamos más, si nos cuidamos más, si nos dejamos cuidar más… y si dividimos esos cuidados y esos cuidarnos y esos cuidarles también entre todos (las todas ya están un poco más en ello)= la ternura habitará el corazón del mundo. #MatemáticasGenéricas #Cuidados

#MatemáticasGenéricas

A más oportunidad(es), trabajo, salarios equitativos , cuidados… que nos de para todas las personas del mundo mundial =mayor justicia, y mayor solidaridad (y así un mejor lugar para todos y todas ¿no?) #MatemáticasGenéricas #Igualdad

Para que no haya Ni UNA MENOS=todos, todas sin concesiones contra la violencia de género y tolerancia 0 #MatemáticasGenéricas #NiUnaMenos

Para que no haya Ni UNA MENOS=todos, todas sin concesiones contra la violencia de género y tolerancia 0 #MatemáticasGenéricas #NiUnaMenos

Si nos sumamos a pinchar las burbujas de las canciones denigrantes (#casposongs),la publicidad sexistas, los micromachismos omnipresentes, los chistes sexistas=amplificaremos un espacio oxigenado libre de estereotipos tóxicos, sorderas crónicas y una cultura tremendamente patriarcal. #MatemáticasGenéricas

Si nos sumamos a pinchar las burbujas de las canciones denigrantes (#casposongs),la publicidad sexistas, los micromachismos omnipresentes, los chistes sexistas=amplificaremos un espacio oxigenado libre de estereotipos tóxicos, sorderas crónicas y una cultura tremendamente patriarcal. #MatemáticasGenéricas

súmate a las #MatemáticasGenéricasSúmate a hacer tu propia ecuación añádele el hashtag #MatemáticasGenéricas… y Twitteala! Posteala! Pégala en un tablón de anuncios… (y si quieres pónmela en copia en twitter en  @miryamartola o añádela como comentario a este post) y construyamos entre todas y entre todos una nueva Matemática Genérica ¡¡y vamos a esparcirla!!

 

 

 

PD: y esta… un guiño, un regalito, un “regaliz”… a mis queridas miradas #nivelondecompis.

1+1+1+1+1+1+1+1+1+1+1+1=Docemiradas #MatemáticasGenéricas #nivelóndecompis

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