Cuestión de convicción
15/03/2016 en Doce Miradas
Andaba yo pensando en escribir un post dedicado a mi hijo de 11 años, con reflexiones básicas para ayudarle a construir relaciones equilibradas con sus compañeras, cuando llega la campaña del 8 de Marzo del Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde. Este año centrada en un tema tan nuclear como transversal: la Educación. Siempre presente cuando una se pone a pensar o a conversar sobre cómo cambiar las cosas de verdad.
Porque echando la vista atrás, soy fácilmente capaz de ver cómo hemos cambiado a la hora de enfrentar tantos y tantos mundos. Recuerdo, por ejemplo, la naturalidad con que tirábamos un chicle al suelo hace 30 años, sacábamos a pasear a nuestros perros sin correa ni bolsa hace 20, o vaciábamos el aceite por la fregadera hace 10. Con mucho tino, Pilar Kaltzada, Mirada compañera de este blog, suele decir que nuestra sociedad está llena de nuevos agentes medioambientales. Nos han enseñado. Y hemos aprendido.
Lo que me lleva a pensar, de modo un tanto pueril quizá, que cuando hay recursos para invertir en sensibilización, hay resultados. La sociedad corrige. La sociedad avanza. ¿Y qué hace falta entonces para que haya recursos?
Es sencillo. Hace falta convicción.
Porque, ¿de verdad queremos una sociedad sin la vergüenza de 57 mujeres asesinadas en un año? ¿En la que éstas no cobren un 19% menos de media? ¿En la que no asuman el 92% de los cuidados familiares? ¿Una sociedad en la que ellas, el 57,6% de las tituladas universitarias, compartan el liderazgo de los diferentes ámbitos y sectores, y no se queden relegadas a la incongruencia del 10% actual? ¿O en la que la que organizaciones como la que «representa» la Justicia se permitan no contar con una sola mujer?
¿Tenemos la convicción y el arrojo necesario para afrontar el trabajo que implica convertir en ganancia todo esto?
Entonces, parece lógico pensar que la apuesta definitiva deberá emplearse particularmente a fondo en tratar la raíz. Porque la desigualdad no es una gripe de siete días, sino una gripe mal curada que arrastramos desde el principio. Porque nacemos iguales y nos hacemos desiguales. Lo que me hace recordar aquel experimento que nos mostraba en este blog la también Mirada, Arantxa Sainz de Murieta, evidenciando que las palabras que escucha el mismo bebé —vestido de rosa o de azul— son cualquier cosa menos iguales. Y, sin embargo, seguimos diciendo aquello de “yo educo igual a mis hijas que a mis hijos”.
Yo no tengo hijas, pero honestamente y aún a pesar de mis gafas moradas, no me cuesta tanto imaginarme diciendo aquello de “no seas tan marimandona que no te conviene”, frente al “tienes madera de líder” que escucha mi pequeño jefe indio; “ve con cuidado”, frente al “pásalo bien”, o “qué bonita es mi princesa”, frente a “te las va a llevar de calle”… Argumentos semejantes a los que propone la campaña que mencionaba al comienzo.
Recordar en este sentido Ban Bossy, iniciativa de Sheryl Sandberg contra la palabra “marimandona”, por considerarla ejemplo simbólico de cómo se mina la confianza de las niñas con capacidad de liderazgo. Las sometemos a tal bombardeo que, finalmente, para evitar ser criticadas por su entorno, acaban rebajando el potencial de su perfil. En este breve vídeo incide en la importancia de no trivializar los mensajes que sistemáticamente desaniman a las niñas a levantar la voz.
No obstante, la educación abarca océanos. Y aunque incluye desde la televisión o las redes sociales hasta los carteles del supermercado, también hay mucho que hacer y mejorar desde los propios centros escolares. Pero no a través de políticas aisladas e inconexas, sino con la guía y el apoyo de unas instituciones movilizadas de manera continuada, coherente y transversal. Instituciones y centros escolares convencidos. De otro modo, es ilusorio pensar que habrá quien deje su saturado día a día, para ocuparse de un sexismo que elegimos no ver ni evidenciar porque preferimos no aceptar.
¿Por qué no patios más unidos, mesas de comedor menos separadas? ¿Manualidades para el Día del Padre y de la Madre pensadas con espíritu de 2016? ¿Máximo cuidado al escoger disfraces de carnaval o referentes para las actividades de… ciencias sociales? ¿Por qué no extraescolares integradoras? ¿O mensajes y acciones específicas que empujen a las niñas a liderar, a tomar la palabra, a presentar en público? ¿Por qué no juntas directivas más igualitarias? ¿Talleres para profesorado y alumnado y actividades más allá del 8 de Marzo o mejor aún, una mirada transversal de género para cada actividad o acción escolar?
Y en lo que a madres y padres respecta, ¿no podríamos demandar activamente a los centros escolares que trabajen con visión renovada para educar en igualdad? ¿Levantar la voz cuando algo nos chirríe, apartando el temor a lo que puedan pensar y concentrándonos en lo que podemos conseguir? Porque nuestra demanda de un buen nivel de inglés o de manejo de las TIC es comprensible. Hablamos del futuro. Un día serán profesionales… Pero, sobre todo, un día serán personas. Y pocas cosas mejores que desear se me ocurren, que desear que sean personas preparadas para construir y avanzar hacia una sociedad que de verdad apueste por la igualdad.
Es cuestión de convicción.
Ana Erostarbe
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Muy buenas reflexiones y verdades que nos demuestran q todavia queda un largo camino por recorrer. Nosotras, madres jovenes, con niños y una niña en mi caso, somos las que tenemos q ponernos las pilas e inculcar, transmitir estas ideas en ellos desde muy pequeños y dia a dia todos los dias.
Ana, como siempre, un placer…
Gracias, Usoa, por tu comentario. Se agradece el contraste. Cierto que nos queda camino y que toca ponerse las pilas. A nosotras y a ellos también. Primero porque educar es cosa tanto de madres como de padres. Y segundo, porque educar en la desigualdad no es bueno para las niñas, pero tampoco es para los niños. Que a ellos también les trasladamos condicionamientos con peso innecesario en algunos aspectos, ¿verdad? Beso y el placer, siempre mío. Gracias por leer.
Me gustan las cosas practicas ,solicitemos a educaci’on que un día a la semana el patio de las escuelas se utilice para todo menos para jugar al fútbol.Porque esta claro que arrincona a las niñas y niños que no lo practican ,ya que la pelota se puede utilizar en otros deportes menos violentos , así dejaríamos un espacio común para fomentar deportes menos sexistas.kh
Respecto a la violencia, creo que urge tomar las mismas medidas que en otros casos similares: contar los fallecimientos de forma global y no comenzar de nuevo la cuenta cada año, formar asociaciones de víctimas. Esas cosas que parecen haber servido para algo.